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Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
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Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
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Una noche de cine
Hay pocos hombres menos mitómanos que yo. Había uno en Sudáfrica pero lo atropello un elefante el año pasado. Tampoco soy nada “fans” de nadie. Ni ahora ni cuando se supone por edad que debía serlo.

Consecuente con esto, debo decir que no suelo tener “mitos eróticos” entre actrices y cantantes. Debe ser mi forma de ser mucho más apegado a la lógica realista que a la fantasía que, como dije hace un par de post, mis sueños eróticos de juventud eran con mujeres más “de carne y hueso”. Alguna vez he pensado en esto (pues si, he gastado tiempo pensando en esto, “c’est moi”) y he llegado a la conclusión de que tal vez a las actrices y cantantes las veía lejanas e inaccesibles y suponía inconscientemente que las mujeres que veía todos los días (señoras de buen ver de mi barrio, profesoras, alguna que otra alumna aventajada, etc..) les daban a las fantasías un toque de posibilidad real que las hacía más excitantes.

En realidad, analizando la cosa, en su tiempo, se trataba de fantasías tan quiméricas como las que podría tener con la actriz de moda pero el mero hecho de la cercanía hacía que el sueño fuese potencialmente factible.

Por otra parte, si a pesar de mis reticencias “me obligo” a hacer una lista de las actrices más sensuales y sexuales creo que me quedaría con una pequeña pero tremendamente homogénea lista: Marilyn Monroe, Ava Gadner, Kim Novack, Sofia Loren, Silvana Mangano, Stefania Sandrelli, Anita Ekberg, Jacqueline Bisset y pocas más (tal vez Kim Basinger y Jessica Lange) .

En fin, mujeres que comparten el hecho de que no son precisamente contemporáneas (al menos en su momento más “sexy”) con la curiosidad de que, según su índice de masa corporal, es seguro que serían calificadas según la estética oficial como obesas mórbidas.

Lo cierto es que hace mucho que no hay ninguna actriz que me produzca el morbo de cualquiera de la lista. De hecho llámeme usted raro pero las últimas “sex- symbols” al uso tales como Angelina Jolie y otras muchas de las que ni siquiera sé el nombre (para mi suelen ser “la que sale en la peli esa de…”) no es que me llamen la atención demasiado.

Que no se malinterprete la cuestión. Decir que Angelina Jolie no esta buena sería estúpido por mi parte. Sin embargo, no se porqué pero ver a “la Jolie” embutida en la camiseta de “Tomb Rider” no llega ni de lejos al efecto que me produjo, por sólo poner un ejemplo, ver a Silvana Mangano con una camiseta similar (en este caso jersey) en “arroz amargo”. Es muy probable que en esto intervengan muchos factores que tienen que ver con el hecho de que cuando yo vi, por poner otro ejemplo, a Anita Ekberg en su famosa escena de la fuente de “dolce vita” por primera vez, era básicamente una hormona con patas.

También interviene en esta sensación el hecho de que, afortunadamente para mi, aprecio mucho más la “belleza imperfecta” de la mujer normal y corriente que la estética un tanto irreal de estas bellezas del celuloide (o del emule que tanto montan).

Por eso tal vez, cuando oigo eso de las listas de mujeres más sexys, más deseadas, etc.. como con casi todas estas listas de “los más” suelo identificarme poco. Es obvio que todas son espectaculares pero no me dicen gran cosa.

Hay una excepción: Scarlett Johanson. Casi me dio rabia (aunque obviamente no me sorprendió) que fuese elegida como una de las mujeres más deseadas del mundo porque en este caso me incluyo dentro de tan poco selecto grupo. Incluso no hace mucho me trague una película bastante mala e infumable (La Dalia Negra) que sólo se salvaba por las esporádicas apariciones de la chica.

Además, en un par de conversaciones he tenido la ocasión de comprobar que produce efectos muy parecidos en las mujeres. Y hablo de heterosexuales.

