MADE IN ITALY II.
El primero de mayo, fiesta del trabajo, fui a un concierto de esos de calimotxo, pueblo llano por todas partes y sudor obrero en el ambiente. Dios mío, yo que me vine a Roma a refinarme un poco más, en busca de la dolce vita perdida y acabe currando y celebrandolo cantando y bailando el “Bella ciao, bella ciao” -himno comunista italiano-. Eso si, he de reconocer que nos lo pasamos como los enanos arrancándonos por el repertorio patrio cuando el autóctono no nos sonaba o nos daba el punto. Fue de las juergas mas memorables y creo que en general para toda la Murriana. Quizás nada que ver con la Capri o las gafas gigantes de pasta negra, y si mucho con el curro en la tienda de ropa que me busque hace algunas semanas y que ya conseguí dejar.
Mi jefe era un buen tío, romanacio procedente de toda una saga de comerciantes judíos. Todo un tipo apasionado del comer kosher, casquería romana, tacos mejicanos… hasta los dibujos de la vajilla se debía comer el angelito.
Mi compi era la Tere, una señora de 55 años que llevaba toda la vida en el oficio en diversos negocios de su adorada Roma. Al principio me hizo un poco de mobbing, pero poco a poco pasamos de los puyazos al niñato nuevo que además de vender ropa lo hacia en 4 idiomas ser su tesoro. Que si había estudiado, que había cenao, que tomara vitaminas... después de 5 años viviendo sin mas que mi propio control y a topar que di en el curro con una voluntaria a superiora del convento.
Aunque he de reconocer que aprendí mucho de ella. Tanto lo que se tiene como lo que no se tiene que hacer al currar de cara al público, algo para nada despreciable teniendo en cuenta que mentí en la experiencia en el currículo. Lo mejor, la definición que me dio de los clientes: una bella bruta bestia.
La verda es que el curro en la tienda me ha venido estupendo para situar las cosas en su sitio: que es un horario de verda, un ambiente laboral, como hacerte con la gente en menos de un minuto, la talla de todo el que se te pone delante… hasta para reafirmarme en mis principios básicos: yo nací pa rico, o al menos pa estar otro lado de la tarjeta. Aunque dejándome de gilipolleces, he conocido a gente interesante, he practicado idiomas, he ganado pelas y al menos creo que llegare a junio medio cuerdo, además, ¿no era lo que quería? Ea, pues ajo y agua.
Mi jefe era un buen tío, romanacio procedente de toda una saga de comerciantes judíos. Todo un tipo apasionado del comer kosher, casquería romana, tacos mejicanos… hasta los dibujos de la vajilla se debía comer el angelito.
Mi compi era la Tere, una señora de 55 años que llevaba toda la vida en el oficio en diversos negocios de su adorada Roma. Al principio me hizo un poco de mobbing, pero poco a poco pasamos de los puyazos al niñato nuevo que además de vender ropa lo hacia en 4 idiomas ser su tesoro. Que si había estudiado, que había cenao, que tomara vitaminas... después de 5 años viviendo sin mas que mi propio control y a topar que di en el curro con una voluntaria a superiora del convento.
Aunque he de reconocer que aprendí mucho de ella. Tanto lo que se tiene como lo que no se tiene que hacer al currar de cara al público, algo para nada despreciable teniendo en cuenta que mentí en la experiencia en el currículo. Lo mejor, la definición que me dio de los clientes: una bella bruta bestia.
La verda es que el curro en la tienda me ha venido estupendo para situar las cosas en su sitio: que es un horario de verda, un ambiente laboral, como hacerte con la gente en menos de un minuto, la talla de todo el que se te pone delante… hasta para reafirmarme en mis principios básicos: yo nací pa rico, o al menos pa estar otro lado de la tarjeta. Aunque dejándome de gilipolleces, he conocido a gente interesante, he practicado idiomas, he ganado pelas y al menos creo que llegare a junio medio cuerdo, además, ¿no era lo que quería? Ea, pues ajo y agua.
Comentario:
Me parece genial que hayas aprovechado la experiencia de la tienda. Di que sí, que de todo se aprende.





