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El guerrero
"...cuando el Fénix ve llegar su final, construye un nido especial con ramas de un roble y lo rellena con canela, nardos y mirra, en lo alto de una palmera. Allí se sitúa y, entonando la más bella de sus melodías, expira. A los 3 días, de sus propias cenizas, surge un nuevo Fénix, y cuando es lo suficientemente fuerte, lleva el nido a Heliópolis, en Egipto, y lo deposita en el Templo del Sol." Ovidio
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brokeback mountain
brokeback mountain, de Ang Lee

Toca hablar de Brokeback Mountain. Da igual si eres gay, cinéfilo o simplemente te gusta estar al día de la actualidad. Es la película de moda, con morbo incluido, y toca hablar de ella. Verla y comentarla. Así que ayer yo era uno más en la cola del cine a la hora golfa para ver una película que, curiosamente, no estaba anunciada en las marquesinas del Yelmo al que fui a verla.

Esperaba con expectación la historia de amor entre los vaqueros Jack Twist y Ennis del Mar, y resultaba fácil sentirse defraudado. Imaginaba con miedo que me pasaría como con Tigre y Dragón, que esperaba con ansia tras mi confesa devoción por el Ang Lee de Sentido y Sensibilidad, La Tormenta de Hielo o El Banquete de Bodas, y que me resultó un fiasco del que aún no me he recuperado.

Hay que deshacerse de lo que no puedes cambiar.

Antes de ayer podía opinar del revuelo, de los comentarios aparentemente progres pero inmensamente retrógados que han acompañado a las mil reseñas de la cinta que han aparecido en los medios de comunicación, pero hoy puedo hablar de la película. Y Brokeback Mountain es una película cualquiera. Es una historia corriente y moliente. Tiene muy poco de pasión y mucho de documental. Tiene más frío oriental que calor mediterraneo. Y es por todas y cada una de esas razones que Brokeback Mountain es una película extraordinaria.

La belleza formal de la cinta es increíble, y no sólo en los paisajes del mismo Wyoming que vio agonizar a Matthew Shepard. Es bella en los interiores y en el calor de una tienda de campaña, es bella en las miradas y en sus pausas. Porque Brokeback es remolona en su desarrollo, pasa por veinte años de vida con pereza, parándose en sus puntos kilométricos, sin prisa ni montajes vertiginosos. Se desarrolla a lo largo, como las montañas que la pueblan, y con un apetito por los momentos específicos que sin duda muchos calificarán de desgana.

He hablado más que durante todo el año.

No he leído el relato de Annie Proulx, pero sin duda el guión está muy bien estructurado, dosificado en maestra medida, porque su mayor acierto es que no hay nada que desentone. Cada relación y cada escena tienen su peso específico, el necesario, y sus diálogos, escasísimos, son verdaderos trabajos de orfebrería.

Antes de meterme con la historia, con los aledaños de la historia, con las repercusiones que quieren y queremos verle a esta película, hay que mirar a los actores. Porque ninguno, ni el más pequeño, está menos que soberbio. Desde los padres (fabulosos) de Jack Twist a todas y cada una de las mujeres de la cinta. Fabulosa Michelle Williams interpretando a Alma, la esposa de Ennis, en un complicadísimo papel que borda con delicadeza; impactante Anne Hathaway, la esposa de Jack, en la conversación telefónica, en la que lo cuenta todo sin decir nada. Estupendo como siempre Randy Quaid, encarnando la homofobia de la América del cinturón de la Biblia, disfrazada en caras desconocidas en dos de las escenas más demoledoras de la película.

No volverá a ocurrir. No soy marica.

Pero mención aparte, sin duda, merecen Jake Gyllenhaal (Jack Twist) y Heath Ledger (Ennis del Mar). He de advertir que desde ayer he visto la película dos veces, una en versión doblada y otra en versión original. Si la veis en castellano, os quitareis el sombrero ante Jake Gyllenhaal por acometer su interpretación con pureza y mucha, muchísima candidez. Porque es natural y brinda a la cinta un único tinte de inocencia que hace sobrevivir la historia, diferenciándola de todas las historias de gays abocados a crueles destinos, a pesar de todo. Y por la mirada limpia que le regala a su Jack, y por la escena de la camioneta, ida y vuelta al Ennis libre.

