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Vida de una pringada
Carlota tiene 22 años y muy mala suerte
Acerca de
Los hay que nacen con estrella y los hay que nacen estrellados. Me llamo Carlota y, como podéis leer en este blog, nací estrellada.
Sindicación
 
RESACA
Pues sí, al final fui a la cena. Y al final fui en autobús porque Roberto decía que si se llevaba la moto no podía beber nada. Lo último que recordaba cuando me levanté el domingo por la mañana resacosa perdida era estar bebiendo chupitos con Rober y sus amiguetes de los años de instituto porque decidí que era mejor pasar del resto de la cena. La resaca era una sensación nueva para mí, así que me pasé todo el día hecha un trapo.

En la cena descubrí que el grupito de la niñatas “guays” se había dividido y ya casi ni se hablaban. Por lo demás, todo seguía como antes. La petarda de la piscina fue con su novio nuevo (creo que fue el motivo de la discusión con las demás pero no estoy segura), su coche nuevo y su diplomatura nueva, una carrera de esas que no se sabe muy bien para qué sirve terminada en una universidad de pago.

Lo último que recordaba eran los chupitos, hasta que Rober me refrescó la memoria por el Messenger el domingo por la noche. La conversación queda así después de borrar los niks y los emoticonos y cambiar las abreviaturas:

- wenas, qué tal andas?
- pues mal
- anda, que vaya pedo llevabas anoche
- joder, no me acuerdo de nada
- jajajajajaja qué pena, fue bestial
- qué?
- sí, la gente estaba flipando, nunca te habían visto así. Y yo tampoco
- madre mía, qué miedo ¿qué pasó?
- ¿de verdad que no recuerdas nada?
- recuerdo que estábamos con estos bebiendo y luego… luego ya no sé, me he despertado porque alguien ha llamado por teléfono
- pues fue tremendo, nunca me había reído tanto
- ay, dios mío
- tranquila, que no fue para tanto
- pues no lo parece ¿quieres decirme ya qué pasó?
- pues estábamos bebiendo porque dijiste que la cena era una mierda y que era mejor emborracharse que escuchar sandeces
- ya
- pues Samanta empezó a mirarte con desprecio, aunque iba casi tan borracha como tú
- pero eso no es nada nuevo
- ya, lo nuevo fue que le dijiste “¿y tú qué coño miras, bakala de mierda?”
- qué dices
- que sí, si no te lo crees, pregúntale a cualquiera
- joder
- pero eso no fue todo
- ¿cómo que no fue todo?
- claro, a ver si pensabas que Samanta se va a dejar intimidar por una pringada como tú
[hasta mis amigos me llaman pringada]
- ¿por eso tengo arañazos en la mano?
- no, eso es que me despisté y te caíste contra un seto cuando íbamos a tu casa
- aah. Entonces ¿qué hizo?
- pues vino hacia nosotros hecha una furia. Pensé que te iba a matar
- seguro que ni me defendiste
- ¿para qué? Le pegaste un puñetazo antes de que pudiera tocarte
- pero si pesa casi el doble que yo
- qué burra eres. Pero no tiene media hostia y tú has pasado por todos los deportes conocidos [cuando era pequeña mis padres me apuntaron a tenis, a kárate y a natación, por este orden]
- ya… ¿y luego?
- luego se puso a llorar y tú dijiste “no has cambiado nada” y “ya no tienes a tus amiguitas para defenderte” y sus ex-amiguitas empezaron a reírse
- de mí, seguro
- qué va, de ella
- ay, madre ¿y después de eso?
- te saqué de allí y te llevé a tu casa
- sabia decisión
- lo sé
- más te vale no haberte aprovechado de mi lamentable estado
- sólo un poquito
- ¡¡¡rober!!!
- es coña, imbécil
- vale, pero no me insultes, que ya sabes que soy capaz de tumbar a una vaca suiza de un puñetazo
 
PRE-CENA
Mañana es la cena de antiguos alumnos. He pensado en la posibilidad de no ir pero mi amigo Rober consiguió convencerme con un “venga, no seas tonta, si yo también voy”. Intenté replicarle y me quedé en un “ya, pero…” que él cortó con “pero nada”. Pues vale, discutir con Roberto no sirve para nada.

Rober es uno de mis mejores amigos. Estudia ingeniería informática y es un poco borde pero a mi me resulta gracioso de lo borde que es. Me recuerda al doctor House. Aunque sea cortante con todo el mundo, si te encuentras mal o tienes algún problema siempre tiene una palabra de ánimo. El también iba a mi clase del instituto y, aunque es un poco “friki” y siente pasión por piercings, tatuajes y similares, se integró mucho mejor que yo. Quizá sea porque él llegó antes a esa clase y porque a los 15 años las chicas tendemos a humillarnos unas a otras.

El caso es que la cena es mañana y ya no tengo forma de escapar. Aún no sé qué ponerme y todas mis antiguas compañeras irán a cuál más divina de la muerte y practicarán el deporte nacional del marujeo contra todas aquellas que vayan menos divinas que ellas, como si fueran tertulianas del tomate. Además es bien sabido que en las reuniones de antiguos alumnos la gente se dedica a restregarle cosas a los demás. Algunas irán presumiendo de novio, quien haya hecho una carrera de tres años podrá presumir de carrera, otros tendrán trabajo… pero yo lo único que he hecho en este tiempo ha sido sacarme el carnet de conducir y encima no me ha servido para nada porque no tengo coche, lo que además significa que tendré que ir a la cena en autobús o, peor aún, en moto con Roberto.

De momento ya me están entrando los nervios y las ganas de ir frecuentemente al excusado, como el día de la piscina.