Si bien en mis artículos anteriores he hablado de las similitudes entre Venezuela y Tenerife, hoy quiero hablar del segundo lugar que más se parece a nuestra patria: Colombia.
La historia de Venezuela se converge con la historia de Colombia. Y es que ambos países formaron parte de un proyecto muy ambicioso que llevó a cabo Simón Bolívar. En 1819 en Angostura (hoy Ciudad Bolívar, VE) se decretó en un congreso la creación de
La República de la Gran Colombia (o República de Colombia) mediante la unión de los territorios que ahora conforman Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá. El territorio tenía una extensión de 2 millones de kilómetros cuadrados y se dividía en tres departamentos: Venezuela, Cundinamarca y Quito.

El proyecto culminó en 1830, cuando nacieron tres entidades estatales distintas:
Colombia,
Ecuador y
Venezuela (
Panamá se independizó de Colombia en 1903). Desde entonces, colombianos y venezolanos compartimos un pasado que nos ha hermanado a pesar de sus políticos corruptos y de los problemas sociales.
Tenemos en común el clima, el plátano frito, las caraotras con arroz (fríjoles), las arepas, los colores de la bandera, un buen pescadito a las orillas del mar, buena parte de la música, el humor para sobrellevar las penurias, las playas de agua cristalina, la forma de hablar (Cartagena, Las islas, Cúcuta) las montañas, los ríos, las novelas, el cacao... también tenemos en común lamentablemente la violencia, los secuestros y la corrupción, pero de eso no quiero hablar. Colombia es un país maravilloso con gente preparada, que al igual que Venezuela está tratando de modernizarse a pesar de sus limitaciones.
Está claro que no todos somos iguales, pero dentro de Suramérica y el mundo, colombianos y venezolanos compartimos más de lo que creemos. He tenido la oportunidad de conocer muchos colombianos y me he llevado una muy buena impresión: son gente amable, inteligente, trabajadora, muy simpática, respetuosos, bien parecidos y honestos. Hay de todo en este mundo, pero yo me he topado con lo mejor de Colombia, sin duda alguna, mucho más que nuestro país vecino.