De Konya al suroeste de Turquía
Cuando salimos de Capadocia nos dirigimos en autobús rumbo a la ciudad de Konya. En el camino había posadas que utilizaban los mercaderes de la Ruta de la Seda para descansar. Estas posadas tenían fachadas artísticas de una arquitectura muy original. Konya era una ciudad alegre y divertida. Al llegar, el tamaño inmenso de la Secta de los Derviches nos sorprendió. Los derviches son fieles que bailan y bailan girando, y cuya danza les conduce a la iluminación espiritual. Su türbe o mausoleo está cubierta de bellos azulejos de color verde, los colores del profeta y del Islam.

La Secta era un museo, el museo de Mevlana, en el que para entrar todos los fieles se lavaban en las fuentes de la entrada al edificio. Nosotros no tuvimos que lavarnos, pero al igual que ellos tuvimos que quitarnos los zapatos para poder entrar y en el caso de las mujeres, todas tuvimos que cubrirnos la cabeza con un pañuelo. Entramos y ahí pudimos ver las tumbas de los derviches, en las que según la importancia de cada uno de estos fieles, hay una especie de gorro que le identifica. A la entrada de la Secta recuerdo que había varios niños muy simpáticos y que hablaban en todos los idiomas tratando de vender a los turistas espejos, posavasos y postales. El regateo es un juego obligatorio en los países de tradición musulmana, porque es su modo de vida, y siempre el precio final suele ser bastante justo para el comprador y el vendedor.
Al salir de la Secta visitamos un claustro que pertenecía al mismo edificio, donde vendían artesanía típica de la zona, sobre todo platos de cerámica.
Antalya es una ciudad costera situada a los pies de los Montes Taurus. La humedad y el calor eran agobiantes. Es una ciudad muy occidentalizada, con mucho comercio y mucha gente. Tiene bonitas playas en las que la gente hace windsurf, parapente y otros deportes. Lo que me sorprendió fue ver como las chicas jóvenes iban en bikini, con faldas o pantalones cortos, los hombres en bañador, y las mujeres tenían que bañarse en el mar con la chilaba y encargarse de los hijos mientras el marido disfrutaba del día.
En el puerto antiguo están las ruinas de un bonito castillo, junto con la puerta de Adriano, iluminados ambos por la noche creando una estampa digna de fotografía. En el puerto recuerdo que había muchos restaurantes, tiendas de artesanía y de regalos. Entramos en una tienda de cerámica en la que el vendedor, un chico joven que había vivido en Alemania, estuvo más de una hora charlando con nosotros. Después cogió su laud y nos dedicó una canción típica turca.
De Antalya viajamos a Perge, donde pudimos contemplar las ruinas de un teatro y un mercado clásicos. Continuamos viendo ruinas en Aspendos, donde todavía hoy se representan óperas. Ahí pudimos ver que las entradas para ver monumentos son más caras para todos los que no somos turcos.
Después nos fuimos a Denizli y a Pamukkale, esta última un lugar famoso por sus formaciones naturales conocidas desde tiempos antiguos. Eran una especie de piscinas en balcones, aunque también parecían pequeños cientos de lagos en una inmensa montaña cubierta de nieve.
El agua de estas piscinas es rica en calcio, piedra caliza y otros minerales de la tierra, lo que hace que tenga propiedades terapéuticas. Esto sí que era un espectáculo increíble que hay que conocer.
El viaje continuaba en dirección a Hierapolis, donde pudimos ver más ruinas clásicas, al igual que en Aphrodisias, donde pudimos ver dos museos: unos al aire libre, en el que se encontraban tumbas muy bien restauradas, el teatro, el ágora, el templo de Afrodita, el baño romano, el odeón, el estadio y el Tetrapilon, una puerta enorme con cuatro entradas en la que tuvimos la suerte de estar a la hora de la puesta de sol. El otro museo era el cubierto, en el que había muchísimas estatuas y objetos encontrados en excavaciones.

