The Rocky horror picture show
Ya comenté cuando recibí la feliz noticia que debería sacrificar uno de mis apreciados sábados veraniegos en acudir a la boda de mi querida prima con un estupendo y maravilloso hombre al que a día de hoy aún no he puesto cara. También dije algo de comprarme un vestido para la ocasión. Y como no pensaba gastarme un dineral en un vestido que seguramente no voy a ponerme demasiadas veces, decidí esperar a las rebajas. Rebajas que, además de permitirme comprar un vestido más que decente, me alegraron (y mucho) la tarde del sábado.
Tengo que decir que no me gusta demasiado ir sola a comprar ropa. Prefiero contar con una segunda opinión (como mínimo), con alguien dispuesto a decirme cuando algo me sienta bien y cuando algo me queda como el culo. Para ello, nada mejor que Hellgirl, que, por suerte para mí y para el resto de la humanidad, el sábado había tenido que dejar su Marbella en el mecánico (qué grandísima sorpresa).
La verdad es que no tardé demasiado en encontrar un vestido que me gustara. Yo es que soy de ideas fijas y si me gusta algo, me lo compro y punto, no me dedico a recorrerme las mil tiendas que me encuentre por el camino en busca de algo mejor. Esto me hace pensar: ¿soy de ideas fijas o una vaga redomada? Nunca lo sabremos...
El caso es que entramos en la tienda número uno. Los vestidos eran una basura. Flores, topos, lazos, volantes y poca cosa (fea) más. Por suerte, la dependienta no tenía demasiadas ganas de trabajar y sólo se nos quedó mirando al entrar y al salir. Ni "buenas tardes" ni "¿puedo ayudaros?" ni "¿os saco algo?". De las que me gustan, vaya. Y no lo digo irónicamente, que conste. No me gusta tener encima a alguien tratando de convencerme de que me lleve a casa algo que me haga sentir vergüenza propia.
Así era precisamente la encargada de la tienda número dos. Se notaba a tres leguas su vocación de endosa-cualquier-cosa hasta el punto de hacerme sentir casi culpable por no llevarme un vestido de flores "muy mono".
- Es que no me gustan con flores
- Pues últimamente nos llegan muchos
- Es que no me gustan
- Pues ahora mucha gente se los lleva así
- Es que no me gustan
"A ver, bonita, es tu problema que te lleguen demasiados vestidos de flores y que no sepas por dónde metértelos, no mío", quería decirle, pero soy una señorita y una señorita no hace esas cosas.
Después de salir de la tienda número dos, Hellgirl percibió mi ofuscación y decidió que ya era hora de olvidarnos del tema elegir vestido por un rato. Así que entramos en la tienda más horrible que vimos y empezamos a probarnos los vestidos más horrendos que encontramos. Era difícil contener la risa, pero debíamos hacerlo, al menos, cuando se nos acercaba la dependienta, que al final ya nos ponía mala cara (supongo que se daría cuenta de nuestras intenciones). Me lo pasé bien allí dentro, aunque había una mujer que también se estaba probando vestidos y que nos miraba como pensando "¿insinuáis que en esta tienda los vestidos no son bonitos?".
Salimos de la tienda de los horrores y en la tienda siguiente encontré a mi futuro acompañante. Negro, liso, simple, elegante y perfecto. "Pero si así ya tienes unos cuantos", me dijo mi madre cuando se lo expliqué. "Claro, porque soy una vaga red... de ideas fijas, mamá, de ideas fijas".
Cambiando de tema: ayer soñé que estaba en casa de mi abuela paterna y estaban una amiga mía y su novio haciéndolo brutalmente en una de las habitaciones. La puerta estaba entreabierta y yo les espiaba disimuladamente: parecía que se estuvieran peleando, era algo raro. No me parecía bien mirar (obviamente) pero quería averiguar qué estaba sucediendo (además, estaba en casa de MI abuela, y hago lo que me da la gana). Al final no me quedaba demasiado claro qué estaba pasando, pero bueno. El caso es que hoy me llama mi amiga y me dice que ha cortado con su novio. Me he quedado como pensando "claro, todo encaja ahora". Y ahora me pregunto: ¿tendré poderes somnoadivinatorios? ¿puedo utilizarlos para lucrarme? Si resulta que me pillan por estafa, ¿puedo pagar la fianza de la cárcel con el dinero que haya ganado?
Tengo que decir que no me gusta demasiado ir sola a comprar ropa. Prefiero contar con una segunda opinión (como mínimo), con alguien dispuesto a decirme cuando algo me sienta bien y cuando algo me queda como el culo. Para ello, nada mejor que Hellgirl, que, por suerte para mí y para el resto de la humanidad, el sábado había tenido que dejar su Marbella en el mecánico (qué grandísima sorpresa).
La verdad es que no tardé demasiado en encontrar un vestido que me gustara. Yo es que soy de ideas fijas y si me gusta algo, me lo compro y punto, no me dedico a recorrerme las mil tiendas que me encuentre por el camino en busca de algo mejor. Esto me hace pensar: ¿soy de ideas fijas o una vaga redomada? Nunca lo sabremos...
El caso es que entramos en la tienda número uno. Los vestidos eran una basura. Flores, topos, lazos, volantes y poca cosa (fea) más. Por suerte, la dependienta no tenía demasiadas ganas de trabajar y sólo se nos quedó mirando al entrar y al salir. Ni "buenas tardes" ni "¿puedo ayudaros?" ni "¿os saco algo?". De las que me gustan, vaya. Y no lo digo irónicamente, que conste. No me gusta tener encima a alguien tratando de convencerme de que me lleve a casa algo que me haga sentir vergüenza propia.
Así era precisamente la encargada de la tienda número dos. Se notaba a tres leguas su vocación de endosa-cualquier-cosa hasta el punto de hacerme sentir casi culpable por no llevarme un vestido de flores "muy mono".
