Cotilleos, cotilleos, cotilleos...
La cena con mis antiguos compañeros fue bastante bien, aunque evidentemente me tocó dar más explicaciones de las que a mí me habría gustado (sólo mis más allegados se habían enterado de mi separación). Ya se sabe, la novedad siempre llama la atención y después de tanto tiempo sin vernos todo el mundo se quería poner al día (ponerse al día es la forma que tenemos los médicos de decir “cotillear a saco la vida de los otros”).
Después del momento inicial de saludos y parloteos varios nos fuimos sentando en las mesas del restaurante; por suerte el que las montó estuvo iluminado por alguna fuerza divina y me colocó con personas bastante afines a mí (¿Qué habría pasado si me llegan a sentar al lado de Pacheco, que se pasó toda la carrera preguntando “¿hoy veremos algún cadáver?”?), por lo que pude disfrutar de una cena muy agradable.
Sentados conmigo estaban Luís Sopena (en mi promoción había unos cuantos), Teresa (embarazadísima), José Ignacio (presumiendo de mujer “made in me”) y Laura Barcelona (nada que ver con Laura Pérez, protagonista de las fantasías de media clase), todos ellos con sus respectivas parejas, y de solteros Eva Rubio (delgadísima y apagadísima) y yo (divino, por supuesto). Así que entre bromas, anécdotas y otras chorradas se nos pasaron volando las tres horas que estuvimos cenando.
Luego, en la discomóvil que habíamos contratado (para no tener que movernos del restaurante y evitar posibles multas/accidentes), aproveché para interaccionar con el resto de amistades pérdidas en estos años de ausencia.
Recordaba especialmente a dos compañeros; Paula García y Joan Ferrando. A ella la llamábamos “ratita de biblioteca” porque se pasaba el día buceando entre sus apuntes y tenía como segundo hogar la biblioteca de la universidad (también he de decir que, gracias a ella, muchos conseguimos aprobar exámenes e incluso sacar mejor nota de la que pensábamos). Y Joan, el sempiterno ligón de la clase, la envidia de todos los que, como yo, no se comían una rosca. Él siempre se rodeaba de las chicas más guapas (a veces no tan guapas), estudiantes o no, y las camelaba con ese aire de Don Juan arrebatador que aún conservaba la última vez que le vi.
Por carambolas del destino, dos personas tangencialmente opuestas como ellos acabaron juntos después de coincidir en el mismo centro hospitalario (tras haber estado sin dirigirse la palabra durante toda la carrera) y, enamoradísimos, se casaron en lo que nosotros apodamos “el bodorrio del año”. Pues bien, yo que pensaba que dos seres tan perfectos como ellos comerían perdices eternamente, me choqué de bruces con la realidad (no se si por azar o por exceso de cubatas): me encontré de casualidad con Paula y pude escuchar como les contaba a las otras “el dramón en que se había convertido su vida”.
Y como soy un cotilla sin remedio, pues me tuve que enterar de toda la historia, así que me fui a buscar a mi partenaire en lo que a rumorología post-universitaria se refiere, mi amigo Luís (Sopena). Y me lo contó todo: felizmente casados y forrados (Paula es psiquiatra y Joan dermatólogo con clínica privada), resulta que un buen día Paula descubrió que su marido le era infiel, pero pensó que él no la dejaría por otra y decidió pasarlo por alto (creo que esto me suena de algo). Claro que ella no contaba con el poder de persuasión de la amante-recepcionista-granzorraquesetiraamimarido y siguió viviendo su película de loquera encantada de haberse conocido. Total, que hace cinco meses Joan le dijo que no podía seguir viviendo una mentira, que había conocido a la mujer de su vida y que se iba, dejándola a cargo de sus dos hijos (ella que siempre había calificado a los niños como pozos de bacterias y virus), uno de dos añitos y otro,¡ qué broma más macabra!, de nueve semanas y media. Así que era la primera vez que salía de casa desde entonces y, por lo visto, no estaba siendo la fiesta de su vida.
