¿Queremos dar credibilidad a la política o no?
En un ambiente nacional de controversias y descalificaciones que se van escenificado a lo largo de los últimos meses y días, los políticos va perdiendo credibilidad en nuestros votantes.
A los ciudadanos y ciudadanas de este país les molesta y genera desconfianza la falta de acuerdos políticos, así como que no se puedan establecer foros de diálogo y discusión entre los diferentes grupos parlamentarios; más aun cuando a vísperas de unas elecciones municipales pretendemos que los ciudadanos sigan ejerciendo su derecho al voto y nos presten su confianza para construir país.
¿Confian los ciudadanos en nosotros o no queremos que confien? La sociedad nos demanda que nos adecuemos a los tiempos en los que vivimos, que prevalezca el respeto, el consenso, el diálogo y los acuerdos en la búsqueda de generar beneficios para todos los ciudadanos y ciudadanas que configuran nuestros pueblos y ciudades y que dejemos a un lado intereses particulares –pongáse como ejemplo los escándalos urbanísticos que van floreciendo día a día-, ataques e insultos desmesurados de personajes considerados “ilustres” –apoyados en ocasiones por sectores muy influyentes que marcan las pautas a seguir de sus representantes en las instituciones-, y todo aquello que daña tanto a la sociedad que provoca alejamiento en su ejercicio de derecho al voto.
Los que ejercemos la política debemos hacer prevalecer el respeto, el debate sereno, el diálogo y las alianzas necesarias para intentar solucionar los problemas con los que se encuentran los ciudadanos en su vida diaria, es decir, en recuperar la acción social del ejercicio de la política, que es la raíz de origen de los órganos políticos.
Desgraciadamente, para el principal partido de la oposición esto no entra hasta el momento en sus posiciones, todo ello animado por diferentes grupos mediáticos donde contaminar la agenda política está a la orden del día. Y eso no es bueno si pretendemos reforzar el sistema democrático que nos hemos dotado.
Mientras que la situación económica es claramente favorable para el ciudadano, –crecimiento económico más equilibrado, tasa de paro más baja desde 1979, superávit en las cuentas públicas, incremento de la confianza empresarial, etc.. -, por el contrario, la situación política suscita una cierta apatía y desconcierto entre los ciudadanos. Comprometerse en política va más allá de cumplir con una obligación. Son exigencias éticas fundamentales e irrenunciables que ningún partido del arco democrático, incluido el Partido Popular, puede dar la espalda.
Por todo ello, y por mucho más, desearía que floreciera una nueva generación de adversarios del principal partido de la oposición, que quieran a través de un diálogo correcto y sereno, dignificar la política. Somos elegidos democráticamente por los ciudadanos, y estos no se merecen que sus representantes pretendan oscurecer un debate enriquecido por temas tan importantes como son el fortalecimiento del Estado de Bienestar, la nueva creación de derechos de ciudadanía, en definitiva, en mejorar un sistema democrático, donde los únicos capitanes son los ciudadanos, y nosotros somos meros electos soldados.
La ciudadanía necesita ver que sus representantes políticos, ejercen el sentido de la responsabilidad y un servicio incondicional a sus demandas diarias. Dignificar la política y hacer creíble nuestro trabajo es sólido argumento para que los ciudadanos y ciudadanas sigan confiando en nosotros. Cuestión diferente es que “otros” no quieran ayudar en esta tarea.
A los ciudadanos y ciudadanas de este país les molesta y genera desconfianza la falta de acuerdos políticos, así como que no se puedan establecer foros de diálogo y discusión entre los diferentes grupos parlamentarios; más aun cuando a vísperas de unas elecciones municipales pretendemos que los ciudadanos sigan ejerciendo su derecho al voto y nos presten su confianza para construir país.
¿Confian los ciudadanos en nosotros o no queremos que confien? La sociedad nos demanda que nos adecuemos a los tiempos en los que vivimos, que prevalezca el respeto, el consenso, el diálogo y los acuerdos en la búsqueda de generar beneficios para todos los ciudadanos y ciudadanas que configuran nuestros pueblos y ciudades y que dejemos a un lado intereses particulares –pongáse como ejemplo los escándalos urbanísticos que van floreciendo día a día-, ataques e insultos desmesurados de personajes considerados “ilustres” –apoyados en ocasiones por sectores muy influyentes que marcan las pautas a seguir de sus representantes en las instituciones-, y todo aquello que daña tanto a la sociedad que provoca alejamiento en su ejercicio de derecho al voto.
Los que ejercemos la política debemos hacer prevalecer el respeto, el debate sereno, el diálogo y las alianzas necesarias para intentar solucionar los problemas con los que se encuentran los ciudadanos en su vida diaria, es decir, en recuperar la acción social del ejercicio de la política, que es la raíz de origen de los órganos políticos.
Desgraciadamente, para el principal partido de la oposición esto no entra hasta el momento en sus posiciones, todo ello animado por diferentes grupos mediáticos donde contaminar la agenda política está a la orden del día. Y eso no es bueno si pretendemos reforzar el sistema democrático que nos hemos dotado.
Mientras que la situación económica es claramente favorable para el ciudadano, –crecimiento económico más equilibrado, tasa de paro más baja desde 1979, superávit en las cuentas públicas, incremento de la confianza empresarial, etc.. -, por el contrario, la situación política suscita una cierta apatía y desconcierto entre los ciudadanos. Comprometerse en política va más allá de cumplir con una obligación. Son exigencias éticas fundamentales e irrenunciables que ningún partido del arco democrático, incluido el Partido Popular, puede dar la espalda.
Por todo ello, y por mucho más, desearía que floreciera una nueva generación de adversarios del principal partido de la oposición, que quieran a través de un diálogo correcto y sereno, dignificar la política. Somos elegidos democráticamente por los ciudadanos, y estos no se merecen que sus representantes pretendan oscurecer un debate enriquecido por temas tan importantes como son el fortalecimiento del Estado de Bienestar, la nueva creación de derechos de ciudadanía, en definitiva, en mejorar un sistema democrático, donde los únicos capitanes son los ciudadanos, y nosotros somos meros electos soldados.
La ciudadanía necesita ver que sus representantes políticos, ejercen el sentido de la responsabilidad y un servicio incondicional a sus demandas diarias. Dignificar la política y hacer creíble nuestro trabajo es sólido argumento para que los ciudadanos y ciudadanas sigan confiando en nosotros. Cuestión diferente es que “otros” no quieran ayudar en esta tarea.
Comentario:
soy de mexico. y me dejaron una tarea acerca de el origen de los partidos politicos. pero no encuentro nada. asi q me gustaria q hiciera un reportaje acerca de eso .
GRACIAS.
GRACIAS.