Recopilación
22-12-06
A noche a estas horas, estábamos en el coche, sin saber a donde ir.
Hoy miro el reloj... dejando que el frío me envuelva, me atrape, me desnude y me vista como ayer lo hicieron tus brazos.
¿Te acuerdas anoche cuando te dije que puede que nunca te diga algo bonito, pero que siempre me gusta estar contigo?
A veces echo un vistazo, a todo este tiempo que ha pasado entre nosotros.
En las veces que te has ido, o escondido, o escapado de mi.
¿Sabes porque te sigo dejando volver? O estar, o seguir... o acariciarme, aunque sea de lejos.
Podría decirte que todo es porque te quiero. Pero eso sería fácil, simple...y bonito.
Si sigo dejando que entre nosotros surjan mas palabras, momentos, instantes... detalles de esos que hacen que el día mas malo, allá merecido la pena, es por eso mismo, porque tú los haces distintos.
Porque me gusta cuando me miras, intentando provocar con tu mirada que me vaya, que la aparte.
Porque me gustan tus labios, y lo que ellos encierran.
Tus besos, dulces o descarados... y tu lengua, cuando me saborea o solo me roza.
Cuando tu aliento se confunde con el sabor de mi piel.
Porque me gusta tu cuerpo, junto al mio, cuando me abrazas y haces que en ese segundo, que dura tal vez dos... sienta que por eso, merece la pena a veces pelearse con el reloj.
Porque cuando entras dentro de mi, cuando me penetras, cuando insistes en seguir, cuando aumentas el ritmo, y tus gemidos acarician mis oídos y pierdes el control de ti mismo, siento que eres mio. Aunque solo sea ese momento.
No cambiaría nada de ti. Ni cambiaria nada de lo que ha pasado entre nosotros.
No quiero hacer de esto algo bonito. Nuestro cuento... empezó hace mucho tiempo. ¿Qué si te amo? ¿Que quien es el amor de mi vida? ¿Si te recordare una vez te hallas ido, de aquí a unos treinta años?
No sé si te recordaré.
No sé si sonreiré cuando tu mirada se cuele en mis recuerdos. No sé si miraré al lado lleno, o vacío de mi cama, y te echaré en falta. No sé si entonces reconozca que te quise, y que te amé... ni se si entonces, podré sentarme con alguien a hablarle sobre el amor de mi vida.
Pero... ¿Sabes?
Te puedo asegurar, que de aquí a esos treinta años, llevare tus pendientes.
Llevare tus momentos en mi cuerpo. Y quien me quiera, les querrá también a ellos.
... anoche, cuando iba hacía el portal, y escuchaba el motor de tu coche, de fondo... y no te ibas... "No se va" pensaba... me hubiera vuelto.
Te hubiese mirado otra vez.
Me hubiese subido una vez mas al coche. Y no para pedirte que no te fueras.
Sino para irme contigo.
Por esto... te sigo dejando volver.
Porque me sigues sorprendiendo. Porque resulta que tus imperfecciones, cada vez son mas perfectas. Porque tus olvidos, no son tantos como yo pensaba.
Porque me enseñaste a escuchar nuestros silencios, y a echarlos de menos alguna noche que otra.
Porque quiero seguir pensando, que cada noche, de cada entrada de año, seguiremos estando juntos de pensamiento.
Pero bueno... si quieres, podemos resumir todo esto, a que te quiero.
Feliz Navidad.
Te espero... no tardes.
No me dejes echarte de menos.
PD: Si...lo sé... siempre te sorprendo.
Pero es que el día que no te toque ahí adentro, que no te den ganas de volar conmigo, de soñar, de reír, de llorar... o simplemente, de cerrar los ojos, para estar conmigo... ese día, mirarás, y no te haré falta.
26-6-07
Terminamos de hacer el amor. Eran las dos de la mañana. Estábamos desnudos en la cama. Las sabanas se enredaban con nuestros pies, y a su vez, mis piernas con las suyas. Yo le daba la espalda, tratando de aprender ese nuevo momento entre nosotros.
Estaba con los ojos cerrados, imaginando como seguiría la vida después de esa noche.
De vez en cuando le preguntaba si se había dormido, para terminar la frase con una risa suave y tenue. Quizá triste y apagada.
