VACACIONES (vol. 1)
Resulta que a mi amigo Fran le dieron la beca de Ministerio de Educación para estudiar idiomas en el extranjero. Como necesitábamos una excusa para viajar, nos vino muy bien, así que Roberto (el de la cena de antiguos alumnos), Pilu (mi amiga pija) y yo empezamos a planear un viaje a Malta.
Buscamos un alojamiento de precio razonable, vuelos de precio razonable y, cuando ya tuvimos preparado nuestro viaje de precio razonable, para allá que nos fuimos. Quedamos en el aeropuerto, adonde tuve que irme en transporte público cruzando todo Madrid con mi maleta a rastras, con todo lo que eso conlleva. Al llegar allí, me encuentro a Roberto con una bolsa de mano (que es lo más normal, porque sólo íbamos para tres días) y a Pilu con una maleta donde que quepo yo y que excedía con creces el peso máximo autorizado.
Después de pagar la multa de Pilu, tocaba pasar los controles. Llegamos a los arcos de seguridad y Pilu pasó sin problemas. A mí me hicieron quitarme el cinturón y el reloj. Los problemas llegaron en el turno de Rober. Pasó una vez y pitó. Le hicieron quitarse el reloj. Pasó una segunda vez, y volvió a pitar. Así que se quitó el cinturón. La tercera vez se tuvo que descalzar. A la cuarta, los policías se hartaron, así que le pasaron el detector de metales.
No os digo dónde se paró el detector, sólo que le acompañaron amablemente a quitarse uno de sus muchos piercings. Al terminar el episodio del detector de metales le dije “pero si los piercings no pitan”. En vez de responder se puso rojo, por lo que deduzco que se cambió el piercing que le pusieron al perforarle por otro más sólido.
Buscamos un alojamiento de precio razonable, vuelos de precio razonable y, cuando ya tuvimos preparado nuestro viaje de precio razonable, para allá que nos fuimos. Quedamos en el aeropuerto, adonde tuve que irme en transporte público cruzando todo Madrid con mi maleta a rastras, con todo lo que eso conlleva. Al llegar allí, me encuentro a Roberto con una bolsa de mano (que es lo más normal, porque sólo íbamos para tres días) y a Pilu con una maleta donde que quepo yo y que excedía con creces el peso máximo autorizado.
Después de pagar la multa de Pilu, tocaba pasar los controles. Llegamos a los arcos de seguridad y Pilu pasó sin problemas. A mí me hicieron quitarme el cinturón y el reloj. Los problemas llegaron en el turno de Rober. Pasó una vez y pitó. Le hicieron quitarse el reloj. Pasó una segunda vez, y volvió a pitar. Así que se quitó el cinturón. La tercera vez se tuvo que descalzar. A la cuarta, los policías se hartaron, así que le pasaron el detector de metales.
No os digo dónde se paró el detector, sólo que le acompañaron amablemente a quitarse uno de sus muchos piercings. Al terminar el episodio del detector de metales le dije “pero si los piercings no pitan”. En vez de responder se puso rojo, por lo que deduzco que se cambió el piercing que le pusieron al perforarle por otro más sólido.