La cuestión es que acabo de recibir un mail y, ante mi sorpresa el título del mismo es: “¿Quieres pasar una noche de cine con Scarlett Johanson?”. Eso si que es publicidad efectiva. De hecho ha sido recibirlo y he contestado cual infante de guardería un “siiiiiiiiiiiiiiiiiiii” largo. De esos que, por más largo, parecen más afirmativos.

Inmediatamente he abierto el mail y he comprobado que se trataba de un mail de canal +. La cuestión es que el viernes echan una película de ella. Después he vuelto a leer el titulo del mail. Joder, puestos a elegir, y visto lo visto y a lo que se refieren, prefiero una noche de teatro. Para terminar de arreglarlo veo que el mail es de hace más de un mes y me llega ahora.

Comienzo a pensar que lo mío con Scarlett es casi imposible. Solo pensar en lo que estará pasando la pobre...
 
Blogosferia
Hace unos días Amanda se quejaba de que el concurso de blogs de "20 minutos" tiene un método de votación que fomenta el compadreo. Lo cierto es que no conozco un concurso donde no haya “mamoneo”. Si se trata de un jurado “imparcial” normalmente no es imparcial y si se trata de votaciones normalmente quien dedica más tiempo o convence a más amigos gana.

Lo gracioso en este caso es que se han inventado un método de votación que implica que debes tener un blog a concurso para tener derecho a voto. Obviamente, y por aquí iba la queja de Amanda, se ha dado pie al compadreo de “si me votas te voto”.

Esto ha añadido un nuevo juego de relaciones en lo que muchos llaman “la blogosfera” y que yo acabo de decidir llamar la “blogosferia”. La blogosferia es entorno virtual donde la gente se rige por normas no escritas pero igualmente conocidas. Los habitantes de la blogosferia son los que escriben blogs y los que los leen y comentan que, en su inmensa mayoría son los mismos. Porque una de las características principales de esta feria es la endogamia. Hace no mucho leí que de los diez blogs más leídos del mundo, seis trataban como tema el mundo de los blogs.

Yo no me reconozco como miembro de este cada vez menos minoritario grupo e intento además no regirme por los códigos de conducta más habituales. Comento cuando me apetece, cuando el post me inspira un comentario y, lo más difícil de conseguir, cuando tengo tiempo. Lamentablemente mi tiempo es escaso. Así pues, el hecho de que no comente un post no quiere decir nada en absoluto. Exactamente igual que lo contrario. Al comentar a alguien no pretendo comenzar una relación de filiación y mucho menos el típico “yo te comento tu me comentas”.

No tengo pandillas, no tengo enlaces. Tengo accesos directos que me evitan tener que teclear direcciones. Incuso hay quien detecta un cierto significado en el número de orden de un enlace. En mi caso están ordenados al buen “tun-tun”. Consciente de que la gente le podría dar importancia a este detalle un día pensé en hacerlo por orden alfabético pero siempre me da pereza cambiarlos.

No pretendo ligar (allá quien no entendió el tono irónico y divertido del post que escribí no hace mucho) y, es más, una de las cosas indispensables para mi en este blog es ser anónimo lo que implica por definición no conocer personalmente a nadie. Claro que he charlado (más de una vez) por el messenger con alguien que escribe o que me ha hecho un comentario pero ni busco amor, ni busco sexo, ni busco dinero, ni busco nada (además, prefiero encontrar a buscar).

Si he dicho que no quiero que me reconozcan, sería un tanto absurdo pensar que busco reconocimiento. Por eso, entre otras cosas, no me presentaría nunca a un concurso y he desechado alguna que otra invitación que me han hecho a participar en estudios o incluso en un congreso de blogs.

Dicho esto he de decir que para nada critico a quien lo haga. Me parece estupendo que alguien se presente al concurso. Por cierto mi voto moral diario se lo lleva Amanda (no se lo lleva efectivo porque no me presento).

