SALVADOR Puig Antich

Ayer fui con una colega a ver la película Salvador, de Manuel Huerga (producida por Mediapro, ¡yuju!), que cuenta la historia del joven catalán Salvador Puig Antich (el chico de la foto). Puig Antich fue juzgado por un tribunal de guerra franquista por la muerte de un policía y asesinado a garrote vil en marzo de 1974. Tenía 25 años cuando le pusieron el hierro al cuello y acabaron con su lucha, con sus ilusiones y con su vida.
Salvador llevaba años participando en la lucha activa desde un grupo anarquista organizado en la clandestinidad, el MIL (Movimiento Ibérico de Liberación), participando en acciones como robos de bancos o distribución de propaganda anti-sistema. Tras varios errores del grupo en alguna de esas acciones la policía comienza a vigilarles, deteniendo a alguno de los compañeros y también a Salvador, en cuya detención se produce un tiroteo que acaba con la muerte de un joven policía. Puig Antich es considerado culpable de esa muerte y condenado a pena capital. Se espera el indulto de Franco, pero éste y su régimen, heridos de muerte tras el asesinato de Carrero Blanco, utilizan a Salvador como cabeza de turco y aviso de lo que pasa cuando se lucha contra ellos...
Lo van a matar. Salvador lo sabe. Pero es valiente, camina hacia su destino con firmeza, casi con una sonrisa. Se resigna, se sienta en la silla, le tapan los ojos. Y lo matan.
Desde el minuto 45 aproximadamente de la película no pude para de llorar. Cuando acabó me dio por mirar al resto de espectadores y la gran mayoría estaba hecho un mar de lágrimas. Os recomiendo que la veais. Aunque es dura, sirve para recordar las atrocidades que se cometieron en este puñetero país hasta hace cuatro días y a aquellos que lucharon firmemente contra ellas. La familia de Puig Antich sigue, 32 años después, esperando la revisión del caso.
Adjunto la letra de “I si canto trist”, de Lluis Llach, tema principal de la película:
Jo no estimo la por, ni la vull per a demà,
no la vull per a avui, ni tampoc com a record;
que m'agrada els somrís
d'un infant vora el mar
i els seus ulls com un ram d'il·lusions esclatant.
I si canto trist
és perquè no puc
esborrar la por
dels meus pobres ulls.
Jo no estimo la mort
ni el seu pas tan glaçat,
no la vull per a avui, ni tampoc com a record;
que m'agrada el batec d'aquell cor que, lluitant,
dóna vida a la mort
a què l'han condemnat.
I si canto trist
és perquè no puc
oblidar la mort
d'ignorats companys.
Jo no estimo el meu cant, perquè sé que han callat
tantes boques, tants clams, dient la veritat;
que jo m'estimo el cant
de la gent del carrer
amb la força dels mots
arrelats en la raó.
I si canto trist
és per recordar
que no és així
des de fa tants anys.





