A sobras con Roma.
Hoy ha sido una tarde extraña. Para empezar fui a la facultad a hablar con un profesor sobre el temario de la asignatura y me acabo encasquetando la bibliografía de otra de la que él se encargaba, pero que “va bene lo stesso” =? Pues de lujo fenómeno, tú pones la nota, yo estudio, tú mandas. È cosi.
Apenas encendí el móvil tenia una llamada perdida de la Piji. La muy mamona de ella llevaba bebiendo cerveza con R., C. y B. (el nombre de las folcloricas próximamente) ¡desde el medio día que hicieron una pausita en la que se suponía jornada bibliotequera de estudio intenso!; que me uniera a la fiesta: que nooo, tengo que estudiaaar, estoy cansaaao… ¡coño si es viernes! Pensé al colgar… con razón esta mañana instintivamente me había plantado un modelito de competi, si es que el subconsciente no me falla.
Aunque sin chorvo agenda de la que tirar para pasar la serata me puse en marcha en dirección a piazza Cavour. Detrás me esperaba el Tevere con los crios, patinando en la pista de hielo que le han endosao. Me acompañaron por el paseo de la orilla izquierda con San Pedro en el fondo sur animándome en la marcha. En la grada izquierda, los edificios del otro lado del lungo Tevere se asomaban coquetos y serenos con la luz del tramonto.
Luego cruce por el puente de Vittorio Emmanuele II y me metí por un par de callejones hasta llegar a la vía dei Coronari donde me recogieron sus miles de anticuarios. Reímos con antiguos carteles de circo, alucinamos con barrocas lámparas de cristal, nos sobresaltamos con las voces de los comerciantes que fumaban en sus puertas, planeamos un salón con muebles antiguos chinos y modernistas, deje caer lo mucho que me gustaría un broche de un caballito de mar para la próxima Navidad…
Y soñé, y soñé… hasta que replico la campana –una de las miles que te llaman al orden a lo largo de día en Roma- y comprendí que todo era un sueño.
¿La realidad era que estaba solo tomándome un aperitivo en la vía della Pace con la sola compañia de mi cocktail? ¿Me acompañaban mis fantasmas en frente de la mesa en la que un día todo pudo cambiar?
Ni lo se, ni me importa: si a un sabio “roma non basta una vita”, a un feliz ignorante le sobra.
Apenas encendí el móvil tenia una llamada perdida de la Piji. La muy mamona de ella llevaba bebiendo cerveza con R., C. y B. (el nombre de las folcloricas próximamente) ¡desde el medio día que hicieron una pausita en la que se suponía jornada bibliotequera de estudio intenso!; que me uniera a la fiesta: que nooo, tengo que estudiaaar, estoy cansaaao… ¡coño si es viernes! Pensé al colgar… con razón esta mañana instintivamente me había plantado un modelito de competi, si es que el subconsciente no me falla.
Aunque sin chorvo agenda de la que tirar para pasar la serata me puse en marcha en dirección a piazza Cavour. Detrás me esperaba el Tevere con los crios, patinando en la pista de hielo que le han endosao. Me acompañaron por el paseo de la orilla izquierda con San Pedro en el fondo sur animándome en la marcha. En la grada izquierda, los edificios del otro lado del lungo Tevere se asomaban coquetos y serenos con la luz del tramonto.
Luego cruce por el puente de Vittorio Emmanuele II y me metí por un par de callejones hasta llegar a la vía dei Coronari donde me recogieron sus miles de anticuarios. Reímos con antiguos carteles de circo, alucinamos con barrocas lámparas de cristal, nos sobresaltamos con las voces de los comerciantes que fumaban en sus puertas, planeamos un salón con muebles antiguos chinos y modernistas, deje caer lo mucho que me gustaría un broche de un caballito de mar para la próxima Navidad…
Y soñé, y soñé… hasta que replico la campana –una de las miles que te llaman al orden a lo largo de día en Roma- y comprendí que todo era un sueño.
¿La realidad era que estaba solo tomándome un aperitivo en la vía della Pace con la sola compañia de mi cocktail? ¿Me acompañaban mis fantasmas en frente de la mesa en la que un día todo pudo cambiar?
Ni lo se, ni me importa: si a un sabio “roma non basta una vita”, a un feliz ignorante le sobra.
Comentario:
Un placer tu visita...
Dura vida la del post-Erasmus...
Dura vida la del post-Erasmus...





