Miedo
Siempre me pregunte que se sentiría… cuando hablaba con Pilar de él, ella me aseguraba que algún día acabaría volviendo. Yo daba por echo de que no.
Esta vez, no fue el miedo de querernos o de perdernos el que nos separo. Esta vez fue ella. Su mujer. Descubrió mi existencia… y era perderme a mi, o a ella.
Siempre supe que perdería yo si le sugería que eligiera, así que sencillamente, ese tema siempre fue tabú. La curiosidad que podía despertarme ella la sacie hace mucho tiempo. Cuando hice preguntas que no han de hacerse, cuando me mostró una foto de ella…
Realmente, existía. Ese anillo al que miraba a veces con miedo, realmente significaba algo.
Este Martes hice el amor con Cristian de una manera descontrolada. Sin sentido, sin reglas, sin normas, sin pausas… cuando terminamos me abrazo, casi… casi me rompía en su intento porque no me marchara después a trabajar.
Y de repente me vino esa frase a la mente…
“Cuando quieres a alguien, aparte de los brazos, tienes que abrazar con las piernas…”
Es la única manera de que no se vaya.
Y me mira. Y me mira…
*¿Se puede saber que pretendes?
-Nada… solo quiero asegurarme de que sigues ahí.
(Miedo)
-Solo quiero sentir que esto ha sucedido de verdad. Que estás…y que no te vas.
Al cabo de un rato comienza a contarme cosas de su niñez, de su familia, anécdotas de todo tipo… desnudos, sentados sobre nuestras propias piernas y una brisa de ilusión acariciándonos sutilmente.
El Miércoles abrí mi bandeja de correo y tenía un e-mail de él.
No sé cuando tarde en abrirlo… pero sé que sentí una cosa.
Miedo.
Esta vez, no fue el miedo de querernos o de perdernos el que nos separo. Esta vez fue ella. Su mujer. Descubrió mi existencia… y era perderme a mi, o a ella.
Siempre supe que perdería yo si le sugería que eligiera, así que sencillamente, ese tema siempre fue tabú. La curiosidad que podía despertarme ella la sacie hace mucho tiempo. Cuando hice preguntas que no han de hacerse, cuando me mostró una foto de ella…
Realmente, existía. Ese anillo al que miraba a veces con miedo, realmente significaba algo.
Este Martes hice el amor con Cristian de una manera descontrolada. Sin sentido, sin reglas, sin normas, sin pausas… cuando terminamos me abrazo, casi… casi me rompía en su intento porque no me marchara después a trabajar.
Y de repente me vino esa frase a la mente…
“Cuando quieres a alguien, aparte de los brazos, tienes que abrazar con las piernas…”
Es la única manera de que no se vaya.
Y me mira. Y me mira…
*¿Se puede saber que pretendes?
-Nada… solo quiero asegurarme de que sigues ahí.
(Miedo)
-Solo quiero sentir que esto ha sucedido de verdad. Que estás…y que no te vas.
Al cabo de un rato comienza a contarme cosas de su niñez, de su familia, anécdotas de todo tipo… desnudos, sentados sobre nuestras propias piernas y una brisa de ilusión acariciándonos sutilmente.
El Miércoles abrí mi bandeja de correo y tenía un e-mail de él.
No sé cuando tarde en abrirlo… pero sé que sentí una cosa.
Miedo.
Nuevos comienzos
*Estaba pensando que me daría tiempo de ir a verte, de comerte la boca, y de decirte que te quiero. Y de paso… fugarnos los dos del trabajo. ¿Te parece sugerente?
-Si vienes, te meto en la cama, y te violo durante una semana entera.
Fue nuestra manera de darnos hoy los Buenos Días.
Hemos pasado un fin de semana bastante malo. Las preguntas que llevaba haciéndome tiempo atrás, empezaron a resonar muy fuerte en mi cabeza, y con la ayuda de problemas que tuvimos entre nosotros en este último mes, la relación estaba mas parada, que siguiendo su curso.
Ayer mientras desayunábamos, el silencio se hizo dueño de mi lengua, y la pena, de sus ojos.
-¿Qué te pasa?
*Nada.
-No digas que nada, llevas unos días seria, distante, callada, triste, fría… algo pasa.
Seguí removiendo los posos del café, sin ganas, sin fuerzas y con una mezcla de culpa, e impotencia dentro. A veces pasa. El corazón te dice “Ya no quiero mas” y no puedes hacer nada. Se queda ahí, bosteza…y duerme. No pretende volver a soñar, solo me susurra al oído que lo dejen en paz… y yo no puedo hacer nada.
Ni los ojos de Cristian pudieron salvarme.
-He estado pensando… si estas mal, y necesitas unos días para pensar, los tienes. Yo… te espero.
Le mire. Vacile unos segundos… una parte de mi prefería seguir estando aislada, otra, quizá la mas fuerte, la mas sensata, o la que todavía sentía el calor de sus besos, habló.
*No… esta tarde la pasamos juntos. No pasa nada, de verdad… supongo que los problemas de casa, volver al trabajo, y Nosotros… supongo que todo me vino de golpe y me vi incapaz de llevarlo. ¿Qué te apetece hacer?
-Cualquier cosa, siempre que la hagamos juntos.
Y así volví a quererle. No fue fácil.
El miedo se instalo muy dentro… los recuerdos con él aprovechan cualquier oportunidad para aparecer con mas fuerza, y hacen que todo pierda importancia, menos ellos.
Supongo que será una lucha continua… pero no pienso caer.