Soy así por tu culpa. No puedo aguantarlo más, Jack.

Os gustará Heath, pero no os impresionará. No habla mucho. No interpreta a un hombre demasiado expresivo. Todo eso siempre y cuando no lo veáis en versión original. Porque si escucháis al verdadero Ennis del Mar, al del inglés arrastrado e incomprensible de un tosco vaquero, no podréis sino quitaros el sombrero ante el despliegue de talento del australiano (mejora igualmente Michelle, su novia en la vida real). Heath Ledger está insuperable en un papel de una dificultad extrema. Ang Lee debe haber tenido una tarea difícil para elegir a un actor que tiene que interpretar a un personaje que despierta nuestras simpatías a pesar de su comportamiento, que tiene que lograr que nos identifiquemos con un perdedor, que tiene que dar vida a un hombre de piedra que se erosiona sin saber cómo hacerlo, incapaz de lidiar con los verdaderos sentimientos. Ennis del Mar habla poco, pero cuando habla lo dice todo. En esos emocionantes “perdona” de la cabaña o el “yo no soy marica” pronunciado ante el atardecer de Wyoming; en la escena del teléfono, en la escena final, en la de los celos mejicanos, o en la del reencuentro. Es portentoso su talento dosificado en extremo, casi diría que destilado. Heath Ledger… chapó.

Podríamos haber tenido una buena vida juntos.

La química que se desarrolla entre ambos personajes también era difícil de reproducir Pero el gran acierto estuvo en mi parecer en la elección de los actores. Jake y Heath no son dos guaperas. Tampoco son dos iconos hipermusculados. Son dos personas normales que uno puede imaginarse cuidando ovejas en el oeste americano. También se los puede uno imaginar enamorándose, porque tienen el balance justo entre masculinidad y feminidad (especialmente el personaje de Jack) y todas las escenas entre ambos están coreografiadas perfectamente, el sentimiento parece tan real, tan de verdad. Un amor así sólo podría darse entre personajes como los de ellos, entre el granito de Ennis y la lluvia de Jack.

A partir de ahora, en mi valoración de la historia y sus repercusiones, espero no destripar nada a quienes no la han visto. Lo más fácil es empezar atacando a la distribuidora española por retitular la cinta como “En terreno vedado”. Pero bueno… ¿Todavía estamos así a estas alturas? La película se llama Brokeback Mountain porque es el sitio donde se inicia la historia de amor, porque según Jack es el sitio más hermoso de la tierra y donde ha sido más feliz. ¿De verdad que ese sentimiento se traduce con esa frase? Es evidente que habla de un amor prohibido en la época y el lugar en que se desarrolla la película, pero retitularla de esa manera me parece tendencioso. Ya cuando se estrenó en España West Side Story la tradujeron como Amor sin barreras, en otro alarde imaginación y falta de respeto por el autor, pero al menos no la llamaron Amor prohibido o Amor imposible. Hay un matiz, y creo que es importante no perderlo de vista.

Si esto nos sucede en el sitio equivocado, en el momento equivocado… nos matarán.

Brokeback Mountain trata de dos vaqueros machísimos a los que contratan para cuidar un rebaño de ovejas en las aisladas montañas de Wyoming durante varios meses. Una noche de borrachera, y de forma salvaje, ambos hombres tienen relaciones sexuales en la caseta de campaña. Esas relaciones, sexuales y afectivas, continúan durante el resto de su estancia, pero de forma menos salvaje. Y durante esos meses, y durante los veinte años siguientes, el lazo se refuerza en visitas periódicas a otras montañas, nunca las de Brokeback, donde nadie puede verles.