- Es que no me gustan con flores
- Pues últimamente nos llegan muchos
- Es que no me gustan
- Pues ahora mucha gente se los lleva así
- Es que no me gustan
"A ver, bonita, es tu problema que te lleguen demasiados vestidos de flores y que no sepas por dónde metértelos, no mío", quería decirle, pero soy una señorita y una señorita no hace esas cosas.
Después de salir de la tienda número dos, Hellgirl percibió mi ofuscación y decidió que ya era hora de olvidarnos del tema elegir vestido por un rato. Así que entramos en la tienda más horrible que vimos y empezamos a probarnos los vestidos más horrendos que encontramos. Era difícil contener la risa, pero debíamos hacerlo, al menos, cuando se nos acercaba la dependienta, que al final ya nos ponía mala cara (supongo que se daría cuenta de nuestras intenciones). Me lo pasé bien allí dentro, aunque había una mujer que también se estaba probando vestidos y que nos miraba como pensando "¿insinuáis que en esta tienda los vestidos no son bonitos?".
Salimos de la tienda de los horrores y en la tienda siguiente encontré a mi futuro acompañante. Negro, liso, simple, elegante y perfecto. "Pero si así ya tienes unos cuantos", me dijo mi madre cuando se lo expliqué. "Claro, porque soy una vaga red... de ideas fijas, mamá, de ideas fijas".
Cambiando de tema: ayer soñé que estaba en casa de mi abuela paterna y estaban una amiga mía y su novio haciéndolo brutalmente en una de las habitaciones. La puerta estaba entreabierta y yo les espiaba disimuladamente: parecía que se estuvieran peleando, era algo raro. No me parecía bien mirar (obviamente) pero quería averiguar qué estaba sucediendo (además, estaba en casa de MI abuela, y hago lo que me da la gana). Al final no me quedaba demasiado claro qué estaba pasando, pero bueno. El caso es que hoy me llama mi amiga y me dice que ha cortado con su novio. Me he quedado como pensando "claro, todo encaja ahora". Y ahora me pregunto: ¿tendré poderes somnoadivinatorios? ¿puedo utilizarlos para lucrarme? Si resulta que me pillan por estafa, ¿puedo pagar la fianza de la cárcel con el dinero que haya ganado?
Granujas de medio pelo
Como ya anuncié, tras recuperarme de las fiebres lagartijeras y volver de nuevo al trabajo, había llegado el momento de la venganza. El Rat Pack me comunicó que, durante mi ausencia, La Lagartija había hablado bastante mal de mí. El martes, cuando volvió al trabajo después de haber estado enfermo unos días (que debieron ser como estar en el infierno para él) preguntó por mí. Cuando le dijeron que estaba enferma, puso mala cara. Y el jueves, viendo que todavía no había vuelto, dijo algo así como "¿qué le pasa? ¿se está muriendo o qué?". Me hubiese quedado bastante a gusto si hubiera podido decirle a la cara algo así como "pues tú sabrás lo que me has pegado, sabandija de mierda" . Mucho mejor si al mismo tiempo le estuviese partiendo los miembros con un potro. O matándole a cuchilladas, la forma es lo de menos.
El caso es que, comprensiblemente, mi ira homicida iba en aumento. Pero me reconfortó bastante saber que el Rat Pack había ideado ya un meticuloso plan de venganza. Tal vez La Lagartija había atentado contra mi salud, o había herido nuestro orgullo en numerosas ocasiones, o había tratado de despojarnos de nuestra dignidad (bueno, igual no tanto, pero es que le odiamos mucho), pero nosotros le arrebataríamos algo mucho más importante: su estúpido y sucio dinero.
No sé cómo exactamente el Rat Pack había conseguido convencer a La Lagartija para jugar a una partida de póquer el sábado por la noche. "Es que durante estos días nos hemos hecho muy amigos", fue la única explicación que recibí. Nuestro objetivo era, por lo tanto, desplumarle en la susodicha partida. Para ello, era necesaria una elaborada estrategia llena de teatreras actuaciones y alguna que otra trampa. Dean y yo teníamos como cometido hacer que se confiara, que creyera que podía ganarnos. De modo que el viernes, mientras hablábamos con él del tema, fuimos soltando algunos oportunos comentarios:
- Pero, ¿apostando? Joder, es que yo soy malísima...
- Últimamente he mejorado bastante, hace dos semanas casi les gano, y casi no iban borrachos ni nada... - esto lo decía Dean.
El plan estaba saliendo a la perfección. La Lagartija y su espíritu competitivo estaban ya regodeándose en su triunfo. Pobre iluso.
El sábado quedamos todos en casa de Sammy. Llegamos todos (todos menos La Lagartija, por supuesto) un poco antes, para ultimar los detalles y cerciorarnos de que en el plan no cabía lugar para las equivocaciones. La Lagartija llegó bastante puntual a la cita, de modo que rápidamente nos colocamos sentados en las posiciones estratégicas. Dean y yo fingíamos que no nos enterábamos demasiado de qué iba aquello, apostábamos bastante cuando íbamos a perder seguro y viceversa. A La Lagartija le brillaban los ojos. Parecía un niño en navidad. No, parecía él mismo el lunes a primera hora de la mañana, ansioso e ilusionado por empezar un nuevo día después de un largo e insoportable fin de semana.

Habíamos acordado hacer una pequeña pausa de seguridad por si el plan fallaba y debíamos cambiar la estrategia. Pero el plan no sólo estaba saliendo bien, sino que La Lagartija no se estaba enterando de la maléfica estratagema de la cual era víctima. Esto se confirmó cuando, en un momento del pequeño descanso que nos tomamos, se dirigió a mí con bastante secretismo fingiendo que quería decirme nosequé del trabajo (hasta para las excusas tiene que utilizar ese tema, es tan triste).
