Y me equivoqué.
Solo tengo que cerrar los ojos para que tu imagen difuminada, borrosa, gastada...cansada, aparezca de forma casual, o tal vez, buscada.
Solo puedo decir una cosa mas, después de todos estos mensajes que he ido colgando en este tiempo, creo que no tengo mas que decir. No puedo ofrecer mas, no puedo dar mas.
No me despido. Despedirme, debería de haberlo echo hace mucho tiempo, y era de ti, no de los ojos furtivos que se cuelen de vez en cuando aquí.
Pensé que hablando de ello, me serviria de algo. Y me equivoqué.
Todo esto, tendría que haberlo hablado contigo en su momento, pero supongo, que me ´meti demasiado en el papel de "La Otra".
Yo solo quería ser tu niña. No quería cuidar tus heridas, arreglarlas, suavizarlas, o ponerles algún que otro parche. No quería ocupar su espacio, ni su tiempo, mucho menos, su lugar.
Pero me equivoque de lleno. Cuando todo el mundo me avisaba, yo sonreía recordandoles, que no estaba enamorada.
Que si tú te divertias, yo me divertia aún mas.
¿Te acuerdas?
Te contaba mis salidas nocturnas, los besos de una noche, y con ellos, las caricias, los abrazos, una blusa desabrochada, una cremayera por bajar, una palabra equivocada, y la falsa promesa de que van a llamar.
¿Pero y quien me contaba a mi los sueños que esperaban cada noche en mi almohada?
En uno de nuestros últimos e-mails, te dije... (Tengo que cerrar los ojos para que no duela)... bueno, en realidad, no te dije nada, solo te describía nuestra última noche.
Quizá lo bonito de aquella noche fue, no saberlo. Todas las cosas que quedaron por decir en aquella habitación de hotel. Habitación 502. Quinta planta.
¿Sigo?... Cuando abriste la puerta, lo pimero que sentí fue todo el frio del Invierno. Luego, que nunca había visto unas paredes tan desnudas. Carecian de todo. Una cama inmensa en medio, un pequeño cuarto de baño que ví por simple curiosidad, ya que la visita fue jodidamente breve y fugaz.
Recuerdo también un armario empotrado contra la pared. Sus puertas correderas... y en las que deslice mi espalda desnuda sobre ellas mientras tus brazos sostenian mi cuerpo lo suficientemente alto, como para penetrar con toda la fuerza.
¿Sabías que sería la última vez?
Ese momento, que duro alrededor de 4 horas, acompañado de una cena, daba la bienvenida a la entrada del Invierno, de mi cumpleaños, y de la Navidad. Y nosotros, sin saberlo, comenzabamos a decrinos adiós.
Ese momento, puedo cambiarlo mil veces. Puedo escribir todos los finales posibles que sean creibles para todos aquellos que hayan seguido mi historia.
O podría terminar, ahora, sin mas, diciendote que te quiero. Pero eso sería, fácil, y bonito... y sincero. Y yo no quería eso.
Eso es lo que te decía en el e-mail. No quería que nuestra historia fuera fácil, o bonita. Pero si sincera.
Hoy por hoy, el día a día, me destruye, la rutina, la monotonia de la pareja, la perdida de ilusión. Sentir que ya lo conozco, que no me puede ofrecer mas de lo que me ha dado. Exprimirlo.
Contigo, no pude hacer gran cosa. Unos cuantos polvos, unas cuantas promesas de un futuro incierto... si, lo sé, a veces puedo resultar empalagosa hablando de ti, otras reencorosa, o dolida, o...
Esta noche, dejame ser yo.
Lo único que quiero, hoy, aquí, y ahora... es terminar de expulsar ese suspiro, o ese sollozo, o ese grito... que alguna vez se me atraganto.
Lo único que quiero es poder mirarte a esos ojos que ya olvidé.
Solo quiero decirte...que me equivoqué.
