Pedro Vuelve

(posteado por sugerencia de Miguel)
Almodóvar ha vuelto limpio. Se ha quitado los excesos, los aires y las ganas de provocar para quedarse en cueros. En los cueros de un cine sólido y de una sencillez que sólo un maestro es capaz de manejar.
Volver es una historia de fantasmas que no da miedo, porque sus fantasmas van a la peluquería a teñirse el pelo. No da risa porque el fantasma es Carmen Maura, y de esa mujer uno se lo cree todo. Volver da congoja, pero de las peores, de esas que no te hacen llorar.
Los colores y las formas, toda la estética sacada de un cruce entre Brigadoon y Los caballeros las prefieren rubias, confieren a todo su cine ese aire de irrealidad que hace digerible el tratamiento de temas de pesos astronómicos. Volver no es una excepción, y sin que nos demos cuenta nos habla de la muerte, de la superstición, de las costumbres, de la soledad, del compromiso, de la resignación.
La mayor baza de la película es a la vez su mayor hándicap, y es que, más que nunca, la película es una mujer. Es un sentimiento de mujer, una mirada de mujer y un coraje de mujer. No es probable que muchos hombres la entiendan del todo, porque no comprenderán por qué a esa Raimunda (sorprendentemente fabulosa Penélope Cruz) le caen las lágrimas mientras su marido se masturba a su lado en la cama. Esos hombres se quedarán fumando en el patio, como en el funeral de la tía Paula, ensordecidos por el viento solano de la Mancha, mientras dentro transcurre la verdadera historia, la silenciosa y verdaderamente desoladora.
Volver es el prodigio interpretativo al que suele tenernos acostumbrado Pedro Almodóvar. Penélope nunca, nunca ha estado mejor, recordando más a Sophia Loren que a esa manchega llamada Raimunda. Y eso tiene mérito, porque le han puesto al lado a una pedazo de señora como Carmen Maura, a la que parece que le cuesta tanto meterse en el pellejo de Irene como hacerse un moño, tan enorme es su talento natural. Igualmente estupendas está Lola Dueñas y una Blanca Portillo que dará mucho que hablar.
Salvando el escollo, comentado por doquier, del fallido homenaje a Hitchcock, Volver se mantiene como una película robusta, donde la magia y la superstición terminan siendo una cotidianeidad, como unas lentejas con chorizo. Es una historia de todos los días (salvo algún que otro detalle, claro), de los tristes y a veces esperanzadores días, de mujeres bragadas como Raimunda y resignadas como Agustina. Y en medio, la madre. Rediviva y escondida bajo una cama, mirando como pasan los pies de su hija. La madre Irene y la madre Maura, la que escucha de lejos a su niña, entonando aquella canción que le enseñó de pequeña.
Volver es un regalo sencillo. No tiene la sofisticación argumental de La mala educación, o la visual de Hable con ella. Volver es una manualidad. Es un recortable en cartulina que Pedro Almodóvar ha hecho para el día de la madre. Y esos regalos no tienen precio.
Comentario:
Que maravilla, me encanta como escribes.
Y coincido contigo en lo de Isabel Coixet y en lo de Pedro, me encantó volver, no lo se expresar tan bien como tu, que escribes como los dioses...
Y coincido contigo en lo de Isabel Coixet y en lo de Pedro, me encantó volver, no lo se expresar tan bien como tu, que escribes como los dioses...
Comentario:
No comparto el gusto por el cine español, pero si por el arte que le pones a las cosas de las que hablas, hasta las haces parecer mas interesantes de lo que son jajajaja.
Un besazo!!
Un besazo!!
Comentario:
Como siempre tu eres el que no tiene precio, saludos.
Comentario:
Qué alegría volver a leerte Yarince :-)
Tengo ganas de ver la peli, probablemente lo haga el finde. Un abrazo, espero que estés bien, tranquilo y contento...
Tengo ganas de ver la peli, probablemente lo haga el finde. Un abrazo, espero que estés bien, tranquilo y contento...