- ¿Quieres ganar esta partida?
- Pues claro - le dije.
- Yo sé cómo ganar esta partida, pero necesito que me ayudes
- Continúa.
La verdad es que me dejó bastante sorprendida, pues no pensaba que pudiera ser trepa incluso en una amistosa partida de cartas. Pero supongo que su voz interior le había impulsado a hacerse con la victoria a cualquier precio y, viendo que los únicos que representaban un peligro eran Sammy y Frankie, decidió aliarse con el rival más débil, porque como todo el mundo sabe, las mujeres son bastante estúpidas y fácilmente manipulables. En efecto, este peculiar personaje es además un machista redomado, lo que lo convierte en una joya de hombre.
Acordamos que cuando tuviésemos buenas cartas, lo indicaríamos rascándonos la ceja izquierda y cuando las tuviésemos malas, cambiándonoslas de mano. Luego, actuaríamos en consecuencia. Y así lo hice. Cuando, todavía en la pequeña pausa de seguriad, oí que cerraba la puerta del cuarto de baño, fui corriendo a contárselo a los demás y acordamos unas nuevas señas para indicar cómo eran las cartas de La Lagartija en cada jugada. Cuando nuestra pobre víctima estuvo lista, continuamos con la partida.
Tengo que decir que el resultado fue bastante satisfactorio. Yo "me arruiné" fingiendo entender mal las señas de La Lagartija o interpretando mal mis cartas, provocando una desesperación en "mi cómplice" que le era imposible disimular. Al terminar el juego me disculpé, aludiendo a mi inexperiencia y a mi estupidez innata. Él dijo que no pasaba nada, que el póquer es cuestión de suerte y que "a veces ganas y a veces no puedes ganar, hay cosas que no puedes controlar por tí mismo". "Bueno, aunque igual entre cuatro las cosas son más fáciles de controlar", pensé yo.
Esta mañana, medio a escondidas, nos hemos repartido el dinero de La Lagartija con el que se quedaron Sammy y Frankie , los ganadores oficiales de la partida, y Dean y yo recuperamos las inversiones que debimos sacrificar para la causa. Cuando nuestro querido compañero ha entrado por la puerta, hemos esbozado la mejor de nuestras sonrisas y le hemos dedicado nuestro mejor saludo. No sé por qué, se ha limitado simplemente a levantar un poco la barbilla. Ni siquiera le brillaban los ojos de felicidad, y eso que era lunes por la mañana.
El caso es que, comprensiblemente, mi ira homicida iba en aumento. Pero me reconfortó bastante saber que el Rat Pack había ideado ya un meticuloso plan de venganza. Tal vez La Lagartija había atentado contra mi salud, o había herido nuestro orgullo en numerosas ocasiones, o había tratado de despojarnos de nuestra dignidad (bueno, igual no tanto, pero es que le odiamos mucho), pero nosotros le arrebataríamos algo mucho más importante: su estúpido y sucio dinero.
No sé cómo exactamente el Rat Pack había conseguido convencer a La Lagartija para jugar a una partida de póquer el sábado por la noche. "Es que durante estos días nos hemos hecho muy amigos", fue la única explicación que recibí. Nuestro objetivo era, por lo tanto, desplumarle en la susodicha partida. Para ello, era necesaria una elaborada estrategia llena de teatreras actuaciones y alguna que otra trampa. Dean y yo teníamos como cometido hacer que se confiara, que creyera que podía ganarnos. De modo que el viernes, mientras hablábamos con él del tema, fuimos soltando algunos oportunos comentarios:
- Pero, ¿apostando? Joder, es que yo soy malísima...
- Últimamente he mejorado bastante, hace dos semanas casi les gano, y casi no iban borrachos ni nada... - esto lo decía Dean.
El plan estaba saliendo a la perfección. La Lagartija y su espíritu competitivo estaban ya regodeándose en su triunfo. Pobre iluso.
El sábado quedamos todos en casa de Sammy. Llegamos todos (todos menos La Lagartija, por supuesto) un poco antes, para ultimar los detalles y cerciorarnos de que en el plan no cabía lugar para las equivocaciones. La Lagartija llegó bastante puntual a la cita, de modo que rápidamente nos colocamos sentados en las posiciones estratégicas. Dean y yo fingíamos que no nos enterábamos demasiado de qué iba aquello, apostábamos bastante cuando íbamos a perder seguro y viceversa. A La Lagartija le brillaban los ojos. Parecía un niño en navidad. No, parecía él mismo el lunes a primera hora de la mañana, ansioso e ilusionado por empezar un nuevo día después de un largo e insoportable fin de semana.

Habíamos acordado hacer una pequeña pausa de seguridad por si el plan fallaba y debíamos cambiar la estrategia. Pero el plan no sólo estaba saliendo bien, sino que La Lagartija no se estaba enterando de la maléfica estratagema de la cual era víctima. Esto se confirmó cuando, en un momento del pequeño descanso que nos tomamos, se dirigió a mí con bastante secretismo fingiendo que quería decirme nosequé del trabajo (hasta para las excusas tiene que utilizar ese tema, es tan triste).
- ¿Quieres ganar esta partida?
- Pues claro - le dije.
- Yo sé cómo ganar esta partida, pero necesito que me ayudes
- Continúa.
La verdad es que me dejó bastante sorprendida, pues no pensaba que pudiera ser trepa incluso en una amistosa partida de cartas. Pero supongo que su voz interior le había impulsado a hacerse con la victoria a cualquier precio y, viendo que los únicos que representaban un peligro eran Sammy y Frankie, decidió aliarse con el rival más débil, porque como todo el mundo sabe, las mujeres son bastante estúpidas y fácilmente manipulables. En efecto, este peculiar personaje es además un machista redomado, lo que lo convierte en una joya de hombre.