Solo puedo decir una cosa mas, después de todos estos mensajes que he ido colgando en este tiempo, creo que no tengo mas que decir. No puedo ofrecer mas, no puedo dar mas.
No me despido. Despedirme, debería de haberlo echo hace mucho tiempo, y era de ti, no de los ojos furtivos que se cuelen de vez en cuando aquí.
Pensé que hablando de ello, me serviria de algo. Y me equivoqué.
Todo esto, tendría que haberlo hablado contigo en su momento, pero supongo, que me ´meti demasiado en el papel de "La Otra".
Yo solo quería ser tu niña. No quería cuidar tus heridas, arreglarlas, suavizarlas, o ponerles algún que otro parche. No quería ocupar su espacio, ni su tiempo, mucho menos, su lugar.
Pero me equivoque de lleno. Cuando todo el mundo me avisaba, yo sonreía recordandoles, que no estaba enamorada.
Que si tú te divertias, yo me divertia aún mas.
¿Te acuerdas?
Te contaba mis salidas nocturnas, los besos de una noche, y con ellos, las caricias, los abrazos, una blusa desabrochada, una cremayera por bajar, una palabra equivocada, y la falsa promesa de que van a llamar.
¿Pero y quien me contaba a mi los sueños que esperaban cada noche en mi almohada?
En uno de nuestros últimos e-mails, te dije... (Tengo que cerrar los ojos para que no duela)... bueno, en realidad, no te dije nada, solo te describía nuestra última noche.
Quizá lo bonito de aquella noche fue, no saberlo. Todas las cosas que quedaron por decir en aquella habitación de hotel. Habitación 502. Quinta planta.
¿Sigo?... Cuando abriste la puerta, lo pimero que sentí fue todo el frio del Invierno. Luego, que nunca había visto unas paredes tan desnudas. Carecian de todo. Una cama inmensa en medio, un pequeño cuarto de baño que ví por simple curiosidad, ya que la visita fue jodidamente breve y fugaz.
Recuerdo también un armario empotrado contra la pared. Sus puertas correderas... y en las que deslice mi espalda desnuda sobre ellas mientras tus brazos sostenian mi cuerpo lo suficientemente alto, como para penetrar con toda la fuerza.
¿Sabías que sería la última vez?
Ese momento, que duro alrededor de 4 horas, acompañado de una cena, daba la bienvenida a la entrada del Invierno, de mi cumpleaños, y de la Navidad. Y nosotros, sin saberlo, comenzabamos a decrinos adiós.
Ese momento, puedo cambiarlo mil veces. Puedo escribir todos los finales posibles que sean creibles para todos aquellos que hayan seguido mi historia.
O podría terminar, ahora, sin mas, diciendote que te quiero. Pero eso sería, fácil, y bonito... y sincero. Y yo no quería eso.
Eso es lo que te decía en el e-mail. No quería que nuestra historia fuera fácil, o bonita. Pero si sincera.
Hoy por hoy, el día a día, me destruye, la rutina, la monotonia de la pareja, la perdida de ilusión. Sentir que ya lo conozco, que no me puede ofrecer mas de lo que me ha dado. Exprimirlo.
Contigo, no pude hacer gran cosa. Unos cuantos polvos, unas cuantas promesas de un futuro incierto... si, lo sé, a veces puedo resultar empalagosa hablando de ti, otras reencorosa, o dolida, o...
Esta noche, dejame ser yo.
Lo único que quiero, hoy, aquí, y ahora... es terminar de expulsar ese suspiro, o ese sollozo, o ese grito... que alguna vez se me atraganto.
Lo único que quiero es poder mirarte a esos ojos que ya olvidé.
Solo quiero decirte...que me equivoqué.
Comentario:
cada vez q t leo un escalofrio recorre mi cuerpo y mi alma
Comentario:
Es bueno saber que todavia estás por aquí...el tiempo ha pasado y los recuerdos se han ido, no desaparecen pero están ahí...
Saludos!
Saludos!





