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Vivir Viviendo
Vida y obra de un joven sin demasiadas vivencias y ninguna obra
Acerca de
De gargantas cortadas, baños sin limpiar, patoaventuras varias y personas que siempre se piden escalope con patatas en lugar del menú del día. Alguna vez hablaré del resto de las cosas, si bien no será lo habitual.
Sindicación
 
Cerebros perdidos buscan cabezas vacías
Esto ni lo he dibujado yo, ni lo he descubierto ni nada. Mis agradecimientos al autor del blog "que quiere que le diga?" (en los enlaces léase nuestro queridisimo ñardarras) por mostrar al mundo el resumen de todos los problemas del mundo, (extraído de El Mundo)

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Letras callejeras buscan canciones normales
Con el orden vital, los pagos hecho al contado y los muebles colocados de forma armoniosa en mi cabeza, llega la ignorancia. Si el objetivo de mi vida era ser feliz, ya me puedo morir, porque ya lo soy.

Quizás la única falta de valor que tengo es la carencia de creencias. Por eso creo que acabaré creyendo en algo, algún día. No como ahora, que con 23 años, recojo frases de personas cercanas que me dicen que todo el mundo debería creer en algo...

y yo creo que esta noche me tomaré una copa en su honor


 
Inconsciencias
Murió atropellado por un Peugeot 406 conducido por una mente maliciosa sin carnet que aseguró tras el accidente no haber visto a la víctima. Era un hombre que solía pasar desapercibido, igual que pasa desapercibida para la mayoría la forma subjetiva de los recuerdos que crean simpatia en actos cotidianos de los seres que dilatan mi corazón y mis añoranzas.

Lejos de sentirse solo, se sabía discreto. Y sabía como sentirse, lo que no quiere decir que siempre se sintiera bien, como todos los demás, y como el joven inconsciente de su felicidad, y como la tortuga conformista con su agilidad. No era, pues, destacado en nada. Si acaso, en rondar el término medio.

Pero no era un mediocre, no para mí. Había definido hace mucho tiempo la lealtad, y nunca supo decirme una mentira porque no era capaz de encontrar las palabras ni los gestos para transmitirme algo que traicionara a su conciencia. Nunca pensé que me arrepentiría tanto de no agradecerle cada uno de sus gestos de bondad infinita que yo ya escuchaba en términos costumbristas. Le dije gracias miles de veces, pero nunca le senté frente a mi mirándole a los ojos y explicándole el camino que recorría Dios cada vez que su inmaculada bondad aparecía.

Pero ni yo mismo me supe dar cuenta hasta ahora. Me parezco demasiado a él.