A pesar de que he oído en muchos medios que es “fuerte” (de hecho está recomendada para mayores de 18 años), no hagáis caso. Es mentira. Al contrario, es una película realmente inocente en la sexualidad. No hay más de lo que puede verse en cualquier tele a las 5 de la tarde entre un hombre y una mujer. Hay apenas un par de besos, y únicamente un polvo. Y salvo uno de los besos, toda la intimidad ocurre en una oscuridad en la que hay que adivinar más que ver. Es una película muy casta. Extremadamente casta, aunque afortunadamente no tanto como Philadelphia, donde ni siquiera se daban un pico.

La verdad es que a veces te echo tanto de menos que no puedo soportarlo.

Sin embargo entiendo que a algunos heterosexuales puede parecerles demasiado explícita. A quienes se lo parezca, deberían analizarse más allá del film. Las escenas no son más fuertes que las de Nicole Kidman y Ewan McGregor en Moulin Rouge, o las de Kate Winslet y Leonardo DiCaprio en Titanic. Si esas no resultan ofensivas, éstas no deberían serlo, y si lo son es por razones completamente ajenas a la película. En ese caso la ofensa está en los ojos que miran. Porque la historia de Jack y Ennis no es más que una historia de amor, y la expresión de su amor es igual que la de cualquier hijo de vecino. Brokeback Mountain no habla de orgullo, ni de reivindicación, ni siquiera de amores gay, como algunos han querido segregarla, al igual que Casablanca no es una película de amores hetero. Habla de dos personas que se aman en circunstancias adversas. Las circunstancias, afortunadamente, se cambian. Y no hay que olvidar que la película tiene lugar en Wyoming en los años 60, y el panorama ha cambiado mucho desde entonces. Quizá no en lugares como Wyoming, cuna de uno de los crímenes de odio más recordados de la historia y que tuvo lugar hace apenas 7 años en Laramie, pero sí en otras partes del mundo. Y si de algo puede servir ese pedazo de celuloide es para abrir los ojos a que el dolor está a menudo en el juicio de los demás, y rara vez, muy rara vez, en el sentimiento que genera una condena basada principalmente en el miedo. En una sociedad plural, sin odio, no habría películas como ésta, y Jack y Ennis vivirían felices en un rancho de Wyoming.

Ojala pudiera olvidarme de ti.

Brokeback Mountain me parece una película universal. Creo que en un mundo sin prejuicios no sería tratada de forma especial, ni sería objeto de puja por parte de diferentes sectores de la sociedad. De la misma manera que a la gente le encanta Hannibal Lecter sin necesidad por eso de comer los domingos hígados humanos regados con Chianti, digo yo que uno puede identificarse con Jack, Ennis o Alma. Si hasta los homófobos pueden identificarse con Aguirre! Al igual que las mujeres han estado disfrutando de un cine en el que históricamente no había personajes femeninos, donde las mujeres eran únicamente amas de casa o solteras cuyo objetivo en la vida era casarse, los gays hemos estado disfrutando de un cine en el que el amor era un sentimiento exclusivo entre un hombre y una mujer. Pero las cosas cambian. El mundo gira.

Brokeback Mountain no es un hito para la comunidad gay. Ya hay muchas y buenísimas películas con protagonistas gay (como Mysterious Skin o My Own Private Idaho), aunque sólo puedan verse en festivales o lugares específicos. Es un progreso para algunos heterosexuales que lo más gay que fueron a ver fue “Una jaula de grillos”. Hoy pueden ir a ver una película en la que los “maricones” son vaqueros que no llevan sombreros rosa ni caminan moviendo las caderas. Hoy por fin pueden hacer cola en el cine para entrar a una película en la que se besan dos hombres sin que nadie los mire con suspicacia.

Jack, I swear...
 
ohm
caleidoscopio de piel y agua
Siento no recordar quién es el autor. Pero la obra es soberbia.