Acordamos que cuando tuviésemos buenas cartas, lo indicaríamos rascándonos la ceja izquierda y cuando las tuviésemos malas, cambiándonoslas de mano. Luego, actuaríamos en consecuencia. Y así lo hice. Cuando, todavía en la pequeña pausa de seguriad, oí que cerraba la puerta del cuarto de baño, fui corriendo a contárselo a los demás y acordamos unas nuevas señas para indicar cómo eran las cartas de La Lagartija en cada jugada. Cuando nuestra pobre víctima estuvo lista, continuamos con la partida.
Tengo que decir que el resultado fue bastante satisfactorio. Yo "me arruiné" fingiendo entender mal las señas de La Lagartija o interpretando mal mis cartas, provocando una desesperación en "mi cómplice" que le era imposible disimular. Al terminar el juego me disculpé, aludiendo a mi inexperiencia y a mi estupidez innata. Él dijo que no pasaba nada, que el póquer es cuestión de suerte y que "a veces ganas y a veces no puedes ganar, hay cosas que no puedes controlar por tí mismo". "Bueno, aunque igual entre cuatro las cosas son más fáciles de controlar", pensé yo.
Esta mañana, medio a escondidas, nos hemos repartido el dinero de La Lagartija con el que se quedaron Sammy y Frankie , los ganadores oficiales de la partida, y Dean y yo recuperamos las inversiones que debimos sacrificar para la causa. Cuando nuestro querido compañero ha entrado por la puerta, hemos esbozado la mejor de nuestras sonrisas y le hemos dedicado nuestro mejor saludo. No sé por qué, se ha limitado simplemente a levantar un poco la barbilla. Ni siquiera le brillaban los ojos de felicidad, y eso que era lunes por la mañana.
El dragón rojo
Tengo dos opciones para empezar a explicar por qué no he escrito nada aquí desde la semana pasada. La primera es decir simplemente que he estado enferma. La segunda es empezar a criticar a La Lagartija, un ser bastante indeseable al que tengo la oportunidad de ver cada día en el trabajo. Creo que empezaré por la segunda opción, que me parece más divertida (no es que me guste criticar sin más a la gente, eh?, que conste).
Resulta que en mi trabajo hay un tío que no puede ser más trepa porque es físicamente imposible. No es un trepa sin más, de esos a los que odian todos los empleados. No, él es un trepa total, un trepa tan trepa, tan horrible y tan insoportable que hasta los jefazos le odian. Según me han informado, lleva poco más de un año trabajando donde yo trabajo, pero ha conseguido llevarse mal con casi todo el mundo. Digo casi porque, aunque toda la gente con la que he hablado le odia, no he hablado con todo el personal y decir que todo el mundo le odia sería fallar a la verdad.
Pues bien, La Lagartija, bautizada así no sólo por la grima que da, sino por lo trepa que es (por si no había quedado claro) y porque es capaz de venir a trabajar aunque le falte una pierna o media cabeza, es ahora más insoportable que nunca. ¿Por qué? Pues porque ahora en el trabajo sólo está el personal imprescindible y los panolis recién llegados, de modo que él se dedica a jugar a ser superior y a comportarse como si tuviera algún tipo de autoridad sobre los demás, despertando cada vez más odio entre nosotros.
El martes de la semana pasada nos dimos cuenta de que estaba más pálido de lo normal, pero no le dimos importancia. El miércoles le oímos estornudar todo el día, pero nadie le prestó un mínimo de atención ni dijo "jesús" o "salud" o "¿estás resfriado?". El jueves tenía ojeras, estornudaba, tosía y estaba más blanco que el papel. Llegamos a la conclusión de que sería mejor preocuparnos por su salud, hacer que se largara unos cuantos días a casa y que nos dejara en paz. Nos costó un poco convencerle, pues ya he comentado antes que La Lagartija sería capaz de dejarse morir en el trabajo antes de quedarse en la cama. Pero no le quedaba más remedio, así que, sintiéndolo mucho, tuvimos que prescindir de él.
Sin embargo, aunque La Lagartija no pudiera estar físicamente presente, nos dejó sus virus para que le recordáramos un poco. Yo noté el viernes que me sentía un poco mal, pero creía que era un pequeño resfriado por todo este asunto del aire acondicionado en el trabajo, el calor en la calle y la temperatura más o menos decente de mi morada. El sábado la situación empeoró porque salí por la noche y por querer ser un poco valiente me congelé, con lo que el domingo me sentía aún peor. Y el lunes directamente llamé al trabajo nada más despertarme porque tenía cuarenta y dos grados de fiebre.
Todo por culpa de La Lagartija. Sí, he estado cuatro días sin ir a trabajar, pero han sido cuatro días horribles. Sí, mis amigas han venido a visitarme, pero han sido cuatro días horribles. Sí, he disfrutado de la compañía de mis queridos vecinitos, que han tenido la bondad de hacerme la cena y de cenar conmigo todas las noches, pero han sido cuatro días horribles. No he podido apenas moverme de la cama y, tumbada todo el día y durmiendo he soñado cosas horribles. El sueño más recurrente, el del dragón rojo. Un lagarto gigante me perseguía y yo trataba de escaparme de él, corría todo lo que podía pero no conseguía esquivarle. Luego me encontraba con una mujer, le pedía ayuda y me decía: "ayudarte sería jugar a ser Dios, ir contra la naturaleza". Yo le explicaba que no quería morir pero ella se empeñaba en que lo que era designio divino tenía que cumplirse.