-Si vienes, te meto en la cama, y te violo durante una semana entera.
Fue nuestra manera de darnos hoy los Buenos Días.
Hemos pasado un fin de semana bastante malo. Las preguntas que llevaba haciéndome tiempo atrás, empezaron a resonar muy fuerte en mi cabeza, y con la ayuda de problemas que tuvimos entre nosotros en este último mes, la relación estaba mas parada, que siguiendo su curso.
Ayer mientras desayunábamos, el silencio se hizo dueño de mi lengua, y la pena, de sus ojos.
-¿Qué te pasa?
*Nada.
-No digas que nada, llevas unos días seria, distante, callada, triste, fría… algo pasa.
Seguí removiendo los posos del café, sin ganas, sin fuerzas y con una mezcla de culpa, e impotencia dentro. A veces pasa. El corazón te dice “Ya no quiero mas” y no puedes hacer nada. Se queda ahí, bosteza…y duerme. No pretende volver a soñar, solo me susurra al oído que lo dejen en paz… y yo no puedo hacer nada.
Ni los ojos de Cristian pudieron salvarme.
-He estado pensando… si estas mal, y necesitas unos días para pensar, los tienes. Yo… te espero.
Le mire. Vacile unos segundos… una parte de mi prefería seguir estando aislada, otra, quizá la mas fuerte, la mas sensata, o la que todavía sentía el calor de sus besos, habló.
*No… esta tarde la pasamos juntos. No pasa nada, de verdad… supongo que los problemas de casa, volver al trabajo, y Nosotros… supongo que todo me vino de golpe y me vi incapaz de llevarlo. ¿Qué te apetece hacer?
-Cualquier cosa, siempre que la hagamos juntos.
Y así volví a quererle. No fue fácil.
El miedo se instalo muy dentro… los recuerdos con él aprovechan cualquier oportunidad para aparecer con mas fuerza, y hacen que todo pierda importancia, menos ellos.
Supongo que será una lucha continua… pero no pienso caer.
...
Dicen que lo que no se cuenta, no existe. O pasa demasiado lento, o rápido… (Todo según se mire) o detrás, hay algo malo.
Uno de los motivos por los que necesite vivir una historia “Normal” fue porque había olvidado lo que era poder hablar con alguien de los altibajos de cualquier relación. O de esos pequeños detalles que la hacen única, o diferente, y a veces… la última.
Pero como os dije, hace tiempo, días, semanas tal vez… que mi alma empieza a bostezar más de la cuenta. A retorcerse en sabanas viejas, buscando un calor desteñido por eso que un día nos falto… Tiempo.
Ayer Cristian me abrazo por la espalda, mientras estaba en la cocina preparando la cena para ambos. Todo en silencio. Solo se escuchaba un ir y venir constante de platos, cazuelas, cubiertos…
-Lo mas bonito de tus vacaciones ha sido poder dormir contigo.
Le sonreí. Echaba de menos esa unión entre nosotros, había olvidado como podía hacerle despertar esa necesidad hacía mi. Creo que poco a poco vamos recuperando los pasos de nuestro baile. Volvemos a encontrarnos…
Pero sigo triste y cansada.
Creo que estas últimas discusiones con Cristian han despertado algo dentro dormido. Y los recuerdos de antaño, están acumulándose detrás de mis manos. Esperando a que los ojeé, a que los sienta, o tan solo, los acaricie.
Y por no enfrentarme a ellos, enfrento cada día a los ojos de Cristian. Me lo planteo todo. Me hago miles de preguntas, que de antemano sé, que no voy a responder.
No porque no pueda, o quiera… quizá, es una mezcla inevitable de todo.
Me gustaría a veces cogerle de las manos y decirle “Enséñame”
Pero, ¿Qué?
Hay tantas cosas que olvidé, o que aprendí… a medias.
Me acostumbre a que no me pidieran, ni me exigieran, ni me agobiaran… también a que nunca estuvieran. Ni en lo bueno, ni en lo malo.
No se darlo todo, por nada.
Siempre me guardo un poco para mi, porque creo que no podría afrontar de nuevo esa sensación de vacío. De volver a empezar.
Ayer no sé muy bien porque, se lo dije a Cristian.
*Si algún día todo lo que me importa, se desmorona, cambiare todos mis principios, y lo que hasta ese instante, me ví incapaz de hacer, será mi norma de vida. Mi eje.
-Creo que no te das cuenta, pero siempre que hablas de tu vida, de tu futuro, de que será de ti, y de ella… das por echo que vas a estar sola.
Sola.
Fue mucho tiempo compartiendo cosas con alguien, y a la vista de todos, estar sola.
Mucho tiempo en el que me preguntaban porque a veces me brillaban tanto los ojos, y otras mi pena, los desbordaba.
La verdad es que detrás de esa afirmación, esta también él. No luche por él, y ya no por él, sino por lo que creía que había entre nosotros.
Nunca exigí, ni pedí, ni reclame.
Quizá sí. Quizás acabe sola. Sin Cristian, sin él…
Pero quizás algún día me pregunten ¿Qué te duele?
Y pueda decir que fue un amor. Que se disfrazo de otro… y un día me encontré demasiado cansada para darme cuenta de a quien quería en realidad.
Por quien tenía que luchar.
Por quien tenía que seguir creyendo que a veces… lo que se oculta, no es malo, ni pasa demasiado lento, ni demasiado rápido. Solo mantenemos su esencia.
Solo lo queremos para nosotros.
