Porque no te tengo
Voy a hacerme un vaso de cuero
del que dan los toros
que se follan a las vacas
que dan la mala leche
que tengo al despertar.
El agravante de mirar
a un lado de la cama
y colocar allí mi vaso
para tener en qué pensar
Y me chulea
y me cabrea
y lo rompo con tal odio
que se me rompe en las manos
y dentro hay un mosquito
que me dice que hoy no come
porque no hay donde picarme
y se va a buscarte
y me quedo tejiendo un vaso de lana
para que al llenarlo de mentira se filtre
y así ver
que no hay carteles en la puerta
que avisen a los celosos
porque no te tengo cerca
del que dan los toros
que se follan a las vacas
que dan la mala leche
que tengo al despertar.
El agravante de mirar
a un lado de la cama
y colocar allí mi vaso
para tener en qué pensar
Y me chulea
y me cabrea
y lo rompo con tal odio
que se me rompe en las manos
y dentro hay un mosquito
que me dice que hoy no come
porque no hay donde picarme
y se va a buscarte
y me quedo tejiendo un vaso de lana
para que al llenarlo de mentira se filtre
y así ver
que no hay carteles en la puerta
que avisen a los celosos
porque no te tengo cerca
Lo que realmente importa
Hace 13 años, los contenedores de un barco de transporte cayeron al mar en medio de una tormenta. 29000 patitos de goma encontraron la libertad y hoy en día surcan los oceános en un viaje que les lleva actualmente por islandia y en breve a las costas española, francesa e inglesa. Así, pronto nuestros chapuzones se volverán más entrañables.
Hace muchos más años, la luna se encontraba 10 veces más cerca de la tierra de lo que se encuentra ahora. Los días duraban 18 horas y tenían 9 mareas. La luna se nos escapa poco a poco y no podemos hacer nada por retenerla. Ahora la tierra oscila sobre su eje 23 grados, cuando nos quedemos sin luna, la tierra dará vueltas por el espacio como una bola alocada. Nevará en el Sáhara, la antártida será un destino turístico, desaparecerán las islas y las costas. En muchos lugares los mares hervirán y en otros siempre será de noche.
Y ahora vendrán los peces gordos del mundo informativo y me dirán que lo que realmente importa es la política y los deportes. Váyanse a tirarle pedos a una lata.
Hace muchos más años, la luna se encontraba 10 veces más cerca de la tierra de lo que se encuentra ahora. Los días duraban 18 horas y tenían 9 mareas. La luna se nos escapa poco a poco y no podemos hacer nada por retenerla. Ahora la tierra oscila sobre su eje 23 grados, cuando nos quedemos sin luna, la tierra dará vueltas por el espacio como una bola alocada. Nevará en el Sáhara, la antártida será un destino turístico, desaparecerán las islas y las costas. En muchos lugares los mares hervirán y en otros siempre será de noche.
Y ahora vendrán los peces gordos del mundo informativo y me dirán que lo que realmente importa es la política y los deportes. Váyanse a tirarle pedos a una lata.
Veo, veo
Veo la vanidad del que habla sin saber. La búsqueda de protagonismo y la inconsciencia de la consciencia ajena, y no sé si sentir rabia o pena.
Veo a personas que llenan su boca de palabras como lealtad, confianza y amistad mientras las hacen suyas y me las roban a mí, obligándome a darles la razón.
Veo a esas personas hablando de cinismo y de hipocresía y recuerdo lo que hacen todo el tiempo que no hablan de ello. Odio su facilidad para decir las cosas, sin ser conscientes del daño que pueden hacer.
Veo como hieren para comer, como destrozan almas para alimentar la suya, como creen sentirse más queridos a base de la humillación ajena. Absurdo camino eligen para jugar a ser Dios.
Veo a esas personas viendo un mundo que falla y les traiciona a su alrededor, sin llegar nunca a darse cuenta de que la ecuación no está bien planteada, de que la x no es todo el mundo, sino ellos mismos.
Veo gente que cree dominar la actoría social, sin llegar a imaginarse el deseo ajeno de su marcha, la escasa añoranza de su presencia convertida con el tiempo en paciencia.
Odio a esas personas y convivo con ellas día tras día, y siento el miedo absoluto de convertirme, alguna vez, en una de ellas.
Veo a personas que llenan su boca de palabras como lealtad, confianza y amistad mientras las hacen suyas y me las roban a mí, obligándome a darles la razón.
Veo a esas personas hablando de cinismo y de hipocresía y recuerdo lo que hacen todo el tiempo que no hablan de ello. Odio su facilidad para decir las cosas, sin ser conscientes del daño que pueden hacer.