Llevo tiempo pensando de qué podría escribir. Quería dedicar algo a todos los que habéis seguido viniendo, los que no me habéis olvidado, los que me habéis pedido que vuelva. No lo he hecho porque no quiero olvidarme de nadie, porque no quiero agraviar a nadie, y porque tengo amigos en la blogosfera que no tienen nombre. Hoy en la autopista, bajo una lluvia propia del armagedón, seguía pensando en lo mismo. Qué escribir, cómo estar a la altura de esta ausencia de un puñado de posts en varios meses.

La banda sonora de mi coche ha sido durante unas semanas la música thumpa thumpa de Queer As Folk (QAF). Espero dedicar en el futuro algún post a esta serie de Showtime que me ha acompañado durante mi largo encierro, y que aparentemente pasarán en la cadena Cuatro, que ha adquirido los derechos. Si finalmente la ponen en un horario razonable, os aconsejo que no os la perdáis.

Pues hoy precisamente reemplacé uno de los tres CDs de QAF (what have you done today to make you feel proud?) por el Unplugged de George Michael. Hace poco vi un gran documental sobre su carrera, A Different Story, y arroja mucha luz sobre su vida privada, su episodio oral en Los Angeles y su talento, que vocalmente es fantástico (y no es por hacer un juego de palabras con la mamada). Creo que es un gran vocalista, y de prueba bastaría con escucharle cantar el Somebody to Love en el homenaje a Freddie Mercury, su versión del I Can’t Make You Love Me de Bonnie Rait, o el emocionante y reivindicativo My mother had a brother. Me sentí muy identificado con algo que dice en el documental y que llegó a emocionarme, porque me recordé. Estaba refiriéndose al hecho de ser gay y al orgullo que lleva aparejado: “Es difícil sentirse orgulloso por algo (como la sexualidad) cuando lo único que te ha ocasionado es dolor.” Me sentó como un mazazo, porque aunque ya no me siento así, fue mi sensación durante muchos años. Vergüenza, rechazo y dolor. Fue cuando por primera vez en mi vida fui capaz de sentir placer con mi sexualidad cuando nació el orgullo. Es difícil para un heterosexual imaginar a lo que me refiero, pero las mujeres que hayan sido criadas en hogares machistas y represivos entenderán lo que digo. Cuando te dicen que eres menos durante el tiempo suficiente y la insistencia precisa, acabas por creértelo. Descubrir que te mentían te hace enfadarte, pero también enorgullecerte de lo que eres. En estos últimos meses he salvado ese último escollo que me quedaba, que era salir del armario en el seno familiar, y he tenido la inmensa suerte de hacerlo con ORGULLO.

teide de nieve
Ayer nevó en mi isla, y el techo de España está hoy vestido de virgen. Y ésta es hoy la imagen que veo por mi ventana al levantar la vista.

Volviendo al redil, escuchaba la canción Prayin’ For Time, y no, no puedo resistirme a escribir la estupenda letra:

Estamos en la era de un hambre que debió quedarse en el pasado, dándole la mano a la ignorancia y a excusas y justificaciones. Los ricos dicen que son pobres, mientras que los demás ya no estamos seguros de si tenemos suficiente. Así y todo seguimos acumulando, porque Dios ha dejado de llevar la cuenta. Me imagino que en algún instante nos dejó solos jugando, y cuando se dio la vuelta todos los niños de Dios nos escapamos por la puerta de atrás.

Es difícil amar cuando hay tantas cosas que odiar. Y es difícil aferrarse a la esperanza cuando apenas quedan. Y sobre nosotros los cielos magullados nos dicen que es demasiado tarde, y que deberíamos estar rezando pidiendo tiempo.

amiga oscuridad
Éste es el aspecto que tuvo mi casa durante el paso del huracán por mi isla. Un santuario.

Al llegar a casa por la noche y ponerme a preparar el post, me encontré este texto entre los documentos rotos en mi escritorio virtual, que es como un cajón de donde saco pedazos de papel. En este caso, algo que escribí hace mucho y que podría dejar ahí, en una W sin título, pero no sería justo. No sería justo con gente a la que quiero.

