Mis pájaros y yo.
Ahora además de estudiante, maruja, soltero sin vocación, ciclista dominguero y no sé cuantas miles de cosas más… soy becario en un bufete.
Si, en el camino de ir complicando mi feliz existencia de joven inconsciente, acabo de poner una piedrecilla más. Desde luego que da gusto, pa que luego me digan que con nuestra generación mas vale hacerse un plan de pensiones. Ainsss.
He empezado con muchos con pájaros en la cabeza -como casi todo al principio, ¿no?- y, sobretodo ilusión –también normal, ¿no? Menos mal que ahí, debajo de las nubes en la que yo me muevo, esta la realidad y a veces me da por asomarme pa ir haciéndome el cuerpo poco a poco.
Pa mi cuando empecé, más o menos que me habían delegado toda la responsabilidad del chiringuito. Y es que casi tengo que esperar al conserje los primeros días con el apretón de ser puntual y me tienen que echar al hacer mi media jornada.
La verdad es que al cuando cogí el bus el primer día me daba un poco de vergüenza ir vestido de traje y sentí nostalgia al ver a otro chico con sus tenis y su camiseta camino de su facultad: casi vuelvo corriendo a casa a llamar a mi mama.
Pero el miedo escénico se me pasó en cuanto llegue al centro y me vi a más pringaillos como yo con nuestros sus trajes por las calles entre el Panteón y San Luís de los Franceses con el día soleaito. Comprendí entonces que había nacido para aquello, para lo que en nuestros delirios había soñado en voz alta con Tati muchas veces en los momentos de aburrimiento y crisis de la carrera: ser un ejecutivo con maravillosos trajes mega forrao de pasta. Tú, tú, tuuuuu. Muuu duro Arturo. El juego había comenzado.
Lo mejor es que luego en el despacho todo lo que hice fue leerme una demanda y la contestación. Nuestros clientes eran unos entrañables padres con un niño un poco lerdo que se cayo en el patio del colegio y habían decidido meterle mano al colegio, preocupados por que el nene se halla roto un diente de leche y pueda tener secuelas al haber sido "menoscabada su integridad psico-física, perturbado su normal desarrollo".
Sinceramente, creo que con unos padres asi de influenciados por los telefilmes americanos los problemas en la educación del crió van a ir por otro lado. O quizás no, y los que fallaron fueron los míos que dejaron indemnes mis accidentes de empanao y así me quede con la cabeza hecha mierda.
Escuchando: Noches de bohemia e ilusión, de Navajita Palteá.
Si, en el camino de ir complicando mi feliz existencia de joven inconsciente, acabo de poner una piedrecilla más. Desde luego que da gusto, pa que luego me digan que con nuestra generación mas vale hacerse un plan de pensiones. Ainsss.
He empezado con muchos con pájaros en la cabeza -como casi todo al principio, ¿no?- y, sobretodo ilusión –también normal, ¿no? Menos mal que ahí, debajo de las nubes en la que yo me muevo, esta la realidad y a veces me da por asomarme pa ir haciéndome el cuerpo poco a poco.
Pa mi cuando empecé, más o menos que me habían delegado toda la responsabilidad del chiringuito. Y es que casi tengo que esperar al conserje los primeros días con el apretón de ser puntual y me tienen que echar al hacer mi media jornada.
La verdad es que al cuando cogí el bus el primer día me daba un poco de vergüenza ir vestido de traje y sentí nostalgia al ver a otro chico con sus tenis y su camiseta camino de su facultad: casi vuelvo corriendo a casa a llamar a mi mama.
Pero el miedo escénico se me pasó en cuanto llegue al centro y me vi a más pringaillos como yo con nuestros sus trajes por las calles entre el Panteón y San Luís de los Franceses con el día soleaito. Comprendí entonces que había nacido para aquello, para lo que en nuestros delirios había soñado en voz alta con Tati muchas veces en los momentos de aburrimiento y crisis de la carrera: ser un ejecutivo con maravillosos trajes mega forrao de pasta. Tú, tú, tuuuuu. Muuu duro Arturo. El juego había comenzado.
Lo mejor es que luego en el despacho todo lo que hice fue leerme una demanda y la contestación. Nuestros clientes eran unos entrañables padres con un niño un poco lerdo que se cayo en el patio del colegio y habían decidido meterle mano al colegio, preocupados por que el nene se halla roto un diente de leche y pueda tener secuelas al haber sido "menoscabada su integridad psico-física, perturbado su normal desarrollo".
Sinceramente, creo que con unos padres asi de influenciados por los telefilmes americanos los problemas en la educación del crió van a ir por otro lado. O quizás no, y los que fallaron fueron los míos que dejaron indemnes mis accidentes de empanao y así me quede con la cabeza hecha mierda.
Escuchando: Noches de bohemia e ilusión, de Navajita Palteá.