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Vida y Miserias de VZ
escenas de una vida miserable en prácticas porciones individuales
Acerca de
Soy la cobarde heroina de una peli de serie B, perseguida hasta la tumba por muertos sin ojos y gigantescos tomates asesinos
Sindicación
 
Garganta profunda
El otro día me reuní con algunas de mis amigas de la facultad. En concreto, con las que están viviendo también aquí. Bueno, con las que viven aquí y me caen bien. Habíamos quedado para pasar una tarde tranquila y de paso ponernos al día con nuestras respectivas vidas.

Quedamos en una heladería. Igual no fue muy acertado, dadas las lluvias de los últimos días, pero qué le vamos a hacer, se nos había antojado ir allí. Estábamos cuatro: La Ardillita Feliz (con la que fui a la ópera no hace demasiado), La Selenita, Hellgirl y yo, por supuesto. Como no me gusta ser maleducada, voy a presentároslas rápidamente.

La Ardilita Feliz es una de esas personas que no pueden estarse nunca quietas: siempre está haciendo algo, siempre se trae algo entre manos, y todo, o al menos, todo lo que hace delante de mí, lo hace a la velocidad del rayo. Su hiperactividad le permite estar pendiente de varias cosas al mismo tiempo y además, de hacerlas todas bien. Y por si fuera poco, siempre está tan contenta, de ahí su nombre.

La Selenita es mucho más tranquila. La puntualidad no va con ella, ni los gritos, ni el estrés ni nada que se le parezca. Es como si viviera en un universo particular del que sale de vez en cuando para no convertirse en una marginada social. Es bastante difícil saber en lo que piensa: puede parecer estar absolutamente relajada cuando en realidad está planeando un elaborado y sangriento asesinato.

Hellgirl es, sencillamente, la horma de mi zapato. Cinéfila, irónica, y exquisitamente cruel, capaz de reírse de cualquiera en cualquier momento y cualquier lugar. Tenemos gustos bastante parecidos y podría pasarme mil años hablando con ella sin cansarme. Puede despertar el odio de cualquiera con sus palabras, pero a mí me encanta. Supongo que influye bastante el hecho de que a mí me trata como a una reina.

Estábamos pasando un rato bastante agradable, y además descubrí que gracias a mis queriditas amigas podría, en el futuro, ir por la cara a bastantes lados, con un poco de suerte, más divertidos que la ópera. Nos estábamos divirtiendo mucho y los helados no podían estar más buenos. Sin embargo, no se podía decir lo mismo de la vista.

Una pareja de amantes/novios se estaba pegando el lote en nuestras narices. No tendrían más de veinte años y se estaban pegando una buena repasada mutuamente. El chico le estaba haciendo una buena revisión a las amígdalas de su concubina, y ella tampoco que quedaba corta. Toda la heladería les miraba sin demasiada discreción, el morbo es lo que tiene.

El chico fue un momento al baño, dándole a la chica una tregua, que aprovechó para probar el helado, que ni siquiera había tocado y ya se estaba derritiendo. No fueron más que un par de lametazos, pues el chico regresó rápidamente y, como no, se abalanzó de nuevo sobre ella. Otra vez, volvió a meterle la lengua hasta la garganta, aunque tuvo que sacarla más pronto de lo que quería.

La chica se atragantó con una de las nueces del helado y comenzó a toser. Se estaba poniendo cada vez más roja, y el chico tenía una cara de acojonado que no podía con ella. Se levantó y se colocó detrás de ella, y comenzó a golpearle la espalda.
- Pero hombre, ¡no hagas eso! - gritó La Selenita, dejándonos estupefactas.
Acto seguido se levantó y cogió a la chica por la cintura y le apretó el estómago, haciendo una de esas maniobras de primeros auxilios para que la gente pueda sacar los restos de comida. En cuestión de segundos, la nuez que había causado todo aquello salió disparada de la boca de la chica.

- Pero, ¿desde cuándo sabes hacer esto? - le preguntamos, intrigadísimas.
- Ah, es que un verano mi madre me obligó a hacer un cursillo de socorrismo. Era eso o trabajar.
- Ah... - eso ya nos parecía más propio de ella.
La Selenita se convirtió, durante unos minutos, en una superheroína a la que muchos clientes se acercaron a felicitar. Y la chica le agradeció como mil millones de veces a mi amiga que la hubiese salvado. Incluso pagó nuestra cuenta en un acto de generosidad. Creo que yo también debería tener una habilidad de estas, y pasearme por restaurantes de etiqueta hipercaros, a ver si alguien me invita a mí también.
 
Comentario:
Vaya... espero que si alguna vez me pasa algo así (cruzo los dedos para que no) haya alguien como tu amiga cerca...
Hay que echarle valor, yo creo que la mayoría nos quedaríamos paralizados del miedo/susto ante algo así.
Besotes!
 
Comentario:
Esta es la típica situación que te explican en prácticas de fisiología, y te piensas que nunca se va a dar... pero mira, resulta que sí que pasa. Lo que no sabía yo es que te podía llegar a servir para comer gratis, jejeje.
 
Comentario:
Nunca viene mal tener una amiga que conozca la maniobra heimlich, la verdad. Ah, bueno, sí, y lo ir por la cara a sitios también es interesante :D

Un abrazo!
No