Concilio y celebración
La semana que viene tengo la segunda de las citas con los mediadores familiares para intentar llegar a un acuerdo; el objetivo de esto es alcanzar un grado de conciliación que nos permita tener la custodia compartida, una cuestión que Cristina rechaza en plan “o es toda para mí o para ninguno” así que estoy convencido de que, si de ella dependiera, preferiría dejarla en una casa de acogida antes que reconocer que yo también puedo ejercer de progenitor responsable.
La primera reunión fue un desastre y a mí se me olvidó llevar paraguas. ¿Paraguas? ¿Para qué? Pues para soportar la lluvia de insultos y reproches que fueron saliendo por su boquita de piñón. Vamos que, menos guapo, me dijo de todo.
Luego he andado liado preparando la fiesta de cumpleaños de Cristinita, porque doce añazos no se cumplen todos los días y había que buscar una alternativa a los payasos y a la piñata. Al final, celebramos una merienda-cena con la familia el domingo para que sus abuelos y demás familiares pudieran hacerle bonitos y útiles regalos: unos patines, un abrigo, un reloj… y, sobre todo, para que su padre pudiese sorprenderle con lo único que se le ocurrió a última hora, el juego de esquís y el equipaje completo de la nieve.
Esta tarde tenemos la fiesta con los compañeros del colegio; una merienda en una pizzería y luego sesión de cine. Está todo listo, pero me queda todavía una cuestión por resolver: ¿Se dignará a aparecer su madre esta vez? Porque el cumpleaños fue el día 21 y la niña aún está esperando la felicitación.
La primera reunión fue un desastre y a mí se me olvidó llevar paraguas. ¿Paraguas? ¿Para qué? Pues para soportar la lluvia de insultos y reproches que fueron saliendo por su boquita de piñón. Vamos que, menos guapo, me dijo de todo.
Luego he andado liado preparando la fiesta de cumpleaños de Cristinita, porque doce añazos no se cumplen todos los días y había que buscar una alternativa a los payasos y a la piñata. Al final, celebramos una merienda-cena con la familia el domingo para que sus abuelos y demás familiares pudieran hacerle bonitos y útiles regalos: unos patines, un abrigo, un reloj… y, sobre todo, para que su padre pudiese sorprenderle con lo único que se le ocurrió a última hora, el juego de esquís y el equipaje completo de la nieve.
Esta tarde tenemos la fiesta con los compañeros del colegio; una merienda en una pizzería y luego sesión de cine. Está todo listo, pero me queda todavía una cuestión por resolver: ¿Se dignará a aparecer su madre esta vez? Porque el cumpleaños fue el día 21 y la niña aún está esperando la felicitación.