Me parece genial que alguien escriba o lea un blog para ligar, para encontrar un trabajo, para divertirse, para no aburrirse, para ganar dinero, para enamorar, para enamorarse, para exhibirse, para presumir, para salir de una depresión, para deprimirse, para protestar, para desahogarse, etc… Cada razón me parece tan valida como la anterior. Mi razón para escribir es que me gusta escribir, siempre me ha gustado y ahora además de fácil tiene el “morbo” añadido de la exposición y la retroalimentación de los comentarios. La razón para leer es que alimento lo único que tengo absolutamente insaciable: mi curiosidad.

Lo que no me gusta tanto son los efectos colaterales de toda esta parafernalia. En realidad, en la blogosferia me molesta prácticamente las mismas cosas y las mismas personas (sería correcto decir las actitudes más que las personas) que en nuestra sociedad. Me molesta la gente que insulta, la gente que hace daño de forma gratuita, me molestan los intolerantes, me molestan los racistas y los xenofobos, los violentos, los sectarios y los proselitistas.

A esto hay que sumar determinadas actitudes que parten de dos hechos que caracterizan la blogosferia: la exhibición publica (por algo se “publican” los post) y la ausencia total de responsabilidad sobre lo escrito. Tanto en los post como en los comentarios, la gente dice lo que le da la gana. Eso tiene su parte buena que yo siempre defenderé y tiene su parte mala que siempre criticaré. Sentado en un sillón alguien puede hacer una apología del terrorismo o del racismo regodeándose en su refinado estilo literario o alguien puede insultar, hacer daño a un tercero, o simplemente sentar cátedra sobre otra persona que conoce de cuatro post.

Ahora comienza en algún blog que leo una especie de “éxtasis del cotilleo” que no es nueva para mi. Ya la viví hace tiempo y supongo que es algo habitual. No hace mucho en un comentario alguien dijo que “todos los que nos dedicamos a esto de los blogs somos un poco porteras”. Creo que no hace falta pedir perdón a las porteras. Sabemos a que nos referimos. Pues bien, yo no se que serán el resto pero yo no lo soy. Me niego a tener que versionar la frase de J. Séguéla: “No le digas a mi madre que escribo en un blog, ella cree que soy pianista en un burdel”.

Soy curioso, no cotilla. La diferencia la pongo con un ejemplo: Ayer me enteré que el inventor de la ametralladora Gatlin era un médico pacifista (Gatlin) que, asustado ante el terrible número de víctimas de las guerras, decidió (de forma ingenua desde luego) inventar algo que disparase más rápido para que hiciese el trabajo de decenas de hombres. El curioso razonamiento es que así habría menos gente en la guerra. El saber eso, que no se me olvidará nunca y que seguramente no sirve para nada, es producto de mi curiosidad. También ayer, una pareja subía en el ascensor y se paró en mi planta conmigo. No tengo ni idea ni de quien son ni tengo la más mínima curiosidad por saberlo.

Me molestan tanto los programas del corazón como los cotilleos en los blogs. Aún más estos últimos cuando compruebo que algunos de ellos son de gente cuyos blogs leo o que me comentan habitualmente.

En el post anterior comenté una metamorfosis, la de la adolescencia. Con sus cosas buenas y sus guiños nostálgicos, afortunadamente hace tiempo sufrí otra metamorfosis que me convirtió en un adulto. Así pues, yo continuaré escribiendo lo que me apetezca (y agradeciendo su visita a quien me lea y/o me comente) en el poco tiempo que me permite mis ocupaciones.

Quien tenga la suerte de disponer de tiempo que lo aproveche o que lo pierda (lo que más guste), pero a mi dejadme fuera de la blogosferia.

Cada vez soy menos partidario de dar consejos. Tampoco soy particularmente adepto a los imperativos. Pero si tuviese que dar un consejo e identificarme con un imperativo seguramente sería el del cartel.