Porque a veces esas historias duran una milésima de segundo, y cuando quieras hablar de ellas… no existen.
Uno de los motivos por los que necesite vivir una historia “Normal” fue porque había olvidado lo que era poder hablar con alguien de los altibajos de cualquier relación. O de esos pequeños detalles que la hacen única, o diferente, y a veces… la última.
Pero como os dije, hace tiempo, días, semanas tal vez… que mi alma empieza a bostezar más de la cuenta. A retorcerse en sabanas viejas, buscando un calor desteñido por eso que un día nos falto… Tiempo.
Ayer Cristian me abrazo por la espalda, mientras estaba en la cocina preparando la cena para ambos. Todo en silencio. Solo se escuchaba un ir y venir constante de platos, cazuelas, cubiertos…
-Lo mas bonito de tus vacaciones ha sido poder dormir contigo.
Le sonreí. Echaba de menos esa unión entre nosotros, había olvidado como podía hacerle despertar esa necesidad hacía mi. Creo que poco a poco vamos recuperando los pasos de nuestro baile. Volvemos a encontrarnos…
Pero sigo triste y cansada.
Creo que estas últimas discusiones con Cristian han despertado algo dentro dormido. Y los recuerdos de antaño, están acumulándose detrás de mis manos. Esperando a que los ojeé, a que los sienta, o tan solo, los acaricie.
Y por no enfrentarme a ellos, enfrento cada día a los ojos de Cristian. Me lo planteo todo. Me hago miles de preguntas, que de antemano sé, que no voy a responder.
No porque no pueda, o quiera… quizá, es una mezcla inevitable de todo.
Me gustaría a veces cogerle de las manos y decirle “Enséñame”
Pero, ¿Qué?
Hay tantas cosas que olvidé, o que aprendí… a medias.
Me acostumbre a que no me pidieran, ni me exigieran, ni me agobiaran… también a que nunca estuvieran. Ni en lo bueno, ni en lo malo.
No se darlo todo, por nada.
Siempre me guardo un poco para mi, porque creo que no podría afrontar de nuevo esa sensación de vacío. De volver a empezar.
Ayer no sé muy bien porque, se lo dije a Cristian.
*Si algún día todo lo que me importa, se desmorona, cambiare todos mis principios, y lo que hasta ese instante, me ví incapaz de hacer, será mi norma de vida. Mi eje.
-Creo que no te das cuenta, pero siempre que hablas de tu vida, de tu futuro, de que será de ti, y de ella… das por echo que vas a estar sola.
Sola.
Fue mucho tiempo compartiendo cosas con alguien, y a la vista de todos, estar sola.
Mucho tiempo en el que me preguntaban porque a veces me brillaban tanto los ojos, y otras mi pena, los desbordaba.
La verdad es que detrás de esa afirmación, esta también él. No luche por él, y ya no por él, sino por lo que creía que había entre nosotros.
Nunca exigí, ni pedí, ni reclame.
Quizá sí. Quizás acabe sola. Sin Cristian, sin él…
Pero quizás algún día me pregunten ¿Qué te duele?
Y pueda decir que fue un amor. Que se disfrazo de otro… y un día me encontré demasiado cansada para darme cuenta de a quien quería en realidad.
Por quien tenía que luchar.
Por quien tenía que seguir creyendo que a veces… lo que se oculta, no es malo, ni pasa demasiado lento, ni demasiado rápido. Solo mantenemos su esencia.
Solo lo queremos para nosotros.
Porque a veces esas historias duran una milésima de segundo, y cuando quieras hablar de ellas… no existen.
Complices.
Supongo que es lo que necesitaba.
A veces miramos alrededor, y no encontramos nada de nosotros en los demás.
Como os dije, llevo unos días algo triste, y cansada. Supongo que no estaba preparada para esta sensación de perdida. Ya la había dejado olvidada, ese vació, y lo que se sentía con él.
Todo sigue en su sitio. Pero yo siento que algo ha cambiado. No sé lo que es, pero tampoco me detengo mucho en saberlo. Prefiero seguir mirando hacía un lado.
Y mirando… volví a encontrarme con “Mi caballero de la armadura oxidada”
En Octubre, hará 5 años que nos conocimos. Llego antes que él. Nunca salimos juntos, aunque hubo un tiempo que hubo cierta atracción, pero por no romper la amistad… congeniamos mucho. Luego esa magia, empezó a perderse.
Él siempre fue demasiado tímido, introvertido, reservado. A causa de una enfermedad degenerativa que tiene, piensa que es mejor aislarse de la gente, para evitar sentir. Y para evitar de la misma manera, que le sientan.
Un día sin darnos cuenta empezamos a hacernos preguntas, por el echo de hacerlas, no buscando detrás de ella una nueva forma de acercarnos. Las conversaciones se fueron haciendo cada vez mas simples, y vacías, y nosotros, nos fuimos distanciando tanto… con la llegada de Cristian, decidió irse para siempre.
Lo sentí tanto. Siempre sabía que decirme en el peor de los momentos para hacerme sonreír. Y no sé como lo hacía que siempre conseguía hacerme sentir única y especial.
Todas deberíamos de tener a alguien así cerca. Pero claro… ¿Cómo le dices que te quiera, pero que no se enamoré?
Ayer me mando un e-mail. Me regalaba una canción. Ambos somos Fans incondicionales de Luis Miguel.