Otra versión del sueño era que el dragón tenía atemorizado a un pueblecito roñoso como los del oeste de las pelis, con matojos rodando y todo muy seco. La gente decía que el dragón azul era signo de que vendrían lluvias y tendrían buenas cosechas. Pero yo sabía que el dragón azul era el dragón rojo de antes, el que me perseguía, y por mi anterior experiencia, sabía que no tramaba nada bueno. Yo trataba de explicarle a la gente que corría peligro y que debían irse del pueblo, pero la gente decía que era una impostora y que lo que quería era quedarme sola en el pueblo para hacerme con todas las cosechas. Al final creo que huía del pueblo, no lo recuerdo muy bien.
Por suerte, hoy ya me encuentro mucho mejor, aunque tampoco he ido a trabajar. Mañana sí iré. Ya, es viernes, pero es que tengo ganas de ir. No porque La Lagartija me haya contagiado su espíritu de trabajo ni nada, sino porque mi Rat Pack cutre (Sammy, Frankie y Dean) ha ideado una venganza contra él durante mi ausencia. Para poder llevarla a cabo según lo previsto, debo hacer una actuación estelar, de modo que tendré que ir, aunque no me han dado demasiados detalles acerca de mi misión. Qué ganas tengo ya de vengarme, no sólo por el asco que me da La Lagartija, sino por haber atentado contra mi salud. ¿Quién se ha créido que es? Muajajajajajaja
Resulta que en mi trabajo hay un tío que no puede ser más trepa porque es físicamente imposible. No es un trepa sin más, de esos a los que odian todos los empleados. No, él es un trepa total, un trepa tan trepa, tan horrible y tan insoportable que hasta los jefazos le odian. Según me han informado, lleva poco más de un año trabajando donde yo trabajo, pero ha conseguido llevarse mal con casi todo el mundo. Digo casi porque, aunque toda la gente con la que he hablado le odia, no he hablado con todo el personal y decir que todo el mundo le odia sería fallar a la verdad.
Pues bien, La Lagartija, bautizada así no sólo por la grima que da, sino por lo trepa que es (por si no había quedado claro) y porque es capaz de venir a trabajar aunque le falte una pierna o media cabeza, es ahora más insoportable que nunca. ¿Por qué? Pues porque ahora en el trabajo sólo está el personal imprescindible y los panolis recién llegados, de modo que él se dedica a jugar a ser superior y a comportarse como si tuviera algún tipo de autoridad sobre los demás, despertando cada vez más odio entre nosotros.
El martes de la semana pasada nos dimos cuenta de que estaba más pálido de lo normal, pero no le dimos importancia. El miércoles le oímos estornudar todo el día, pero nadie le prestó un mínimo de atención ni dijo "jesús" o "salud" o "¿estás resfriado?". El jueves tenía ojeras, estornudaba, tosía y estaba más blanco que el papel. Llegamos a la conclusión de que sería mejor preocuparnos por su salud, hacer que se largara unos cuantos días a casa y que nos dejara en paz. Nos costó un poco convencerle, pues ya he comentado antes que La Lagartija sería capaz de dejarse morir en el trabajo antes de quedarse en la cama. Pero no le quedaba más remedio, así que, sintiéndolo mucho, tuvimos que prescindir de él.
Sin embargo, aunque La Lagartija no pudiera estar físicamente presente, nos dejó sus virus para que le recordáramos un poco. Yo noté el viernes que me sentía un poco mal, pero creía que era un pequeño resfriado por todo este asunto del aire acondicionado en el trabajo, el calor en la calle y la temperatura más o menos decente de mi morada. El sábado la situación empeoró porque salí por la noche y por querer ser un poco valiente me congelé, con lo que el domingo me sentía aún peor. Y el lunes directamente llamé al trabajo nada más despertarme porque tenía cuarenta y dos grados de fiebre.
Todo por culpa de La Lagartija. Sí, he estado cuatro días sin ir a trabajar, pero han sido cuatro días horribles. Sí, mis amigas han venido a visitarme, pero han sido cuatro días horribles. Sí, he disfrutado de la compañía de mis queridos vecinitos, que han tenido la bondad de hacerme la cena y de cenar conmigo todas las noches, pero han sido cuatro días horribles. No he podido apenas moverme de la cama y, tumbada todo el día y durmiendo he soñado cosas horribles. El sueño más recurrente, el del dragón rojo. Un lagarto gigante me perseguía y yo trataba de escaparme de él, corría todo lo que podía pero no conseguía esquivarle. Luego me encontraba con una mujer, le pedía ayuda y me decía: "ayudarte sería jugar a ser Dios, ir contra la naturaleza". Yo le explicaba que no quería morir pero ella se empeñaba en que lo que era designio divino tenía que cumplirse.
Otra versión del sueño era que el dragón tenía atemorizado a un pueblecito roñoso como los del oeste de las pelis, con matojos rodando y todo muy seco. La gente decía que el dragón azul era signo de que vendrían lluvias y tendrían buenas cosechas. Pero yo sabía que el dragón azul era el dragón rojo de antes, el que me perseguía, y por mi anterior experiencia, sabía que no tramaba nada bueno. Yo trataba de explicarle a la gente que corría peligro y que debían irse del pueblo, pero la gente decía que era una impostora y que lo que quería era quedarme sola en el pueblo para hacerme con todas las cosechas. Al final creo que huía del pueblo, no lo recuerdo muy bien.
Por suerte, hoy ya me encuentro mucho mejor, aunque tampoco he ido a trabajar. Mañana sí iré. Ya, es viernes, pero es que tengo ganas de ir. No porque La Lagartija me haya contagiado su espíritu de trabajo ni nada, sino porque mi Rat Pack cutre (Sammy, Frankie y Dean) ha ideado una venganza contra él durante mi ausencia. Para poder llevarla a cabo según lo previsto, debo hacer una actuación estelar, de modo que tendré que ir, aunque no me han dado demasiados detalles acerca de mi misión. Qué ganas tengo ya de vengarme, no sólo por el asco que me da La Lagartija, sino por haber atentado contra mi salud. ¿Quién se ha créido que es? Muajajajajajaja
El síndrome de China
Vivir en mi bloque es un auténtico privilegio. Te garantiza vivir grandes y emocionantes aventuras, y nunca sabes cuándo van a presentarse, llenando de esta forma tu vida de emoción. Ayer mismo, por ejemplo, cuando descubro al llegar a casa por la tarde que la luz se ha ido. Y no sólo en mi humilde tugurio, sino en todo el edificio.