En definitiva, mis miedos por ser no sólo el más divino, sino también el más desgraciado de la fiesta se borraron de un plumazo e intenté pasármelo lo mejor posible (lo conseguí), aunque quizás debería haberme acercado a Paula y haberle dicho que sabía por lo que estaba pasando. Pero finalmente pensé que su situación no tiene nada que ver con la mía (mi hija ya era capaz de vivir por sí misma), así que preferí limitarme a darle dos besos y hacer como si no hubiese oído nada. A veces en mejor dejar que la herida cicatrice sola…
Después del momento inicial de saludos y parloteos varios nos fuimos sentando en las mesas del restaurante; por suerte el que las montó estuvo iluminado por alguna fuerza divina y me colocó con personas bastante afines a mí (¿Qué habría pasado si me llegan a sentar al lado de Pacheco, que se pasó toda la carrera preguntando “¿hoy veremos algún cadáver?”?), por lo que pude disfrutar de una cena muy agradable.
Sentados conmigo estaban Luís Sopena (en mi promoción había unos cuantos), Teresa (embarazadísima), José Ignacio (presumiendo de mujer “made in me”) y Laura Barcelona (nada que ver con Laura Pérez, protagonista de las fantasías de media clase), todos ellos con sus respectivas parejas, y de solteros Eva Rubio (delgadísima y apagadísima) y yo (divino, por supuesto). Así que entre bromas, anécdotas y otras chorradas se nos pasaron volando las tres horas que estuvimos cenando.
Luego, en la discomóvil que habíamos contratado (para no tener que movernos del restaurante y evitar posibles multas/accidentes), aproveché para interaccionar con el resto de amistades pérdidas en estos años de ausencia.
Recordaba especialmente a dos compañeros; Paula García y Joan Ferrando. A ella la llamábamos “ratita de biblioteca” porque se pasaba el día buceando entre sus apuntes y tenía como segundo hogar la biblioteca de la universidad (también he de decir que, gracias a ella, muchos conseguimos aprobar exámenes e incluso sacar mejor nota de la que pensábamos). Y Joan, el sempiterno ligón de la clase, la envidia de todos los que, como yo, no se comían una rosca. Él siempre se rodeaba de las chicas más guapas (a veces no tan guapas), estudiantes o no, y las camelaba con ese aire de Don Juan arrebatador que aún conservaba la última vez que le vi.
Por carambolas del destino, dos personas tangencialmente opuestas como ellos acabaron juntos después de coincidir en el mismo centro hospitalario (tras haber estado sin dirigirse la palabra durante toda la carrera) y, enamoradísimos, se casaron en lo que nosotros apodamos “el bodorrio del año”. Pues bien, yo que pensaba que dos seres tan perfectos como ellos comerían perdices eternamente, me choqué de bruces con la realidad (no se si por azar o por exceso de cubatas): me encontré de casualidad con Paula y pude escuchar como les contaba a las otras “el dramón en que se había convertido su vida”.
Y como soy un cotilla sin remedio, pues me tuve que enterar de toda la historia, así que me fui a buscar a mi partenaire en lo que a rumorología post-universitaria se refiere, mi amigo Luís (Sopena). Y me lo contó todo: felizmente casados y forrados (Paula es psiquiatra y Joan dermatólogo con clínica privada), resulta que un buen día Paula descubrió que su marido le era infiel, pero pensó que él no la dejaría por otra y decidió pasarlo por alto (creo que esto me suena de algo). Claro que ella no contaba con el poder de persuasión de la amante-recepcionista-granzorraquesetiraamimarido y siguió viviendo su película de loquera encantada de haberse conocido. Total, que hace cinco meses Joan le dijo que no podía seguir viviendo una mentira, que había conocido a la mujer de su vida y que se iba, dejándola a cargo de sus dos hijos (ella que siempre había calificado a los niños como pozos de bacterias y virus), uno de dos añitos y otro,¡ qué broma más macabra!, de nueve semanas y media. Así que era la primera vez que salía de casa desde entonces y, por lo visto, no estaba siendo la fiesta de su vida.
