Monólogo:
- "¿Papá, por qué somos de España?"


Indecencias
Hoy hay un mendigo durmiendo en mi portal. Se recuesta lateralmente en el sofá del hall. Tiene un cartón de vino a medias y el suelo lleno de colillas y ceniza. Soy su sentimiento de gloria.
Hay una golondrina apuntando a una flor con una recortada. Tiene un mal día. Quiere vengarse del mundo. Soy su sentido del humor.
Hay un idealista impulsor de buenas conductas a quienes le rodean. Pretende convertir al resto en buenas personas. Soy sus ganas de abandonar.
Hay un ateo que reza a Dios para pedirle fortuna en sus maltrechos días. Quiere reconducir su vida. Soy su orgullo.
Hay una chica que llora porque ha perdido algo que le parecía importante. No comprende qué ha pasado. Soy su felicidad.
Y hoy, por desgracia, tambien soy las lágrimas de cada uno de ellos.
Hay una golondrina apuntando a una flor con una recortada. Tiene un mal día. Quiere vengarse del mundo. Soy su sentido del humor.
Hay un idealista impulsor de buenas conductas a quienes le rodean. Pretende convertir al resto en buenas personas. Soy sus ganas de abandonar.
Hay un ateo que reza a Dios para pedirle fortuna en sus maltrechos días. Quiere reconducir su vida. Soy su orgullo.
Hay una chica que llora porque ha perdido algo que le parecía importante. No comprende qué ha pasado. Soy su felicidad.
Y hoy, por desgracia, tambien soy las lágrimas de cada uno de ellos.
Las escaleras
El inspector de hacienda bajaba las escaleras, como buen meticuloso, mirándolas, una a una, recordando cada grieta, cada chicle pegado, cada mancha indefinible. Tenía un momento de aquellos que se asemejan peligrosamente a los tan narrados pre-mortem. Su vida se replanteaba, edulcorada, en su cabeza, y sus ojos se perdían en el infinito de las manchas, como el sacerdote tan acostumbrado a repetir sus oraciones que se permite pensar mientras las vocifera desde el pedestal de su iglesia.
La asesora las subía con determinación. Podría haberlo hecho de dos en dos, pero no dejaba escapar ningún escalón. Era su primer día en la empresa, y por su cabeza no existían pensamientos claros, sólo la sensación de que era el primer día del resto de su vida la guiaban.
Yo estaba allí. Les ví mirarse. Ví veinte años de diferencia entre ambos ojos y no vi ninguno. Se olvidaron, por un segundo, de todo. Habían conectado. Pero él bajó y ella subió. Y no volvieron a verse nunca más.
¿Moraleja? no la hay (o quizás sí, pero demasiado tópica)
Pero llevo horas pensando en ello.
La asesora las subía con determinación. Podría haberlo hecho de dos en dos, pero no dejaba escapar ningún escalón. Era su primer día en la empresa, y por su cabeza no existían pensamientos claros, sólo la sensación de que era el primer día del resto de su vida la guiaban.
Yo estaba allí. Les ví mirarse. Ví veinte años de diferencia entre ambos ojos y no vi ninguno. Se olvidaron, por un segundo, de todo. Habían conectado. Pero él bajó y ella subió. Y no volvieron a verse nunca más.
¿Moraleja? no la hay (o quizás sí, pero demasiado tópica)
Pero llevo horas pensando en ello.





