La ventana indiscreta
Soy consciente de que quejarse del calor que hace no sirve para nada. Aunque todo el mundo se quejara, aunque toda la gente se dedicara a recoger firmas o a hacer campañas en contra de la subida de las temperaturas no podría acabarse con el calor infernal, con el sol torturador y, en definitiva, con esta bonita estación llamada verano. Pero como a mí eso me da igual, como a mí no me importa quejarme a cambio de nada - se me da bastante bien hacerlo, además - lo voy a hacer de todas formas. Y es que odio el calor, odio el verano, y, sobre todo, odio arder en el infierno de mi caja de zapatos sin aire acondicionado.
Una buena idea para hacer frente a esta dramática situación es visitar a los vecinos. Ellos tampoco tienen aire acondicionado, pero sí un aparato que no sé cómo se llama que he visto anunciar en Teletienda unas cuantas veces y que purifica el aire, elimina las bacterias ¿o esto me lo he inventado? y da fresquito, que es lo que importa. Sobre todo porque mis métodos anticalor son lo peor. Van desde los ventiladores de puta mierda, echarme agua por encima periódicamente, restregarme por el suelo - que está más o menos frío - o echar mano de las bolsas de judías congeldas. Esta claro cuál es la mejor alternativa, que además me ofrece la oportunidad de recrearme la vista, lo cual, dadas las circusntancias, es mejor que nada.
Desde que El Frágil me contara lo de su futura ex novia, he ido un par de veces a visitar a mis vecinitos. El Frágil no ha vuelto a hablarme de ella, y como aún no la he visto, ni la he olido, ni la he tocado, ni la he oído, ni le he pegado un buen mordisco para saber a qué sabe, a veces pienso que ni siquiera existe, o que es tan sólo una leyenda urbana. Es mi optimismo desesperado, un deficiente mecanismo de defensa que venía de serie cuando me fabricaron. He estado pensando un poco en todo esto y he llegado a la conclusión de que lo mejor que puedo hacer es seguir presentándome en su casa como si nada, sobre todo porque sino podría sospechar algo, y eso sería una total humillación.
Por desgracia, mis visitas no puede prolongarse eternamente, por lo que debo regresar a mi ardiente guarida al menos para dormir, un momento que se ha convertido en crítico desde hace unos cuantos días. Y es que me molestan las sábanas, pero no me gusta dormir destapada, de modo que me aso viva. Pero como no es plan dormir abrazada a una bolsa de nuggets de pollo congelados, ni de dormir en el suelo, uno de estos calurosos días, el lunes para ser exactos, tuve la gran idea de abrir la ventana. Se estaba mucho más fesquito sí, pero aún así tardé bastante en dormirme.
Y es que en el edificio de enfrente viven un par de sadmasoquistas amateur. O eso, o las pelis porno que ven son de pésima calidad. Por suerte o por desgracia, como viven en una planta que queda algo más elevada que la mía, tan sólo podía escuchar lo que decían y tenía que imaginarme el resto. No es que quisiera, pero no podía hacer otra cosa. El caso es que me morí de asco un buen rato, aunque algunas cosas era bastante graciosas. Como no tenía nada mejor que hacer - qué más da ir a trabajar habiendo dormido sólo cinco horas -, me las apunté en un papel y todo. Ahí van algunas perlas:
Mujer: "¿Y tú te haces llamar hombre? Hasta el canario de mi abuela es más hombre que tú. Azótame, ¿a qué esperas? ¿tienes miedo o qué? ¿has pasado de ser un canario a ser una gallina?" Entonces se pone a cacarear pero en plan gemido, muy muy extraño... Luego se oía cómo el hombre le pegaba, y ella seguía haciendo que era una gallina.
Hombre: "Cerda, que eres una cerda, y encima desagradecida. Me estás obligando a castigarte, putón que eres un putón". Entonces se oía como una fusta o un látigo o algo y la mujer gruñía, como si fuese un cerdo.
Supongo que deben ser granjeros o trabajan en una tienda de mascotas o son veterinarios, porque todo el rato decían cosas parecidas. Tengo que reconocer que fue bastante divertido, pero al día siguiente me moría de sueño. Nada más salir del trabajo, fui a comprarme un arsenal de tapones.