-Tenemos que irnos…
Lo dijo con miedo. O con pena. O quizá un poco de todo. Yo me dí la vuelta, para acurrucarme entre sus brazos. Se iba… Me beso. Un beso de esos tiernos y dulces, un roce de labios, saborear esa lengua que tanto conoces.
-Te Quiero.
Lo sabía. Por extraño que parezca, sabía que me quería, que me necesitaba. Casi tanto como yo a él… pero nunca respondí a sus te quiero. Él me los decía con palabras… y yo con hechos.
Empezamos a vestirnos.
Él se fue al baño a quitarse mi sudor, mis besos, mis caricias, el recorrido que dibuje en su piel. El instante, el orgasmo, la certeza de tenernos. A mi.
Yo me senté al pie de la cama, pensando que volvería a ver al recepcionista que me miro de arriba abajo antes de subir a la habitación, y que volvería a pisar la alfombra roja que había en la entrada, y volvería a subirme en el coche de él, que tanto cariño tenía porque a través del retrovisor ví descansar mi vida fuera, esperando a que saboreara mi sueño.
Cuando desperté estábamos ya en el pasillo esperando el ascensor, mientras intentaba colocarme la ropa, mirándome en un espejo, y apareció él por detrás.
-Ahora deberíamos de hacer una foto para inmortalizar este momento. Cuando se la enseñemos a nuestros hijos, no verán que le estoy tocando el culo a su mami.
No dije nada. Le sonreí y le bese. No quería que siguiera con eso. Solo quería que me dejara en casa y esconder mi pena entre las sabanas de mi cama. Esconder en el fondo de algún cajón su regalo, y en el fondo de mi, cada una de las cosas… que no nos dijimos.
-No vamos a volver a vernos. Te mentiré… al ver que te pierdo, te mentiré otra vez, para que me odies, como en su día no supiste. Esta noche has estado preciosa, y si alguien se puede enamorar de una misma persona dos veces, yo lo he hecho de ti.
Soñare contigo siempre, ya que no puedo tenerte despierto. Porque soy cobarde, o porque no te quiero. Bonita.
*Nunca he sabido decirte “Te Quiero” pero cada vez que he estado contigo te lo he dibujado, te lo he insinuado, te lo he enseñado, o susurrado. Como aquella vez que sentada encima tuya me dijiste Te Amo ¿Te acuerdas?
Te abrace muy fuerte. Y me escondí a mi misma entre tus brazos. Me dijiste… que nunca había estado “así” tan tierna, dulce, cariñosa, cercana.
Nunca antes te había sentido como en aquel instante.
Cuando baje del coche, espero a que mi silueta se escondiera en el portal. Antes de irme… no me soltaba la mano. Quizá ambos intuíamos que sería nuestra última vez.
-Te Quiero.
*Y yo a ti.
-Dímelo… por favor.
*No puedo.
-¿Por qué?
*¿Entonces que me queda?
-¿Cómo?
*Estoy cansada…de perderte. De no ser capaz de decirte “Adiós” sin sentir que al hacerlo, me pierdo a mi misma. He visto como cada vez que terminamos de hacer el amor te vacías de mi. De mi esencia.
-Ya no sé si el poco tiempo que te doy sirve de algo… ¿Qué hacemos? ¿Quieres que me vaya? Dímelo y lo haré, aunque cada día te piense. Te juro que no dejare que te vayas de mi, siempre te llevare conmigo.
No dije nada. Le roce los labios… esperando con ello rozarle el alma. Y al meterme en el portal y escuchar de fondo el motor de su coche acelerando mientras se perdía junto a los otros ruidos de la noche, mi voz se mezclo junto a ellos.
*Quiero que te quedes.
...Supongo que no lo escucho.
18-12-07
Todo sigue igual. Las recién estrenadas luces ce Navidad acariciando el silencio de las calles. El frío que llega por sorpresa y te abraza por la espalda, sin avisar, sin contemplaciones, sin importarle que quieras que te toque.
Nuevos recuerdos, nuevos instantes, algún que otro sueño corriendo calle abajo sabiendo de ante mano que no tiene ningún destino.
No puedes hacerte una idea de lo que lloré.
Llegue a casa y me tumbe en la cama. Trataba de contener ese llanto repentino. Esa pena inesperada. Esas ganas de querer… y la certeza de no poder.
