logotipo

img_google
Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
Acerca de
Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
Post-it
Enlaces
Acesos directos desordenados
Mujeres con demasiado pecho
Y aquí.. las que son demasiado cariñosas
Logo CCFVLS
Sindicación
 
Teoría de la relatividad del pollo.
Esta es la historia de un padre que era niño y de un abuelo que fue padre en la España de la posguerra. El abuelo (por aquel entonces, padre) era maestro y como con el sueldo de un maestro no se podía vivir solía dar clases particulares a opositores a banca.

Aún así, en España por aquella época no había un duro y encima este hombre era del arquetipo “de bueno, tonto” así que cobraba más bien poco porque seguía dando clases incluso aunque no le pagaran con lo que, obviamente, la mayoría de sus alumnos pasaban de pagarle. Tanto era así que, a pesar de que el hombre no paraba de trabajar, debían dinero a todo el mundo. Al casero, al de la tienda, la luz, el agua… todo. Tampoco era raro. Todo el mundo estaba igual. Entonces, obviamente no había domiciliaciones y venían a cobrar a casa. Para esas ocasiones la madre tenía un vestido un poco más estropeado de lo habitual y así con su vestido ajado, sin pintar y con voz humilde pero digna solía decir “ahora no tenemos dinero, por favor venga la semana que viene”.

Aunque suene bastante patético parece ser que era la vida habitual en los años cuarenta en las ciudades españolas. En el campo sin embargo, sin grandes lujos, al menos solía haber comida. Un día uno de los opositores que era de pueblo y le debía unas clases al maestro decidió pagarle pero como no tenía dinero le llevó un pollo.

La primera idea fue llevar el pollo al mercado y venderlo (entonces era habitual) para poder pagar algunas deudas pero el padre en un arrebato de locura decidió que por una vez desde hacía mucho tiempo, sus hijos iban a comer como dios manda. Antes que nada, madre y abuela miraron el pollo como un tallador de piedras preciosas mira un diamante en bruto para sacarle el mayor beneficio. Se decidió hacer el pollo con patatas. Como si fuese una operación de intendencia militar se pensó en todo. El pollo –pensaba mama intendente- era lo suficientemente gordo como para permitir reservar algo una vez asado para hacer una cazuela de arroz con pollo y tal vez con algo de grasa, una sopa. Se procuraría en la medida de lo posible que las sobras se aprovecharan para hacer croquetas. Fue idea de la abuela pero la madre sabía que sería muy difícil que, después de tanta sopa boba y tantas lentejas hervidas sus hijos dejaran algo de carne para las croquetas.

Por fin llegó el día. Por la mañana mataron al pollo (que no se dijo aún pero estaba vivo)y lo desplumaron y a la hora de la comida se sacó el ajuar de las grandes ocasiones. La madre, con esa prudencia que sólo tienen las madres (y que curiosamente pierden totalmente cuando se convierten en abuelas), se preocupó de aleccionar a sus hijos explicándole que, bajo ningún concepto deberían decirles a sus amigos que iban a comer pollo. En primer lugar porque era de mala educación presumir de lo que se tiene y en segundo (y esto no se lo dijo a los niños) porque no quería que directamente aparecieran los amigos a la hora de comer para ver que pillaban.

La vista del pollo asado doradito encima de la bandeja con sus patatas alrededor era asombrosa y consiguió que todos (niños, padre, madre y abuela) hicieran fiestas durante el fastuoso traslado de la cocina a la mesa.

Cuando el padre estaba a punto de trinchar el pollo sonó la puerta. Todos se sobresaltaron. Normalmente se callaban a ver si había suerte y el visitante desistía pero en esta ocasión, con tanta charla, era imposible disimular. Al preguntar quien era escucharon la inconfundible voz ronca del casero. La madre, rápidamente salió disparada hacia la habitación y apareció en un minuto con el vestido ajado. También había tenido tiempo para despeinarse. Mientras todos los demás se escondían como si tuviesen miedo de algo, la madre abrió la puerta.

