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CACHITOS DE VIDA
Cosas que pasan, divertidas o no tanto, en mi vida y en la de los míos.
Acerca de
Se irá perfilando (imagino)... pero... de momento... esta soy yo...
Sindicación
 
París bien vale una misa
Hace unos años, (muchos, pero no temáis, no me voy a poner nostálgica), que me iba una semana a Paris... qué maravilla¡¡¡ PARIS¡¡¡, París bien vale una misa... de París al cielo (o era Madrid?), París... allí no me hacía falta a mí, nada, sólo aquella ciudad, el resto ya lo pondría yo.
Tenía que "deshacerme" de los niños, la tercera aún no había nacido, eran pequeñitos y en aquella época estábamos de "okupas" en casa de mis suegros, porque habíamos vendido una casa y no nos habían terminado la nueva...
Así que ni corta ni perezosa me agarré a los enanos y me los monté en un avión en Madrid, para que mis papis me recogiesen en Granada, así les dejaba a los niños, me daba una vuelta por mi casa, y me iba llena de alegría, y ¡¡¡¡SIN NIÑOS, a París¡¡¡¡¡¡¡¡
En el aeropuerto los niños se comportaron decentemente, incluso una pareja de guiris me preguntaron guand old she? La nena, tiene onli guan year... YEA¡¡¡ y me quedé en la gloria... y comenzó la aventura...
Avanzando hacia el avión, en autobús (odio los autobuses de los aeropuertos), y luego escalerilla hasta el susodicho... ya Javier en aquellos momentos iba gritando: ¡¡¡MIRA MAMIIIIIIIIIII EZO ES UN AVIÓNNNNNNNNN!!!, nada más encontrar nuestros asientos (llevábamos sólo 2 para los 3), yo, como si fuese cosa que hago todos los días, me siento, coloco a mi hijo en un asiento, me coloco a la pequeña en mi regazo, y me entran deseos irresistibles de pedir una aspirina, o algo que se le parezca.
Llega mi compañero de viaje, yo levantando la vista, veo a un chico... guapísimo todo puesto de chaqueta y corbata, que prometía media hora de agradable conversación... pero no... nada más lejos de mis intenciones... sale de la cabina una de las azafatas, con tan mala suerte (no habrá cientos de azafatas en iberia), que era negra... yo que nunca he sido racista, ni siquiera xenófoba... me asusto... miro a mi hijo, y: efectivamente... antes de que a las azafatas les hubiese dado tiempo a quitarse los guantes, estaba mi hijo de cuatro años gritando: ¡¡¡MAMIIIIIIIII, ESA CHICA ES NEGRAAAAAAAAAAA¡¡¡¡, ni que decir tiene que al mismo tiempo que miraba a mi hijo de manera siciliana, yo trataba de distraer su atención de aquella faz tan llamativa, pero es que tenía excusa la criatura, porque la azafata no es que fuese "morena", ni siquiera "café con leche", no, la jodía era de un negro zaíno brillante que impactaba...
Y llegó la hora de repartir los zumitos de naranja, ya sabéis, en estos vuelos nacionales no da tiempo a más, os confieso que a estas alturas de la película, yo estaba temblando, me producía terror, pensar qué sorpresa me esperaba en ese momento... y no me defraudaron mis hijos... en absoluto... María, muy delicadamente, volcó el vaso de zumo (en un descuido mío), directamente sobre los pantalones del chico con traje y corbata... que en un alarde de rapidez de reflejos, intentó esquivar el pegajoso líquido... ¡¡apañao iba el muchacho!!, no sabía que donde María ponía el ojo... ponía el zumo, o el puré, o la vomitona... espero que este chico no se dedicase nunca al deporte, y me siento culpable de haber muy probablemente conseguido que se hiciese una vasectomía antes de los 30 años y seguramente sin ser padre...
Mientras la azafata negra y yo tratábamos de secar tan delicadas zonas de mi compañero de viaje con toallitas de papel... deshaciéndome en perdones al mismo tiempo... asustada, nerviosa, con ganas de asesinar a alguien, comprendiendo a Herodes... y convirtiéndolo en mi ídolo... va mi hijo y dice: MAMIIIIIIII, ME HAGO CACAAAAAAAAAAAA... entonces, en un giro exorcizado de cabeza, le susurro con toda la mala leche que pude concentrar...: anda bonito, dilo más alto que no se han enterado los de la primera fila... y el nene se levanta y dice: MAMIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII QUE ME HAGO CACAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA...
Un a voz salvadora vino a mis oídos, dulce, angelical, que decía: señoras y señores... nos estamos aproximando al aeropuerto de Granada... y vive Dios que era cierto..., allí estaban mis padres, mi madre cargada de natillas, magdalenas, y paciencia...
El viaje a Paris?... Joder¡¡ fue fantástico¡¡¡¡.