Antes solía hacerlo. Cuando una canción le hacía pensar en mi, me la regalaba. (Hay que reconocerle su valor. Económico, practico, y siempre estaría ahí, sin ocupar lugar jajaja…)
Y hoy, sin querer, mientras la escuchaba, pensé…
“Nunca nadie sabrá, lo bonito que fue quererte…”
Y aunque no lo leas… Gracias.
A veces miramos alrededor, y no encontramos nada de nosotros en los demás.
Como os dije, llevo unos días algo triste, y cansada. Supongo que no estaba preparada para esta sensación de perdida. Ya la había dejado olvidada, ese vació, y lo que se sentía con él.
Todo sigue en su sitio. Pero yo siento que algo ha cambiado. No sé lo que es, pero tampoco me detengo mucho en saberlo. Prefiero seguir mirando hacía un lado.
Y mirando… volví a encontrarme con “Mi caballero de la armadura oxidada”
En Octubre, hará 5 años que nos conocimos. Llego antes que él. Nunca salimos juntos, aunque hubo un tiempo que hubo cierta atracción, pero por no romper la amistad… congeniamos mucho. Luego esa magia, empezó a perderse.
Él siempre fue demasiado tímido, introvertido, reservado. A causa de una enfermedad degenerativa que tiene, piensa que es mejor aislarse de la gente, para evitar sentir. Y para evitar de la misma manera, que le sientan.
Un día sin darnos cuenta empezamos a hacernos preguntas, por el echo de hacerlas, no buscando detrás de ella una nueva forma de acercarnos. Las conversaciones se fueron haciendo cada vez mas simples, y vacías, y nosotros, nos fuimos distanciando tanto… con la llegada de Cristian, decidió irse para siempre.
Lo sentí tanto. Siempre sabía que decirme en el peor de los momentos para hacerme sonreír. Y no sé como lo hacía que siempre conseguía hacerme sentir única y especial.
Todas deberíamos de tener a alguien así cerca. Pero claro… ¿Cómo le dices que te quiera, pero que no se enamoré?
Ayer me mando un e-mail. Me regalaba una canción. Ambos somos Fans incondicionales de Luis Miguel.
Antes solía hacerlo. Cuando una canción le hacía pensar en mi, me la regalaba. (Hay que reconocerle su valor. Económico, practico, y siempre estaría ahí, sin ocupar lugar jajaja…)
Y hoy, sin querer, mientras la escuchaba, pensé…
“Nunca nadie sabrá, lo bonito que fue quererte…”
Y aunque no lo leas… Gracias.
Que hablen mis Silencios
Hacía tiempo que tenía ganas de perderme sola entre la multitud, pero sin notar una mano que acariciase la mía.
El paseo duro aproximadamente dos horas. Me encendí en el transcurso, dos cigarros, mientras me planteaba que serían los últimos. Entre tantas cosas…
Él no volvió.
Nunca os hablé de su manía por hacerse notar, sin que nadie lo perciba. Estas Navidades también lo hizo. En cada fecha señalada… cumpleaños de ambos, Noche buena, Navidad, Año nuevo… tuve llamadas perdidas. Casi siempre esperaban a que respondiera, pero nadie me hablaba. Todas con número oculto. No le di importancia. No preste atención a las fechas. Hasta que días después, cuando Enero estaba por despedirse, recibí un e-mail de él.
No me decía que me quería. Tampoco que me echase de menos. Solo quería que supiera que fue él. Y que sin yo saberlo, volvió a tocarme. Al escucharme.
No respondí.
El Viernes, volvió a llamar. Quizá por error, olvido ocultar el número. Nunca lo sabré. Sé que a causa de esa llamada con Cristian todo empieza a tocar fin.
No es que quiera que eso ocurra, pero tampoco me veo con fuerzas para arreglar algo que realmente, no fue mi culpa.
Aquel miedo que se me instalo en el Alma hace tiempo, volvió aparecer cuando Cristian me acorralo en el pasillo, justo antes de salir, para decirme que él me había llamado.
Pensé que era una broma. Pensé que quería ver mi reacción. Pensé… hasta que cogí el móvil y ví su nombre reflejado en la pantalla.
Sé que me odió. Posiblemente, todavía lo siga haciendo. Desde entonces todo roce conmigo es brusco, autoritario, y con unas gotas de daño.
El Sábado salimos los dos solos, y estuve prácticamente sola toda la noche. Solo se acercaba cuando veía algún pesado, luego desaparecía.
Ayer fue otro tanto de lo mismo, podríamos haber pasado una tarde bonita, a pesar del tiempo, a pesar del cansancio de los trabajos, a pesar de todo… y decidió estar en un silencio, que hacía daño.
Reacciono cuando cogí mis cosas para marcharme, tratando de contener mi pena, a ras de los ojos, de los parpados, de las pestañas, de la piel, de la cara… hasta que acariciaban el suelo, ya cansadas de ocultarse.
Le dije adiós sin mirarlo. Y me pregunto que pasaba con su beso.
No dije nada. Cerré la puerta con cuidado… pensando que no la volvería abrir mas.
Por la noche hablamos, si por hablar se entiende que me cogiera la cara y me preguntara que pasaba… y yo le dijese que nada, que estaba triste… y cansada.
-¿De que?
Hoy lo pensé.
Y estoy triste y cansada, por extrañar a alguien que se despidió de mi a través del e-mail mas frío que jamás se allá escrito.
Por haber aprendido a querer a Cristian, y ver que cualquier roce, o mirada, o palabra, con un desconocido, le produce desconfianza. Y miedo de que pueda engañarlo.
