Encuentros en la tercera fase
Desde que mi novio y yo rompimos, hace algunos pocos meses, hemos pasado por distintas fases. Durante la primera fase, seguíamos viéndonos, seguíamos llamándonos y seguía dejando que se mostrara cariñoso conmigo de vez en cuando. Por aquel entonces no tenía demasiado claro lo que quería hacer con aquella historia, si tendría continuación o si se había terminado para siempre. Durante la segunda fase, comenzamos a alejarnos de una forma más que evidente. Pusimos unos cuantos kilómetros de por medio, dejamos de vernos (obviamente), y las llamadas cada vez eran menos frecuentes, hasta que un día desaparecieron por completo.
La tercera fase no sé exactamente cuándo empezó, y creo que tampoco me interesa demasiado saberlo. Básicamente, diré que mi ex tiene una nueva "amiga" y yo he tardado mil años en enterarme. ¿Por qué nadie me dijo nada? ¿por qué nadie me avisó? ¿tanto costaba? ¿tan imposible era salvar mi dignidad? Por lo visto, sí. Ahora van unos cuantos momentos ridículos que no me gustará recordar en el futuro: de ahí que los escriba y los airee públicamente, soy así de magnífica.
Empecemos por el principio. El sábado volví, otra vez, a mi querido y adorado pueblo natal a divertirme a lo grande en la despedida de soltera para mojigatas de mi prima. No es que yo sea un putón verbenero, pero no me escondo debajo de las mesas o me encierro en los baños para evitar que el stripper de turno haga un poco el tonto conmigo. Bueno, yo es que para entonces ya iba un poco borracha y estuve todo el rato con mi hermana y otra chica hablando y riéndonos de las demás. Fue divertido, aunque aún no he llegado a comprender por qué un grupo de personas contrata voluntariamente a un stripper si luego se comporta como si estuviera cumpliendo el voto de castidad o algo así. Un poco extraño, la verdad.
Bueno, el caso es que después de aquel bochornoso espectáculo salimos un rato por los bares de mi pueblo, donde nadie puede evitar ver y ser visto por todo el mundo. Ya había visto a mi ex antes de ir a la despedida, pero fue un encuentro breve en el que sólo nos dio tiempo a tener una conversación típica e incómoda.
- Ei, hola, qué tal?
- Bien, ¿y tú?
- Bien, bien
- Qué bien, me alegro
- Yo también
... el encuentro de la noche fue un poco peor que aquello. Un poco sólo.
Yo iba ya bastante borracha cuando bajamos a mi pueblo a "nada, a dar una vuelta por los bares". Y el viajecito en autobús desde el local de la despedida hasta el pueblo me dejó aún peor. Vamos, que tampoco hace falta ser un genio para deducir cuáles fueron las consecuencias. Entramos en un bar y bueno, yo me senté en la barra porque mi cuerpo no estaba para demasiados trotes, aunque yo no quería admitirlo todavía. Como mi timidez se había ido a pasear por ahí con mi sentido del equilibrio, me puse a hablar con una chica muy simpática que había allí.
Sí, por supuesto: era la nueva "amiga" de mi ex. ¿Por qué, a ver por qué? Ya me pásó hace relativamente poco algo parecido, debería tener alguna especie de inmunidad hasta dentro de X tiempo, ¿no? En fin, estoy abocada inevitablemente al ridículo. Lo que pasó es fácil de imaginar. Vino mi ex, que estaba en el baño, y yo casi me muero. Nos presentó y todo, y su nueva "amiga" bueno, no quiero ni pensar en lo que se le pasó en aquel momento por la cabeza. No me aguantaba de pie, no vocalizaba, decía estupideces y, la guinda de ese fantástico pastel no tardó en llegar. Le vomité en los pies a la nueva "amiga" de mi ex.
Por suerte o por desgracia, no tengo demasiados recuerdos de esa noche y en mi interior todavía conservo algo de autoestima, pero joder, a este paso voy a tener que dejar de beber y todo. Diré en mi defensa que la despedida requería llevar algo de alcohol en las venas para que se hiciera soportable y que todo el mundo lo hacía. En fin, por lo menos mi hermana, la chica que estuvo riéndose con nosotras y yo nos libramos de llevar diademas con penes: después de que se cayeran accidentalmente (los tres) en los contenedores higiénicos de "cosas de mujeres" de los baños del local de la despedida, quedaron un poco inutilizables.