En definitiva, mis miedos por ser no sólo el más divino, sino también el más desgraciado de la fiesta se borraron de un plumazo e intenté pasármelo lo mejor posible (lo conseguí), aunque quizás debería haberme acercado a Paula y haberle dicho que sabía por lo que estaba pasando. Pero finalmente pensé que su situación no tiene nada que ver con la mía (mi hija ya era capaz de vivir por sí misma), así que preferí limitarme a darle dos besos y hacer como si no hubiese oído nada. A veces en mejor dejar que la herida cicatrice sola…
Comentario:
Tu historia es tuya y lo puedes ir contando pero quizás dar nombres de otras personas y contar sus historias personales es demasiado demasiado cotilla, no crees?
Un abrazo.
Un abrazo.
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Bueno, cuando uno mismo no tiene argumentos para ayudarse a sí mismo y sabes que no vas a poder ayudar, sí que es bueno callarse. Pero yo me pregunto si no habrás pasado ya esa etapa sin saberlo. Yo creo que tú ya estás en disposición de ayudarte. Y ayudar a los demás en lo mismo que nos aqueja es una de las mejores terapias, porque nos llena de firmes pensamientos también a nosotros mismos.
Un beso.
Un beso.
Comentario:
Hola, es la primera vez que te visito, te encontré a través de otros blogs.
Que reencuentro el que cuentas, es como en las peliculas, el reencuentro tan temido donde los antiguos compañeros mostrarán sus logros, sus familias y sus buenos trabajos, mientras que uno quizás no le haya ido tan bien. Es triste lo de tu amiga, a veces las mejores parejas terminan así, nunca se sabe lo que ocurre dentro de casa, no todo lo que brilla es oro.
Pero me alegro que la terminaste pasándola muy bien! esa era la idea de la fiesta.
Saludos!
Que reencuentro el que cuentas, es como en las peliculas, el reencuentro tan temido donde los antiguos compañeros mostrarán sus logros, sus familias y sus buenos trabajos, mientras que uno quizás no le haya ido tan bien. Es triste lo de tu amiga, a veces las mejores parejas terminan así, nunca se sabe lo que ocurre dentro de casa, no todo lo que brilla es oro.
Pero me alegro que la terminaste pasándola muy bien! esa era la idea de la fiesta.
Saludos!
Comentario:
Por ser el más divino de la fiesta, por luchar por ti y por los demás.Si lo quieres, hay algo para ti en mi blog
Un beso
Un beso
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Pues sigue, sigue cotilleándonos. Oye una cosa, a la niña la llevaste al final a que le hicieran la cera no?? lo digo por las vacaciones.
Comentario:
Vaya, vaya.... Yo también estoy pasando por esto ¿sabes? y a mí sí me hubiera gustado que alguien en mi situación hubiera hablado conmigo. Sólo llevo 2 meses separada y la soledad es muy dura, no es soledad de tener gente alrededor, sino de compartir sentimientos, miedos,... así que.... ¡te doy un tirón de orej!as
Comentario:
Cotilla!!!!!! jajajajaj
me alegro de que lo pasaras bien, pero ya sabes lo que dicen, mal de muchos, consuelo de.... jajajjajaja
Un beso
me alegro de que lo pasaras bien, pero ya sabes lo que dicen, mal de muchos, consuelo de.... jajajjajaja
Un beso
Comentario:
Hiciste bien... A veces que te digan que te entienden jode más que si no te dicen nada.
Un saludo
Un saludo
Comentario:
Si es que siempre hay algo peor....
un día te cuento yo la mía y verás...
un día te cuento yo la mía y verás...
Comentario:
estar mejor ¿eh? tus historias tienen más vida y color...
me alegro, porque y no se sabe muy bien por que me enganché a ti casi desde el principio...
no hay nada mejor que sentir que eres ciego y descubrir que uno es más tuerto de lo que pensaba... me alegro por lo que te toca...
me alegro, porque y no se sabe muy bien por que me enganché a ti casi desde el principio...
no hay nada mejor que sentir que eres ciego y descubrir que uno es más tuerto de lo que pensaba... me alegro por lo que te toca...
Comentario:
Pues si que fue una cena movidita...una pena lo de tu compañera....pero ya sabes, el tiempo lo cura todo.
Bicos desde Galicia
Bicos desde Galicia