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Vida de una pringada
Carlota tiene 22 años y muy mala suerte
Acerca de
Los hay que nacen con estrella y los hay que nacen estrellados. Me llamo Carlota y, como podéis leer en este blog, nací estrellada.
Sindicación
 
VACACIONES (vol. 1)
Resulta que a mi amigo Fran le dieron la beca de Ministerio de Educación para estudiar idiomas en el extranjero. Como necesitábamos una excusa para viajar, nos vino muy bien, así que Roberto (el de la cena de antiguos alumnos), Pilu (mi amiga pija) y yo empezamos a planear un viaje a Malta.

Buscamos un alojamiento de precio razonable, vuelos de precio razonable y, cuando ya tuvimos preparado nuestro viaje de precio razonable, para allá que nos fuimos. Quedamos en el aeropuerto, adonde tuve que irme en transporte público cruzando todo Madrid con mi maleta a rastras, con todo lo que eso conlleva. Al llegar allí, me encuentro a Roberto con una bolsa de mano (que es lo más normal, porque sólo íbamos para tres días) y a Pilu con una maleta donde que quepo yo y que excedía con creces el peso máximo autorizado.

Después de pagar la multa de Pilu, tocaba pasar los controles. Llegamos a los arcos de seguridad y Pilu pasó sin problemas. A mí me hicieron quitarme el cinturón y el reloj. Los problemas llegaron en el turno de Rober. Pasó una vez y pitó. Le hicieron quitarse el reloj. Pasó una segunda vez, y volvió a pitar. Así que se quitó el cinturón. La tercera vez se tuvo que descalzar. A la cuarta, los policías se hartaron, así que le pasaron el detector de metales.

No os digo dónde se paró el detector, sólo que le acompañaron amablemente a quitarse uno de sus muchos piercings. Al terminar el episodio del detector de metales le dije “pero si los piercings no pitan”. En vez de responder se puso rojo, por lo que deduzco que se cambió el piercing que le pusieron al perforarle por otro más sólido.
 
SIGO AQUÍ
Llevo mucho tiempo sin escribir en mi blog, así que debo una disculpa a quienes lo siguen. ¿La razón? Pues que he estado de vacaciones (hasta las pringadas nos las merecemos). Pero en breve habrá post nuevo.


ACTUALIZACIÓN

De nuevo pido disculpas por no publicar porque estoy estudiando para septiembre. Tranquilidad, que dentro de poco estarán aquí mis vacaciones.

14 de septiembre de 2007
 
RESACA
Pues sí, al final fui a la cena. Y al final fui en autobús porque Roberto decía que si se llevaba la moto no podía beber nada. Lo último que recordaba cuando me levanté el domingo por la mañana resacosa perdida era estar bebiendo chupitos con Rober y sus amiguetes de los años de instituto porque decidí que era mejor pasar del resto de la cena. La resaca era una sensación nueva para mí, así que me pasé todo el día hecha un trapo.

En la cena descubrí que el grupito de la niñatas “guays” se había dividido y ya casi ni se hablaban. Por lo demás, todo seguía como antes. La petarda de la piscina fue con su novio nuevo (creo que fue el motivo de la discusión con las demás pero no estoy segura), su coche nuevo y su diplomatura nueva, una carrera de esas que no se sabe muy bien para qué sirve terminada en una universidad de pago.

Lo último que recordaba eran los chupitos, hasta que Rober me refrescó la memoria por el Messenger el domingo por la noche. La conversación queda así después de borrar los niks y los emoticonos y cambiar las abreviaturas:

- wenas, qué tal andas?
- pues mal
- anda, que vaya pedo llevabas anoche
- joder, no me acuerdo de nada
- jajajajajaja qué pena, fue bestial
- qué?
- sí, la gente estaba flipando, nunca te habían visto así. Y yo tampoco
- madre mía, qué miedo ¿qué pasó?
- ¿de verdad que no recuerdas nada?
- recuerdo que estábamos con estos bebiendo y luego… luego ya no sé, me he despertado porque alguien ha llamado por teléfono
- pues fue tremendo, nunca me había reído tanto
- ay, dios mío
- tranquila, que no fue para tanto
- pues no lo parece ¿quieres decirme ya qué pasó?
- pues estábamos bebiendo porque dijiste que la cena era una mierda y que era mejor emborracharse que escuchar sandeces
- ya
- pues Samanta empezó a mirarte con desprecio, aunque iba casi tan borracha como tú
- pero eso no es nada nuevo
- ya, lo nuevo fue que le dijiste “¿y tú qué coño miras, bakala de mierda?”
- qué dices
- que sí, si no te lo crees, pregúntale a cualquiera
- joder
- pero eso no fue todo
- ¿cómo que no fue todo?
- claro, a ver si pensabas que Samanta se va a dejar intimidar por una pringada como tú
[hasta mis amigos me llaman pringada]
- ¿por eso tengo arañazos en la mano?
- no, eso es que me despisté y te caíste contra un seto cuando íbamos a tu casa
- aah. Entonces ¿qué hizo?
- pues vino hacia nosotros hecha una furia. Pensé que te iba a matar
- seguro que ni me defendiste
- ¿para qué? Le pegaste un puñetazo antes de que pudiera tocarte
- pero si pesa casi el doble que yo
- qué burra eres. Pero no tiene media hostia y tú has pasado por todos los deportes conocidos [cuando era pequeña mis padres me apuntaron a tenis, a kárate y a natación, por este orden]
- ya… ¿y luego?
- luego se puso a llorar y tú dijiste “no has cambiado nada” y “ya no tienes a tus amiguitas para defenderte” y sus ex-amiguitas empezaron a reírse
- de mí, seguro
- qué va, de ella
- ay, madre ¿y después de eso?
- te saqué de allí y te llevé a tu casa
- sabia decisión
- lo sé
- más te vale no haberte aprovechado de mi lamentable estado
- sólo un poquito
- ¡¡¡rober!!!
- es coña, imbécil
- vale, pero no me insultes, que ya sabes que soy capaz de tumbar a una vaca suiza de un puñetazo
 
