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W. R. A. L. P. - 2006
Sindicación
 
Quiero mi dinero!!
 
Recuerdos de instituto
En aquel instituto, en aquellas aulas inmensas, de la mano sabia de algunos profesores adquirí no pocos de los rudimentos más necesarios de la vida.

Uno de mis recuerdos favoritos de mi época de estudiante de bachillerato me lleva a Virgilio, a aquella época gloriosa en la que descubrí la belleza de la poesía latina. Y sin duda dos expresiones de La Eneida vienen a mis labios con un gusto muy especial: "Olli subridens hominum sator atque deorum" y "oscula libavit natae".

Que el el gran Júpiter, Salvador de los hombres y los dioses, sonría teniendo a su hija sentada en su regazo es algo que siempre me produjo ternura, no puedo evitarlo. Y que encima "bebiera" los besos de su pequeña, como si fuera lo más natural y cotidiano, eleva la calidad y la intimidad del momento hasta cotas que personalmente me sorprenden, aun más si tenemos en cuenta el contexto en que esta obra vio la luz.

El gran padre que inspiraba toda la gravedad, seriedad, austeridad, y apoyaba la potestad de los paterfamilias romanos no se parece al padre tierno y amoroso de este fragmento de la obra de Virgilio, que siendo el señor del universo y teniendo por ello grandes preocupaciones, es capaz de dedicar un tiempo precioso a su hijita dejando al lado todo lo demás. Es, quizás, mucho más cercana a la imagen de un padre actual.

No me resisto a consignar aquí los versos en que se produce esta escena familiar y que son para deleitarse en cada palabra:

"Olli subridens hominum sator atque deorum,
voltu, quo caelum tempestatesque serenat,
oscula libavit natae, dehinc talia fatur:
'Parce metu, Cytherea: manent immota tuorum
fata tibi; cernes urbem et promissa Lavini
moenia, sublimemque feres ad sidera caeli
magnanimum Aenean; neque me sententia vertit."

Vale.

 
Dos poemas del posiblemente mejor poeta del siglo XX, Blas de Otero

-Tú, que hieres-

Arrebatadamente te persigo.
arrebatadamente, desgarrando
mi soledad mortal, te voy llamando
a golpes de silencio. Ven, te digo

como un muerto furioso. Ven. Conmigo
has de morir. Contigo estoy creando
mi eternidad. (De qué. De quién.) De cuando
arrebatadamente esté contigo.

Y sigo, muerto, en pie. Pero te llamo
a golpes de agonía. Ven. No quieres.
Y sigo, muerto, en pie. Pero te amo

a besos de ansiedad y de agonía.
No quieres. Tú, que vives. Tú, que quieres
arrebatadamente el ansia mía.

-Torno-

Torno
los ojos a mi patria.
Meseta de Castilla
la Vieja, hermosa Málaga,
Córdoba doblando la
cintura, Vizcaya
de robles y nogales,
pinos y añosas hayas,
clara Cataluña, puro
León, lenta Granada,
Segovia de oro viejo,
Jaén ajazminada.
Moncayo azul, altivos
Gredos y Guadarrama,
blanca Vinaroz,
Extremadura grávida,
patria de pueblo y pan
partido injustamente.