EL POR QUÉ
Tengo que reconocer que el paso del tiempo ha hecho estragos en mi moralidad.
Yo que antes era una niña buena, respetuosa con las normas sociales y éticas, he terminado convulsionando, no sé si voluntariamente o debido a una profunda crisis personal, mis valores más íntimos.
Y me he convertido en una especie femenina del Don Juan literario; disfruto partiendo corazones y jugando con los deseos de los hombres que me circundan.
Con la única satisfacción de disfrutar de mi poder sexual sobre los demás (y en ocasiones también, por qué negarlo, para darle gusto a mi cuerpo...).
Y lo peor es que los momentos de remordimiento, cuando la conciencia me pide a gritos que pare, son escasos...
Pero a veces el sexo, y la parafernalia que le rodea, no sólo sirve para calmar apetitos y deseos biológicos, sino que camufla carencias, distrae frustraciones y apacigua momentáneamente, eso sí, la más profunda de las tristezas.
Por eso cuando acabo, siempre quiero más, porque necesito acallar mi necesidad de ser querida sin condiciones, por lo que soy y no por cómo soy.
Cuando le conocí no pensé que encontraría en él la horma de mi zapato.
Dan era el prototipo de tío tranquilo, seguro de sí mismo, responsable, que en ningún momento se iba a meter en líos sólo por echar un polvo... Comenzamos hablando de temas puramente laborales, intercambiando impresiones, y tomando cafés de vez en cuando para escapar de la rutina cotidiana.
Pero lo que en un principio tome como una sana amistad, como esa relación de compañerismo cómplice que podía traernos beneficios a ambos en el plano laboral, se fue transformando poco a poco en un auténtico deseo, en la necesidad de conocer nuestras mentes y nuestros cuerpos hasta el último detalle.
Y sucedió.
Lo que más deseaba y lo que más temía.
Porque Dan es un hombre casado, el responsable de una familia tradicional y estable, de esas que "envidias " cuando ves los fines de semana.
Pero a nivel sexual, totalmente insatisfecho.
Y un cuerpo joven, con tanta energía acumulada y con tanta potencia sexual, tarde o temprano tenía que sucumbir a la tentación.
Y lo hizo conmigo.
Quedamos en un hotel de la ciudad, un sitio discreto donde no pudiéramos ser vistos. Con timidez nos registramos, y subimos a la habitación, no demasiado grande pero con cama de matrimonio.
Nos besamos, apretando nuestros cuerpos para sentir nuestros sexos próximos.
Él se quitó la camisa con cuidado, evitando arrugarla para luego no tener que dar explicaciones en su casa.
Hizo lo mismo con los pantalones, que colocó en una silla.
Directamente le metí mano al paquete.
Tenía una polla grande, muy grande, dura. Me humedecí al instante.
El vestido rojo que llevaba puesto (ese que tanto le gustaba),me estaba estorbando, así que me despojé de él al instante.
Desnudos, nos tumbamos en la cama, uno encima del otro, mordiéndonos la boca, comiéndonos a besos, saboreando nuestra saliva, chupando nuestras lenguas.
Soy mujer con poca necesidad de preliminares, así que directamente le dije que quería sentirle dentro de mí. Y me dio lo que le pedí.
Se introdujo con fuerza entre mis piernas, bombeando con toda su virilidad dentro de mí.
Nunca había sentido nada parecido.
La cabeza me daba vueltas experimentando el placer más intenso de mi vida.
Me corrí inmediatamente, jadeando hasta casi perder el conocimiento.
Él seguía con una gran erección, y yo no sólo no había perdido las ganas de seguir, sino que necesitaba ser follada sin pausa.
Dan captó enseguida la intención de mi mirada, me levantó de la cama y me llevó a la silla.
Se sentó en ella y me invitó a que me pusiera encima de él.
Me senté sobre su miembro y coloqué mis piernas en las patas de la silla, como si fueran estribos.
Cabalgué encima de él mientras, empapados en sudor, nos besábamos, nos mordíamos el cuello y los hombros, nos acariciábamos...
Dan me susurraba palabras dulces al oido.
Yo gemía sin control.
Chupaba mis tetas mientras me repetía cuánto le gustaban.
Yo arqueaba mi espalda siguiendo el ritmo de nuestra cópula sin final.
Y nos corrimos juntos, como quien hace una pirueta perfecta en un concurso de baile.
Y al mirarle a los ojos supe que esta vez sí. Me había enamorado.
También supe que él me quería, pero no de la misma manera.
Había comenzado un peligroso juego para mí. Tenía que mantener la distancia emocional adecuada para no resultar herida sin remedio.
Pero el veneno de su cuerpo ya estaba en el mío. Y no podía renunciar a él.
Comentario:
Ese tipo de relaciones suelen ir unidas al dolor El deseo es inmenso y se convierte en una adicción... pero siempre serás la segunda en la organización de su tiempo...
Un abrazo!
Un abrazo!
Comentario:
Peligroso juego para tu salud emocional .
Sonrisas
Sonrisas
Comentario:
No sé...alguien que en una situación como esa es capaz de doblar perfectamente una camisa y unos pantalones desde luego , aparente lo que aparente, es mas frío que el hielo. Yo sería incapaz de pensar en ellos. Hay un cierto peligro en alguien así.
Comentario:
Mira tú, la niña "buena" en lo que se ha convertido...
Cuídate rubia
Cuídate rubia
Comentario:
estupendo....sin palabras....
un beso
un beso