Me considera una persona fría por haber mantenido una relación de 3 años con un hombre casado.
Pero claro… nunca me detuve, y le mire, para decirle que hubo Amor. Que siempre hubo Amor. Que le quise sin condiciones, sin preguntas, sin respuestas. Siempre sola, siempre entre silencios, y con miedo de que cada día a su lado, fuera la última vez.
Aunque pudiera, no quiero explicar esa parte de mi. No quiero que la sienta. Odio cuando me abraza al verme llorar. No siente sus reproches, ni siente cuando busca hacerme daño con las palabras. Solo siente verme llorar.
Esta noche nos veremos…
Espero encontrar de nuevo ese amor en sus ojos. Sentir que me quiere. Sus abrazos, sus besos sonando en las sabanas de la cama al deslizarse por mi cuerpo…
Con Cristian necesito intentarlo. Él… ya esta demasiado lejos.
El paseo duro aproximadamente dos horas. Me encendí en el transcurso, dos cigarros, mientras me planteaba que serían los últimos. Entre tantas cosas…
Él no volvió.
Nunca os hablé de su manía por hacerse notar, sin que nadie lo perciba. Estas Navidades también lo hizo. En cada fecha señalada… cumpleaños de ambos, Noche buena, Navidad, Año nuevo… tuve llamadas perdidas. Casi siempre esperaban a que respondiera, pero nadie me hablaba. Todas con número oculto. No le di importancia. No preste atención a las fechas. Hasta que días después, cuando Enero estaba por despedirse, recibí un e-mail de él.
No me decía que me quería. Tampoco que me echase de menos. Solo quería que supiera que fue él. Y que sin yo saberlo, volvió a tocarme. Al escucharme.
No respondí.
El Viernes, volvió a llamar. Quizá por error, olvido ocultar el número. Nunca lo sabré. Sé que a causa de esa llamada con Cristian todo empieza a tocar fin.
No es que quiera que eso ocurra, pero tampoco me veo con fuerzas para arreglar algo que realmente, no fue mi culpa.
Aquel miedo que se me instalo en el Alma hace tiempo, volvió aparecer cuando Cristian me acorralo en el pasillo, justo antes de salir, para decirme que él me había llamado.
Pensé que era una broma. Pensé que quería ver mi reacción. Pensé… hasta que cogí el móvil y ví su nombre reflejado en la pantalla.
Sé que me odió. Posiblemente, todavía lo siga haciendo. Desde entonces todo roce conmigo es brusco, autoritario, y con unas gotas de daño.
El Sábado salimos los dos solos, y estuve prácticamente sola toda la noche. Solo se acercaba cuando veía algún pesado, luego desaparecía.
Ayer fue otro tanto de lo mismo, podríamos haber pasado una tarde bonita, a pesar del tiempo, a pesar del cansancio de los trabajos, a pesar de todo… y decidió estar en un silencio, que hacía daño.
Reacciono cuando cogí mis cosas para marcharme, tratando de contener mi pena, a ras de los ojos, de los parpados, de las pestañas, de la piel, de la cara… hasta que acariciaban el suelo, ya cansadas de ocultarse.
Le dije adiós sin mirarlo. Y me pregunto que pasaba con su beso.
No dije nada. Cerré la puerta con cuidado… pensando que no la volvería abrir mas.
Por la noche hablamos, si por hablar se entiende que me cogiera la cara y me preguntara que pasaba… y yo le dijese que nada, que estaba triste… y cansada.
-¿De que?
Hoy lo pensé.
Y estoy triste y cansada, por extrañar a alguien que se despidió de mi a través del e-mail mas frío que jamás se allá escrito.
Por haber aprendido a querer a Cristian, y ver que cualquier roce, o mirada, o palabra, con un desconocido, le produce desconfianza. Y miedo de que pueda engañarlo.
Me considera una persona fría por haber mantenido una relación de 3 años con un hombre casado.
Pero claro… nunca me detuve, y le mire, para decirle que hubo Amor. Que siempre hubo Amor. Que le quise sin condiciones, sin preguntas, sin respuestas. Siempre sola, siempre entre silencios, y con miedo de que cada día a su lado, fuera la última vez.
Aunque pudiera, no quiero explicar esa parte de mi. No quiero que la sienta. Odio cuando me abraza al verme llorar. No siente sus reproches, ni siente cuando busca hacerme daño con las palabras. Solo siente verme llorar.
Esta noche nos veremos…
Espero encontrar de nuevo ese amor en sus ojos. Sentir que me quiere. Sus abrazos, sus besos sonando en las sabanas de la cama al deslizarse por mi cuerpo…
Con Cristian necesito intentarlo. Él… ya esta demasiado lejos.
Llamada perdida
-¿Me quieres?
*No
-¿Me vas a dejar?
*Si
-¿Qué va a pasar con Nosotros?
*Nada, Cristian. No va a pasar nada.
-¿Qué quieres decir?
*Lo que escuchas… tú no sientes lo que has dicho. Me abrazas porque estoy llorando, no porque te arrepientas.
-¿Tú que pensarías si… me llamase una chica delante tuya?
*Cristian, fue una llamada. Una llamada que no respondí. Y aunque la hubiese respondido, él no puede atravesar el teléfono y plantarse donde yo este. Sabías que podía pasar.
-Yo… no sabes como me siento. Deberías de estar enamorada de verdad, y que esa persona luego te haga daño. Harías cosas… dirías cosas que… él no cuenta. Él no te quiso, él solo te follo. Solo te usaba para descargar sus huevos en ti. Eso no es Amor.
