Verdades que hacen daño
-¿Qué te pasa?
Intentar poner a esa frase la voz mas triste que os llegue a los oídos. No importa que no la conozcáis, que no os resulte familiar. Solo tiene que envolveros de tal manera que sintáis que en vuestra respuesta este el principio, o el final de algo.
*Nada.
Seguí removiendo el café, tratando a su vez, de borrar la mirada triste de Cristian.
-Dame un beso.
-Dame otro.
-Y otro…
No fueron besos, solo un roce de labios. Una caricia pasajera. Una bofetada al silencio que trataba de instalarse entre nosotros.
-¿Me quieres?
*Claro.
Y estaba esa palabra tan vacía, casi tanto como yo.
Lo que pudo haber sido una tarde bonita, la estropeo en un par de segundos. Supongo que no era su intención. Luego sabe reconocer sus errores, y trato por todos los medios que olvidara, pero como le dije… ya estaba dicho. Su frase lapidaria, ya había visto la luz, y yo me quedaba con ella, tratando que solo hiciera el daño justo y necesario.
Luego quiso que hablásemos de Amor.
Me dijo que la mujer de su mejor amigo lo va a dejar.
Me hizo gracia, teniendo en cuenta el historial que tiene el hombre de infidelidades. Y lo malo no es eso, lo malo es que la mujer sabe mas de la mitad de sus que haceres extra matrimoniales. Y nunca le importo. De ahí mi sorpresa, y mi gracia.
*¿Por qué?
-Porque no la ama.
*Bueno, pero eso hace mucho tiempo que lo sabes. ¿Por qué se va ahora?
-Porque ella le pregunto si la amaba, y él no respondió.
*Hay preguntas que no deben de hacerse. Una cosa es que tú las intuyas, las imagines, las sientas… y otra, que te digan, que se hagan verdad, que tengan forma para acariciarlas, para tocarlas, para que te hagan sentir algo.
“Hay preguntas que no deben de hacerse…”
Al recordar esas palabras, un escalofrió recorrió todo mi cuerpo.
Él, hace mucho tiempo, vivió esa situación con su mujer.
Un día llego triste a mi. Le pregunte que pasaba, y me contó que la noche anterior había estado hablando con su mujer de mi.
*¿De mi?
-Si. Estuvimos hablando de cómo llevábamos la relación.
Y terminé diciéndola tras largos silencios y mucho pensarlo, que no sabía si todavía la quería. En ningún momento te nombre, pero estabas detrás de cada palabra… y ahora no puedo soportar la pena de sus ojos.
Es verdad. A veces cargar con esa pena duele tanto, que puedes plantearte tantas cosas como intentarlo de nuevo.
Solo que el mejor amigo de Cristian, su planteo fue, llegar al día siguiente a las 5 de la mañana a casa y borracho.
Y el planteo de él… fue curar la pena de su mujer.
Mi pena, la maquille yo.
Y creo que se me da bien, porque todos quedan prendados de mis ojos.
C,est la vie
Intentar poner a esa frase la voz mas triste que os llegue a los oídos. No importa que no la conozcáis, que no os resulte familiar. Solo tiene que envolveros de tal manera que sintáis que en vuestra respuesta este el principio, o el final de algo.
*Nada.
Seguí removiendo el café, tratando a su vez, de borrar la mirada triste de Cristian.
-Dame un beso.
-Dame otro.
-Y otro…
No fueron besos, solo un roce de labios. Una caricia pasajera. Una bofetada al silencio que trataba de instalarse entre nosotros.
-¿Me quieres?
*Claro.
Y estaba esa palabra tan vacía, casi tanto como yo.
Lo que pudo haber sido una tarde bonita, la estropeo en un par de segundos. Supongo que no era su intención. Luego sabe reconocer sus errores, y trato por todos los medios que olvidara, pero como le dije… ya estaba dicho. Su frase lapidaria, ya había visto la luz, y yo me quedaba con ella, tratando que solo hiciera el daño justo y necesario.
Luego quiso que hablásemos de Amor.
Me dijo que la mujer de su mejor amigo lo va a dejar.
Me hizo gracia, teniendo en cuenta el historial que tiene el hombre de infidelidades. Y lo malo no es eso, lo malo es que la mujer sabe mas de la mitad de sus que haceres extra matrimoniales. Y nunca le importo. De ahí mi sorpresa, y mi gracia.
*¿Por qué?
-Porque no la ama.
*Bueno, pero eso hace mucho tiempo que lo sabes. ¿Por qué se va ahora?
-Porque ella le pregunto si la amaba, y él no respondió.
*Hay preguntas que no deben de hacerse. Una cosa es que tú las intuyas, las imagines, las sientas… y otra, que te digan, que se hagan verdad, que tengan forma para acariciarlas, para tocarlas, para que te hagan sentir algo.
“Hay preguntas que no deben de hacerse…”
Al recordar esas palabras, un escalofrió recorrió todo mi cuerpo.
Él, hace mucho tiempo, vivió esa situación con su mujer.
Un día llego triste a mi. Le pregunte que pasaba, y me contó que la noche anterior había estado hablando con su mujer de mi.
*¿De mi?
-Si. Estuvimos hablando de cómo llevábamos la relación.
Y terminé diciéndola tras largos silencios y mucho pensarlo, que no sabía si todavía la quería. En ningún momento te nombre, pero estabas detrás de cada palabra… y ahora no puedo soportar la pena de sus ojos.
Es verdad. A veces cargar con esa pena duele tanto, que puedes plantearte tantas cosas como intentarlo de nuevo.
Solo que el mejor amigo de Cristian, su planteo fue, llegar al día siguiente a las 5 de la mañana a casa y borracho.
Y el planteo de él… fue curar la pena de su mujer.
Mi pena, la maquille yo.
Y creo que se me da bien, porque todos quedan prendados de mis ojos.
C,est la vie
Comentario:
Dicen por ahi "Si buscas la verdad, corres el riesgo de encontrarla..."
Comentario:
Que lindo relato... pero que triste a la vez... tienes razón, hay preguntas que es mejor no hacer...
Saludos!
Saludos!