- Y se ha ido en el peor momento - dijo El Frágil, el informador al que acudí de inmediato para descubrir qué había pasado.
- Vaya, ¿estabas haciendo algo importante o qué?
- Bueno, es que estaba a punto de pasarme una pantalla en la Play y no he podido ni guardar el juego ni nada y ahora tendré que volver a empezar...
- Oh, qué tragedia
- Qué mala eres, que he estado un buen rato
- Oye, que no lo decía irónicamente, que me entristezco de verdad
- Ya, ya...
- Bueno, pues voy a comprar velas o linternas o algo al bazar de al lado.
En unos cinco minutos había encontrado lo que necesitaba. Compré un pack de luces de esas redondas a pilas que se encienden presionando un poco, de esas que anuncian/aban en teletienda, de esas que era imposible encontrar en tiendas y que sólo podías tener llamando a cierto número y dejándote ¿cuarenta euros? ¿seis mil pesetas? en esa baratija. Y ahora voy yo y las compro al lado de mi casa y a un precio módico, me siento tan privilegiada.
Mis intenciones al principio eran comprar las cosas que necesitaba y largarme, pero los bazares chinos me resultan tan fascinantes que no puedo evitar darme una vueltecita cada vez que voy. Además, en casa no podría ver la tele y en el ordenador no podría estar mucho tiempo, porque la batería es bastante débil. Quedarme allí un poquito era la opción más divertida.
Y sí, me siento orgullosa de mi decisión. Me reí bastante allí dentro, aunque tenía que reprimirme si no quería que me echaran. Yo me pregunto qué deben tener los chinos en la cabeza para vender esos trastos. O peor: ¿en qué piensa la gente cuando los compra? He aquí el super ranking con los mejores artilugios del local, me gustaría haberles hecho fotos, pero quedaba muy descarado.
En el puesto número cinco, unas estupendas bragas-faja del color más feo y menos favorecedor del mundo, el típico marrón clarito que tiene un nombre pero que no me acuerdo de cuál es. Ese color de bragas debería estar prohibido. Yo me pregunto si las mujeres se compran ropa interior de ese color porque es lo que hay en las tiendas y no se paran a pensar en que es horrible o si los fabricantes las hacen porque ven que la demanda se mantiene porque a las mujeres les encanta ese color. Es una gran duda existencial que tengo y que espero no resolver nunca por mi cuenta, pues significaría que (horror!!) yo también habría empezado a llevar esa poco favorecedora prenda.
En el puesto número cuatro, los zapatos más feos y más incómodos habidos y por haber. Y no, no eran de tacón de aguja ni de plataforma de dracqueen ni nada parecido. Eran unos zuecos de plástico. De plástico duro transparente adornados con florecitas pintadas de color rosa. Pero, ¿qué clase de persona con sensibilidad en los pies se atreve a llevar eso?
En el puesto número tres, un clásico entre los clásicos, el souvenir español por excelencia. Sí, por supuesto, la muñeca de plástico malo-malísimo vestida de sevillana. Y es que da igual que vayas a Galicia, a Cuenca o a Albacete, la muñeca sevillana souvenir vas a encontrártela sí o sí. Lo mejor de todo es que en la parte de abajo ponía "made in Taiwan". Que digo yo, ya que están, podrían distribuir la muñequita en cuestión por toda Asia y así los turistas orientales podrían comprar los recuerdos de España en la tienda de la esquina de su casa. Sería muchísimo más práctico y ahorrarían espacio en la maleta.
En el puesto número dos, otro gran clásico de los bazares chinos, el muñeco obsceno. En este caso, un señor gordo sentado en la taza del váter con los pantalones bajados. Si apretabas un botón que tenía hacía ruido y todo, pero no lo apreté porque había una encargada mirándome con cara de "si no vas a comprar, ¿por qué coño llevas media hora husmeando por aquí?". No obstante, siento curiosidad por el ruido que debía hacer el muñeco ese. O bueno, igual no.
Y en el puesto número uno, el mejor artículo del bazar... taratachan tachaaaaaannn ¡el posavasos con la foto de la boda de los príncipes de Asturias! "Un toque de sofisticación para el hogar que seguro sorprenderá a tus visitas". Este es el eslogan que me inventé, algún día les diré que lo utilicen si quieren, que por lo visto este genial artículo no se vende demasiado. Más de dos años después aún sigue ahí. Y no me extraña mucho, la verdad. Es que, a ver, ¿quién es tan hortera? ¿quién es tan friki como para comprarse eso? ¿Peñafiel? Si es que están locos estos chinos...
Ah, la luz ha vuelto esta mañana. En concreto, veinte minutos antes de que me sonara el despertador. No es que viniera ningún vecino tocapelotas a informarme, es que como soy tan lista me dejé sin querer el interruptor encendido. Y al no haber luz, obviamente no me di cuenta de que no estaba apagado. Así que me he vuelto casi ciega cuando la luz se ha hecho de repente. Al principio no sabía ni dónde estaba: mi primera teoría ha sido que estaba en el dentista, luego en un quirófano y luego ya en el mundo real. Me he levantado de mal humor porque esos veinte últimos minutos de sueño son los mejores, y porque ya no he vuelto a dormirme, desperdiciando sin motivo mi tiempo de descanso. Por suerte, al salir a la calle algo me ha devuelto la sonrisa. Ahí estaba, para alegrarme el día, el escaparate del bazar chino, obligándome a recordar las fantásticas visiones de la tarde anterior y a poner cara de lela al intentar no reírme sola en medio de la calle.
