Placer Privado
Mañana se cumplirán 16 meses desde que… Él, se fue.
He tenido que leer varias cartas, sin destinatario. Esas “Cartas para Nadie” que escribí algún día, cuando le echaba de menos. Cuando le necesitaba. Cuando se me antojaba escribirle un mensaje, un e-mail. Llamarlo. Irrumpir en su vida porque si. Sin mirar la hora que era, sin pensar si era un buen momento.
Sentirlo… y hacerlo.
Quererlo con prisas, y en silencio. O lentamente, y mezclando algún que otro gemido, con el calor de la noche, y el frío de un sueño.
Por un momento vacile con la idea de poner por fin su nombre. Volver a mencionarlo, en voz baja, escondida tras este anonimato que una vez invente.
Mi Placer Privado… es lo que fuiste durante 3 años. Durante paréntesis, intermitentes, ausencias, silencios, lágrimas, intentos.
3 Años… No te di lo mejor de mi. Te di lo que supe. Lo que me dio tiempo. Lo que me dejaste. Luego intente recuperar algo… no lo quería todo. No… solo, a mi.
Podrías haberte quedado la casa que nunca compramos. El perro con el que no jugamos. Como hiciste con los niños que quisiste tener y… ¿Te acuerdas de aquel día? Estuvimos apunto. Casi me llevo conmigo un pedacito de ti. Casi…
Las llaves de mi coche. En él nunca compartimos nada, así que no te recordarías de mi.
Te hubiese regalado mi casa y todo lo que ella esconde. Los pasos que dibujaste por el pasillo. Las huellas que dejaste cuando el suelo todavía desprendía nuestro sudor.
Y mientras tu mente se pierde intentando que hacer con todas esas cosas que no tuvimos tiempo de compartir hubiese llamado al mejor abogado para hacer separación de bienes.
Es algo que debí de hacer justo en el segundo que tu mirada se cruzo con la mia… pero no sabía lo que vendría después. Si lo hubiese sabido… lo hubiese vivido con la misma intensidad. O mas.
Solo me hubiese gustado salvarme.
La ilusión, mi sonrisa limpia y transparente. Esas ganas de querer a alguien sin mas. Sin miedo.
Por eso, ha llegado la hora de despedirnos.
No tiene sentido que siga mencionándote en mi vida. Ni tiene sentido que siga hablando a esos ojitos mudos, que perdí la mitad por el camino.
Invente esto cuando los silencios hacían demasiado daño en mis oídos.
Gracias a todos los que me habéis acompañado.
Y gracias a ti, por enseñarme a querer… como se quiere solamente una vez en la vida.
He tenido que leer varias cartas, sin destinatario. Esas “Cartas para Nadie” que escribí algún día, cuando le echaba de menos. Cuando le necesitaba. Cuando se me antojaba escribirle un mensaje, un e-mail. Llamarlo. Irrumpir en su vida porque si. Sin mirar la hora que era, sin pensar si era un buen momento.
Sentirlo… y hacerlo.
Quererlo con prisas, y en silencio. O lentamente, y mezclando algún que otro gemido, con el calor de la noche, y el frío de un sueño.
Por un momento vacile con la idea de poner por fin su nombre. Volver a mencionarlo, en voz baja, escondida tras este anonimato que una vez invente.
Mi Placer Privado… es lo que fuiste durante 3 años. Durante paréntesis, intermitentes, ausencias, silencios, lágrimas, intentos.
3 Años… No te di lo mejor de mi. Te di lo que supe. Lo que me dio tiempo. Lo que me dejaste. Luego intente recuperar algo… no lo quería todo. No… solo, a mi.
Podrías haberte quedado la casa que nunca compramos. El perro con el que no jugamos. Como hiciste con los niños que quisiste tener y… ¿Te acuerdas de aquel día? Estuvimos apunto. Casi me llevo conmigo un pedacito de ti. Casi…
Las llaves de mi coche. En él nunca compartimos nada, así que no te recordarías de mi.
Te hubiese regalado mi casa y todo lo que ella esconde. Los pasos que dibujaste por el pasillo. Las huellas que dejaste cuando el suelo todavía desprendía nuestro sudor.
Y mientras tu mente se pierde intentando que hacer con todas esas cosas que no tuvimos tiempo de compartir hubiese llamado al mejor abogado para hacer separación de bienes.
Es algo que debí de hacer justo en el segundo que tu mirada se cruzo con la mia… pero no sabía lo que vendría después. Si lo hubiese sabido… lo hubiese vivido con la misma intensidad. O mas.
Solo me hubiese gustado salvarme.
La ilusión, mi sonrisa limpia y transparente. Esas ganas de querer a alguien sin mas. Sin miedo.
Por eso, ha llegado la hora de despedirnos.
No tiene sentido que siga mencionándote en mi vida. Ni tiene sentido que siga hablando a esos ojitos mudos, que perdí la mitad por el camino.
Invente esto cuando los silencios hacían demasiado daño en mis oídos.
Gracias a todos los que me habéis acompañado.
Y gracias a ti, por enseñarme a querer… como se quiere solamente una vez en la vida.