 
La metamorfosis (con permiso de Kafka)
Ya era tarde. Cerca de las diez. La fiesta ya llevaba desde la seis y media. Por fin una fiesta. Era la primera desde el año anterior cuando un grupo de fachas se bajó de un autobús fletado por “Fuerza Nueva” y destrozó el ambigú, algunas cabezas y, de paso, la indescriptible sensación de sentirse mayor de cientos de chavales de un instituto. Por eso, al año siguiente, en mi primer curso de instituto, no fue sino hasta después de Navidad que los de tercero de BUP convencieron al jefe de estudios para que les diera permiso para organizar fiestas.

Por entonces, ese año (uno de los más intensos de mi vida) y en los pocos meses de curso que llevaba, ya casi se había completado mi metamorfosis.

A esa edad lo cierto es que los meses parecen años. Seis meses atrás yo era un chaval tímido y seguramente retraído, un chaval con nota media de diez, adelantado por edad dos cursos. Un chaval que, como todos los de mi edad (por aquel entonces) se divertía jugando al fútbol y cuyo gusto musical era prácticamente inexistente. Un chaval que, aunque comenzaba a sentir “cosas extrañas” a la vista de las fotos de las mujeres de los recortes de revistas, seguía viendo a las chicas de mi edad más que nada como un fastidio. Aun recuerdo la sensación de vergüenza (propia y ajena) que sentí en la fiesta de despedida del colegio cuando algún “valiente” decidió salir a bailar en la pista.

Sin embargo, en el medio año que trascurrió desde esa fiesta donde me sentí tan extraño hasta mi primera fiesta del instituto sucedieron tantas cosas que ese chaval de antaño se me hacía irreconocible.

En primer lugar se produjeron una serie de cambios físicos. Sin tener el dato exacto podría decir que en esos meses pasé de medir poco más de 1,70 a superar holgadamente el 1,80. Baste como anécdota el hecho de que algún familiar no me reconoció por la calle. Otra curiosa transformación fue que, de pronto y sin previo aviso, se me rizó el pelo. Tan es así que hubo amigos que tardaron años en creerse que, efectivamente, no me había hecho la permanente.

Pero, siendo espectacular el cambio físico, el verdadero cambio fue de mentalidad y actitud. De pronto, me convertí en un “chico popular” y en una especie de “rebelde sin causa”. Este cambio tuvo consecuencias positivas y negativas. Uno de los efectos secundarios negativos de esta fase fue la costumbre (que nunca más pude evitar) de faltar a clase lo que, unido a un pasotismo considerable, hizo que pasara del sobresaliente perenne en mis notas a suspender ocho de nueve asignaturas en mi primer año de instituto (que afortunadamente recuperé en septiembre). Tal vez el mayor efecto para mi fue la extraña transición de la sensación de ser considerado un empollón o un superdotado a ser tratado como si fuese “cortito”. Fue la época de la tan poco original como, a mi modo de ver, dañina excusa de “inteligente pero vago”.

Quitando estos pequeños estragos, lo cierto es que ese año me lo pase como dios. Es cierto que no iba a clase, pero también es cierto que nunca faltaba al instituto. Simplemente me quedaba en el patio, o en el “ambigú”. Comencé a “juntarme” con chavales casi todos mayores (una constante en mi vida). De pronto, la cassettes de los payasos de la tele dejaban paso a Deep Purple, Pink Floyd, Supertramp, Electric Lighth Orchrestra, Alan Parsons, Triana, Tequila, Burning, Silvio Rodriguez, etc.. Fue el inicio de mis tremendamente eclécticos gustos musicales.

También hubo un cambio radical en la vestimenta. De mi pantaloncito y mi jersey de niño bueno pasé sin solución de continuidad al pantalón de cuero, guardapolvo kaki o gris, cazadora de cuero o azulina con hombreras, camiseta negra o camisa tipo séptimo de caballería con botones a un lado, botas y pañuelo anudado en el tobillo. Eso del pañuelo anudado en el tobillo fue algo que hice por casualidad una vez y me sirvió para descubrir lo fácil que era comenzar una moda. Otra fue colgarme en la solapa un pendiente de mi hermana. Con esto, conseguí adelantarme algunos años a la moda de los “pins”. En definitiva mi aspecto era curiosa mezcla de “mod”, “Rockabilly” y “tecno” que reflejaba en mi vestimenta mis diversos gustos musicales. Afortunadamente (y lo digo por razones obvias) no conservo ninguna foto de entonces.

