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Vida y Miserias de VZ
escenas de una vida miserable en prácticas porciones individuales
Acerca de
Soy la cobarde heroina de una peli de serie B, perseguida hasta la tumba por muertos sin ojos y gigantescos tomates asesinos
Sindicación
 
La extraña pareja (II)
Como iba diciendo, El Fibroso había salido raudo y veloz en busca de cervezas. Mientras, yo seguía en su sofá y, como hace cualquier persona normal en casa de un desconocido, comencé a fijarme en la decoración de la casa y las pertenencias de su inquilino, para así descubrir si era un psicópata desequilibrado, un fetichista de las pelis de serie B o un coleccionista de latas vacías de atún. Pronto descubrí que El Fibroso era realmente un friki fan de los gimnasios: tenía por lo menos tres revistas sobre musculitos y aparatos de entrenamiento en la mesita del comedor, aunque en una de las estanterías tenía una colección bastante completa. "Este tío no debe tener ni medio gramo de cerebro", pensé. No es que tenga yo demasiados prejuicios, pero joder, un tío tan obsesionado con su aspecto físico debe tener algún tipo de carencia, de modo que sólo cabían dos alternativas: o la tenía microscópica o era tonto perdido. Me decanté por la segunda opción porque me parecía la menos cruel, o igual no, no estoy muy segura.

Andaba yo entretenida reconstruyendo la vida de El Fibroso cuando de pronto, una puerta se abre. No era la de la entrada, sino la de una de las habitaciones. Rápidamente, me senté en el sofá, aunque creo que se notó bastante que estaba fisgando. Hice como que no estaba portándome como una maleducada y me giré para saludar. Y allí estaba. El coinquilino de El Fibroso, alias El Frágil. El prototipo de mi hombre ideal hecho realidad. Al menos, físicamente hablando. Enclenque, uno setenta y poco, piernas flacas pero fuertes, melena oscura, abundante pero graciosa, revuelta, cayéndole por unas mejillas casi transparentes. Y la guinda, unos ojos azul oscuro que casi hacen que me desmaye.

- Ah, hola.
- Ho, ho, hola... - dije, yo, aún recuperándome.
- ¿Has venido con...?
- Sí, sí, ha ido al super un momento...
- Ah, ya, ya...
No debía dejar que interpretase que era un ligue de El Fibroso, así que me apresuré en aclararle las cosas a El Frágil.
- Soy la nueva vecina, vivo aquí al lado, acabo de trasladarme...
- ¿Sí? Qué bien... ¿Y qué tal llevas los cinco pisos sin ascensor?
- Bueno, así ya no me sentiré tan culpable por no ir al gimnasio al que no pensaba apuntarme...
Le hice reír. Era una buena señal. Al menos, de que El Frágil era más inteligente que El Fibroso. O de que la tenía algo más grande que él. Con un poco de suerte, igual las dos cosas. En fin, no puedo evitar ser demasiado optimista a veces.

El Fibroso no tardó en aparecer, de modo que dejamos de hacer chistes sobre nuestra excelente forma física. Pasamos entonces a beber cerveza delante de la tele, y a contarnos un poco de dónde veníamos y adónde íbamos y si estábamos solos en el universo. Descubrí que El Fibroso y El Frágil llevaban viviendo juntos tres años, y, aunque tenían sus diferencias, habían conseguido no matarse el uno al otro en aquella caja de zapatos. Yo opté por no contarles todo, únicamente dije que me había venido a vivir aquí por trabajo. Nada de ex novios, nada de abandonos, nada de "soy una bruja caprichosa sin corazón". No iba a estropear un momento tan hiperfantástico.
 
Comentario:
hola no sabes lo divirtido q fue leer tus historias, estoy re concentrada cuando de repente lanzas un comentario de lo sincero venga con grocerias o no...muy a mi estilo jijiji debo confesar q el vivir sola se llega a volver abrumador!!! yo vivo sola en un depa de 3 dormitorios, una sala comedor cocina y hasta cuarto para la mucama!!!pero cambiria todo por vivir en tu cajita de zapatos para reir de tantas travesuras q nos da la vida!! fuerza con el blog!
 
Comentario:
Dicen que tres son multitud... pero deduzco que tu balanza se inclina más hacia El Frágil (lista que es una :P)
Ya estoy ansiosa por saber cómo continúa la historia xD
Besotes!
No