EL MIEDO
Existe el miedo: miedo a hacerse mayor, miedo al ridículo, miedo a las emociones; a las tuyas propias, a las de los demás.
Quizá por eso vivimos en el mundo que vemos: un mundo frío, egoísta, superficial... al menos a simple vista. Estoy segura de que en realidad no es así.
El miedo nos atenaza, y hace que no seamos como realmente somos, o por lo menos, como realmente quisiéramos ser; porque lo cierto es que cuando dejamos esa etapa (según dicen, tan complicada), que es la adolescencia atrás, nos topamos de cara con lo que somos, o en lo que nos hemos convertido. El miedo, en ocasiones hace que no aceptemos lo que somos, porque simplemente no nos gusta. Y aquí es donde aparecen las reglas, las etiquetas que la sociedad ha creado. Sáltatelas, y comprobarás el resultado.
Vivimos en un tipo de mundo en el que la realización personal viene en función de cómo imito los gestos de los demás, sin hacernos preguntas. Lo curioso, -a mi modo de ver-, es que a ninguno, o casi ninguno, nos gusta, porque nos impide ser nosotros mismos.; estamos dentro de una jaula, y tenemos miedo de descubrir que la hemos creado nosotros mismos; incluso de descubrir que en realidad no existe , que somos libres.
Quizá por eso vivimos en el mundo que vemos: un mundo frío, egoísta, superficial... al menos a simple vista. Estoy segura de que en realidad no es así.
El miedo nos atenaza, y hace que no seamos como realmente somos, o por lo menos, como realmente quisiéramos ser; porque lo cierto es que cuando dejamos esa etapa (según dicen, tan complicada), que es la adolescencia atrás, nos topamos de cara con lo que somos, o en lo que nos hemos convertido. El miedo, en ocasiones hace que no aceptemos lo que somos, porque simplemente no nos gusta. Y aquí es donde aparecen las reglas, las etiquetas que la sociedad ha creado. Sáltatelas, y comprobarás el resultado.
Vivimos en un tipo de mundo en el que la realización personal viene en función de cómo imito los gestos de los demás, sin hacernos preguntas. Lo curioso, -a mi modo de ver-, es que a ninguno, o casi ninguno, nos gusta, porque nos impide ser nosotros mismos.; estamos dentro de una jaula, y tenemos miedo de descubrir que la hemos creado nosotros mismos; incluso de descubrir que en realidad no existe , que somos libres.