_ ¿Por qué lloras?
*Por qué le echo de menos…
-¿A quien? ¿A Cristian o a …?
Lloré mas fuerte. Lloré tanto que nadie lo escucho.
No supe contestar. Estaba segura de la respuesta, pero al final me di cuenta que no sabía a quien echaba de menos.
Volvio a repetirse lo mismo.
Un sonido de un motor de coche esperando en mi portal.
Unos ojos esperando a que mi cuerpo se escondiera en el ascensor.
Y mis ojos tratando de contener unas lágrimas ya olvidadas. Viejas. Gastadas.
Las seque con rabia… y con una pizca de amor.
Fue la primera noche que me daba pena despedirme de Cristian.
Quería alargar ese instante en el que nos damos las buenas noches y roce de labios sirve para decirnos adiós.
Pero no lo hice porque mi cabeza se encontraba tan lejos.
Me di cuenta que todo seguía igual. Que la vida seguía, como lo hizo entonces. Solo me faltabas tú.
Estas serán las primeras navidades que no nos felicitemos la entrada de año.
Y aunque no quiera, cierta nostalgia acompañada de pena se instalara dentro de mi un segundo.
Miraré el reloj tratando de no ahogarme mientras trago las uvas… e iré corriendo a mirar ese viejo móvil que ya se olvido de tu nombre.
Y de mi sonrisa.
Ya no recuerda el sonido de ella. De ese amor. De esa esperanza de una última vez… de saber que es la última vez.
Los pendientes siguen envueltos. El restaurante donde cenamos sigue en la misma calle, con la misma gente… y las mismas voces.
Y la habitación del hotel donde pasamos la noche… supongo que otros cuerpos escribieron su sueño encima del nuestro.
Todo sigue igual. Menos tú. Y yo.
Ya cumplimos 9 meses de silencios.
Supongo que la cuenta ya podemos romperla. Ya sabemos que podemos vivir el uno sin el otro.
Porque… ¿Podemos verdad?
A noche a estas horas, estábamos en el coche, sin saber a donde ir.
Hoy miro el reloj... dejando que el frío me envuelva, me atrape, me desnude y me vista como ayer lo hicieron tus brazos.
¿Te acuerdas anoche cuando te dije que puede que nunca te diga algo bonito, pero que siempre me gusta estar contigo?
A veces echo un vistazo, a todo este tiempo que ha pasado entre nosotros.
En las veces que te has ido, o escondido, o escapado de mi.
¿Sabes porque te sigo dejando volver? O estar, o seguir... o acariciarme, aunque sea de lejos.
Podría decirte que todo es porque te quiero. Pero eso sería fácil, simple...y bonito.
Si sigo dejando que entre nosotros surjan mas palabras, momentos, instantes... detalles de esos que hacen que el día mas malo, allá merecido la pena, es por eso mismo, porque tú los haces distintos.
Porque me gusta cuando me miras, intentando provocar con tu mirada que me vaya, que la aparte.
Porque me gustan tus labios, y lo que ellos encierran.
Tus besos, dulces o descarados... y tu lengua, cuando me saborea o solo me roza.
Cuando tu aliento se confunde con el sabor de mi piel.
Porque me gusta tu cuerpo, junto al mio, cuando me abrazas y haces que en ese segundo, que dura tal vez dos... sienta que por eso, merece la pena a veces pelearse con el reloj.
Porque cuando entras dentro de mi, cuando me penetras, cuando insistes en seguir, cuando aumentas el ritmo, y tus gemidos acarician mis oídos y pierdes el control de ti mismo, siento que eres mio. Aunque solo sea ese momento.
No cambiaría nada de ti. Ni cambiaria nada de lo que ha pasado entre nosotros.
No quiero hacer de esto algo bonito. Nuestro cuento... empezó hace mucho tiempo. ¿Qué si te amo? ¿Que quien es el amor de mi vida? ¿Si te recordare una vez te hallas ido, de aquí a unos treinta años?
No sé si te recordaré.
No sé si sonreiré cuando tu mirada se cuele en mis recuerdos. No sé si miraré al lado lleno, o vacío de mi cama, y te echaré en falta. No sé si entonces reconozca que te quise, y que te amé... ni se si entonces, podré sentarme con alguien a hablarle sobre el amor de mi vida.
