Los peones y los puntos negros
Siempre me ha llamado la atención la teoría del “punto negro”. Yo suelo ilustrar el absurdo con una anécdota que me contaron hace tiempo. Alguien mirando a la azotea de su calle descubrió que en un tramo de unos cinco o seis metros había una valla a modo de barandilla mientras que en el resto de las azoteas no había nada de protección.
Cuando preguntó al portero de la finca por el curioso hecho la respuesta fue: “es que por ahí se cayó hace tiempo una persona”.
Muy nuestro eso de poner remedio sólo cuando ha sucedido una desgracia. A veces incluso ni con el punto negro. Hace unos años, trabajando para una multinacional un comercial de grandes cuentas me contó una anécdota. Uno de los servicios que vendía esta empresa era un sistema de copia de seguridad de los datos críticos de la empresa. Era un servicio con gran éxito en todo el mundo que, obviamente, en España era imposible de vender. Un día sucedió que una gran empresa perdió la mayoría de sus datos por un fallo en sus sistemas. Este comercial, confiado en la teoría del punto negro, aprovecho para visitar al responsable de sistemas de esta empresa para ofrecerle el servicio para que no volviese a suceder. Entonces se encontró con la respuesta brillante del tipo:
- Joder, si que suceda una vez es difícil, que suceda dos veces debe ser casi imposible.
Debió tratarse de esa extraña aplicación bastarda de la estadística que hacía que los londinenses buscaran los socavones producidos por las bombas durante la segunda guerra mundial con la extraña esperanza de que “es casi imposible que una bomba caiga dos veces en el mismo sitio”. Imagino que en los cementerios debe haber decenas de muertos a los que les hubiera venido bien alguna clase de estadística y teoría de la probabilidad.
En definitiva, todo este preámbulo (que si, que ahora empieza el post) es sólo para decir que como intento ser consecuente conmigo mismo procuro no criticar demasiado cuando se dictan normas preventivas incluso aunque lo que se pretenda evitar no haya sucedido anteriormente.
Voy a poner un ejemplo que ilustra a que me refiero. Hace unos años, un instalador me estaba colocando un aparato de aire acondicionado y me comentó que él tardaba un poco más en la instalación de la unidad exterior porque colocaba unos tornillos más largos en la fijación para evitar que se cayera. Pensé entonces en la cantidad de aparatos que hay por ahí colgados a alturas considerables y que no se sabe si están bien fijados. Alguna vez me da por mirar hacia arriba y observo que encima de mi cabeza hay uno, dos, o diez aparatos que pueden pesar más de treinta kilos. Además, como suelen estar perfectamente alineados, imagino que la caída de uno puede producir la caída de varios. Increíblemente para mí, no hay ninguna norma (al menos yo no la conozco) sobre la localización o el sistema de fijación de esos aparatos. Supongo que será cuando alguno se caiga y mate a alguien cuando se hará.
Hace un tiempo escuché que iba a entrar en vigor una ley según la cual es necesario apagar el móvil cuando se va a repostar y en general mientras estas en una gasolinera. Mi primera reacción fue pensar en la estupidez que suponía esa ley pero después intenté ser consecuente conmigo mismo y pensar en que sería mejor prevenir que curar. No obstante me quedé con la duda del porqué de la ley. Yo estoy de acuerdo en la prevención pero odio que nadie me explique las razones. No encontré ninguna evidencia de que tener el móvil encendido o hablar por él sea peligroso o produzca alguna chispa.
Meses después vi un documental de la serie “cazadores de mitos” donde intentaban cazar el mito de que alguien había salido ardiendo mientras hablaba por el móvil y repostaba en una gasolinera. Por si alguien no conoce esa serie lo que hacen es intentar por todos los medios reproducir el caso que estudian para demostrar que algo es posible o imposible. Algunos resultados son obvios y otros sorprendentes. En este caso hicieron todo tipo de pruebas posibles primero con el móvil de forma normal y después incluso haciéndole perrerías a la batería y no consiguieron sacar una chispa. Probaron con el móvil en espera, hablando y en los momentos supuestamente más peligrosos que son cuando se le llama y cuando descuelgan y nada de nada. No consiguieron nada.
Aún así la ley sigue vigente y, en teoría, todos deberíamos apagar los móviles cuando entramos en una gasolinera. No se si alguien lo hará alguna vez.