 
La dama de la boca de dragón
Hace tiempo que comenzó, llegó sin saber por qué, como llegan los virus, sin pedirle permiso. Ella estaba aburrida una tarde, una tarde de esas tristes, en las que arrastras el fantasma de tu ser por los rincones más oscuros; una de esas tardes tontas en las que la gente con dinero se compra algo muy caro, un porsche por ejemplo, o un collar con muchos kilates de diamantes; ella también lo hizo, compró... una planta... un pensamiento, tal vez por el nombre, es hermoso poder comprar pensamientos, o que te regalen pensamientos... de flores color azul eléctrico, hiriente, agresivo... llegó a casa y lo trasplantó, a la única maceta de su balcón.
Cuando embocaba su calle, miraba a su casa buscando el color de esas flores, eran una tímida bandera que pocos acertaban a mirar, pequeña, insuficiente, tímida hasta para mirar al sol aunque estuviese necesitada de su luz.

Ella la cuidaba con esmero, agua, bolitas de abono, le quitaba las hojas secas y las flores muertas, y brotaban nuevas con más fuerza.

A los pocos días compró otras dos plantas, una blanca, otra anaranjada, las plantó en la misma maceta grande en la que crecía el pensamiento, crecían, mezclaban sus tallos, se enredaban entre ellas y seguían floreciendo... compró más, sembró en invierno tulipanes de un viaje a Holanda, florecieron todos cuando llegó la primavera, entonces encargó que le hiciesen grandes maceteros sujetos al ventanal de su salón, estuvo varios días sembrando, cambiando, enredando, arañando la tierra, añadiendo compost, arena, enterrando ilusiones, miedos y soledades...

El balcón se convirtión en una orgía de flores... desbordante, lujuriosa, selvática, amenazadora... La flores empezaban a colgar, llegaban desde el primer piso casi hasta el suelo de la calle en un muestrario de diversos y simultáneos arcoiris.

La gente del edificio murmuraba... ¡¡no se puede consentir semejante atrevimiento!!, ¡¡es una ordinariez!!, ¡un desprecio por la sobriedad, una agresión a una fachada catalogada!. ¡Hay que tomar medidas urgentes contra esta variedad de color!.

Llamaron al administrador para convocar junta extraordinaria, mientras tanto las plantas seguían enredándolo todo, subieron al segundo piso, treparon por la columna al portal de al lado... ella se sentía observada, y sonreía sibilinamente cuando los vecinos rezaban por lo bajini al verla.

Le daba igual, ahora es la reina de las amapolas, el antirrino, las caléndulas, claveles de poetas, tagetes, girasoles, helicrisum, las más hermosas zinias, celosías, cosmos, gaillardias, lunarias, bocas de dragón, vincas, balsaminas, petunias, prímulas, banderillas y verbenas...
Y ninguna, ninguna de ellas le ha mordido jamás.


