Silencio=conformismo, ¿Tú tienes algo que decir?
El blog de Yolanda Vicente González
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Hola! Soy Yolanda, y quiero que a través de este blog, tú me comentes tus ideas, que me preguntes lo que quieras. Me volviste a reelegir para representarte en el Senado el 9 de marzo de 2008. Y por eso, quiero seguir contando contigo para que podamos hacer el trabajo que me encomendaste, lo mejor posible. Yo siempre digo que "No hay mejor forma que las cosas salgan bien, si el trabajo es en equipo. " Espero que tu digas lo mismo. Un saludo, Yolanda"
Sindicación
 
¿Se considera la fiscalidad como algo ajeno?
Es habitual considerar la fiscalidad como un hecho que afecta solamente a los adultos y más en concreto, a los adultos que llevan a cabo algún tipo de actividad económica sujeta a impuestos. Por tanto, la juventud no tendría que preocuparse por la fiscalidad, ya que serían totalmente ajenos hasta que no se incorporaran a la actividad económica y estuvieran obligados al cumplimiento de obligaciones tributarias formales.

Los jóvenes, desde edades tempranas, ya empiezan a incorporarse al escenario económico, no sólo a través de la familia y la escuela, sino también en sociedades donde se ha alcanzado un cierto grado de desarrollo y bienestar; toman decisiones económicas como consumidores en la medida que les permite su presupuesto y, aunque sea en menor escala, no deja de ser significativo. Sus pequeñas actividades económicas –y no por pequeñas son poco importantes-, bien sea a través de su consumo o de su ahorro, está generando ingresos tributarios. Además, la fiscalidad les está posibilitando una igualdad de oportunidades, como pueden ser en la sanidad y la educación. Sin ese esfuerzo solidario, la vida cotidiana y las perspectivas de futuro de los más jóvenes serían muy distintas.

El cumplimiento fiscal es una cuestión de ciudadanía. Los efectos del incumplimiento, es decir, el fraude fiscal, perjudican a todos los ciudadanos, pero especialmente a aquellos que asumen sus responsabilidades y cumplen correctamente con sus obligaciones tributarias.

En la actualidad, suele reducirse el complejo tema de la fiscalidad al pago material de los impuestos, e incluso a entender que es una imposición de los poderes públicos, sin ser visto desde la aportación solidaria.

Cabe indicar, que España es uno de los países de la UE, donde el índice de presión fiscal está por debajo de la media, concretamente con un 34,6% -porcentaje de ingresos fiscales con respecto al Producto Interior Bruto-; frente a países como Suecia, con un 50,5%, Francia con un 43,4%, incluso Eslovenia y Malta con una presión fiscal más alta que la española. Los países con presión fiscal más baja que la española conviene señalar, son todos los nuevos países miembros de la UE. Por ello, cuando se realizan manifestaciones relativas a que la presión fiscal española es muy alta, bástese comparar con los países miembros de la UE para constatar que la realidad es otra.

El fraude fiscal no es una preocupación exclusiva de los españoles, ni una preocupación circunstancial por ser una de las conversaciones más recurribles en los últimos tiempos. En otros países de nuestro entorno, llevan dedicando años de estudio y puesta en práctica programas de educación fiscal. Países nórdicos, pioneros en estos avatares han de servirnos como modelo.

En países más cercanos, como Francia o Italia, se tomaron iniciativas en los años 80 que no han tenido continuidad y, ello, ha perjudicado notablemente a sus conciudadanos. Incluso países como Ucrania, llevan a cabo programas infantiles, fácilmente accesibles para niños, que intentan mostrar la necesidad del correcto cumplimiento e importancia para el desarrollo social y el bienestar ciudadano.

En nuestro caso particular, en España, se está trabajando desde la Agencia Tributaria en este sentido, de concienciar a los ciudadanos en el tema fiscal. Actualmente, la Ley sobre Medidas de prevención del Fraude Fiscal, en este momento en fase de tramitación en el Senado, es una de las etapas principales a considerar la fiscalidad como propia y no como algo ajeno. Una ley enmarcada en un Plan de Prevención del Fraude fiscal aprobado en el Consejo de Ministros del 4 de febrero de 2005, que insiste no sólo en la lucha contra el fraude fiscal, sino también en la prevención y disuasión de la conducta defraudadora, mediante actuaciones como es la educación ciudadana.

Es necesario tener en el subconsciente una percepción de la fiscalidad como algo que no es ajeno y que no es una mera imposición. ”Fiscalidad” es sinónimo de “solidaridad”, al igual que “fraude” tiene mucha relación con “insensibilidad, “insolidaridad” y “conformidad”. Conceptos claros como estos, pueden hacer ver con mayor claridad, que “pagar los impuestos y no realizar conductas defraudadoras contribuye al sostenimiento de los gastos públicos” y, por el contrario, consecuencias muy negativas en el caso de que dichas obligaciones fiscales no se lleven a cabo.

¿Se considera la fiscalidad como un ente ajeno? O mejor dicho, ¿entendemos que la fiscalidad es una imposición y que debe ir reduciéndose progresivamente o por el contrario, entendemos que la fiscalidad es una forma de redistribución de la riqueza?

Si somos capaces de educar a nuestros hijos entendiendo que la fiscalidad no es el “coco” de los mayores, sino todo lo contrario, contribuiremos en gran medida a que la sociedad sea más justa.


Publicado en el Expansion de 29 de septiembre de 2006
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