Veo como hieren para comer, como destrozan almas para alimentar la suya, como creen sentirse más queridos a base de la humillación ajena. Absurdo camino eligen para jugar a ser Dios.
Veo a esas personas viendo un mundo que falla y les traiciona a su alrededor, sin llegar nunca a darse cuenta de que la ecuación no está bien planteada, de que la x no es todo el mundo, sino ellos mismos.
Veo gente que cree dominar la actoría social, sin llegar a imaginarse el deseo ajeno de su marcha, la escasa añoranza de su presencia convertida con el tiempo en paciencia.
Odio a esas personas y convivo con ellas día tras día, y siento el miedo absoluto de convertirme, alguna vez, en una de ellas.
El actor en el cine
Frase: "Me apetece ver lo último de Tom Cruise, porque sale él"
La mecánica de la narrativa no está supeditada a una serie de normas. A cada uno de nosotros nos gustan unas determinadas películas, unos directores cada uno con su forma de contarnos una historia. Mucha gente va a ver una película llamada por su reparto. Si bien algunos actores gozan de un talento exquisito para escoger sus películas, e incluso su interpretación constituye en muchas ocasiones uno de los grandes pilares que sostienen el filme, el papel de estos no suele ser más profundo que el de la del modelo que se pone la ropa de un diseñador, que tiene la belleza y el talento para ponerse ante un público y lucir la prenda. Muchas veces el público cae en el engaño de la industria que trata de vendernos que el espectáculo no es la película, sino el actor. Sólo el actor que consigue hacernos olvidar su nombre durante el film es buen intérprete.
La mecánica de la narrativa no está supeditada a una serie de normas. A cada uno de nosotros nos gustan unas determinadas películas, unos directores cada uno con su forma de contarnos una historia. Mucha gente va a ver una película llamada por su reparto. Si bien algunos actores gozan de un talento exquisito para escoger sus películas, e incluso su interpretación constituye en muchas ocasiones uno de los grandes pilares que sostienen el filme, el papel de estos no suele ser más profundo que el de la del modelo que se pone la ropa de un diseñador, que tiene la belleza y el talento para ponerse ante un público y lucir la prenda. Muchas veces el público cae en el engaño de la industria que trata de vendernos que el espectáculo no es la película, sino el actor. Sólo el actor que consigue hacernos olvidar su nombre durante el film es buen intérprete.
Trabajo Basura
Se dedicaba a buscar restos de petróleo en las alcantarillas de una pequeña ciudad de oriente medio. El gobierno le pagaba más dinero del que valía lo que encontrase. Sin embargo, se aseguraban que las colillas que tiraban los transeúntes tras la llegada del capitalismo no provocasen incendios. Era un trabajo peligroso. Era un trabajo aburrido. Era un trabajo de mierda.
Mientras trabajaba llegaba a rezar tres veces al día a pesar de que tenia la certeza de que aquel a quien rezaba no paseaba nunca por aquellos ríos de mugre y podredumbre. El tiempo le acostumbró a la soledad, a no tener sed, a no tener necesidades. Sólo mirar al suelo. Sólo buscar. Cada varias semanas encontraba un charco de petróleo. Se acostumbró a que su tedio no se rompiera limpiándolo. Avisaba, y seguía su trabajo. Era un trabajo de mierda.
A veces pasaba bajo las rejillas, desde donde el resto del mundo continuaba sin darse cuenta de que él estaba ahí. Los haces de luz que entraban eran más fieles a su camino que la oscuridad. Mirándolos recordaba que aún existían esperanzas. Que esa noche llegaría a casa y su hija le esperaría, que ella no iba a acabar como él, que, a pesar de su accidente, aún podía mantenerla.
Miro su silueta reflejada en el agua, y mientras echaba de menos sus piernas, se dió cuenta de que era muy, muy afortunado. Y era consciente de que el suyo era un trabajo de mierda.
Mientras trabajaba llegaba a rezar tres veces al día a pesar de que tenia la certeza de que aquel a quien rezaba no paseaba nunca por aquellos ríos de mugre y podredumbre. El tiempo le acostumbró a la soledad, a no tener sed, a no tener necesidades. Sólo mirar al suelo. Sólo buscar. Cada varias semanas encontraba un charco de petróleo. Se acostumbró a que su tedio no se rompiera limpiándolo. Avisaba, y seguía su trabajo. Era un trabajo de mierda.
A veces pasaba bajo las rejillas, desde donde el resto del mundo continuaba sin darse cuenta de que él estaba ahí. Los haces de luz que entraban eran más fieles a su camino que la oscuridad. Mirándolos recordaba que aún existían esperanzas. Que esa noche llegaría a casa y su hija le esperaría, que ella no iba a acabar como él, que, a pesar de su accidente, aún podía mantenerla.