Una buena idea para hacer frente a esta dramática situación es visitar a los vecinos. Ellos tampoco tienen aire acondicionado, pero sí un aparato que no sé cómo se llama que he visto anunciar en Teletienda unas cuantas veces y que purifica el aire, elimina las bacterias ¿o esto me lo he inventado? y da fresquito, que es lo que importa. Sobre todo porque mis métodos anticalor son lo peor. Van desde los ventiladores de puta mierda, echarme agua por encima periódicamente, restregarme por el suelo - que está más o menos frío - o echar mano de las bolsas de judías congeldas. Esta claro cuál es la mejor alternativa, que además me ofrece la oportunidad de recrearme la vista, lo cual, dadas las circusntancias, es mejor que nada.
Desde que El Frágil me contara lo de su futura ex novia, he ido un par de veces a visitar a mis vecinitos. El Frágil no ha vuelto a hablarme de ella, y como aún no la he visto, ni la he olido, ni la he tocado, ni la he oído, ni le he pegado un buen mordisco para saber a qué sabe, a veces pienso que ni siquiera existe, o que es tan sólo una leyenda urbana. Es mi optimismo desesperado, un deficiente mecanismo de defensa que venía de serie cuando me fabricaron. He estado pensando un poco en todo esto y he llegado a la conclusión de que lo mejor que puedo hacer es seguir presentándome en su casa como si nada, sobre todo porque sino podría sospechar algo, y eso sería una total humillación.
Por desgracia, mis visitas no puede prolongarse eternamente, por lo que debo regresar a mi ardiente guarida al menos para dormir, un momento que se ha convertido en crítico desde hace unos cuantos días. Y es que me molestan las sábanas, pero no me gusta dormir destapada, de modo que me aso viva. Pero como no es plan dormir abrazada a una bolsa de nuggets de pollo congelados, ni de dormir en el suelo, uno de estos calurosos días, el lunes para ser exactos, tuve la gran idea de abrir la ventana. Se estaba mucho más fesquito sí, pero aún así tardé bastante en dormirme.
Y es que en el edificio de enfrente viven un par de sadmasoquistas amateur. O eso, o las pelis porno que ven son de pésima calidad. Por suerte o por desgracia, como viven en una planta que queda algo más elevada que la mía, tan sólo podía escuchar lo que decían y tenía que imaginarme el resto. No es que quisiera, pero no podía hacer otra cosa. El caso es que me morí de asco un buen rato, aunque algunas cosas era bastante graciosas. Como no tenía nada mejor que hacer - qué más da ir a trabajar habiendo dormido sólo cinco horas -, me las apunté en un papel y todo. Ahí van algunas perlas:
Mujer: "¿Y tú te haces llamar hombre? Hasta el canario de mi abuela es más hombre que tú. Azótame, ¿a qué esperas? ¿tienes miedo o qué? ¿has pasado de ser un canario a ser una gallina?" Entonces se pone a cacarear pero en plan gemido, muy muy extraño... Luego se oía cómo el hombre le pegaba, y ella seguía haciendo que era una gallina.
Hombre: "Cerda, que eres una cerda, y encima desagradecida. Me estás obligando a castigarte, putón que eres un putón". Entonces se oía como una fusta o un látigo o algo y la mujer gruñía, como si fuese un cerdo.
Supongo que deben ser granjeros o trabajan en una tienda de mascotas o son veterinarios, porque todo el rato decían cosas parecidas. Tengo que reconocer que fue bastante divertido, pero al día siguiente me moría de sueño. Nada más salir del trabajo, fui a comprarme un arsenal de tapones.
Comentario:
Jajajaja... Unas horas antes, en el edificio de enfrente...
- Cari, mira, he pensao que hoy podríamos probar algo nuevo.
- No sé, no me veo yo haciendo esto...
Hay que ver lo que tienes que aguantar (a parte del calor...)
- Cari, mira, he pensao que hoy podríamos probar algo nuevo.
- No sé, no me veo yo haciendo esto...
Hay que ver lo que tienes que aguantar (a parte del calor...)





