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A viajar
Viajes. Conocer diferentes países y culturas
Acerca de
¡Hola! Soy Paz Larraín Ecclefield, y os doy la bienvenida a mi blog. Es un espacio dedicado especialmente a todas aquellas personas a las que les guste viajar y conocer diferentes países, costumbres y tradiciones. España, Francia, Chile, Australia, Turquía...son muchos los países interesantes y desconocidos por la gente. Con este blog, trataré de ayudaros a conocer un poco más estos lugares, su gastronomía, su gente, y otros datos de interés general. Espero que lo que aquí se publique sea de vuestro agrado y dejéis vuestros comentarios referentes a mi blog o sobre viajes que hayáis realizado, además de vuestras sugerencias para mejorar mi espacio.
Sindicación
 
Che, visitá Buenos Aires
Viernes 1 de abril de 2005. A las 7 de la mañana embarqué en el vuelo 5467 de Aerolíneas Argentinas, que me llevaría desde Santiago de Chile a Buenos Aires, como escala en mi viaje a Madrid. Tuve que madrugar para aprovechar al máximo las horas que permanecería en esta gran ciudad, siempre pensando en no perder el vuelo a Madrid, que tenía prevista su salida a las 10 de la noche. No se trataba de conocer la ciudad a fondo, pero sí de tener una visión preliminar para tener la excusa de volver con más calma.

Apenas transcurridas un par de horas desde la salida de Santiago, me encontraba en el aeropuerto de Ezeiza contratando un “remise”, un fiable servicio de taxis sin taxímetro que se contrata por teléfono, para que me acercara a la ciudad y me llevara de vuelta al aeropuerto a la hora, y desde el lugar que previamente acordaríamos. Esta es la forma de moverse en ese país, ya que el peligro de secuestros “express”, especialmente de turistas, es grande. La verdad es que este sistema funciona muy bien y da tranquilidad al viajero, a un precio módico.

Pedí al conductor que me llevara a Puerto Madero, como primer itinerario de mi visita relámpago. Puerto Madero bordea el río de La Plata y es un barrio nuevo, restaurado a partir del antiguo puerto, en el que se puede pasear por sus calles adoquinadas, comer la mejor carne argentina en alguno de sus múltiples restaurantes, ir de tiendas. En este lugar se puede encontrar a muchos “yuppies” disfrutando de su hora de comida. Del antiguo puerto se han mantenido muchos edificios de ladrillo y se han acondicionado oficinas, bancos y lofts.

Puerto Madero

Cruzando la vía del tren y la avenida Colón llegué al centro de Buenos Aires, donde pude comprobar el gran parecido de los edificios con aquellos de París y Madrid. Recorrí las calles más emblemáticas, como la peatonal Florida con su bien ganado prestigio como gran calle comercial, llena de pasajes o galerías de tiendas, Corrientes, que me recordaba el famoso tango, Santa Fe, la Avenida 9 de julio, de la que presumen los porteños como la más ancha del mundo. En uno de sus tramos cuenta con hasta 16 carriles. En esta avenida, en la Plaza de la República, se encuentra uno de los símbolos de Buenos Aires, el Obelisco, que para los bonaerenses equivale a la “Torre Eiffel” o el “Big Ben”, y que constituye el lugar de reunión para la celebración de los triunfos futbolísticos, como nuestra Cibeles, Canaletas o Neptuno. En esta avenida encontramos también el famoso teatro Colón, el más importante del hemisferio sur hasta la construcción de la Ópera de Sydney. Tiene 7 pisos, ocupa una manzana completa y en él se dan cita los mejores espectáculos del mundo.



No perdí la ocasión de aprovecharme de los bajos precios y compré algunos regalos para mi familia. Es una ciudad donde se pueden encontrar excelentes bolsos, zapatos, cinturones, chaquetas y abrigos de cuero, y jerseys a precios de ganga para un europeo. También, como tengo la costumbre de adquirir un periódico de cada lugar que visito, compré el ejemplar del día de “La Nación”.