- Y se ha ido en el peor momento - dijo El Frágil, el informador al que acudí de inmediato para descubrir qué había pasado.
- Vaya, ¿estabas haciendo algo importante o qué?
- Bueno, es que estaba a punto de pasarme una pantalla en la Play y no he podido ni guardar el juego ni nada y ahora tendré que volver a empezar...
- Oh, qué tragedia
- Qué mala eres, que he estado un buen rato
- Oye, que no lo decía irónicamente, que me entristezco de verdad
- Ya, ya...
- Bueno, pues voy a comprar velas o linternas o algo al bazar de al lado.
En unos cinco minutos había encontrado lo que necesitaba. Compré un pack de luces de esas redondas a pilas que se encienden presionando un poco, de esas que anuncian/aban en teletienda, de esas que era imposible encontrar en tiendas y que sólo podías tener llamando a cierto número y dejándote ¿cuarenta euros? ¿seis mil pesetas? en esa baratija. Y ahora voy yo y las compro al lado de mi casa y a un precio módico, me siento tan privilegiada.
Mis intenciones al principio eran comprar las cosas que necesitaba y largarme, pero los bazares chinos me resultan tan fascinantes que no puedo evitar darme una vueltecita cada vez que voy. Además, en casa no podría ver la tele y en el ordenador no podría estar mucho tiempo, porque la batería es bastante débil. Quedarme allí un poquito era la opción más divertida.
Y sí, me siento orgullosa de mi decisión. Me reí bastante allí dentro, aunque tenía que reprimirme si no quería que me echaran. Yo me pregunto qué deben tener los chinos en la cabeza para vender esos trastos. O peor: ¿en qué piensa la gente cuando los compra? He aquí el super ranking con los mejores artilugios del local, me gustaría haberles hecho fotos, pero quedaba muy descarado.
En el puesto número cinco, unas estupendas bragas-faja del color más feo y menos favorecedor del mundo, el típico marrón clarito que tiene un nombre pero que no me acuerdo de cuál es. Ese color de bragas debería estar prohibido. Yo me pregunto si las mujeres se compran ropa interior de ese color porque es lo que hay en las tiendas y no se paran a pensar en que es horrible o si los fabricantes las hacen porque ven que la demanda se mantiene porque a las mujeres les encanta ese color. Es una gran duda existencial que tengo y que espero no resolver nunca por mi cuenta, pues significaría que (horror!!) yo también habría empezado a llevar esa poco favorecedora prenda.
En el puesto número cuatro, los zapatos más feos y más incómodos habidos y por haber. Y no, no eran de tacón de aguja ni de plataforma de dracqueen ni nada parecido. Eran unos zuecos de plástico. De plástico duro transparente adornados con florecitas pintadas de color rosa. Pero, ¿qué clase de persona con sensibilidad en los pies se atreve a llevar eso?
En el puesto número tres, un clásico entre los clásicos, el souvenir español por excelencia. Sí, por supuesto, la muñeca de plástico malo-malísimo vestida de sevillana. Y es que da igual que vayas a Galicia, a Cuenca o a Albacete, la muñeca sevillana souvenir vas a encontrártela sí o sí. Lo mejor de todo es que en la parte de abajo ponía "made in Taiwan". Que digo yo, ya que están, podrían distribuir la muñequita en cuestión por toda Asia y así los turistas orientales podrían comprar los recuerdos de España en la tienda de la esquina de su casa. Sería muchísimo más práctico y ahorrarían espacio en la maleta.
En el puesto número dos, otro gran clásico de los bazares chinos, el muñeco obsceno. En este caso, un señor gordo sentado en la taza del váter con los pantalones bajados. Si apretabas un botón que tenía hacía ruido y todo, pero no lo apreté porque había una encargada mirándome con cara de "si no vas a comprar, ¿por qué coño llevas media hora husmeando por aquí?". No obstante, siento curiosidad por el ruido que debía hacer el muñeco ese. O bueno, igual no.
Y en el puesto número uno, el mejor artículo del bazar... taratachan tachaaaaaannn ¡el posavasos con la foto de la boda de los príncipes de Asturias! "Un toque de sofisticación para el hogar que seguro sorprenderá a tus visitas". Este es el eslogan que me inventé, algún día les diré que lo utilicen si quieren, que por lo visto este genial artículo no se vende demasiado. Más de dos años después aún sigue ahí. Y no me extraña mucho, la verdad. Es que, a ver, ¿quién es tan hortera? ¿quién es tan friki como para comprarse eso? ¿Peñafiel? Si es que están locos estos chinos...
Ah, la luz ha vuelto esta mañana. En concreto, veinte minutos antes de que me sonara el despertador. No es que viniera ningún vecino tocapelotas a informarme, es que como soy tan lista me dejé sin querer el interruptor encendido. Y al no haber luz, obviamente no me di cuenta de que no estaba apagado. Así que me he vuelto casi ciega cuando la luz se ha hecho de repente. Al principio no sabía ni dónde estaba: mi primera teoría ha sido que estaba en el dentista, luego en un quirófano y luego ya en el mundo real. Me he levantado de mal humor porque esos veinte últimos minutos de sueño son los mejores, y porque ya no he vuelto a dormirme, desperdiciando sin motivo mi tiempo de descanso. Por suerte, al salir a la calle algo me ha devuelto la sonrisa. Ahí estaba, para alegrarme el día, el escaparate del bazar chino, obligándome a recordar las fantásticas visiones de la tarde anterior y a poner cara de lela al intentar no reírme sola en medio de la calle.