Este fin de semana, estaba yo en una gasolinera de un pueblo perdido en la serranía de Cuenca. Una gasolinera que parecía de otro tiempo, atendida por un señor mayor y donde aún te ponen la gasolina. Allí estaba yo cuando en ese momento me llaman al móvil, lo cojo y veo como el señor de unos sesenta años largos me mira con cara mitad de asombro, mitad de susto. Yo estuve a punto de decirle “móooovil.. esto es un móooovil” pero el tipo no me dejo:
- Disculpe que le moleste pero en la gasolinera no se puede tener el móvil encendido.
Sin muchas ganas de discutir le dije a mi interlocutor que luego lo llamaba, pero el señor insistió.
- Siento mucho molestarle pero es que no se puede tener encendido aunque no este hablando.
Es curiosa la mente humana. En una fracción de segundo pensé en mandarle directamente a la mierda, me di cuenta de lo complicado que sería explicarle que esa ley no tiene base alguna y de cómo se habían hecho pruebas y no habían conseguido sacar una chispa de un móvil. También se me ocurrió el hecho de que lo que yo estaba respostando era gasoil y de cómo es prácticamente imposible que el gasoil arda ni incluso acercándole una cerilla. Pero de pronto me recordó a alguien de hace años.
Un día, hace ya tantos años que no me acuerdo nos quedamos tirados sin gasolina en una calle de Sevilla sin gasolina a las tres de la madrugada. Mientras mi amigo iba a por una lata de gasolina en una gasolinera cercana yo me quede vigilando el coche. Lamentablemente mi amigo se llevó el mechero (y el coche era tan viejo que ni tenía o no le funcionaba). La calle estaba desierta hasta que al poco pasó un barrendero, un señor mayor con una escoba que arrastraba un carro. Me acerqué y le pedí fuego. Entablamos una mínima conversación:
- Buenas, tiene fuego?
- Si, toma. Vaya, ese tabaco fumo yo.
- Perdone, no le he ofrecido, quiere usted?
- No gracias, ojala pudiera pero estoy de servicio.
- Pero estamos solos.
- Si pero de servicio no me permiten fumar.
- Pero son las tres de la mañana y no hay un alma en la calle. No creo que nadie venga a descubrirlo.
- Ya, pero las normas son las normas.
Durante años he pensado multitud de veces en ese hombre. Un señor mayor, con un puesto no precisamente muy agradecido pero con la suficiente integridad como para cumplir las normas incluso cuando nadie le veía.
Volví a la gasolinera y me encontré delante mía un señor sesenton, canoso y entrado en carnes que trabajaba un día de festivo en una gasolinera en una carretera semidesierta en medio de ninguna parte que me hablaba con humildad y que segundos antes me limpiaba los mosquitos del limpiaparabrisas pidiéndome de forma respetuosa pero firme que cumpliera la ley. Una ley estúpida y sin fundamento. Nadie iba a echarle en cara que no lo hubiera hecho. Estaba él sólo en la gasolinera. Puede que injustamente desde alguna atalaya estúpida en la que a veces nos subimos a mí me recordó a aquel barrendero de Sevilla. Siempre me han producido respeto los “peones de ajedrez”.
Sin decir nada, apague el móvil y le pedí excusas. Cuando ya me iba me dijo:
- Buen viaje, y disculpe por lo del móvil. Hay gente que se enfada.
- Da igual, pero de todas formas, créame usted que tampoco pasa nada por tener el móvil encendido.
- Ya, pero si han puesto la ley será por algo. Supongo que ya habrá sucedido alguna tragedia antes.
Tal y como salía de la gasolinera iba pensando en lo interiorizado que tenemos en este país lo del “punto negro” y la suerte que tienen los legisladores y los “técnicos” que hacen estas leyes estúpidas en el hecho de que aunque se empeñan en demostrar su inutilidad día tras día, la gente todavía confía en que saben lo que hacen.
Más adelante me volví a acordar de los “peones de ajedrez” a los que tanta gente le ha debido tanto tiempo tantas cosas. A veces cuando veo a alguien así me acuerdo de una frase no sé si de un poema o de un libro que dice: “era, en el mejor de los sentidos, bueno”.
Cuando preguntó al portero de la finca por el curioso hecho la respuesta fue: “es que por ahí se cayó hace tiempo una persona”.