No lejos de aquí, está la Plaza de Mayo, con la Pirámide de Mayo, construida para conmemorar el primer aniversario de la independencia; enfrente la Casa Rosada, sede del gobierno y el edificio del Congreso, con su cúpula de 85 metros. En Buenos Aires todo es grandioso. A pocos pasos encontramos el Cabildo, o ayuntamiento, típico edificio de estilo colonial español, y la catedral metropolitana, de estilo barroco, y el banco de la Nación.

A estas alturas y después de tanto caminar, mi estómago comenzó a recordarme que era la hora de comer. No me interesaba perder demasiado tiempo en un restaurante, por lo que decidí entrar en una de las tantas cafeterías de la calle Florida. Por supuesto que no perdí la ocasión para degustar un enorme bife argentino que a duras penas cabía en el plato, acompañado de patatas fritas y una gran ensalada y un exquisito postre de dulce de leche. El menú, consistente en dos platos, postre y bebida me costó poco menos de 4 euros.

Después de este mini descanso, salí en dirección al barrio de La Boca, recorriendo el paseo peatonal del malecón, llamado Caminito, como el famoso tango. La Boca es el barrio más criollo, y típico de Buenos Aires, donde viven numerosos artistas, con casas pintadas de distintos colores, bastante chillones. En él se instalaron muchos inmigrantes italianos a mediados del siglo XIX, y hay numerosas casas de tango, donde se reúne la gente para escuchar tango, e incluso para aprender a bailarlo. Es el barrio de Boca Juniors y del estadio de La Bombonera.


De La Boca me dirigí a San Telmo, el barrio bohemio, con numerosos “conventillos” y chabolas, con su típico mercado de frutas y la Feria de San Telmo, un rastro que tiene lugar los días domingo, y donde se vende de todo un poco. Los conventillos son antiguas casas de vecindad que se construyeron para la élite de la ciudad como, viviendas unifamiliares.

No podía, en este apretado viaje, dejar de visitar La Recoleta, a la que me dirigí en un taxi, pues se encuentra más alejada y me iba quedando cada vez menos tiempo. En La Recoleta hay preciosas mansiones antiguas, y es que fue a este barrio al que se trasladaron los habitantes ricos de San Telmo durante la epidemia de fiebre amarilla de la década de 1870. Se encuentra aquí el famoso cementerio, donde están enterrados miembros de la alta sociedad de la ciudad, héroes militares, gente famosa y políticos, entre ellos Eva Perón. Es una suntuosa necrópolis con estatuas y sarcófagos de mármol, que dan al lugar un gran esplendor y que merece la pena visitar.

Finalmente, cruzando la Avenida Libertador, casi corriendo, agotada, y ya oscureciendo, pude llegar a la Plaza San Martín, con sus grandes jardines y lujosos edificios residenciales y hoteles, donde me acerqué a la Torre de los Ingleses, una torre de ladrillo rojo de 76 metros, donación de la colonia inglesa la ciudad, que se encuentra frente a la estación de Retiro, construida en 1915, centro neurálgico de la red ferroviaria de la ciudad.

Comenzó a llover, caían chuzos de punta, y miré el reloj. Era la hora de cruzar nuevamente la plaza San Martín y acercarme al Hotel Sheraton, donde debía recogerme el “remise” que me llevaría al aeropuerto. Los nervios afloraban, ya que la General Paz, la autovía del aeropuerto se encontraba muy congestionada, pero a pesar de ello, llegué a tiempo para coger mi vuelo a Madrid, con el espíritu lleno de una ciudad grandiosa a la que tengo que volver.
 
Comentario:
pive! llevame contigo bluda que nuca avisás cuando vos te vas.
me quiero ir con vos.
lleváme lleváme anda por Diego lleváme.
 
Comentario:
PRIMEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEENNNN!!!

de verdad viajas tanto??
envidia, envidia, envidia...

besitos
No