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W. R. A. L. P. - 2006
Sindicación
 
El pueblo de mis padres
En un lugar de la siberia extremeña, de cuyo nombre no quiero dar razón, ha mucho tiempo que vivía una familia. Esta familia era mi propia familia, y ama ese pequeño rincón del mundo sin olvidar sus orígenes jamás, desde el sentimiento que albergan quienes encuentran parte del sentido y razón de la existencia en el pasado, en la familia entendida en sentido amplio, y en la huella querida y presente de los antepasados.

Yo nací y vivo, de hecho, fuera; y eso es, según para qué, causa de tristeza, malestar o, como mínimo, de incomodidad. Como forastero que soy, no siento las costumbres del pueblo, pareciéndome su forma de pensar en ocasiones… difícil de asumir; no conozco sus gentes (me refiero a los mayores, esencialmente, ya que los jóvenes suelen estar en la misma situación que yo), y sin embargo estas gentes sí me conocen a mí. Esto provoca cada vez que estoy allí que tenga cierta sensación de deuda, o de andar, como se dice vulgarmente, “vendido”. Y nada de esto me agrada. Naturalmente y por fortuna, no todo ni siempre es así. Y como ejemplos destaco la cercanía y el cariño incondicional de mis familiares que todavía tienen allí su casa… y de ciertas personas que sin ser familiares me resultan entrañables.

Comparto con mis padres ese sentimiento de formar parte de una historia que comenzó muchos siglos atrás, cuando mis ancestros eligieron un lugar tan hermoso para vivir ellos y sus hijos. Y conservo el gusto por los paseos por el campo, por los olivares recios que hablan con palabras nobles y sinceras, las huertas de tierra negra y fértil con sus naranjos densos… y veo la impronta de mi tatarabuelo levantando una pared, de mi bisabuelo injertando un olivo, de las gotas de sudor de mi abuelo plantando la viña, de mi abuela cociendo el pan, y de los esfuerzos de mi padre para conservar y aumentar tan magro patrimonio (porque la tierra no deja de ser un ama cruel, exigente y severa con la gente humilde). Es difícil conservar la serenidad y no conmoverse cuando tales sentimientos le invaden a uno, cuando casi se materializa el vínculo que me enlaza y me une con una larga e ininterrumpida línea de hombres y mujeres que bregaron en dicha tierra dejando en el empeño lo mejor de sí, cuando se siente el pulso de sus inquietudes y de sus temores, de sus alegrías y esperanzas, incluso de su fe (que es la mía, porque por ellos la he recibido) grabada sobre las piedras y en tantos detalles cotidianos…

Y en ese lugar exactamente me hallo: a medio camino entre el pueblo y la ciudad, extraño aquí y allí, preso de un cierto desarraigo que unas veces me hace (si bien con dolor) menospreciar tanto aquello como esto, buscando el medio virtuoso y el equilibrio difícil de conservar unas raíces que me pertenecen aunque no sea capaz de sentirlas siempre como tales, queriendo hacer de ese pueblo mi pueblo, a pesar de que hoy por hoy, no lo consigo, y de vivir (porque quiero, porque me siento ajeno a él también, y porque tengo que hacerlo) fuera del mismo; y otras veces casi renegando de todo ello, en la ilusoria idea de que puedo refundarme aquí y ahora, prescindiendo de toda referencia anterior, sabiendo también de antemano que eso es imposible.
 
Comentario:
Estimado/a dato, agradezco en primer lugar tu participación en este espacio que desde el primer día abrí a todo el que quisiera hacerlo. Te invito a seguir proponiendo tus ideas, pensamientos o comentarios. En segundo lugar, celebro tu aportación de la perspectiva consciente de la voluntad de las personas como elemento decisivo para formar nuestra persona y configurar nuestra existencia, aunque matizaría de tu comentario que no siempre es posible desplegar esa capacidad de elegir y de autodeterminación. Conquistar cada vez mayores parcelas de nuestra vida nos hace cada vez más libres, pero es difícil y duro hacerlo, y no nos protege del dolor que al que me refería y que en ocasiones el común de los mortales sentimos.
Un cordial saludo.
 
Comentario:
Tenemos la capacidad de elegir. Es nuestra presencia la que nos da el arraigo. Yo, particularmente, me siento arraigado en mi persona, no en la tierra. El lugar para vivir -y para morir- es aquel lugar donde yo elija estar con los mios, con las personas que amo
 
Comentario:
A nuestro funeral no vendrán las gentes del pueblo... pero, ¿es que acaso habrá alguien que rece por nosotros en nuestros pueblos ni tampoco fuera? Es casi la muerte definitiva.
 
Comentario:
Qué desgarro siento al leer este post porque es el desgarro que yo sufro a diario, el desgarro de no ser de ningún sitio, de que las idas y venidas te alejan de lo quieres, de que las idas y venidas te hagan desconocidos para aquellos con quienes crecistes...este es el precio que hemos de pagar los que hemos querido otro tipo de futuro, aquel que nos vendieron a los diecisiete años, aquel futuro que nos vendían donde tenías que estar, en cualquier sitio, menos donde hubieras nacido... esta no es tu circunstancia. pero es la mía y se parece bastante. Y, yo, mientras, sufro y lloro porque a mi funeral no vendrán las gentes del pueblo.
No