En el próximo post continúa el viaje a Turquía, esta vez en la parte más occidental del país.

La Secta era un museo, el museo de Mevlana, en el que para entrar todos los fieles se lavaban en las fuentes de la entrada al edificio. Nosotros no tuvimos que lavarnos, pero al igual que ellos tuvimos que quitarnos los zapatos para poder entrar y en el caso de las mujeres, todas tuvimos que cubrirnos la cabeza con un pañuelo. Entramos y ahí pudimos ver las tumbas de los derviches, en las que según la importancia de cada uno de estos fieles, hay una especie de gorro que le identifica. A la entrada de la Secta recuerdo que había varios niños muy simpáticos y que hablaban en todos los idiomas tratando de vender a los turistas espejos, posavasos y postales. El regateo es un juego obligatorio en los países de tradición musulmana, porque es su modo de vida, y siempre el precio final suele ser bastante justo para el comprador y el vendedor.
Al salir de la Secta visitamos un claustro que pertenecía al mismo edificio, donde vendían artesanía típica de la zona, sobre todo platos de cerámica.
Antalya es una ciudad costera situada a los pies de los Montes Taurus. La humedad y el calor eran agobiantes. Es una ciudad muy occidentalizada, con mucho comercio y mucha gente. Tiene bonitas playas en las que la gente hace windsurf, parapente y otros deportes. Lo que me sorprendió fue ver como las chicas jóvenes iban en bikini, con faldas o pantalones cortos, los hombres en bañador, y las mujeres tenían que bañarse en el mar con la chilaba y encargarse de los hijos mientras el marido disfrutaba del día.
En el puerto antiguo están las ruinas de un bonito castillo, junto con la puerta de Adriano, iluminados ambos por la noche creando una estampa digna de fotografía. En el puerto recuerdo que había muchos restaurantes, tiendas de artesanía y de regalos. Entramos en una tienda de cerámica en la que el vendedor, un chico joven que había vivido en Alemania, estuvo más de una hora charlando con nosotros. Después cogió su laud y nos dedicó una canción típica turca.
De Antalya viajamos a Perge, donde pudimos contemplar las ruinas de un teatro y un mercado clásicos. Continuamos viendo ruinas en Aspendos, donde todavía hoy se representan óperas. Ahí pudimos ver que las entradas para ver monumentos son más caras para todos los que no somos turcos.
Después nos fuimos a Denizli y a Pamukkale, esta última un lugar famoso por sus formaciones naturales conocidas desde tiempos antiguos. Eran una especie de piscinas en balcones, aunque también parecían pequeños cientos de lagos en una inmensa montaña cubierta de nieve.
El agua de estas piscinas es rica en calcio, piedra caliza y otros minerales de la tierra, lo que hace que tenga propiedades terapéuticas. Esto sí que era un espectáculo increíble que hay que conocer.El viaje continuaba en dirección a Hierapolis, donde pudimos ver más ruinas clásicas, al igual que en Aphrodisias, donde pudimos ver dos museos: unos al aire libre, en el que se encontraban tumbas muy bien restauradas, el teatro, el ágora, el templo de Afrodita, el baño romano, el odeón, el estadio y el Tetrapilon, una puerta enorme con cuatro entradas en la que tuvimos la suerte de estar a la hora de la puesta de sol. El otro museo era el cubierto, en el que había muchísimas estatuas y objetos encontrados en excavaciones.

En el próximo post continúa el viaje a Turquía, esta vez en la parte más occidental del país.
Comentario:
FELIZ 2006!!
Después de un tiempo de ausencia ya estoy de vuelta, poniendome al día con vuestras vidas!!!
Espero que todo te haya ido muy bien!!
besitos grandes
Después de un tiempo de ausencia ya estoy de vuelta, poniendome al día con vuestras vidas!!!
Espero que todo te haya ido muy bien!!
besitos grandes
Comentario:
Y tu conoces todos los lugares que describes?, es una maravilla niña, besitos y hasta pronto byebye.