Miro su silueta reflejada en el agua, y mientras echaba de menos sus piernas, se dió cuenta de que era muy, muy afortunado. Y era consciente de que el suyo era un trabajo de mierda.
Cinematografía y cinefilia
Aquella tarde un informático en paro arreglaba el ordenador de su amigo, una mariposa se posaba durante cuatro horas sobre un vagabundo fallecido y dos películas eran estrenadas en los nuevos multicines. Una de amor al más puro estilo americano, la que todo el mundo iba a ver. Otra sobre un informático y una mariposa, a la que sólo acudieron dos personas.
Al terminar la sesión, una de ellas se dirigió a un club dispuesto a pagar lo que hubiera visto si hubiese ido a ver la película de amor. Encontró a una mujer hermosa que le entregó lo más íntimo de su cuerpo por un precio razonable. Hicieron el amor dos veces en aproximadamente 47 minutos. Ella hubiera estado en su derecho, pero no le cobró los dos sobrantes; la había tratado como a una dama.
El otro espectador salió del cine y se dirigió directo a su casa. Por el camino imaginó como serían ese camino siendo una mariposa, decidió que nunca más arreglaría un ordenador y llamo a su novia para decirle que había visto una historia preciosa en el cine.
Ella respondió que hacía mucho que no iba al cine y que al día siguiente irían a ver la película de amor. Él, tras colgar, agachó la cabeza. Se había dado cuenta que la historia de un informático y una mariposa acababa de destrozar su relación.
Al terminar la sesión, una de ellas se dirigió a un club dispuesto a pagar lo que hubiera visto si hubiese ido a ver la película de amor. Encontró a una mujer hermosa que le entregó lo más íntimo de su cuerpo por un precio razonable. Hicieron el amor dos veces en aproximadamente 47 minutos. Ella hubiera estado en su derecho, pero no le cobró los dos sobrantes; la había tratado como a una dama.
El otro espectador salió del cine y se dirigió directo a su casa. Por el camino imaginó como serían ese camino siendo una mariposa, decidió que nunca más arreglaría un ordenador y llamo a su novia para decirle que había visto una historia preciosa en el cine.
Ella respondió que hacía mucho que no iba al cine y que al día siguiente irían a ver la película de amor. Él, tras colgar, agachó la cabeza. Se había dado cuenta que la historia de un informático y una mariposa acababa de destrozar su relación.
¿Abren la boca los Salmones?
Si viene, te vas y punto. No hay más opciones que subir la montaña si el tunel está lleno de tráfico o derruído. Rodear es perder el tiempo. La sociedad es tan humana como humano es buscar alternativas. A veces la mejor alternativa puede ser tambien la más simple, pero tenemos miedo; no nos gusta romper con lo de siempre.
Los salmones son los más valientes, pero no se complican. Sólo suben y bajan el río. Sólo eso. Subir y bajar. No hace falta atravesar puentes. Atravesar les parece una palabra demasiado difícil. Es mejor subir y bajar la montaña. Al menos suena mejor.
Si viene, te vas y punto. No se puede tener miedo a lo conocido. Se puede tener cobardía, que resulta ser igual de imperdonable pero más aceptable. Y la cobardía no tiene sentido. Solo a un cobarde atravesar le suena mejor que subir y bajar.
No me gusta que los demás abran la boca si no es para hablar. No me gusta verles bostezar. No me gustan las muecas. No me gusta ver comer. No me gustan las palabras sueltas que no funcionen de respuesta.
Si viene, te vas y punto. Si no sabes cómo irte tienes dos caminos: o no te vas o no vuelves. Quizás convenga aprender a irse o a olvidar a la gente.
No olvidamos lo que nos da miedo...entonces si viene, ¿para qué te vas? ¿Prefieres atravesar antes que subir y bajar?
Los salmones son los más valientes, pero no se complican. Sólo suben y bajan el río. Sólo eso. Subir y bajar. No hace falta atravesar puentes. Atravesar les parece una palabra demasiado difícil. Es mejor subir y bajar la montaña. Al menos suena mejor.
Si viene, te vas y punto. No se puede tener miedo a lo conocido. Se puede tener cobardía, que resulta ser igual de imperdonable pero más aceptable. Y la cobardía no tiene sentido. Solo a un cobarde atravesar le suena mejor que subir y bajar.
No me gusta que los demás abran la boca si no es para hablar. No me gusta verles bostezar. No me gustan las muecas. No me gusta ver comer. No me gustan las palabras sueltas que no funcionen de respuesta.
Si viene, te vas y punto. Si no sabes cómo irte tienes dos caminos: o no te vas o no vuelves. Quizás convenga aprender a irse o a olvidar a la gente.
