QUE LLUEVA QUE LLUEVA...
En estos tiempos de terrible sequía y en una tierra como la nuestra cada vez más desertizada una sola gota de lluvia es sinónimo de alegría. Y un chaparrón como el que está cayendo ahora, o como el que cayó anoche (¡nos mojamos bien mojados!) mucho más. Pero aparte de la necesidad extrema de agua que padecemos, la lluvia me resulta algo fascinante. Creo que a todo el mundo le gusta quedarse en casita mirando por la ventana las gotas caer y chocar contra el suelo, sugiriendo mil burbujas parpadeantes, el desfile de paraguas, la oscuridad repentina del cielo, el ruido del agua que se levanta al paso de los coches... Sólo espero que lo de hoy no sea un fenómeno pasajero y que las nubes que han venido se queden al menos dos o tres semanas, que llueva día y noche, que nos mojemos, que se refresque el ambiente, que beban los pantanos, que resuciten los arroyos muertos de las montañas, que tengamos que comprarnos unas botas de agua y que no pare, que no pare, hasta que el fantasma de la sequía desaparezca de nuestras vidas... Hoy me despido con canción infantil: ¡Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva, los pajarillos cantan, las nubes se levantan, que si, que no, que caiga un chaparrón, que se rompan los cristales de la estación!