Acabo de llegar de comer con mi familia. Siempre he considerado que mi familia son mis padres, mis hermanos y mis abuelos. Con los años se unieron con fuerza todos mis sobrinos. Los demás, como dice mi padre, son piojos pegados. Esa noción de familia ha ido modificándose en mi percepción en los últimos años. Por un lado, mis abuelos han ido apagándose, a la par por cánceres y alzheimer. Hace pocos meses que murió mi última abuela, con demencia senil y un tumor en la cabeza que prácticamente no le dejó espacio para nada, ni siquiera el recuerdo de sus nietos. Y el núcleo indivisible que formábamos los cinco, los tres hermanos y mis padres, se rompió también cuando el primogénito murió el año pasado.

La familia, evidentemente, ya no es la misma. Da igual los que ya no están, sigo considerándolos parte de esa esfera, de esos orígenes. Mi hermano sigue siendo familia, porque su recuerdo forma parte de ella, y eso no cambiará nunca. Está cuando nos reunimos a comer, en cualquier ocasión en que estemos “al completo.” Es imposible no pensar en él, echamos en falta su risa, su opinión (siempre discordante de la mía), y el vacío en la mesa está plagado de él. Pero nada es ya lo mismo. Cuando me preguntan cuántos hermanos tengo, contesto dos. No debería, porque no me preguntan cuánto hermanos he tenido. Pero no puedo dar ninguna otra contestación.


en medio de la crisis

Hace varios días fui también a comer, pero no estábamos todos, sino mis padres y mi cuñada. Desde que se quedó viuda, mis padres, ella y sus hijos son como una nueva familia. “Como han cambiado las cosas desde hace dos años, ¿verdad, Yarince?” me dijo mi madre. Hace dos años nos reuníamos todos los fines de semana, como seguimos haciendo. Mis padres, mis hermanos con sus mujeres e hijos, y el solterón Yarince. Se nos unían a menudo mis dos primas con sus maridos y el bebé de una de ellas. Considero a esas primas como hermanas, tanto es lo que las quiero. Son dos fantásticas mujeres, fuertes como robles, que sufrieron el rechazo frontal de sus padres cuando crecieron sin cumplir sus expectativas. Hace años que ni siquiera se hablan con ellos, y se han integrado en mi familia como si fueran la suya propia. Los sábados y domingos en casa de mis padres eran una verdadera fiesta.

Todo eso era hace dos años. En este plazo, mi hermano mayor ha muerto. Mi otro hermano se ha separado y se ha ido a vivir con otra chica separada con dos niños, con lo que mi cuñada ya no viene a comer y mis tres sobrinos a veces tampoco. Una de mis primas se separó traumáticamente de su marido. Todo es distinto, y sin duda un poco más triste. Pero era de esperar. Cuando mi hermano cayó en coma, se lo decía a mi madre. “Mamá, éramos una familia demasiado afortunada, nunca hemos tenido grandes problemas. Y los golpes llegan, más tarde o más temprano. Tendremos que aprender a vivir con ellos.”

Sin embargo, le mentí. Yo me sigo considerando afortunado por la familia que tengo. Echo muchísimo de menos a mi hermano, tanto que a veces la boca me sabe a sangre. Pero sigo sintiendo que fue una bendición conocerlo, que aprendimos mucho juntos, y que me queda una familia fabulosa por la que no puedo más que dar las gracias. Especialmente por esa mujer que ahora tiene los ojos tristes, y que responde cuando la llamo mamá. Me moriría si me faltara mi madre. Y no es una frase hecha, si ahora mismo me faltara, creo que me moriría o me mataría. A veces pienso que vivo por ella. No soy de los que piensa que la muerte es una alternativa a la vida, por dura que sea, pero debo reconocer que si alguna vez he tenido una tentación autodestructiva, la simple idea de la desolación de mi madre me ha hecho descartar por completo esa alternativa.


impacto
La llaman nicotiácea, y es una planta que sólo nace a la sombra de la actividad humana. En arcenes y obras. En asfaltos rotos.