Me llamo. Estaba preparando la cena para Cristian y para mi. Luego me vestí para salir, había quedado con una amiga. En ese transcurso, él me llamo. Yo no lo supe, hasta que Cristian me lo dije.
Me quede en blanco. Me entro miedo. Me senté, tratando de pensar… mientras escuchaba el miedo de Cristian.
Viernes por la noche, salgo… y antes, recibo su llamada.
Pensó que le mentí. Pensó que iba a retorcerme entre sus brazos. Pensó…
Me cansé de defenderme. Me cansé de llorar. Me cansé de intentar escapar de sus brazos.
Esta tarde me espera para volver a hablar.
Y yo tengo el Alma rota.
*No
-¿Me vas a dejar?
*Si
-¿Qué va a pasar con Nosotros?
*Nada, Cristian. No va a pasar nada.
-¿Qué quieres decir?
*Lo que escuchas… tú no sientes lo que has dicho. Me abrazas porque estoy llorando, no porque te arrepientas.
-¿Tú que pensarías si… me llamase una chica delante tuya?
*Cristian, fue una llamada. Una llamada que no respondí. Y aunque la hubiese respondido, él no puede atravesar el teléfono y plantarse donde yo este. Sabías que podía pasar.
-Yo… no sabes como me siento. Deberías de estar enamorada de verdad, y que esa persona luego te haga daño. Harías cosas… dirías cosas que… él no cuenta. Él no te quiso, él solo te follo. Solo te usaba para descargar sus huevos en ti. Eso no es Amor.
Me llamo. Estaba preparando la cena para Cristian y para mi. Luego me vestí para salir, había quedado con una amiga. En ese transcurso, él me llamo. Yo no lo supe, hasta que Cristian me lo dije.
Me quede en blanco. Me entro miedo. Me senté, tratando de pensar… mientras escuchaba el miedo de Cristian.
Viernes por la noche, salgo… y antes, recibo su llamada.
Pensó que le mentí. Pensó que iba a retorcerme entre sus brazos. Pensó…
Me cansé de defenderme. Me cansé de llorar. Me cansé de intentar escapar de sus brazos.
Esta tarde me espera para volver a hablar.
Y yo tengo el Alma rota.
Verdades que hacen daño
-¿Qué te pasa?
Intentar poner a esa frase la voz mas triste que os llegue a los oídos. No importa que no la conozcáis, que no os resulte familiar. Solo tiene que envolveros de tal manera que sintáis que en vuestra respuesta este el principio, o el final de algo.
*Nada.
Seguí removiendo el café, tratando a su vez, de borrar la mirada triste de Cristian.
-Dame un beso.
-Dame otro.
-Y otro…
No fueron besos, solo un roce de labios. Una caricia pasajera. Una bofetada al silencio que trataba de instalarse entre nosotros.
-¿Me quieres?
*Claro.
Y estaba esa palabra tan vacía, casi tanto como yo.
Lo que pudo haber sido una tarde bonita, la estropeo en un par de segundos. Supongo que no era su intención. Luego sabe reconocer sus errores, y trato por todos los medios que olvidara, pero como le dije… ya estaba dicho. Su frase lapidaria, ya había visto la luz, y yo me quedaba con ella, tratando que solo hiciera el daño justo y necesario.
Luego quiso que hablásemos de Amor.
Me dijo que la mujer de su mejor amigo lo va a dejar.
Me hizo gracia, teniendo en cuenta el historial que tiene el hombre de infidelidades. Y lo malo no es eso, lo malo es que la mujer sabe mas de la mitad de sus que haceres extra matrimoniales. Y nunca le importo. De ahí mi sorpresa, y mi gracia.
*¿Por qué?
-Porque no la ama.
*Bueno, pero eso hace mucho tiempo que lo sabes. ¿Por qué se va ahora?
-Porque ella le pregunto si la amaba, y él no respondió.
*Hay preguntas que no deben de hacerse. Una cosa es que tú las intuyas, las imagines, las sientas… y otra, que te digan, que se hagan verdad, que tengan forma para acariciarlas, para tocarlas, para que te hagan sentir algo.
“Hay preguntas que no deben de hacerse…”
Al recordar esas palabras, un escalofrió recorrió todo mi cuerpo.
Él, hace mucho tiempo, vivió esa situación con su mujer.
Un día llego triste a mi. Le pregunte que pasaba, y me contó que la noche anterior había estado hablando con su mujer de mi.
*¿De mi?
-Si. Estuvimos hablando de cómo llevábamos la relación.
Y terminé diciéndola tras largos silencios y mucho pensarlo, que no sabía si todavía la quería. En ningún momento te nombre, pero estabas detrás de cada palabra… y ahora no puedo soportar la pena de sus ojos.
Es verdad. A veces cargar con esa pena duele tanto, que puedes plantearte tantas cosas como intentarlo de nuevo.
Solo que el mejor amigo de Cristian, su planteo fue, llegar al día siguiente a las 5 de la mañana a casa y borracho.
Y el planteo de él… fue curar la pena de su mujer.
Mi pena, la maquille yo.
Y creo que se me da bien, porque todos quedan prendados de mis ojos.
C,est la vie
Intentar poner a esa frase la voz mas triste que os llegue a los oídos. No importa que no la conozcáis, que no os resulte familiar. Solo tiene que envolveros de tal manera que sintáis que en vuestra respuesta este el principio, o el final de algo.