Ahora los “colegas” habían sustituido a los amigos y rebasaba con cierta frecuencia la frontera del puente de mi barrio para salir “de marcha”. Mis primeros escarceos con el alcohol (curiosamente me resistí bastante al tabaco) y, por fin, mis primeras relaciones con mujeres. Aún no eran relaciones “tete a tete” sino más bien en pandilla. No obstante, ya comenzaba a mirar a las chicas de forma distinta. Y no sólo a las jovencitas. En mis fantasías se colaban a menudo las “mamas” que paseaban a sus críos por el jardín de mi barrio e incluso alguna que otra profe de muy buen ver.

He de decir que yo ya había tenido una pareja. Aunque parezca raro lo cierto es que, antes del cambio, en mi último año de colegio yo me enamoré locamente de una chiquilla. Cosas del destino, esa misma chiquilla y yo tuvimos un par de años más tarde otra oportunidad. En realidad, a esa edad, lo de “pareja” se sustanciaba en poco más que salir del colegio juntos y vernos de vez en cuando. Y, eso sí, en el colmo del frenesí, un único beso en la boca. Dos años más tarde nos desquitamos y nos cobramos intereses de demora.

Ahora, ya pasada esa época, yo buscaba mi primera relación “adulta”. Nada de piquitos. Yo buscaba “enrollarme” con una chica y, por supuesto, besar con lengua (“comerse la boca”). Me intrigaba y me obsesionaba a partes iguales que habría que hacer con la lengua. Es curioso como estas cosas se aprenden sobre la marcha.

Era lo que de verdad me faltaba para cerrar el proceso de metamorfosis.

Entre las chicas que había en la pandilla y que estaba formada en su mayoría por gente del instituto había una chica que se llamaba Marina. Yo ni siquiera soñaba con Marina. Para mi era una chica destinada a uno de “los mayores”. Aunque estaba en mi clase Marina, como suele pasar en esa edad, parecía mayor que casi todos nosotros salvo tal vez Dani que había repetido tres veces. Había dos rasgos que hacían de Marina una mujer de bandera: sus grandes ojos azules y su par de tetas de considerables dimensiones. El resto estaba muy bien pero definitivamente eso sobresalía (en algún caso literalmente) sobre lo demás.

Como decía, a pesar de lo que me excitaba, jamás me planteé nada con Marina. Es cierto que se reía mucho conmigo pero yo estaba convencido de que era una más de las que se reía conmigo pero se enrollaba con otro.

La fiesta estaba terminando. Recuerdo pasármelo tan bien como solo con esa edad te lo puedes pasar. Sin parar de bailar. Afortunadamente, el gimnasio comenzaba a vaciarse un poco y el calor agobiante se iba pasando. Ya al final, casi por casualidad me encontré con Marina. Nos saludamos como si no nos hubiésemos visto en meses y nos sentamos en el suelo contra las espalderas. Llevaba una camisa negra y desde mi posición elevada podía observar su sujetador. No recuerdo que sucedió exactamente, pero antes de que yo mismo me diese cuenta, estábamos sentados en el suelo, rodeados de gente bailando mientras nos besábamos (Y con lengua!!). Ella se levantó sonriendo y me cogió de la mano. Me llevo detrás de la barra donde había una especie de reservado en una sala oscura. Y allí, por primera vez en mi vida saboreé los pechos de una mujer.

Al poco rato me dijo que se tenía que ir. Su hermana que estaba un par de cursos por delante, le esperaba en la puerta. Yo me quedé como flotando en una nube. Por fin era mayor!. La fiesta ya había terminado prácticamente. Me quedé ayudando a la gente que ponía la música que eran amigos nuestros. Mientras empaquetábamos y de paso nos bebíamos todo lo que había quedado en botellas abiertas alguien puso una canción de Burning. (Seducción, del LP “el final de una década). Dios, me sentía un auténtico hombre.

