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Vida y Miserias de VZ
escenas de una vida miserable en prácticas porciones individuales
Acerca de
Soy la cobarde heroina de una peli de serie B, perseguida hasta la tumba por muertos sin ojos y gigantescos tomates asesinos
Sindicación
 
Battle Royale (II)
Como ya venía anunciando, la reunión de vecinos se convirtió en un gran espectáculo, digno de ser exhibido en las mejores pantallas de cine, o casi. La casa del presidente de la comunidad se iba llenando poco a poco de gente. A mi lado se sentaron dos marujonas que no dejaron de cacarear en todo el rato y que nos obligaron a El Frágil y a mí a arrejuntarnos en el sofá (qué desgracia).

Llegó un momento en que éramos tantos que la gente ya no tenía donde sentarse. Muchos comenzaban a impacientarse, pero la mujer del presidente no dejaba de decir que tenía que haber un representante de cada piso para empezar la reunión. También se dedicó con bastante insistencia a ofrecer galletas a todo el mundo.

El representante del 4º 3ª, un ejecutivo agresivo al que no le emocionaban demasiado estas veladas, fue el último en hacer aparición.
- Hola, lo siento, acabo de llegar del trabajo. ¿Por dónde vamos?
- Aún no hemos empezado, tiene que haber un representante de cada piso para poder votar al nuevo presidente – indicó la anfitriona.
- Y, ¿tampoco habéis hablado de ningún otro punto de la orden del día?
- Hombre, es que de eso tiene que encargarse el nuevo presidente, y todavía no sabemos quién va a ser.
- Pero si todo el mundo va a votar a su marido… como si no lo supiéramos
- Nunca se sabe, además hay tres nuevos vecinos, igual ellos prefieren votar a otra persona. Y creo que todos deberíamos darles la bienvenida al edificio, para que se sientan integrados en nuestra comunidad.

La mujer me señaló y luego hizo lo propio con un hombre de unos treinta años y una mujer de veintitantos. Me sentí super culpable del retraso de la reunión, y creo que el ejecutivo agresivo me odia a muerte desde ese día. Yo me limité a decir “hola”, porque me daba miedo que alguien dijera: ¿y por esta gilipollas no podemos empezar la reunión? El Frágil, viendo mi cara de pánico, me pasó la mano por el brazo y me dijo flojito al oído: “tú no te preocupes, tú di que sí a todo y ya está”.

- Bueno y que, ¿vamos a poner TDT o no? -, preguntó el ejecutivo agresivo.
- Ya te he dicho que hasta que no votemos no se pasa al siguiente punto.
- Pues votemos ya, joder, que en mi casa me esperan para cenar.
- Ahora sale mi marido, que está en la ducha. ¿Quieres una galleta?
- Que me esperan para cenar, coño, ¿está sorda o qué? ¡Que no quiero sus putas galletas!
El ejecutivo agresivo apartó el plato de galletas que la mujer del presidente le ofrecía. O no controló bien su fuerza, o la mujer no sujetaba del todo bien el plato. El caso es que salió disparado por el comedor, se cayó al suelo, se rompió en mil pedazos y todas las galletas salieron volando. Una aterrizó a mi lado y, como tenía mucha hambre, me la comí.

La primera dama se echó a llorar, se fue corriendo a la cocina, y las marujonas que se sentaban a mi lado fueron en su ayuda. El resto de los vecinos comenzó a hablar en un tono de voz cada vez más alto. La mujer del presidente, que no dejaba de llorar, y las marujonas entraron de nuevo en el comedor y barrieron el suelo, obligando a los vecinos a arrinconarse en una esquinita.

Por fin salió el presidente de la ducha, y se encontró con un campo de batalla en su propio comedor.
- Pero, ¿qué ha pasado aquí?
- Este (dijo una de las marujonas señalando al ejecutivo agresivo) que es un bruto. Tu mujer hace con todo su cariño las galletas y él va y se las tiras al suelo.
- ¡Si ha roto hasta el plato! - , exclamó la otra marujona.
- A ver, a ver, vamos a calmarnos un poco eh? -, dijo el presidente.