Muy nuestro eso de poner remedio sólo cuando ha sucedido una desgracia. A veces incluso ni con el punto negro. Hace unos años, trabajando para una multinacional un comercial de grandes cuentas me contó una anécdota. Uno de los servicios que vendía esta empresa era un sistema de copia de seguridad de los datos críticos de la empresa. Era un servicio con gran éxito en todo el mundo que, obviamente, en España era imposible de vender. Un día sucedió que una gran empresa perdió la mayoría de sus datos por un fallo en sus sistemas. Este comercial, confiado en la teoría del punto negro, aprovecho para visitar al responsable de sistemas de esta empresa para ofrecerle el servicio para que no volviese a suceder. Entonces se encontró con la respuesta brillante del tipo:
- Joder, si que suceda una vez es difícil, que suceda dos veces debe ser casi imposible.
Debió tratarse de esa extraña aplicación bastarda de la estadística que hacía que los londinenses buscaran los socavones producidos por las bombas durante la segunda guerra mundial con la extraña esperanza de que “es casi imposible que una bomba caiga dos veces en el mismo sitio”. Imagino que en los cementerios debe haber decenas de muertos a los que les hubiera venido bien alguna clase de estadística y teoría de la probabilidad.
En definitiva, todo este preámbulo (que si, que ahora empieza el post) es sólo para decir que como intento ser consecuente conmigo mismo procuro no criticar demasiado cuando se dictan normas preventivas incluso aunque lo que se pretenda evitar no haya sucedido anteriormente.
Voy a poner un ejemplo que ilustra a que me refiero. Hace unos años, un instalador me estaba colocando un aparato de aire acondicionado y me comentó que él tardaba un poco más en la instalación de la unidad exterior porque colocaba unos tornillos más largos en la fijación para evitar que se cayera. Pensé entonces en la cantidad de aparatos que hay por ahí colgados a alturas considerables y que no se sabe si están bien fijados. Alguna vez me da por mirar hacia arriba y observo que encima de mi cabeza hay uno, dos, o diez aparatos que pueden pesar más de treinta kilos. Además, como suelen estar perfectamente alineados, imagino que la caída de uno puede producir la caída de varios. Increíblemente para mí, no hay ninguna norma (al menos yo no la conozco) sobre la localización o el sistema de fijación de esos aparatos. Supongo que será cuando alguno se caiga y mate a alguien cuando se hará.
Hace un tiempo escuché que iba a entrar en vigor una ley según la cual es necesario apagar el móvil cuando se va a repostar y en general mientras estas en una gasolinera. Mi primera reacción fue pensar en la estupidez que suponía esa ley pero después intenté ser consecuente conmigo mismo y pensar en que sería mejor prevenir que curar. No obstante me quedé con la duda del porqué de la ley. Yo estoy de acuerdo en la prevención pero odio que nadie me explique las razones. No encontré ninguna evidencia de que tener el móvil encendido o hablar por él sea peligroso o produzca alguna chispa.
Meses después vi un documental de la serie “cazadores de mitos” donde intentaban cazar el mito de que alguien había salido ardiendo mientras hablaba por el móvil y repostaba en una gasolinera. Por si alguien no conoce esa serie lo que hacen es intentar por todos los medios reproducir el caso que estudian para demostrar que algo es posible o imposible. Algunos resultados son obvios y otros sorprendentes. En este caso hicieron todo tipo de pruebas posibles primero con el móvil de forma normal y después incluso haciéndole perrerías a la batería y no consiguieron sacar una chispa. Probaron con el móvil en espera, hablando y en los momentos supuestamente más peligrosos que son cuando se le llama y cuando descuelgan y nada de nada. No consiguieron nada.
Aún así la ley sigue vigente y, en teoría, todos deberíamos apagar los móviles cuando entramos en una gasolinera. No se si alguien lo hará alguna vez.
Este fin de semana, estaba yo en una gasolinera de un pueblo perdido en la serranía de Cuenca. Una gasolinera que parecía de otro tiempo, atendida por un señor mayor y donde aún te ponen la gasolina. Allí estaba yo cuando en ese momento me llaman al móvil, lo cojo y veo como el señor de unos sesenta años largos me mira con cara mitad de asombro, mitad de susto. Yo estuve a punto de decirle “móooovil.. esto es un móooovil” pero el tipo no me dejo:
- Disculpe que le moleste pero en la gasolinera no se puede tener el móvil encendido.
