logotipo

img_google
Vete de mi cabeza, por favor
(aunque sólo sea cinco minutos)
Acerca de
Soy un ser extraño que ha decidido compartir su (no)vida con todo aquél que esté interesado en gastar tiempo en mis historias Contador Gratis
Contadores
Sindicación
 
Cristina
Ha llamado esta mañana. Hacía ya dos meses de la última llamada, así que había llegado a creer que no volvería a llamar y que, algún día, la olvidaríamos. Como siempre ha estado cortante, pero yo diría que más nerviosa de lo habitual; ha pedido hablar con Cristina (hija) y a mí no me ha dado más explicaciones. La niña ha terminado llorando y diciendo que la echa de menos, que quiere verla y su madre le habrá dicho, como siempre, que por el momento no es posible. Y van diez meses ya.

Conocí a Cristina con 20 años, en la cafetería de la facultad; ella tenía uno menos y estudiaba Enfermería (como no). Era una tía espectacular, de esas que te quitan el hipo y no lo digo por exagerar (aunque era más bien bajita). Por aquel entonces yo ya tenía mis motivos para estudiar Medicina y el hecho de saber que la encontraría todos los miércoles allí no hizo sino aumentar mi satisfacción por haber elegido esa carrera.

Al principio se hizo la dura; hablaba poco y con monosílabos, pasando de mí cada vez que le proponía una cita, pero yo soy (o era) muy persistente. Después de unos meses persiguiéndola, me dijo que sí, que vendría conmigo a la feria. Así descubrí a la verdadera Cristina, un espíritu libre, cuyas máximas aspiraciones eran pasárselo bien, terminar de estudiar y encontrar algo que le diese el dinero suficiente para vivir sin calentarse la cabeza. Me gustó porque, en aquellos momentos, yo era igual que ella.

Lo malo vino después. Nos cortamos las alas y nos encerramos en una jaula de 80m2 (que, siete años después, pasó a ser de 110); una jaula grande, pero insuficiente para las ansias de libertad que ella tenía. Yo me supe adaptar, pero siempre tuve la sensación de que ella se sentía atrapada, oprimida, aunque me lo negaba cada vez que le preguntaba.

El 9 de enero, después de un turno agotador, llegué a casa cuando aún no eran las seis (de la mañana). Me la encontré delante de una taza de café y le pregunté si entraba temprano ese día; me dijo que no, que me estaba esperando porque ya no podía más, que se ahogaba, que se moría en un sitio tan pequeño y que necesitaba ser libre. Así, de repente, me dijo que me dejaba, que nos dejaba para recuperar su libertad porque su hija ya no la necesitaba como antes y ya no tenía motivos para sentirse culpable. Nunca quiso atarse y ya no podía seguir negando sus ganas de volar. Quería vivir sin dueño.

Y se fue. No nos dijo dónde, ni si volvería; no dejo un teléfono, ni una dirección. Se llevó todas sus cosas, pidiendo tiempo para reflexionar. Ahora llama de vez en cuando, para hablar con Cristina y decirle cuanto la echa de menos; la mentira siempre ha sido su especialidad y yo tardé demasiado en darme cuenta.
 
Comentario:
Siento lo que te hace a ti y a tu hija. Si te soy sincera, siento más lo de la niña, ella no creo que pueda entender muchas cosas, creo que ni los mayores entendemos muchas cosas.

Pero tambien creo, que alguien que hace algo así, lo ha pensado mucho. Me niego a creer que una persona en su sano juicio, no piense en una hija o en el daño que le puede hacer.

Creo que haces bien en dejar a la niña hablar con la mama, por mucho que la duela. Es su madre, y siempre es mejor saber poco que no saber nada, creo yo.

Los niños no entienden muchas cosas, pero son muy listos. Debes buscar fuerzas de donde no las haya, para que esa niña sea todo lo feliz que pueda ser.

Un beso
 
Comentario:

No puedo más que decir que es una bíbora... Una persona que tiene un hijo, y lo ama, como ama una madre a sus hijos, no lo abandona, ni da tal excusa... EXCUSA FATAL.
No sé como consientes que hable con la niña... Le hará daño, supongo que ya le hace daño.
Enfin,

Saludos,

Vidagris..
No