(Es para tí peaso de bruja, para que sepas que este edificio nunca será el mismo sin tí)
 
Entusiasmo
LLevas razón... y cuando llevas razón... ¿cómo iba yo a quitártela?...
Hay una frase que me define muy bien, una frase que he adoptado plenamente de Ray Loriga, esa y alguna más me han ido dando en medio del alma, pero es esa en particular: "Me gustaría retirar mi entusiasmo de todo aquello que no lo merece".
Fíjate... y esto sí que lo merece, es una empresa interesante y reconfortadora; pero cuando me siento delante del teclado, es como si estuviese en una playa nudista llena de gente con cuerpos maravillosos y yo llena de lorzas, y tener que desnudarme...
Me siento así, no puedo evitarlo, como si tuviera que pasar un exámen, como cuando vas al ginecólogo...
Ya sé que es una tontería, y el día que me ponga a escribir, voy a tener que ir a la tienda a comprarme un par de teclados más y verme como Nacho Cano en mi despacho.
Es verdad... voy a escribir, aunque cuente tonterías y me sienta acomplejada por el dominio que algunos tienen de la lengua.
¿Y tú? ¿por qué tienes que estar apuntándome siempre con una espada por un tablón a un mar lleno de tiburones?. Te quiero primor, bueno, eso ya lo sabes.
 
Perro piloto
De nuevo en esta pantalla para relatar otra de las vivencias que he tenido con mis hijos, aunque esta vez se incluyen otros personajes.
De esto hará unos 12 ó 13 años más o menos, en verano, mes de agosto, en mi pueblo (Motril), donde se celebra por todo lo alto la fiesta de la Virgen, con feria llena de casetas, farolillos de esos de papel de colores en los que pone "tio pepe" y "fino laina", o "manzanilla laguita", mucho beber, muchos huevos fritos con ajos, mucha copa, mucho baile y mucho chiste... pero a este paseo de mujeres engalanadas luciendo su poderío por el ferial, se añaden los cacharros, coches de choque, norias, ponys que huelen que apestan... etc. Y una tómbola, una enorme, no una normal, sino una descomunal donde por quinientas pesetas te entregaban tres boletos para probar suerte.

Tal vez alguno de vosotros ese mismo año acudió a alguna feria de los cientos de ellas que hay en los pueblos de España en agosto, os daré más pistas, era el año en que el tío de la tómbola se desgañitaba con aquello de: ¡¡QUE ALEGRÍA, QUÉ ALBOROTO, HEMOS REGALADO OTRO PERRITO PILOTO.!!
Exacto, has acertado... era el año del perro piloto, volvíamos de la feria con los oídos plenos de acúfenos por los ecos mantenidos a todo volumen de los Chunguitos, (por cierto, que siempre me han gustado, y yo, que jamás aceptaré que calzo un 40, iba a aceptar en aquella época que me gustan los chunguitos... de eso nada, pero el tiempo me ha dado la razón.)

Volvíamos de recogida a casa, con mi hijo arrastrando los zapatos y lleno de manchurrones, de varios colores: de algodón rosa, de patatas fritas, de chorreones de morcilla y de coca cola de grifo, los pies llenos de polvo y apestando a pony que tiraba para atrás, con dos lagrimas secas porque se le había escapado el globo...
Derrotadas, mi hermana, una amiga, Mª José, y mi hija pequeña, dormida en el cochecito, cuando Mª José dijo: anda ya que está lo último de regreso, vamos a echar estas 500 pelas que me quedan a la tómbola... "que no Mª José!, que nos va a tocar y no quiero pasearme lo que queda de feria con el perro piloto en brazos... que una tiene su clase y su reputación en este pueblo... pues que no, que sí, que sí, que no; total, para lo que queda... pues nada, Mª José se acerca al mostrador y le dice al tío del micrófono: "deme 500 pelas..." abrimos los tres boletos especiales con emoción contenida, y hete aquí lo que yo me temía, que nos tocó el perro piloto, pero no os penséis que era un perro piloto cualquiera... de eso nada... EL GIGANTE, el perro piloto más grande de la feria... swuazeneguer perro piloto pero de color morado (entre morado y rosa fucsia), con las orejas blancas y un enorme hocico negro.

Dios mío... ¡qué vergüenzaaaaaaaaaaa!, que iba a tener que pasearme con eso por todo el pueblo (inmediatamente pensé... que lo lleve Mª José ella que es de Málaga, ha venido de visita y no la conoce nadie.)