PRE-CENA
Mañana es la cena de antiguos alumnos. He pensado en la posibilidad de no ir pero mi amigo Rober consiguió convencerme con un “venga, no seas tonta, si yo también voy”. Intenté replicarle y me quedé en un “ya, pero…” que él cortó con “pero nada”. Pues vale, discutir con Roberto no sirve para nada.

Rober es uno de mis mejores amigos. Estudia ingeniería informática y es un poco borde pero a mi me resulta gracioso de lo borde que es. Me recuerda al doctor House. Aunque sea cortante con todo el mundo, si te encuentras mal o tienes algún problema siempre tiene una palabra de ánimo. El también iba a mi clase del instituto y, aunque es un poco “friki” y siente pasión por piercings, tatuajes y similares, se integró mucho mejor que yo. Quizá sea porque él llegó antes a esa clase y porque a los 15 años las chicas tendemos a humillarnos unas a otras.

El caso es que la cena es mañana y ya no tengo forma de escapar. Aún no sé qué ponerme y todas mis antiguas compañeras irán a cuál más divina de la muerte y practicarán el deporte nacional del marujeo contra todas aquellas que vayan menos divinas que ellas, como si fueran tertulianas del tomate. Además es bien sabido que en las reuniones de antiguos alumnos la gente se dedica a restregarle cosas a los demás. Algunas irán presumiendo de novio, quien haya hecho una carrera de tres años podrá presumir de carrera, otros tendrán trabajo… pero yo lo único que he hecho en este tiempo ha sido sacarme el carnet de conducir y encima no me ha servido para nada porque no tengo coche, lo que además significa que tendré que ir a la cena en autobús o, peor aún, en moto con Roberto.

De momento ya me están entrando los nervios y las ganas de ir frecuentemente al excusado, como el día de la piscina.
 
PISCINA COMUNITARIA
A finales de los setenta, llegó a España la democracia y, con ella, las piscinas comunitarias llegaron a las clases bajas. Mi barrio fue construido por aquella época y, gracias a ello, vivo en un piso de 85m2 pero tengo una piscina enorme, ya que es para cuarenta bloques. Afortunadamente, no todo el mundo baja, porque se quedaría pequeña.

El otro día se me ocurrió bajar un rato a la piscina, que me da vergüenza lucir estas piernas tan blancas en verano. Para entrar en mi piscina hay dos opciones: por el lado derecho, donde se ponen mis vecinos, o por el lado izquierdo, donde se ponen todas las señoras que tienen niños pequeños. Valoré el riesgo de ser pisoteada por cincuenta niños pequeños y decidí entrar por el lado izquierdo igualmente. Siempre será más agradable que mis vecinos jugando al bingo y cantando las líneas a grito pelado.

Atravesé la valla, pasé por delante de un grupo de niños que se lo pasaban muy bien torturando a nosequé animalillo de la fauna piscinera y… ¡horror! Allí estaba ella. Rubia de bote que pretende que creamos que es natural con las cejas negras y con un bikini divino de la prestigiosa marca trestallasmenos que no dejaba nada a la imaginación, porque ella es de esas que usan la talla 38 aunque no la tengan. Al verla me entraron unas ganas locas de ir al excusado, porque esa es la sensación que ella me provoca, no sé por qué. Se llama Samanta e iba conmigo al instituto. Bueno, más que ir conmigo iba a la misma clase que yo, porque era demasiado guay como para acercarse a mí, no fuera que le contagiara algo.

Lo malo de las piscinas comunitarias para tantos bloques es que te encuentras con todo el barrio y en condiciones en las que no te gustaría encontrarte a nadie, que aún me da la risa floja cuando recuerdo al panadero en slip deportivo. Desafortunadamente, me vio y me invitó a extender mi toalla junto a ella. Qué raro, si normalmente huye de mí para no saludarme (se tiró toda una mañana evitándome en un centro comercial, Carmen estaba conmigo y puede corroborarlo). Seguramente querría algo. Y así era. Después de una hora de reloj contándome su estupenda vida sin preguntarme ni siquiera “¿qué tal estás?” me dio la fatal noticia: estaba preparando para este verano una cena de antiguos alumnos. Dicho esto se fue y yo me quedé aún más pálida.

Quizá hubiera sido mejor el bingo.