Discurso
Futuros oncólogos,
Hace ya bastantes años, después de que una elección hecha al azar me convirtiese en licenciado en Medicina mucho antes de lo que cualquiera en mi familia habría imaginado, me enfrenté a ese mismo examen que vosotros no hace tanto superasteis. Yo no tenía nada claro que especialidad quería y a punto estuve de optar por Traumatología porque siempre me ha gustado el fútbol y soñaba con trabajar para algún equipo. Ya veis, tonterías de médico que en un momento tan importante de su vida decide jugarse el futuro a la ruleta…
Así terminé en Oncología, porque pensé que quería hacer algo grande y pocas cosas podrían serlo más que hallar una cura al cáncer o, al menos, convertirlo en un simple resfriado que se cure con unos días de cama y una pastilla cada ocho horas. La utopía siempre ha estado muy presente en mi vida; soy un soñador; toda mi vida la he construido sobre la base de que las cosas, si se persiguen con insistencia, se terminan consiguiendo, que no todo va a salir siempre mal y que, algunas veces, las peores cartas son las que ganan la apuesta.
Y aquí estoy, delante de vosotros que, antes de que os deis cuenta, estaréis recorriendo pasillos, con un estetoscopio colgado del cuello y tratando de ser más fuertes que el paciente que tenéis delante. No os creáis débiles si al principio los pacientes son los que os animan a vosotros, a todos nos ha pasado eso las primeras veces porque nuestros pacientes son especiales; son los enfermos más luchadores que os encontraréis en vuestro camino, siempre dispuestos a seguir la pelea aún cuando las fuerzas ya flaquean y esa energía os la transmitirán a vosotros. Muchos médicos os dirán que no es bueno implicarse con los pacientes, que hay que mantener la distancia para no llevarse los problemas a casa, pues bien, yo os digo todo lo contrario; interactuar con ellos, conoced sus historias y no los convirtáis en un simple “otro más”. Cada uno tiene algo que aportaros, si os quedáis sólo con lo que atañe a vuestra profesión podréis llegar a ser muy buenos médicos, pero nunca llegaréis a ser tan buenas personas como lo podríais haber sido gracias a ellos.
Un paciente, una historia, un final. Y en ese camino tenéis que aspirar no sólo a curarles, sino también a reconfortarles, a hacerles el trayecto más sencillo para que, llegado el día, salgan del hospital para volver a sus vidas con la mejor de las sonrisas porque ésa estará dedicada a vosotros.
Sé que, probablemente, muchos de vosotros habrías querido escoger otra cosa, pero no ha podido ser. No dejéis que eso os desanime; estáis en una gran especialidad, la que más ha avanzado en los últimos años y la que, desde mi punto de vista, más enriquece a quienes la practican.
Durante la residencia es posible que lo que más os llene sea una palmadita en la espalda de vuestro adjunto, una buena calificación… pero con los años os daréis cuenta de lo valiosa que es la palabra “gracias” y, conforme la vayáis recolectando, os sentiréis plenamente convencidos de que la elección que hicisteis un día fue la correcta.
Decid gracias siempre que tengáis la ocasión y pagad las sonrisas con gestos amables porque estoy seguro de que sólo así conseguiréis ser los mejores oncólogos.
Muchas gracias por vuestra atención, mucha suerte y bienvenidos.
Hace ya bastantes años, después de que una elección hecha al azar me convirtiese en licenciado en Medicina mucho antes de lo que cualquiera en mi familia habría imaginado, me enfrenté a ese mismo examen que vosotros no hace tanto superasteis. Yo no tenía nada claro que especialidad quería y a punto estuve de optar por Traumatología porque siempre me ha gustado el fútbol y soñaba con trabajar para algún equipo. Ya veis, tonterías de médico que en un momento tan importante de su vida decide jugarse el futuro a la ruleta…
Así terminé en Oncología, porque pensé que quería hacer algo grande y pocas cosas podrían serlo más que hallar una cura al cáncer o, al menos, convertirlo en un simple resfriado que se cure con unos días de cama y una pastilla cada ocho horas. La utopía siempre ha estado muy presente en mi vida; soy un soñador; toda mi vida la he construido sobre la base de que las cosas, si se persiguen con insistencia, se terminan consiguiendo, que no todo va a salir siempre mal y que, algunas veces, las peores cartas son las que ganan la apuesta.