Llegamos a casa unos 20 minutos después y tras darle un susto de muerte a mi madre con el dichoso perro piloto, nos fuimos a la cama.
Al día siguiente, todo eran alabanzas para el bendito perro piloto, las vecinas bajaron a verlo, casi había cola en casa de mis padres para admirar aquel peluche lleno de bolitas de corcho sintético, y así transcurrió el primer día del perro piloto, esa noche, mi hermana y yo salimos a la feria, esta vez sin niños, y juramos que sin tómbola, sin perro piloto ni muñecas chochonas, y regresando de la feria a eso de las 5 de la madrugada... los vapores del vino y las malditas sombras me jugaron una mala pasada, miré hacia el balcón del salón de mi casa, y en el sillón que siempre está mirando a la plaza, vi a mi padre... sentado esperándonos a mi hermana y a mí, tengo que decir que se me removió parte de ese miedo adolescente de: ¿qué horas son estas de llegar a casa?, ¿Se puede saber dónde has estado?, y le dije a mi hermana: ¡ostras, ahí está tu padre sentado esperándonos...! no era mi padre, al abrir la puerta de casa, vimos sentado en el sillón, a nuestro perro piloto... tratando de imitar las redondeces de mi padre, pero con las orejas más grandes...
El perro piloto pasó por más aventuras, a estas alturas del verano mi hija María se había enamorado de él, y quería llevárselo a casa, y para trasladarlo, tendríamos que habernos salido del coche y que condujese el perro piloto (que para eso tenía título) ... así que mi padre tuvo la deferencia de llevármelo a casa en la furgoneta unas semanas después, se negaba a hacerlo, pero un padre es un padre... menudo cachondeo el de la guardia civil cuando lo pararon...
Y así estuvo el perro piloto viviendo con nosotros unos dos años, hasta que yo harta de sacudirle el polvo que atraía con magnetismo... vi el cielo abierto cuando mi tata colombiana decidió llevárselo a Bogotá... le descosió un ladito, le sacó todas las bolitas, (estaba patético vacío), lo dobló... y se lo llevó a Colombia...
¿Recordáis aquella época en que el Cartel de Medellín se hizo todo poderoso? Estoy segura de que gran parte de la culpa la tuvo el perro piloto, no hay sensibilidad que resista semejante tortura.

¿Y a la niña? ¿En qué le afectó? La tengo en lista de espera para el psicoanalista del seguro desde entonces.

 
La perlita de Belén.
Tengo una hija que es la tía más divertida del mundo... anoche viendo la tele, comentando sobre la muerte de este pobre hombre, Rainiero de Mónaco, nos hicimos eco de que el Principado había decretado tres meses de luto... yo inocentemente comenté: ¿qué va a hacer el pendón desorejao de la Stefany, con tres meses de luto...? va a ser un calvario..., sin fiestas, sin ligoteo... me contesta mi hija: "No te preocupes mamá, ella lo solucionará rápido; seguro que se pone las bragas negras..."
 
Vacaciones en Baqueira. Crónica de sociedad.
Si puedes ser rico... selo, si no puedes ser rico, procura tener familiares que lo sean, si no puedes ser rico ni tener familiares que lo sean, procura tener amigos que estén forrados de pasta, si no puedes conseguir ninguna de las premisas anteriores, trata de almenos, desayunar con música.

Sí, he estado de vacaciones con mi familia, bueno, parte de ella, porque mi hijo Javier se fue de vacaciones a La Manga y la segunda, María, se fue con el insti a Italia a pasar la Semana Santa, el resto de la familia nos fuimos a Baqueira a esquiar, lo hemos pasado realmente bien, además de reirme mucho con la pequeñaja Belén, que aunque ya tiene 14 años, sigue siendo mi osito de peluche.

La nieve estaba "papa" que es como llamamos los granaínos a la nieve que a media mañana está medio derretida, pesa mucho porque suelta agua, es muy cansado para los cuadriceps, se ten enganchan las colas de los esquíes y te puedes pegar unas leches de mucho cuidado, así que mi marido y yo hemos practicado fundamentalmente tumbing en la hamaca de la terraza de nieve de la estación de Beret.

