Información al Consumidor
Como me desubico a fines de semana salteados, hace ya tiempo que perdí mi bar. Mi bar es, para entendernos, la casa nocturna, el local donde a fuerza de pedir copas a los mismo camareros acabas cogiendo confianza con ellos. Llega a ser, con el tiempo, algo más que un bar; es una parte de uno.
A día de hoy he tenido dos: En gijón, el Asturking, desde los 15 hasta los 19 años aproximadamente, y la Reina, en Salamanca, durante los 5 años de carrera.
Este tipo de bar tiene varias características:
- Conoces a todo el mundo aunque sea de vista.
- Puedes ir solo y allí pasártelo estupendamente.
- No tiene nada, ni es bonito, ni ponen buena música, ni buenas copas...pero te encanta.
- Normalmente estás más de dos horas en el y te vas porque cierra.
- Suele haber muchos más tíos que tías.
- Tiene personajes peculiares sobre los que circulan miles de leyendas urbanas. Normalmente te doblan la edad.
- Es garrafón puro: 2 ó 3 copas y vas pa la lona.
Hoy en día me dedico a buscar ese tipo de bar. Mis amigos han tomado como referencia uno: "El hidalgo" una chupitería con ambiciones. Informaré.
A día de hoy he tenido dos: En gijón, el Asturking, desde los 15 hasta los 19 años aproximadamente, y la Reina, en Salamanca, durante los 5 años de carrera.
Este tipo de bar tiene varias características:
- Conoces a todo el mundo aunque sea de vista.
- Puedes ir solo y allí pasártelo estupendamente.
- No tiene nada, ni es bonito, ni ponen buena música, ni buenas copas...pero te encanta.
- Normalmente estás más de dos horas en el y te vas porque cierra.
- Suele haber muchos más tíos que tías.
- Tiene personajes peculiares sobre los que circulan miles de leyendas urbanas. Normalmente te doblan la edad.
- Es garrafón puro: 2 ó 3 copas y vas pa la lona.
Hoy en día me dedico a buscar ese tipo de bar. Mis amigos han tomado como referencia uno: "El hidalgo" una chupitería con ambiciones. Informaré.
Ley de Vida
Imagino que ese día que uno piensa por primera vez que hay cosas que ya no podrá volver a hacer empieza a dejar de ser joven. O peor aún, cuando piensa que hay cosas que no ha hecho y que ya nunca podrá hacer. Ese día se empieza a ser viejo.
ley de vida, lo llaman. Parece que sometidos al peso de las leyes somos un poco menos libres.
Y el círculo social empieza a cumplir dicha ley. Niños que parecía que nunca crecerían empiezan a trabajar. Se habla de sueldos y de pisos. De hermanos que ya no son pequeños. Los botellones de Kalimotxo son sustituídos por despedidas de soltero y bodas. Nadie va al kiosko a comprar gominolas.
Alguien pregunta que qué será de aquel niño que hace años se juntaba con nosotros. Está casado y tiene dos hijos. Y no, no sale de fiesta.
ley de vida, lo llaman. Parece que sometidos al peso de las leyes somos un poco menos libres.
Y el círculo social empieza a cumplir dicha ley. Niños que parecía que nunca crecerían empiezan a trabajar. Se habla de sueldos y de pisos. De hermanos que ya no son pequeños. Los botellones de Kalimotxo son sustituídos por despedidas de soltero y bodas. Nadie va al kiosko a comprar gominolas.
Alguien pregunta que qué será de aquel niño que hace años se juntaba con nosotros. Está casado y tiene dos hijos. Y no, no sale de fiesta.
La Transparencia del Agua
o cosas banales imprescindibles
En mis años mozos, lejos de querer ser el aficionado a casi todo que soy ahora, conseguí convencer a mis padres para que, por el módico precio de 375 pesetas, me comprasen la cinta de los trotamúsicos. Enorme de ilusión e impaciencia, la puse en mis comecocos (como mi madre los llamaba) o Walkman, como les llamaba yo tratando de parecer que sabía perfectamente como se llamaba todo en el mundo. Escuchando aquella música, a mis seis años, pensaba cosas que si las dijera ahora mismo sonarían algo así como: ¡que manera de hacer rock and roll tiene esta gente!
Que grande es el momento de sentir que no hay nada más en el mundo con una pequeña cosa como la cinta de los trotamúsicos, una cena fanarra, un bocadillo de jamón del bueno o contemplar desde el cerro la transparencia del agua de mi tierra. Que me digan, por favor, que eso no es felicidad.
En mis años mozos, lejos de querer ser el aficionado a casi todo que soy ahora, conseguí convencer a mis padres para que, por el módico precio de 375 pesetas, me comprasen la cinta de los trotamúsicos. Enorme de ilusión e impaciencia, la puse en mis comecocos (como mi madre los llamaba) o Walkman, como les llamaba yo tratando de parecer que sabía perfectamente como se llamaba todo en el mundo. Escuchando aquella música, a mis seis años, pensaba cosas que si las dijera ahora mismo sonarían algo así como: ¡que manera de hacer rock and roll tiene esta gente!
Que grande es el momento de sentir que no hay nada más en el mundo con una pequeña cosa como la cinta de los trotamúsicos, una cena fanarra, un bocadillo de jamón del bueno o contemplar desde el cerro la transparencia del agua de mi tierra. Que me digan, por favor, que eso no es felicidad.
Preterito Perfecto Simple
"...entonces la tarde cambió a las personas por extrañas sensaciones, por dudas que no venían a cuento y por planes rotos.
- Prefiero que sepas las cosas cuando las siento - dijo ella, encariñada de la sinceridad como buena escudera. Como si eso arreglase las cosas. Como si no estuvieran ya lo bastante rotas.
El silencio no llegaba a agobiar. No saber qué decir, sí.
- Haría lo que fuera por tí - dijo él, Como si las labores de la culpa y la responsabilidad fuesen con él. Como si el dolor se fuese a arreglar con más dolor.
El pasar del tiempo tiende a abrir los ojos y a él le enseñó que ella no era ella, sino otra, a la cual no amaba. No fue dificil, las mentiras y el odio son buenos profesores para olvidar.
Volvió a guardar aquella sonrisa donde nunca nadie pudiera volver a verla. No sea que, por debilidad, acabara haciéndose más fuerte. No sea que, por una vez, terminara por distinguirse del resto de la gente.
Y una amistad que nunca había existido se perdió para siempre..."
- Prefiero que sepas las cosas cuando las siento - dijo ella, encariñada de la sinceridad como buena escudera. Como si eso arreglase las cosas. Como si no estuvieran ya lo bastante rotas.
El silencio no llegaba a agobiar. No saber qué decir, sí.
- Haría lo que fuera por tí - dijo él, Como si las labores de la culpa y la responsabilidad fuesen con él. Como si el dolor se fuese a arreglar con más dolor.
El pasar del tiempo tiende a abrir los ojos y a él le enseñó que ella no era ella, sino otra, a la cual no amaba. No fue dificil, las mentiras y el odio son buenos profesores para olvidar.
Volvió a guardar aquella sonrisa donde nunca nadie pudiera volver a verla. No sea que, por debilidad, acabara haciéndose más fuerte. No sea que, por una vez, terminara por distinguirse del resto de la gente.
Y una amistad que nunca había existido se perdió para siempre..."