- Buenas tardes señor Damián.
- Buenas tardes señora, venía a cobrar el mes.
- Sabe usted?, es que no tenemos nada pero en la semana que viene a mi marido le pagaran unas clases.
- Siempre es igual señora. Yo también tengo hijos. Ya lleva dos semanas de retraso y a este paso me deberá usted dos meses.
- Lo sé señor pero tiene usted que entenderlo...

Lamentablemente, por aquella época, tal vez por el hambre que se pasaba, todo el mundo tenía muy desarrollado el sentido del olfato.

- Un momento… eso que huele es pollo?. Si es pollo!
- Bueno, si, es que nos ha pagado un alumno de mi marido, pero es muy pequeño.
- Pequeño o grande señora, mis hijos no tienen pollo para comer y usted me dice que no tiene para pagarme el alquiler.
- Ya, pero es que es verdad que no tenemos nada de dinero señor.
- Pero tienen un pollo…

La cara de los niños era un poema mientras veían a la madre envolver el pollo en un paño de cocina para llevárselo al casero que esperaba en la puerta. Tan absorto estaban en el pollo que no se dieron cuenta de la lagrima que caía por la mejilla de su madre ni la fuerza con que el padre apretaba los dientes.

Afortunadamente, era chavales y rápidamente atendieron a su padre mientras riendo decía.

- Que tonto el casero. Todo el mundo sabe que cuando el pollo se asa con patatas las patatas se quedan con todo el sabor. Y el muy estúpido se lleva el pollo y nos deja las patatas.

Los niños no se quedaron muy convencidos de la explicación pero viendo como se reía su padre, su madre y su abuela optaron por reírse también. Ese día comieron patatas con sabor a pollo. Seguramente mejor que la mayoría de sus amigos.

PD: Alguien se preguntará a que viene esto. Pues nada, que he leído que el pollo ha subido treinta céntimos el kilo. No sé a donde vamos a llegar.
 
Comentario:
Preciosa historia
Solo faltaba la banda sonora de "La vida es bella".


Suerte que los sueldos suben de forma proporcional, a 30 centimos el kilo.
 
Comentario:
Pues yo hoy follo ... con fatatas (jooo, qué malo). Tierna tu historia de posguerra; ¿de tu familia? Me recuerda tantas otras oídas durantee mi infancia para hacernos ver la suerte que teníamos los niños de los 60 de no pasar hambre. Un saludo.
 
Comentario:
Lo cierto es que no hace tanto que pasaba esto, tenemos una memoria bastante corta y va bien recordarlo. Lastima que la gente prefiera olvidar.
Un beso
 
Comentario:
Los padres siempre haciendo que no pasa nada, solo para no vernos preocupados.
Aca pasa lo mismo, en este instante una lechuga vale mas de un euro ( hago la conversion de mi moneda a la que se usa en españa) y el sueldo minimo es de 204 euros mas menos, alguien me explica entonces, como nos llaman los jaguares de america? como estara el resto entonces... es que nadie puede... la presidenta deberia darse un tiro en las bolas, bue en este caso en los ovarios.
 
Comentario:
Bonita historia.
Sí, supongo que tener lo suficiente para comprar pollo aunque suba, es una gran suerte. ¿Eso quiere decir que no tenemos que quejarnos? ¿Esto es lo mismo de ayer pero contado de otra manera?
Ummmmm.
 
Comentario:
Bonita y triste la historia, me ha gustado...
 
Comentario:
Me ha recordado a mi "notanpasada" infancia...Qué triste! Sólo cuando has pasado por eso, sabes apreciarlo.
 
Comentario:
jo, pues es muy triste...
yo no como porque no tengo ganas de cocinar, fijate...
 
Comentario:
pollo, huevos, leche, pan y patatas,

con esos mimbres se hizo la revolución industrial en españa,

por cierto, ¿cuando levantarán al pollo un monumento en el ministerio de economía y hacienda por los servicios prestados? el pollo debe ser otro de los peones de tu post del otro día,

con dios vecino,

salud,
No