Estábamos todo el tiempo las dos pendientes del famoseo que se paseaba por allí, vimos más bien poco, el primer día a Roberto Arce (noticias de antena 3), al que se te hace muy raro verlo de cuerpo entero y fuera del telediario; también a Verónica Mengod... oyes mujer guapa guapísima donde las haya de verdad, y eso con la cara lavada...
pero el colofón fue, cenando en Artíes en un sitio maravilloso, que si tenéis oportunidad de visitar no la desaprovechéis, se llama Candelaria, y es "diferente", llegó a mitad de la cena a la mesa de al lado Colate... sí... ese... me voy a explicar, el ex novio de la duquesita de Montoro, el que tiene un ojo a la remanguillé, con unos amigos, él sin emparejar, esos son todos los famosos que hemos visto en Baqueira, ni toparnos con Felipe y Leti...

Pero estar... hemos estado en una casa maravillosa para nosotros solos (prestada por familiar rico), y hemos disfrutado las vacaciones que para qué te cuento.


 
La niña del exorcista
Llego de vacaciones de Semana Santa, sabiendo que el caballo de Atila (osease los pintores) iba a pasar por mi trabajo: "No se preocupen... -ejem-; cubriremos todo con plásticos, colocaremos todo como estaba... no se notará que hemos estado trabajando a no ser por la limpieza, el brillo y la luminosidad que dejamos a nuestro paso.
(El pintor tiene más aspecto de neurocirujano afamado que de pintor, y habla como tal, también cobra como tal.

-Acabo de acordarme de un chiste: ¿qué es un urólogo?, aquel médico que te la toca con asco, te la mira con desprecio y te cobra como si te la hubiese chupao.-).

No vamos a dejar más que limpieza a nuestro paso... ¡¡Y UNA MIERDA!!, una pandilla de guarros es lo que han sido, dejando restos de pintura por todas partes, polvo por doquier, palominos en el w.c., colillas en vasos y tazas de café... (las mías).

La señora de la limpieza que llega el lunes a las 7 de la mañana, ve eso y huye como las ratas de un barco hundiéndose, dice que nones... que eso no entra dentro de sus cometidos... que o se le pagan aparte almenos tres días de limpieza, o nasti de plasti. (Es lista la jodía)... Mi secre refunfuña por las esquinas... pues esto no se cómo se va a hacer... esto no es lo que pone en mi contrato... yo me miro las uñas... he conseguido dejarlas crecer de una manera decente para poder hacer la "manicure française"... Hay que tomar una determinación!!, que le den a las uñas y a la manicura francesa, esto no tiene más solución que darse una sobredosis de lejía!!. Y eso hicimos, escalera, limpiacristales, centella, trapos, mochos, cepillos y aspiradora.

A media mañana, limpiando cristales en la puñetera calle, pasa la asistente de mi marido (yo hecha unos zorros), ella con bolso de tous (totus tuus), con su cochecito arrue y su nena vestida de rosa... "ah¡¡ hija, no te había conocido... como estás aquí así... y el pelo... lo llevas muy largo ¿no?... bueno... que os quede poquito... ya parece que se va viendo...
(Sí, como la niña del exorcista, no te jode...)
(No me he probado ningún tricornio... pero se me están poniendo unas ganas de darte un par de ostias!!...).

Terminamos el miércoles, con las uñas destrozadas, dolor de brazos de pasar trapos y de piernas de subir y bajar de la escalera... pero ha quedado "espercojao", como dicen en Motril mi pueblo, que es lo contrario de "espercudio", como los chorros del oro.

A ver lo que dura...
 
De niña
De niña, aplastaba la nariz contra los cristales, como todos los niños... Ahora mantengo cierta dignidad y una elegante distancia.
Pero sigo deseando lo mismo.
 
¡Qué días aquellos!
Dicen mis hijas que tengo el gusto atrofiado... que no me gustan más que cosas cursis para vestirlas, que la ropa que les gusta a ellas no es la ropa que me gusta a mí, total sólo porque sugerí a la mayor que se comprase un conjuntito en rojo y negro estilo oriental en seda que a mí me gustó y a ella, claramente no... ¡qué sabrán ellas de lo que es "NO ELEGIR ROPA..."!