Terminamos hoy de comer y fuimos mi hermano, ella y yo a coger hierbas aromáticas. Cogimos unas matas de orégano y unas ramas de romero que me fascinaron, de ahí todas las fotos que les hice y que pueblan hoy el post. Los que nos pasamos la vida en la ciudad casi nos convencemos de que las especias crecen directamente en los tarros, y es como un milagro verlas en el campo, arracimadas en tallos espigados y desafiantes. Y el olor, ese olor fresco de especie verde, imposible de encerrar en vacíos de mentira. “Ponlas en un tarro de esencias de los que tú tienes junto con un poco de alcohol, verás que tu casa se llena de olor. Usa el romero, es una maravilla.”

Mi madre me acompañó hasta el portalón y nos despedimos. Seguimos hablando un rato, ella apoyando la cara en la madera verde y yo desde el coche, con la puerta abierta. Finalmente le mandé un beso volado y arranqué. Como siempre, se quedó allí de pie hasta que llegué a la curva donde me pierdo de vista. Deseé tener un descapotable para poder chillarle “te quiero.”


apenas dos centimetros de vida

Al igual que este texto, tengo muchos recortes, a algunos de los cuales les tengo especial cariño, pero que no son publicables. Al menos, no aún. Lo que sí es publicable es este poema:

No sé que hacer con tus cartas.
Quemarlas,
hacerlas picadillo
convertirlas en pasta en un bol de agua.
Publicarlas en un semanario
o presentarlas como prueba de que un día
me escribías con tinta dulce
y tu firma se adornaba con besos
y no con sellos de notario.

Me pregunto si puedo demandarte.
Exigirte daños y perjuicios
por no cumplir las promesas
que dejaste por escrito.
Obligarte a reintegrarme las caricias
que te fuiste sin darme.
Que un juez te condene a darme
todos y cada uno
del millón de besos que me prometiste.

Tus notas con frases de colores,
tus cartas peladas de amor
escritas en papel cebolla.
Las pruebas de una gran paradoja,
la esfinge de una cultura extinta.
Tus letras brillando en mis manos
desde miles de horas atrás,
recordando estrellas muertas.

hermoso destino
Voy en esta guagua (autobús), y espero llegar a su destino.

Para terminar quiero decir que me ha llegado la felicidad, y está dentro. Batallando con demonios bien armados, pero ahí, magullada, sobreviviendo. Más valiosa si cabe porque ya no esconde las marcas de los puntos de sutura, ni el costado abierto por mi hermano, ni el desgarro de Román en el mismo pecho. Soy feliz porque sé, porque me duele la herida, porque el pudor se extirpó con el láser.

Yarince esperaba, pero ya dejó de esperar. Yarince buscaba, pero ya dejó de buscar. Y es en esa desidia sin culpa, en esa indolencia serena, donde encontré. No me falta nada, porque siempre lo tuve todo. Soy tan afortunado que incluso tengo el dolor, un catalejo mágico por donde presencio lo que pudo ser. Y lo que pudo ser no me gusta, pero sí me gusta lo que soy.

Soy un hombre nuevo, sin recortes rebuscados en la barba ni en el comportamiento. Un hombre de camisa y tenis, de chaqueta y vaqueros, de principios. Un hombre sin anillos, que deja el pub por la cabaña y las plumas por las alas.

mi santuario de convalescencia y amor

Ha costado tiempo, no puedo negarlo. Y la primera prueba de mi salida a flote fue un comentario de nochevieja, de un amor viejo como aquella misma noche, que me decía que se me veía mejor que nunca. El segundo piropo que recibo de él en cuatro años. Estos últimos seis meses me han cambiado, sin duda, pero éste es el primer atisbo que tengo de que ha sido para bien.

El cambio es de dentro para fuera. Me decía este ex que se me ve paz, serenidad, belleza. Que transmito dulzura. Será la primera vez que transmito eso en mucho tiempo, había perdido por completo la costumbre. Y me siento bien, porque ya he puesto límites. He establecido fronteras, y están todas en mi piel. Detrás de ella, mi felicidad. Sobre ella, en toda su bendita superficie, el placer.

mi frontera