Los caballeros las prefieren rubias
Ya es oficial. La (futura ex) novia de El Frágil existe. Aunque eso no es lo peor. Lo peor es que me cae bien. Y que no es el troll repugnante que yo imaginba debido a mi optimismo desesperado de serie, sino todo lo contrario. Ahora me pondría a decir que ella es más alta, más guapa y más rubia que yo (aunque esto último es lo de menos, yo soy castaña y me da exactamente lo mismo), pero hacerme la víctima es algo que no va conmigo.
Ayer tuve la gran suerte de coincidir con ella en el portal. Iba a llamar al timbre, pero al ver que yo sacaba las llaves se esperó y me saludó amigablemente, cosa que no puede decirse de muchos de mis vecinos. El caso es que no me sonaba su cara, ni de habérmela cruzado en las escaleras ni de haberla visto en la fantástica reunión de vecinos de hace algunas semanas.
Empezamos a subir las escaleras y, para mi sorpresa, comenzó a darme conversación.
- Qué pocas ganas de subir escaleras...
- Bueno, al final te acabas acostumbrando...
- Ya, eso sí
- Además, así no tienes que hablar del tiempo ni de la familia con nadie
- Ya, y te sirve para hacer ejercicio
- Todo son ventajas
- Si es que nos quejamos de vicio...
Nos reímos. "Quá maja", pensé.
Luego, viendo que no me paraba en ningún piso, me preguntó en qué planta vivía.
- En el quinto
- Yo también voy allí
- ¿Sí? Nunca te había visto
- Es que hacía tiempo que no venía
- Ah... - aquí empecé a sospechar que la rubia de ojos verdes de casi metro ochenta simpática y agradable que me acompañaba escaleras arriba podría llegar a despertar un inmenso odio en mí.
- ¿Hace mucho que vives aquí?
- No, un par de meses más o menos
- ¿Vives en el piso de una abuela sorda?
- Sí...
-Oh, era tan entrañable. Te contaba media vida cada vez que te veía, y como gritaba siempre tanto, te enterabas de todas las conversaciones que tenía.
Llegamos a nuestra planta y nos despedimos. Mis sospechas empezaron a confirmarse. Se había detenido delante de la puerta de El Frágil y El Fibroso. Mi optimismo desesperado me decía "igual es sólo una amiga", "igual es la novia de El Fibroso". "Por favor", decía la parte sensata de mí "El Fibroso no podría salir con ella, no entendería su humor".
Abrí rápido la puerta y apoyé la oreja en la pared. Oí cómo le abrían la puerta. Oí a El Frágil saludándola. Luego vino un silencio. Y El Frágil dijo: "me echabas de menos, eh?". "Mierda", dijo mi parte optimista. "Ya te lo dije", dijo mi parte realista. Luego, las dos partes dieron una patada en la pared. No es que sea yo una persona violenta, con lo flojucha que soy, mejor que sea pacífica, que sino me iba a llevar muchas ostias. Pero no pude evitarlo. Ella era tan unmontóndecosasbuenas y yo, una perturbada que se dedica a escuchar a través de las paredes y a hacer saltar la pintura pegando patadas. Me daban ganas de meter la cabeza en el horno. Pero mi parte sensata me dijo "ni de coña, con el calor que hace".
Ayer tuve la gran suerte de coincidir con ella en el portal. Iba a llamar al timbre, pero al ver que yo sacaba las llaves se esperó y me saludó amigablemente, cosa que no puede decirse de muchos de mis vecinos. El caso es que no me sonaba su cara, ni de habérmela cruzado en las escaleras ni de haberla visto en la fantástica reunión de vecinos de hace algunas semanas.
Empezamos a subir las escaleras y, para mi sorpresa, comenzó a darme conversación.
- Qué pocas ganas de subir escaleras...
- Bueno, al final te acabas acostumbrando...
- Ya, eso sí
- Además, así no tienes que hablar del tiempo ni de la familia con nadie
- Ya, y te sirve para hacer ejercicio
- Todo son ventajas
- Si es que nos quejamos de vicio...
Nos reímos. "Quá maja", pensé.
Luego, viendo que no me paraba en ningún piso, me preguntó en qué planta vivía.
- En el quinto
- Yo también voy allí
- ¿Sí? Nunca te había visto
- Es que hacía tiempo que no venía
- Ah... - aquí empecé a sospechar que la rubia de ojos verdes de casi metro ochenta simpática y agradable que me acompañaba escaleras arriba podría llegar a despertar un inmenso odio en mí.
- ¿Hace mucho que vives aquí?
- No, un par de meses más o menos
- ¿Vives en el piso de una abuela sorda?
- Sí...
-Oh, era tan entrañable. Te contaba media vida cada vez que te veía, y como gritaba siempre tanto, te enterabas de todas las conversaciones que tenía.
Llegamos a nuestra planta y nos despedimos. Mis sospechas empezaron a confirmarse. Se había detenido delante de la puerta de El Frágil y El Fibroso. Mi optimismo desesperado me decía "igual es sólo una amiga", "igual es la novia de El Fibroso". "Por favor", decía la parte sensata de mí "El Fibroso no podría salir con ella, no entendería su humor".
Abrí rápido la puerta y apoyé la oreja en la pared. Oí cómo le abrían la puerta. Oí a El Frágil saludándola. Luego vino un silencio. Y El Frágil dijo: "me echabas de menos, eh?". "Mierda", dijo mi parte optimista. "Ya te lo dije", dijo mi parte realista. Luego, las dos partes dieron una patada en la pared. No es que sea yo una persona violenta, con lo flojucha que soy, mejor que sea pacífica, que sino me iba a llevar muchas ostias. Pero no pude evitarlo. Ella era tan unmontóndecosasbuenas y yo, una perturbada que se dedica a escuchar a través de las paredes y a hacer saltar la pintura pegando patadas. Me daban ganas de meter la cabeza en el horno. Pero mi parte sensata me dijo "ni de coña, con el calor que hace".