*Nada.
Seguí removiendo el café, tratando a su vez, de borrar la mirada triste de Cristian.
-Dame un beso.
-Dame otro.
-Y otro…
No fueron besos, solo un roce de labios. Una caricia pasajera. Una bofetada al silencio que trataba de instalarse entre nosotros.
-¿Me quieres?
*Claro.
Y estaba esa palabra tan vacía, casi tanto como yo.
Lo que pudo haber sido una tarde bonita, la estropeo en un par de segundos. Supongo que no era su intención. Luego sabe reconocer sus errores, y trato por todos los medios que olvidara, pero como le dije… ya estaba dicho. Su frase lapidaria, ya había visto la luz, y yo me quedaba con ella, tratando que solo hiciera el daño justo y necesario.
Luego quiso que hablásemos de Amor.
Me dijo que la mujer de su mejor amigo lo va a dejar.
Me hizo gracia, teniendo en cuenta el historial que tiene el hombre de infidelidades. Y lo malo no es eso, lo malo es que la mujer sabe mas de la mitad de sus que haceres extra matrimoniales. Y nunca le importo. De ahí mi sorpresa, y mi gracia.
*¿Por qué?
-Porque no la ama.
*Bueno, pero eso hace mucho tiempo que lo sabes. ¿Por qué se va ahora?
-Porque ella le pregunto si la amaba, y él no respondió.
*Hay preguntas que no deben de hacerse. Una cosa es que tú las intuyas, las imagines, las sientas… y otra, que te digan, que se hagan verdad, que tengan forma para acariciarlas, para tocarlas, para que te hagan sentir algo.
“Hay preguntas que no deben de hacerse…”
Al recordar esas palabras, un escalofrió recorrió todo mi cuerpo.
Él, hace mucho tiempo, vivió esa situación con su mujer.
Un día llego triste a mi. Le pregunte que pasaba, y me contó que la noche anterior había estado hablando con su mujer de mi.
*¿De mi?
-Si. Estuvimos hablando de cómo llevábamos la relación.
Y terminé diciéndola tras largos silencios y mucho pensarlo, que no sabía si todavía la quería. En ningún momento te nombre, pero estabas detrás de cada palabra… y ahora no puedo soportar la pena de sus ojos.
Es verdad. A veces cargar con esa pena duele tanto, que puedes plantearte tantas cosas como intentarlo de nuevo.
Solo que el mejor amigo de Cristian, su planteo fue, llegar al día siguiente a las 5 de la mañana a casa y borracho.
Y el planteo de él… fue curar la pena de su mujer.
Mi pena, la maquille yo.
Y creo que se me da bien, porque todos quedan prendados de mis ojos.
C,est la vie
Instantes
-Todo en esta vida tiene un porque, una explicación.
*No siempre.
-No digas tonterías… ¿Por qué estás conmigo ahora?
*Porque me gusta, porque me gustas, porque estoy a gusto, porque me das, porque no me pides, porque…
-¿Ves? Siempre hay algo detrás. Siempre.
Quise decirle que no. Quise decirle que a veces las cosas ocurren simplemente porque si. Pero no sabía explicárselo.
Ayer tuve un día de esos en que todo lo ves imposible.
Estuvimos haciendo la compra semanal juntos, a pesar de que seguimos viviendo cada uno en nuestras casas. Y se le ocurrió la maravillosa idea de comprarme un cepillo de dientes.
Mientras fuimos recorriendo cada pasillo, me preguntaba una y otra vez que pasaba. Porque estaba ausente, porque no le contaba que ocurria.
No lo sabía… o si.
¿Cómo podría explicarle que a veces le echo de menos a él?
Que a veces me quedo en silencio, y sin motivo, aparece algún momento que compartimos, o su sonrisa se cuela por la ranura de algún sueño medio roto. Medio cumplido.
Otras me duele demasiado todo por dentro.
Me abraza para evitar que me vaya, y todavía huyo más deprisa.
Porque hubo un día, que no encontré en ninguna parte… un porque.
A veces pienso que podría llamarle. Verlo. Escucharlo. Quizás… acariciarlo.
Pero de lejos. Marcando en cada momento una distancia.
Hay momentos en que me detengo e imagino como sería ese instante.
Casi siempre contengo algún que otro sollozo. Y no os podéis hacer una idea de lo mal que me siento en esos segundos. Porque eso quiere decir de alguna manera, que todavía una parte de mi extraña lo que tuve junto a él.
Sé que a Cristian le quiero. Y no podría vivir sin lo que me da. Me encantan sus abrazos, sus besos, su voz, su sonrisa, y su tristeza. Cuidarlo, llegar a él, tocarlo…
Pero… no puede responderme porque él un día se fue.
*No siempre.
-No digas tonterías… ¿Por qué estás conmigo ahora?
*Porque me gusta, porque me gustas, porque estoy a gusto, porque me das, porque no me pides, porque…
-¿Ves? Siempre hay algo detrás. Siempre.
Quise decirle que no. Quise decirle que a veces las cosas ocurren simplemente porque si. Pero no sabía explicárselo.
Ayer tuve un día de esos en que todo lo ves imposible.
Estuvimos haciendo la compra semanal juntos, a pesar de que seguimos viviendo cada uno en nuestras casas. Y se le ocurrió la maravillosa idea de comprarme un cepillo de dientes.
Mientras fuimos recorriendo cada pasillo, me preguntaba una y otra vez que pasaba. Porque estaba ausente, porque no le contaba que ocurria.