Sin muchas ganas de discutir le dije a mi interlocutor que luego lo llamaba, pero el señor insistió.
- Siento mucho molestarle pero es que no se puede tener encendido aunque no este hablando.
Es curiosa la mente humana. En una fracción de segundo pensé en mandarle directamente a la mierda, me di cuenta de lo complicado que sería explicarle que esa ley no tiene base alguna y de cómo se habían hecho pruebas y no habían conseguido sacar una chispa de un móvil. También se me ocurrió el hecho de que lo que yo estaba respostando era gasoil y de cómo es prácticamente imposible que el gasoil arda ni incluso acercándole una cerilla. Pero de pronto me recordó a alguien de hace años.
Un día, hace ya tantos años que no me acuerdo nos quedamos tirados sin gasolina en una calle de Sevilla sin gasolina a las tres de la madrugada. Mientras mi amigo iba a por una lata de gasolina en una gasolinera cercana yo me quede vigilando el coche. Lamentablemente mi amigo se llevó el mechero (y el coche era tan viejo que ni tenía o no le funcionaba). La calle estaba desierta hasta que al poco pasó un barrendero, un señor mayor con una escoba que arrastraba un carro. Me acerqué y le pedí fuego. Entablamos una mínima conversación:
- Buenas, tiene fuego?
- Si, toma. Vaya, ese tabaco fumo yo.
- Perdone, no le he ofrecido, quiere usted?
- No gracias, ojala pudiera pero estoy de servicio.
- Pero estamos solos.
- Si pero de servicio no me permiten fumar.
- Pero son las tres de la mañana y no hay un alma en la calle. No creo que nadie venga a descubrirlo.
- Ya, pero las normas son las normas.
Durante años he pensado multitud de veces en ese hombre. Un señor mayor, con un puesto no precisamente muy agradecido pero con la suficiente integridad como para cumplir las normas incluso cuando nadie le veía.
Volví a la gasolinera y me encontré delante mía un señor sesenton, canoso y entrado en carnes que trabajaba un día de festivo en una gasolinera en una carretera semidesierta en medio de ninguna parte que me hablaba con humildad y que segundos antes me limpiaba los mosquitos del limpiaparabrisas pidiéndome de forma respetuosa pero firme que cumpliera la ley. Una ley estúpida y sin fundamento. Nadie iba a echarle en cara que no lo hubiera hecho. Estaba él sólo en la gasolinera. Puede que injustamente desde alguna atalaya estúpida en la que a veces nos subimos a mí me recordó a aquel barrendero de Sevilla. Siempre me han producido respeto los “peones de ajedrez”.
Sin decir nada, apague el móvil y le pedí excusas. Cuando ya me iba me dijo:
- Buen viaje, y disculpe por lo del móvil. Hay gente que se enfada.
- Da igual, pero de todas formas, créame usted que tampoco pasa nada por tener el móvil encendido.
- Ya, pero si han puesto la ley será por algo. Supongo que ya habrá sucedido alguna tragedia antes.
Tal y como salía de la gasolinera iba pensando en lo interiorizado que tenemos en este país lo del “punto negro” y la suerte que tienen los legisladores y los “técnicos” que hacen estas leyes estúpidas en el hecho de que aunque se empeñan en demostrar su inutilidad día tras día, la gente todavía confía en que saben lo que hacen.
Más adelante me volví a acordar de los “peones de ajedrez” a los que tanta gente le ha debido tanto tiempo tantas cosas. A veces cuando veo a alguien así me acuerdo de una frase no sé si de un poema o de un libro que dice: “era, en el mejor de los sentidos, bueno”.
Comentario:
Te cuento otra curiosidad. Trabajo en aviación. Esta "prohibido" cargar de combustible el avión si está embarcando el pasaje(por cierto, es queroseno y este es aun menos inflamable que el gasoil, te lo digo por experiencia que he apagado cerillas en él). Pero hay excepciones a la norma: Si el pasaje está embarcando y es necesario acabar de repostar, o si hay una recarga de combustible e incluso si hay retraso y se trata de agilizar los trámites...entonces está permitido a condición de solicitar que haya un camión de bomberos cerca. ¿En que quedamos, es o no peligrosos? Por que si de verdad es peligroso no debe NUNCA jugarsela aun teniendo cerca un camión de bomberos.