Pero... ¿Sabes?
Te puedo asegurar, que de aquí a esos treinta años, llevare tus pendientes.
Llevare tus momentos en mi cuerpo. Y quien me quiera, les querrá también a ellos.
... anoche, cuando iba hacía el portal, y escuchaba el motor de tu coche, de fondo... y no te ibas... "No se va" pensaba... me hubiera vuelto.
Te hubiese mirado otra vez.
Me hubiese subido una vez mas al coche. Y no para pedirte que no te fueras.
Sino para irme contigo.
Por esto... te sigo dejando volver.
Porque me sigues sorprendiendo. Porque resulta que tus imperfecciones, cada vez son mas perfectas. Porque tus olvidos, no son tantos como yo pensaba.
Porque me enseñaste a escuchar nuestros silencios, y a echarlos de menos alguna noche que otra.
Porque quiero seguir pensando, que cada noche, de cada entrada de año, seguiremos estando juntos de pensamiento.
Pero bueno... si quieres, podemos resumir todo esto, a que te quiero.
Feliz Navidad.
Te espero... no tardes.
No me dejes echarte de menos.
PD: Si...lo sé... siempre te sorprendo.
Pero es que el día que no te toque ahí adentro, que no te den ganas de volar conmigo, de soñar, de reír, de llorar... o simplemente, de cerrar los ojos, para estar conmigo... ese día, mirarás, y no te haré falta.
26-6-07
Terminamos de hacer el amor. Eran las dos de la mañana. Estábamos desnudos en la cama. Las sabanas se enredaban con nuestros pies, y a su vez, mis piernas con las suyas. Yo le daba la espalda, tratando de aprender ese nuevo momento entre nosotros.
Estaba con los ojos cerrados, imaginando como seguiría la vida después de esa noche.
De vez en cuando le preguntaba si se había dormido, para terminar la frase con una risa suave y tenue. Quizá triste y apagada.
-Tenemos que irnos…
Lo dijo con miedo. O con pena. O quizá un poco de todo. Yo me dí la vuelta, para acurrucarme entre sus brazos. Se iba… Me beso. Un beso de esos tiernos y dulces, un roce de labios, saborear esa lengua que tanto conoces.
-Te Quiero.
Lo sabía. Por extraño que parezca, sabía que me quería, que me necesitaba. Casi tanto como yo a él… pero nunca respondí a sus te quiero. Él me los decía con palabras… y yo con hechos.
Empezamos a vestirnos.
Él se fue al baño a quitarse mi sudor, mis besos, mis caricias, el recorrido que dibuje en su piel. El instante, el orgasmo, la certeza de tenernos. A mi.
Yo me senté al pie de la cama, pensando que volvería a ver al recepcionista que me miro de arriba abajo antes de subir a la habitación, y que volvería a pisar la alfombra roja que había en la entrada, y volvería a subirme en el coche de él, que tanto cariño tenía porque a través del retrovisor ví descansar mi vida fuera, esperando a que saboreara mi sueño.
Cuando desperté estábamos ya en el pasillo esperando el ascensor, mientras intentaba colocarme la ropa, mirándome en un espejo, y apareció él por detrás.
-Ahora deberíamos de hacer una foto para inmortalizar este momento. Cuando se la enseñemos a nuestros hijos, no verán que le estoy tocando el culo a su mami.
No dije nada. Le sonreí y le bese. No quería que siguiera con eso. Solo quería que me dejara en casa y esconder mi pena entre las sabanas de mi cama. Esconder en el fondo de algún cajón su regalo, y en el fondo de mi, cada una de las cosas… que no nos dijimos.
-No vamos a volver a vernos. Te mentiré… al ver que te pierdo, te mentiré otra vez, para que me odies, como en su día no supiste. Esta noche has estado preciosa, y si alguien se puede enamorar de una misma persona dos veces, yo lo he hecho de ti.
Soñare contigo siempre, ya que no puedo tenerte despierto. Porque soy cobarde, o porque no te quiero. Bonita.
*Nunca he sabido decirte “Te Quiero” pero cada vez que he estado contigo te lo he dibujado, te lo he insinuado, te lo he enseñado, o susurrado. Como aquella vez que sentada encima tuya me dijiste Te Amo ¿Te acuerdas?