Cuando ya parecía que íbamos a votar, una de las vecinas dijo que algo olía a quemado. “¡La cena!”, dijo la anfitriona, que aún tenía los ojos húmedos. “Ahora vuelvo”. Resultó que no era la cena lo que se quemaba, sino la cortina del comedor. Una vecina, que se había asustado cuando las galletas volaron por los aires, había tirado sin querer su cigarro. La mujer del presidente casi se desmaya. “¡Que me quedo sin casa, que se me quema todo, llamad a los bomberos, corre!”. Bastó con lanzar un par de jarras de agua, pero las cortinas no pudieron salvarse.



La gente se estaba poniendo más y más nerviosa.
- ¿Es que no vamos a empezar nunca?
- ¿Y con la TDT que va a pasar? ¿Ponemos o no?
- Eso lo decidirá el nuevo presidente, ¿o no te has enterado aún?
- Podríamos cambiar los toldos, que el mió está roto y da lástima.
- Pues yo no pienso cambiarlo, que el mió está bien.
- Pues ya cambiaré sólo el mío
- ¡Eso es anticonstitucional! El toldo es parte de la fachada y han de ser todos iguales.
- ¡Pues ya compraré tela que sea igual!
- ¡Si no va a haber! ¡Si esa tela tiene veinticinco años por lo menos!
- Calmaos, por favor, calmaos -, repetía el presidente, sin demasiado éxito.
- Pues hablemos de cosas útiles, joder. A ver, ¿para cuándo ponemos un ascensor?
- ¡Es anticonstitucional! - dijo la mujer que estaba en contra de los toldos nuevos y que, casualmente, vivía en el primero.
- ¡Pues súbeme tú la compra hasta el cuarto!
- ¡Pues no haber vivido en el cuarto! Tú ya sabías que este edificio no tenía ascensor.
- Eso, y si no, haz la compra con “el terné” -, dijo una de las marujonas de mi lado.
- Mira, ahora me tiene que decir cómo tengo que hacer yo la compra. Pero, ¿quién te piensas que eres? Claro, como tú vives en el primero, los demás te importan una mierda.
- Tú ya sabías que en este edificio no había ascensor, no haberte mudado.
- ¿Qué pasa? ¿Ahora me estás echando?

Aquella pelea entre gallinas se convirtió en una batalla campal oral. Cada vecino quería defender su posición y todos gritaban al unísono sobre si había que poner o no ascensor. Las marujonas no paraban de moverse, y me empujaban constantemente contra El Frágil, que me recogía a cada golpe y me tranquilizaba pasándome la mano por la pierna, produciéndome unos escalofríos la mar de excitantes. “Tú no te preocupes, si pasas desapercibida, nadie te hará ni te dirá nada”.

Al final pudimos, medianamente, resolver todos los puntos previstos:
- El presidente volvió a revalidar su cargo.
- Los vecinos nos dieron la bienvenida a los nuevos inquilinos.
- Íbamos a cambiar los toldos.
- Iban a poner, mas tarde que temprano, la TDT.
- Ni hablar de ascensor.

Subimos a casa agotados, pero por lo menos habíamos salido ilesos, lo que ya era bastante. El Frágil me acompañó hasta la puerta y nos despedimos. Faltó un beso apasionado, pero bueno, ya había vivido bastantes emociones ese día.
 
Comentario:
Vaya, yo quiero ir a tu próxima reunión... jejeje...
 
Comentario:
Hola. ¿De verdad ocurrió eso en la reunión? Yo hace mucho que no voy a eventos similares, que se hacen en el patio vecinal... eso sí, a las que he ido me lo he pasado muy bien con tanta reivindicación absurda jejeje
 
Comentario:
A mí no deja de sorprenderme la entereza del presidente, oye, le rompen los platos, le queman la casa, dejan a su mujer desquiciá perdida, y aún sigue intentando poner orden. La de reuniones que debe llevar a sus espaldas, ya...

Oye, ¿y cada cuanto decías que os reunís? :P
 
Comentario:
Para mi que los de Aquí no hay quien viva debieron estar en una reunión de vecinos similar para escribir los guiones...
Espero que no todas sean así porque sino lo mismo corres peligro :P
Besotes!
 
Comentario:
Qué aventuras! La verdad es que debió de ser todo bastante esperpéntico...

Un abrazo!
No