La norma viene de los antiguos aviones que usaban otro tipo de combustible, de cuando los motores eran de pistón en vez de reacción y aún perdura a pesar de haber solicitado muchas veces su revisión.
La norma viene de los antiguos aviones que usaban otro tipo de combustible, de cuando los motores eran de pistón en vez de reacción y aún perdura a pesar de haber solicitado muchas veces su revisión.
Comentario:
Hace poco presencié un accidente en una gasolinera, con tan mala fortuna, que el coche volcó y empezó a derramar la suya. Mientras todos corrían hacia el coche a auxiliar a los dos ocupantes, yo corría como alma que lleva el diablo en dirección contraria, con mi peque a mi lado.
Curioso: yo lo conté en un alarde de confesión cobarde y la mayoría de la gente me dijo que había hecho lo correcto y que fui la única en reaccionar con dos dedos de frente.
No sé, yo creo que he visto muchas pelis.
Curioso: yo lo conté en un alarde de confesión cobarde y la mayoría de la gente me dijo que había hecho lo correcto y que fui la única en reaccionar con dos dedos de frente.
No sé, yo creo que he visto muchas pelis.
Comentario:
Pues en el fondo está bien que la gente cumpla las normas (otra cosas es que están sean lógicas o prácticas), pero yo siempre he créido que somos más bien un país de, "hago lo que me da la gana y que me digan algo...", vamos, más bien, un poco incívicos...
Comentario:
O como decía mi abuelo...cuando se escapa la vaca cerramos la puerta... o algo...jajaja.
Yo también quisiera pensar que las leyes están por y para algo y no son todas estúpidas...quisiera pensarlo...
1beso
Yo también quisiera pensar que las leyes están por y para algo y no son todas estúpidas...quisiera pensarlo...
1beso
Comentario:
no te iba a comentar... no tenía nada que decir, pero... hmmm machado.
Tampoco estoy de acuerdo con lo del móbil, y tampoco lo sabía. Claro que no tengo coche y no frecuento las gasolineras.
Besos
Tampoco estoy de acuerdo con lo del móbil, y tampoco lo sabía. Claro que no tengo coche y no frecuento las gasolineras.
Besos
Comentario:
La frase es de tu paisano A. Machado.
Da que pensar lo de esas personas tan respetuosas con las normas "de buena fe". Quizás la actitud correcta sea la que adoptaste, antes que tratar de explicarles el contrasentido de la norma; no estoy seguro. En todo caso, lo que es indudable es que merecen todo el respeto.
Da que pensar lo de esas personas tan respetuosas con las normas "de buena fe". Quizás la actitud correcta sea la que adoptaste, antes que tratar de explicarles el contrasentido de la norma; no estoy seguro. En todo caso, lo que es indudable es que merecen todo el respeto.
Comentario:
Me imagino que en un país en el que la respuesta a casi toda medida de prevención o norma de conducta preventiva es,
"Yo llevo haciéndolo así toda la vida y no me ha pasado nunca nada!",
encontrar a quien acepta y asume con esa naturalidad las normas es, como mínimo, sorprendente y admirable.
A pesar de que el otro día me fijé en que están allí las señales de prohibido usar el móvil, nunca lo había tenido en cuenta. Por eso me sorprendió que quien iba conmigo en el coche, al llegar a la gasolinera le dijo a su interlocutor
"Estoy en una gasolinera, te llamo luego"
y apagó el móvil.
Yo, había pensado que a lo mejor el móvil interfería con aparatos electrónicos del surtidor (¿?), jamás pensé que fuera porque podía provocar chispas.
Un beso.
"Yo llevo haciéndolo así toda la vida y no me ha pasado nunca nada!",
encontrar a quien acepta y asume con esa naturalidad las normas es, como mínimo, sorprendente y admirable.
A pesar de que el otro día me fijé en que están allí las señales de prohibido usar el móvil, nunca lo había tenido en cuenta. Por eso me sorprendió que quien iba conmigo en el coche, al llegar a la gasolinera le dijo a su interlocutor
"Estoy en una gasolinera, te llamo luego"
y apagó el móvil.
Yo, había pensado que a lo mejor el móvil interfería con aparatos electrónicos del surtidor (¿?), jamás pensé que fuera porque podía provocar chispas.
Un beso.