La tercera fase no sé exactamente cuándo empezó, y creo que tampoco me interesa demasiado saberlo. Básicamente, diré que mi ex tiene una nueva "amiga" y yo he tardado mil años en enterarme. ¿Por qué nadie me dijo nada? ¿por qué nadie me avisó? ¿tanto costaba? ¿tan imposible era salvar mi dignidad? Por lo visto, sí. Ahora van unos cuantos momentos ridículos que no me gustará recordar en el futuro: de ahí que los escriba y los airee públicamente, soy así de magnífica.
Empecemos por el principio. El sábado volví, otra vez, a mi querido y adorado pueblo natal a divertirme a lo grande en la despedida de soltera para mojigatas de mi prima. No es que yo sea un putón verbenero, pero no me escondo debajo de las mesas o me encierro en los baños para evitar que el stripper de turno haga un poco el tonto conmigo. Bueno, yo es que para entonces ya iba un poco borracha y estuve todo el rato con mi hermana y otra chica hablando y riéndonos de las demás. Fue divertido, aunque aún no he llegado a comprender por qué un grupo de personas contrata voluntariamente a un stripper si luego se comporta como si estuviera cumpliendo el voto de castidad o algo así. Un poco extraño, la verdad.
Bueno, el caso es que después de aquel bochornoso espectáculo salimos un rato por los bares de mi pueblo, donde nadie puede evitar ver y ser visto por todo el mundo. Ya había visto a mi ex antes de ir a la despedida, pero fue un encuentro breve en el que sólo nos dio tiempo a tener una conversación típica e incómoda.
- Ei, hola, qué tal?
- Bien, ¿y tú?
- Bien, bien
- Qué bien, me alegro
- Yo también
... el encuentro de la noche fue un poco peor que aquello. Un poco sólo.
Yo iba ya bastante borracha cuando bajamos a mi pueblo a "nada, a dar una vuelta por los bares". Y el viajecito en autobús desde el local de la despedida hasta el pueblo me dejó aún peor. Vamos, que tampoco hace falta ser un genio para deducir cuáles fueron las consecuencias. Entramos en un bar y bueno, yo me senté en la barra porque mi cuerpo no estaba para demasiados trotes, aunque yo no quería admitirlo todavía. Como mi timidez se había ido a pasear por ahí con mi sentido del equilibrio, me puse a hablar con una chica muy simpática que había allí.
Sí, por supuesto: era la nueva "amiga" de mi ex. ¿Por qué, a ver por qué? Ya me pásó hace relativamente poco algo parecido, debería tener alguna especie de inmunidad hasta dentro de X tiempo, ¿no? En fin, estoy abocada inevitablemente al ridículo. Lo que pasó es fácil de imaginar. Vino mi ex, que estaba en el baño, y yo casi me muero. Nos presentó y todo, y su nueva "amiga" bueno, no quiero ni pensar en lo que se le pasó en aquel momento por la cabeza. No me aguantaba de pie, no vocalizaba, decía estupideces y, la guinda de ese fantástico pastel no tardó en llegar. Le vomité en los pies a la nueva "amiga" de mi ex.
Por suerte o por desgracia, no tengo demasiados recuerdos de esa noche y en mi interior todavía conservo algo de autoestima, pero joder, a este paso voy a tener que dejar de beber y todo. Diré en mi defensa que la despedida requería llevar algo de alcohol en las venas para que se hiciera soportable y que todo el mundo lo hacía. En fin, por lo menos mi hermana, la chica que estuvo riéndose con nosotras y yo nos libramos de llevar diademas con penes: después de que se cayeran accidentalmente (los tres) en los contenedores higiénicos de "cosas de mujeres" de los baños del local de la despedida, quedaron un poco inutilizables.
Comentario:
Vaya vacaciones que están tomando, ¿eh? Que las disfrutes.
Un saludo.
Un saludo.





