ARALAR, GUARDIÁN DE LOS SUEÑOS
En aquel monte de verdes pastos se han quedado todos tus sueños prendidos en cada rama, en cada hoja intentando llegar a alguna parte.
Allí descubriste el calor de las estrellas y les pediste que te guiaran. Con el susurro del viento acompañaste tu oración pidiendole al cielo que en aquellos lugares tus sueños quedasen inalterables. En esos instantes en los que te sientes solo ese monte es tu guarida, la casita que utilizas para evadirte de la sociedad. Has estado muchas veces en su cumbre, en aquel paraíso que te borra las penas, en aquellos alrededores que te ayudan a aclarar tu mente de la niebla que enturbia tus pensamientos porque lugar más hermoso no existe en este mundo.
En aquel monte de verdes pastos se han quedado todos tus sueños prendidos en cada rama, en cada hoja intentando llegar a alguna parte.
Pero esa hermosura no solamente la ves, no, tú la sientes. La sientes al respirar, al caminar, al pensar... No hay más que mirar en tu interior que
cada rincón de ese monte ha dejado profundos surcos en tú corazón. Cuando estas allí te sientes pequeño pero grande a la vez. Grande al poder
escapar de la dolorosa realidad y dejar libre cada pensamiento y pequeño al poder sentir la grandeza de aquellos lugares que te arropan sin pedir nada a cambio.
En aquel monte de verdes pastos se han quedado todos tus sueños prendidos en cada rama, en cada hoja intentando llegar a alguna parte.
Él te ha ayudado a encontrarte y a no perderte. Te ha hecho pensar y recapacitar y creo que a él le debes la vida. Cuando caminas por cada una de
sus veredas, entonces eres felíz porque en el viven sembrados los recuerdos de tus antepasados.