No olvidamos lo que nos da miedo...entonces si viene, ¿para qué te vas? ¿Prefieres atravesar antes que subir y bajar?
Noches
Nervios previos a cualquier motivo festivo, principalmente rodeado de amistades y alcohol.
Aludes de inmundicia y resaca, al terminar. La noche es joven, según dicen, pero la noche también te envejece. Como las penas, las noches de alegría tambien dan dolores de cabeza. En muchos sentidos.
A veces la noche no es joven ni es alegre, y vuelves a casa menos cansado, casi ebrio y estable. Al día siguiente no hay resaca, pero suele haber pena.
A veces la noche consume las tardes. La anterior, llena de ilusión. La posterior, de lo que hablabamos antes. Dos tardes por noche no es una mala proporcion. Ademas de dos mañanas, de descanso ambas.
A veces durante la noche llegas a encontrar algo. Algo que te sirve como conductor de la cotidianeidad y el absurdo equilibrio anímico del día. Algo como una historia, una iniciativa o un poema en forma de tarjeta de visita. Este último no parece un buen ejemplo, pero lo es.
A veces la noche avanza demasiado deprisa e intentas seguirla y no encuentras nada, pero lo pierdes. Esas veces tambien tienen su parte bonita, paradójicamente.
Pero todas las noches tienen algo en común; crean una realidad casi cinematografica cuya premisa es el viaje a un mundo donde cualquier cosa puede pasar. Cualquiera puede encontrar en si mismo otra pieza de un puzzle que dibuja el autodesconocimiento.
Aludes de inmundicia y resaca, al terminar. La noche es joven, según dicen, pero la noche también te envejece. Como las penas, las noches de alegría tambien dan dolores de cabeza. En muchos sentidos.
A veces la noche no es joven ni es alegre, y vuelves a casa menos cansado, casi ebrio y estable. Al día siguiente no hay resaca, pero suele haber pena.
A veces la noche consume las tardes. La anterior, llena de ilusión. La posterior, de lo que hablabamos antes. Dos tardes por noche no es una mala proporcion. Ademas de dos mañanas, de descanso ambas.
A veces durante la noche llegas a encontrar algo. Algo que te sirve como conductor de la cotidianeidad y el absurdo equilibrio anímico del día. Algo como una historia, una iniciativa o un poema en forma de tarjeta de visita. Este último no parece un buen ejemplo, pero lo es.
A veces la noche avanza demasiado deprisa e intentas seguirla y no encuentras nada, pero lo pierdes. Esas veces tambien tienen su parte bonita, paradójicamente.
Pero todas las noches tienen algo en común; crean una realidad casi cinematografica cuya premisa es el viaje a un mundo donde cualquier cosa puede pasar. Cualquiera puede encontrar en si mismo otra pieza de un puzzle que dibuja el autodesconocimiento.
Días
Hay días malos y días buenos. Hay veces que todo el mundo te pregunta que te pasa. La gente espera de uno que siempre sea igual. Pero uno no siempre lo es. Y no hay que darle más vueltas.
Hay días en los que las mismas canciones suenan mejor que otros. Esos días uno inventa las palabras que guían la diversión de los demás.
Hay días en los que uno queda atrás porque todos quieren ver un partido de fútbol que uno no quiere ver. No es la única razón para estar triste, pero es suficiente para verse diferente.
Hay días en los que te sientes guapo y piensas que, en el fondo, si quisieras, te comerías el mundo. En realidad no son días, son momentos, y alguien se encargará de que vuelva tu autoestima habitual.
Hay días en los que te hartas de levantarte tarde y de fumar y de beber y de no estudiar y de no tener un poco más de constancia en el culo. Esos días duran menos.
Hay días que descubres que la gente que quieres, porque la quieras no quiere decir que sea mejor que la gente que no quieres. Todos somos buenos y malos según el momento.
Hay días que me siento bueno y lloro porque no soy malo.
Hay días en los que las mismas canciones suenan mejor que otros. Esos días uno inventa las palabras que guían la diversión de los demás.
Hay días en los que uno queda atrás porque todos quieren ver un partido de fútbol que uno no quiere ver. No es la única razón para estar triste, pero es suficiente para verse diferente.
Hay días en los que te sientes guapo y piensas que, en el fondo, si quisieras, te comerías el mundo. En realidad no son días, son momentos, y alguien se encargará de que vuelva tu autoestima habitual.
Hay días en los que te hartas de levantarte tarde y de fumar y de beber y de no estudiar y de no tener un poco más de constancia en el culo. Esos días duran menos.
Hay días que descubres que la gente que quieres, porque la quieras no quiere decir que sea mejor que la gente que no quieres. Todos somos buenos y malos según el momento.
Hay días que me siento bueno y lloro porque no soy malo.