Y aquí estoy, delante de vosotros que, antes de que os deis cuenta, estaréis recorriendo pasillos, con un estetoscopio colgado del cuello y tratando de ser más fuertes que el paciente que tenéis delante. No os creáis débiles si al principio los pacientes son los que os animan a vosotros, a todos nos ha pasado eso las primeras veces porque nuestros pacientes son especiales; son los enfermos más luchadores que os encontraréis en vuestro camino, siempre dispuestos a seguir la pelea aún cuando las fuerzas ya flaquean y esa energía os la transmitirán a vosotros. Muchos médicos os dirán que no es bueno implicarse con los pacientes, que hay que mantener la distancia para no llevarse los problemas a casa, pues bien, yo os digo todo lo contrario; interactuar con ellos, conoced sus historias y no los convirtáis en un simple “otro más”. Cada uno tiene algo que aportaros, si os quedáis sólo con lo que atañe a vuestra profesión podréis llegar a ser muy buenos médicos, pero nunca llegaréis a ser tan buenas personas como lo podríais haber sido gracias a ellos.
Un paciente, una historia, un final. Y en ese camino tenéis que aspirar no sólo a curarles, sino también a reconfortarles, a hacerles el trayecto más sencillo para que, llegado el día, salgan del hospital para volver a sus vidas con la mejor de las sonrisas porque ésa estará dedicada a vosotros.
Sé que, probablemente, muchos de vosotros habrías querido escoger otra cosa, pero no ha podido ser. No dejéis que eso os desanime; estáis en una gran especialidad, la que más ha avanzado en los últimos años y la que, desde mi punto de vista, más enriquece a quienes la practican.
Durante la residencia es posible que lo que más os llene sea una palmadita en la espalda de vuestro adjunto, una buena calificación… pero con los años os daréis cuenta de lo valiosa que es la palabra “gracias” y, conforme la vayáis recolectando, os sentiréis plenamente convencidos de que la elección que hicisteis un día fue la correcta.
Decid gracias siempre que tengáis la ocasión y pagad las sonrisas con gestos amables porque estoy seguro de que sólo así conseguiréis ser los mejores oncólogos.
Muchas gracias por vuestra atención, mucha suerte y bienvenidos.
Comentario:
Jorge, gracias por compartirlo con nosotros. Me has emocionado.
Y no tardes tanto en escribir, jo!!
Besos ;)
Y no tardes tanto en escribir, jo!!
Besos ;)
Comentario:
Hoy he descubierto tu blog y a un gran hombre encima valenciano. jejejeje. Un beso sigue así.
Comentario:
Ha sido genial Jorge, ojalá los médicos fueran más como tú y no como tantos otros.
Comentario:
plas, plas, plas, plas, aplausos!!!!
Me ha encantado tú discurso y decir algo, gracias a las utopías, a los sueños, se han hecho grandes cosas.
Un beso
Me ha encantado tú discurso y decir algo, gracias a las utopías, a los sueños, se han hecho grandes cosas.
Un beso
Comentario:
Gracias por enviarnos tu discurso, me ha encantado
Bicos
Bicos
Comentario:
Por fin podremos descubrir la esencia de tu discurso, me ha gustado y seguro que motivo a los nuevos.
Pero vaya horitas de escribirlo!!! He llegado de la casa de unos amigos y me ha gustado poder leerte.
Pero vaya horitas de escribirlo!!! He llegado de la casa de unos amigos y me ha gustado poder leerte.
Comentario:
Aquí tenéis la esencia de mi discurso. Espero no os aburra demasiado.