Te abrace muy fuerte. Y me escondí a mi misma entre tus brazos. Me dijiste… que nunca había estado “así” tan tierna, dulce, cariñosa, cercana.
Nunca antes te había sentido como en aquel instante.
Cuando baje del coche, espero a que mi silueta se escondiera en el portal. Antes de irme… no me soltaba la mano. Quizá ambos intuíamos que sería nuestra última vez.
-Te Quiero.
*Y yo a ti.
-Dímelo… por favor.
*No puedo.
-¿Por qué?
*¿Entonces que me queda?
-¿Cómo?
*Estoy cansada…de perderte. De no ser capaz de decirte “Adiós” sin sentir que al hacerlo, me pierdo a mi misma. He visto como cada vez que terminamos de hacer el amor te vacías de mi. De mi esencia.
-Ya no sé si el poco tiempo que te doy sirve de algo… ¿Qué hacemos? ¿Quieres que me vaya? Dímelo y lo haré, aunque cada día te piense. Te juro que no dejare que te vayas de mi, siempre te llevare conmigo.
No dije nada. Le roce los labios… esperando con ello rozarle el alma. Y al meterme en el portal y escuchar de fondo el motor de su coche acelerando mientras se perdía junto a los otros ruidos de la noche, mi voz se mezclo junto a ellos.
*Quiero que te quedes.
...Supongo que no lo escucho.
18-12-07
Todo sigue igual. Las recién estrenadas luces ce Navidad acariciando el silencio de las calles. El frío que llega por sorpresa y te abraza por la espalda, sin avisar, sin contemplaciones, sin importarle que quieras que te toque.
Nuevos recuerdos, nuevos instantes, algún que otro sueño corriendo calle abajo sabiendo de ante mano que no tiene ningún destino.
No puedes hacerte una idea de lo que lloré.
Llegue a casa y me tumbe en la cama. Trataba de contener ese llanto repentino. Esa pena inesperada. Esas ganas de querer… y la certeza de no poder.
_ ¿Por qué lloras?
*Por qué le echo de menos…
-¿A quien? ¿A Cristian o a …?
Lloré mas fuerte. Lloré tanto que nadie lo escucho.
No supe contestar. Estaba segura de la respuesta, pero al final me di cuenta que no sabía a quien echaba de menos.
Volvio a repetirse lo mismo.
Un sonido de un motor de coche esperando en mi portal.
Unos ojos esperando a que mi cuerpo se escondiera en el ascensor.
Y mis ojos tratando de contener unas lágrimas ya olvidadas. Viejas. Gastadas.
Las seque con rabia… y con una pizca de amor.
Fue la primera noche que me daba pena despedirme de Cristian.
Quería alargar ese instante en el que nos damos las buenas noches y roce de labios sirve para decirnos adiós.
Pero no lo hice porque mi cabeza se encontraba tan lejos.
Me di cuenta que todo seguía igual. Que la vida seguía, como lo hizo entonces. Solo me faltabas tú.
Estas serán las primeras navidades que no nos felicitemos la entrada de año.
Y aunque no quiera, cierta nostalgia acompañada de pena se instalara dentro de mi un segundo.
Miraré el reloj tratando de no ahogarme mientras trago las uvas… e iré corriendo a mirar ese viejo móvil que ya se olvido de tu nombre.
Y de mi sonrisa.
Ya no recuerda el sonido de ella. De ese amor. De esa esperanza de una última vez… de saber que es la última vez.
Los pendientes siguen envueltos. El restaurante donde cenamos sigue en la misma calle, con la misma gente… y las mismas voces.
Y la habitación del hotel donde pasamos la noche… supongo que otros cuerpos escribieron su sueño encima del nuestro.
Todo sigue igual. Menos tú. Y yo.
Ya cumplimos 9 meses de silencios.
Supongo que la cuenta ya podemos romperla. Ya sabemos que podemos vivir el uno sin el otro.
Porque… ¿Podemos verdad?
Comentario:
Podemos....
Comentario:
Que hermoso, me emocione hasta las lagrimas, lindo resumen de una historia interminable pero triste...
Saludos y fuerza... feliz navidad y nuevo año...
Saludos y fuerza... feliz navidad y nuevo año...