Terribles recuerdos... aquellos en los que había reunión de féminas en mi casa, conciliábulo entre mi madre y mi tía Angélica, con el "burda" delante... ya te podías echar a temblar, cuando, y utilizando una frase de un amigo que me encanta, acariciaban con su dedo acusatorio y reprobador las páginas de papel satinado de la revista, y aquel dedo, como en una terrible ruleta rusa, se detenía de pronto sobre el modelito elegido, y decían al unísono, como en un rito, con un rictus satírico en los labios: ¡¡ESTE!!.
Que yo recuerde, esto se repitió hasta los 12 años más o menos, recuerdo como verdadera tortura aquellas idas a la modista, Carmita se llamaba, que además de vivir en el quinto pimiento, y tener unas uñas larguísimas pintadas de color rojo, debía ser master en budú, por los alfileres siempre dispuestos a pinchar... me subían en una especie de altillo; la primera visita consistía en tomar medidas del cuerpo, como en las películas del oeste para confeccionar el ataúd, pero no iba a tener tanta suerte... mi madre en aquella primera visita ya había escogido y comprado la tela, que generalmente picaba como ella sola, y en aquel primer contacto se retocaban los detalles del modelito, porque Carmita era una modista profesional, rodeada de aprendizas y oficialas en sillas bajitas de enea, y nunca usaba los patrones de "burda", ella cortaba sus propios patrones...
La segunda visita era para prueba... un trozo de tela lleno de pintajos, hilvanes y forro a medio coser, como un engendro de algo que era inevitable... generalmente con una prueba bastaba, menos mal... aquella bruja siempre repetía lo mismo... ¡Estate quieta, no te muevas que te voy a pinchar!, como si aquel aviso sirviera para algo..., siempre me pinchaba la muy arpía, se alimentaba de la sangre de niñas como yo.

Luego venía la discusión de la entrega, la fecha... -"Carmita que lo necesito para Navidad, o para el Corpus, o para la comunión de tal... o para una boda..."-, y Carmita siempre estaba muy ocupada, o tenía mucha gente delante, formaba parte del rito que mi madre y Carmita discutiesen... la suerte estaba echada... ya tenía a la vista un modelito nuevo a gusto de mi madre, por supuesto, que elegía unas faldas demasiado cortas, había que ir enseñando las braguitas, que para eso eran de perlé (a juego con los calcetines) y se clavaban en el culo dejándote marcados todos los dibujos del canalé.
Aprendí los nombres de las telas y sus utilidades, popelín de seda, de algodón, baptista, vichí, algodón inglés, lana, cheviot... y una larguísima retahíla de nombres, y aprendí a darle a los pedales de una máquina de coser de las antiguas como una verdadera posesa, en el local de Carmita había por lo menos 10 máquinas de coser porque también daba clases de bordado...

Y esos modelitos... con los que te helabas en invierno porque me ponían de manga corta y te cocías en verano porque te plantaba un cuello a la caja... aprendí lo que es la tela al bies, (esto no sé si es con "b" o con "v") el doble ancho, las jaretas, las nesgas, el rizo con goma, el rizo cosido... el cuello perkins, las mangas ranglán... y a no rascarme tanto el cuello porque me picaba la cremallera y la lana maldita de aquellos vestidos.

El colmo de los colmos de estos vestidos elegidos en el burda entre mi madre y mi tía, fue un modelito corto por supuesto, en el que para darle un toque de modernidad y snobismo decidieron ponerme una "corbata" de la misma tela, que iba cosida en el vestido, yo me negué en redondo, pero no sirvió de nada, tuve que salir con la corbatita y aguantar la mofa de las niñas de mi edad, a las que por más que yo les decía: -"es envidia lo que tienes, porque tú no tienes un modelito francés con corbata"-, ¡¡ más se reían las desgraciadas!!.

La tortura de la modista se terminó cuando abrieron una tienda de modas en la que según mi madre había cosas monísimas, y lo último que Carmita me cosió fue el vestido de Comunión... aunque eso, es una puñalada trapera que necesita almenos de otro relato.

Y para muestra: un repulgo con hilo de seda.


Espero agradar a alguien con este atrevimiento.