Papá, ¿Qué es un cornudo?
Llego ahora a casa, después de un turno interminable y aburrido. No ha pasado nada. Parece una conspiración de los astros para convertir mi vida en un trayecto aburrido (aunque espero que sea largo). Sí, soy un melodramático y un pesimista, qué le voy a hacer.
Ayer tuve una interesante conversación con mi hija; es una niña despierta, tranquila y con la que se puede hablar de casi todo. Es tan madura que a veces se me olvida que sólo tiene once años (en realidad diez hasta el día 21) y meto la pata, aunque creo que esta vez no lo hice mal del todo. He oído (al menos un millón de veces) lo precoces que son los niños de hoy en día y que algunos parece que nacen enseñados; nunca le había dado importancia puesto que en todas las generaciones ha habido unos que iban por delante de los otros y no iba a ser la de mi hija una generación distinta.
Estábamos sentados delante de la tele, haciendo zapping en busca de algo medianamente potable, cuando se giró muy seria hacia mí y me preguntó (con esa cara de circunstancia que tanto me recuerda a su madre) que qué era un cornudo. Tentado estuve de contestarle que ante ella tenía a un claro ejemplo, pero me abstuve, todo sea por prolongar la infancia de mi hija (aunque a este paso sea sólo por unas semanas); le dije que un cornudo es un hombre al que su mujer no le es fiel (aplicable también a las mujeres en idéntica situación). Pero entonces me tocó explicarle en que consiste la fidelidad y eso ni yo no lo tengo claro.
Después de mi perorata, intentando evitar los ejemplos personales, quise averiguar de donde surgían esas inquietudes de mi hija y se lo pregunté, así, sin más. Me dijo que en el colegio decían que su padre era un cornudo y su madre una ramera (¿desde cuándo los niños utilizan esos términos?) y que quería descubrir lo que era cada cosa para saber si tenía que “partirle la cara” a los que lo decían. Y claro, ¿cómo le explica uno a su hija que es un cornudo y, lo que es peor, un cornudo consentido?
Intenté pintárselo lo más bonito posible, pero, seamos realistas, tonta no es y se dio cuenta de que yo pensaba igual que los que decían eso por el “cole”. Si digo que no lo hice mal del todo es porque le expliqué lo que quería saber (lo de cornudo; la explicación de ramera se la dejo a su madre, que para algo lo dicen de ella) lo mejor que pude, aunque estoy seguro de que mi explicación sólo le habrá creado más dudas (también me las ha creado a mí).
No me queda más remedio que ir aprendiendo a sobrellevar estas charlas, porque aún me queda mucho por pasar. Cualquier día de estos voy a ser el padre de una adolescente y entonces sí que estaré perdido. ¿Cómo voy a hablarle de compresas a mi niña, que todavía juega a ser princesa?
Ayer tuve una interesante conversación con mi hija; es una niña despierta, tranquila y con la que se puede hablar de casi todo. Es tan madura que a veces se me olvida que sólo tiene once años (en realidad diez hasta el día 21) y meto la pata, aunque creo que esta vez no lo hice mal del todo. He oído (al menos un millón de veces) lo precoces que son los niños de hoy en día y que algunos parece que nacen enseñados; nunca le había dado importancia puesto que en todas las generaciones ha habido unos que iban por delante de los otros y no iba a ser la de mi hija una generación distinta.
Estábamos sentados delante de la tele, haciendo zapping en busca de algo medianamente potable, cuando se giró muy seria hacia mí y me preguntó (con esa cara de circunstancia que tanto me recuerda a su madre) que qué era un cornudo. Tentado estuve de contestarle que ante ella tenía a un claro ejemplo, pero me abstuve, todo sea por prolongar la infancia de mi hija (aunque a este paso sea sólo por unas semanas); le dije que un cornudo es un hombre al que su mujer no le es fiel (aplicable también a las mujeres en idéntica situación). Pero entonces me tocó explicarle en que consiste la fidelidad y eso ni yo no lo tengo claro.
Después de mi perorata, intentando evitar los ejemplos personales, quise averiguar de donde surgían esas inquietudes de mi hija y se lo pregunté, así, sin más. Me dijo que en el colegio decían que su padre era un cornudo y su madre una ramera (¿desde cuándo los niños utilizan esos términos?) y que quería descubrir lo que era cada cosa para saber si tenía que “partirle la cara” a los que lo decían. Y claro, ¿cómo le explica uno a su hija que es un cornudo y, lo que es peor, un cornudo consentido?
Intenté pintárselo lo más bonito posible, pero, seamos realistas, tonta no es y se dio cuenta de que yo pensaba igual que los que decían eso por el “cole”. Si digo que no lo hice mal del todo es porque le expliqué lo que quería saber (lo de cornudo; la explicación de ramera se la dejo a su madre, que para algo lo dicen de ella) lo mejor que pude, aunque estoy seguro de que mi explicación sólo le habrá creado más dudas (también me las ha creado a mí).
No me queda más remedio que ir aprendiendo a sobrellevar estas charlas, porque aún me queda mucho por pasar. Cualquier día de estos voy a ser el padre de una adolescente y entonces sí que estaré perdido. ¿Cómo voy a hablarle de compresas a mi niña, que todavía juega a ser princesa?
Comentario:
Que complicaciones!! Bueno, tampoco está mal que sepa la verdad, digo yo, pero claro yo no tengo niños y de eso no puedo opinar.
Un saludo
Un saludo