No lo sabía… o si.
¿Cómo podría explicarle que a veces le echo de menos a él?
Que a veces me quedo en silencio, y sin motivo, aparece algún momento que compartimos, o su sonrisa se cuela por la ranura de algún sueño medio roto. Medio cumplido.
Otras me duele demasiado todo por dentro.
Me abraza para evitar que me vaya, y todavía huyo más deprisa.
Porque hubo un día, que no encontré en ninguna parte… un porque.
A veces pienso que podría llamarle. Verlo. Escucharlo. Quizás… acariciarlo.
Pero de lejos. Marcando en cada momento una distancia.
Hay momentos en que me detengo e imagino como sería ese instante.
Casi siempre contengo algún que otro sollozo. Y no os podéis hacer una idea de lo mal que me siento en esos segundos. Porque eso quiere decir de alguna manera, que todavía una parte de mi extraña lo que tuve junto a él.
Sé que a Cristian le quiero. Y no podría vivir sin lo que me da. Me encantan sus abrazos, sus besos, su voz, su sonrisa, y su tristeza. Cuidarlo, llegar a él, tocarlo…
Pero… no puede responderme porque él un día se fue.
Visperas de un Fin de Semana
Hace mucho que no escribo. Tal vez demasiado.
Recuerdo cuando me preguntaban porque todos mis relatos hablaban de recuerdos. De añoranzas, de cosas que no estan en su sitio, o de personas que vaciaron esos sitios.
Solía perder la mirada entre la multitud,tratando de buscar en ella la respuesta. Supongo que solo podía hablar de lo vivido. Supongo que solo podía intentar transmitir aquello que me envolvia el cuerpo entero.
Cristian.
Vamos hacer 7 meses juntos.
Llevo con este blog incompleto un año. Y mas de la mitad de él, con Cristian, y creo haberle dedicado 4 o 5 posts.
Anoche llegué de un viaje. Estuve 5 días sin verlo. Y todo lo que conlleva verlo. Al rpincipio sentí miedo.
Miedo de darme cuenta que no le quería.
Y miedo de darme cuenta que le quería.
También sentí miedo por él. Llenamos nuestro tiempo de tal manera, nos hemos acostumbrado tanto a la presencia del otro, que realmente dejamos de considerar la pregunta. ¿Nos necesitamos? ¿O nos acostumbramos?
Cuando toque el timbre, no sé si tardo un par de minutos en bajar del piso. Sé que cuando le ví, me parecio mas guapo que nunca.
Le abracé y él me zarandeo de un lado hacía el otro. Hubo muchos besos, muchas palabras cariñosas y muchos "No volverás a irte a ninguna parte sin mi"
Hubo un mensaje una hora antes de encontrarnos diciendome que esta distancia le había servido para darse cuenta de lo que significaba en su vida, y para él.
Y por una vez, por un instante, deje de sentir miedo.
Deje de querer aprender cualquier instante, temiendo que fuera el último de algo.
En una hora me espera en su casa. Seguramente follaremos como locos para recuperar esta semana. Después me interrogara para saber que hice cada día. Habran besos, abrazos, quizá en algun segundo traviedo, nos durmamos, habra otra insinuacion de folleteo, que bien, o yo, cederemos, haciendonos los tontos, para acabar dando lo mejor de nosotros.
Una cena. Mas abrazos, mas sonrisas, mas instantes... una noche por delante.
Recuerdo cuando me preguntaban porque todos mis relatos hablaban de recuerdos. De añoranzas, de cosas que no estan en su sitio, o de personas que vaciaron esos sitios.
Solía perder la mirada entre la multitud,tratando de buscar en ella la respuesta. Supongo que solo podía hablar de lo vivido. Supongo que solo podía intentar transmitir aquello que me envolvia el cuerpo entero.
Cristian.
Vamos hacer 7 meses juntos.
Llevo con este blog incompleto un año. Y mas de la mitad de él, con Cristian, y creo haberle dedicado 4 o 5 posts.
Anoche llegué de un viaje. Estuve 5 días sin verlo. Y todo lo que conlleva verlo. Al rpincipio sentí miedo.
Miedo de darme cuenta que no le quería.
Y miedo de darme cuenta que le quería.
También sentí miedo por él. Llenamos nuestro tiempo de tal manera, nos hemos acostumbrado tanto a la presencia del otro, que realmente dejamos de considerar la pregunta. ¿Nos necesitamos? ¿O nos acostumbramos?
Cuando toque el timbre, no sé si tardo un par de minutos en bajar del piso. Sé que cuando le ví, me parecio mas guapo que nunca.
Le abracé y él me zarandeo de un lado hacía el otro. Hubo muchos besos, muchas palabras cariñosas y muchos "No volverás a irte a ninguna parte sin mi"
Hubo un mensaje una hora antes de encontrarnos diciendome que esta distancia le había servido para darse cuenta de lo que significaba en su vida, y para él.
Y por una vez, por un instante, deje de sentir miedo.
Deje de querer aprender cualquier instante, temiendo que fuera el último de algo.
En una hora me espera en su casa. Seguramente follaremos como locos para recuperar esta semana. Después me interrogara para saber que hice cada día. Habran besos, abrazos, quizá en algun segundo traviedo, nos durmamos, habra otra insinuacion de folleteo, que bien, o yo, cederemos, haciendonos los tontos, para acabar dando lo mejor de nosotros.
Una cena. Mas abrazos, mas sonrisas, mas instantes... una noche por delante.