Con Marina sucedió algo muy similar en dos o tres fiestas y en una tarde donde escandalizamos a bastantes madres y padres en el césped del parque de los príncipes. Pero, sin ningún drama, y casi de forma natural, dejamos de vernos. Seguía en mi clase y en la pandilla pero no éramos (nunca lo fuimos como tal) pareja. Lo cierto es que ahora, con cierta perspectiva (muchísima perspectiva diría yo) me doy cuenta de que jamás me enamoré. Fue pura excitación.

Hoy me han dado una tarjeta y en ella un apellido. El apellido de Marina. De pronto, de forma instantánea, he recordado sus dos apellidos. Hay amigos íntimos de los que no conozco sus dos apellidos pero ella estaba en mi clase y hay cosas que no se olvidan. O mejor dicho, hay cosas que se recuerdan.

Me ha dado por buscar sus dos apellidos en Google por pura curiosidad y sin pretensión alguna de encontrarla. He obtenido unas decenas de resultados pero entre los primeros, de pronto he encontrado sus apellidos, su nombre y su dirección en mi ciudad y en mi barrio (muy cerca del instituto curiosamente) en dos páginas. Los dos eran boletines oficiales de mi región. Dos notificaciones de embargo.

Que asco crecer y tener problemas de mayores.
 
Diligencia
En un pueblo de Madrid a tantos de tantos, siendo las tantisimas de la tarde del día de la fecha se persona el que mediante exhibición de su DNI acredita ser D. TitoBeno, hijo de su padre y de su madre (esto último acreditado) nacido un día de hace ya mucho y con domicilio en su casa. QUE DE FORMA VERBAL Y VOLUNTARIA DESEA DENUNCIAR QUE:

El denunciante se hallaba en la mañana de ayer en un pueblo cercano a Madrid cuando, después de asistir a una reunión de trabajo observó que le habían intentado abrir la puerta del coche y como resultado de dicha acción el bombín de la puerta del conductor se hallaba en lamentables condiciones.

Cagándose el denunciante en todo lo cagable y especialmente en la progenitora del autor (o autora) del delito se dispuso a recibir instrucciones desde la secretaría de su empresa que, previa consulta al seguro le instó a acudir a la comisaría más cercana a cursar la correspondiente denuncia.

Hallándose el susodicho en un pueblo que, aunque muy pijo y pinton, no tiene policía, no tuvo más remedio que personarse en el cuartel de la muy benemérita institución de Guardia Civil. Una vez el denunciante en el cuartel observó que había una cola de dos personas delante sin sospechar por un momento que tres personas (contando al denunciante) supone una auténtica multitud que colapsa el sistema de trabajo de la nunca bien ponderada institución benemérita.

Desea puntualizar el denunciante que a la hora y media de espera y puesto que el trámite a realizar era puramente formal se atrevió a preguntar a uno de los agentes uniformados que allí estaban viendo la televisión si existía alguna plantilla para hacer este tipo de denuncia de forma rápida y abreviada constatando el denunciante que en la benemérita la palabra “plantilla” tal vez por tener más de dos sílabas, es desconocida del todo. El denunciante recibió como respuesta una versión edulcorada (pero igual de rotunda) del “se sienten coño!” que no hace tanto hizo tan famosa a la institución fundada por el duque de Ahumada.

Observa el denunciante su perplejidad ante el hecho de que todo el personal del cuartel, cuya actividad en las horas que el susodicho permaneció se limitó a introducir datos en un ordenador, escriba con un dedo y a una cadencia aproximada de una letra por segundo (siempre y cuando la letra en cuestión no se esconda).

Insiste el denunciante en reseñar el hecho, no menos misterioso, de que fue instado vehementemente a apagar el teléfono móvil porque, según declaración del que se identificó como jefe de puesto “los móviles pueden estropear la informática”. Como aporte indisoluble a este comentario el denunciante señala que “la informática” es como llamaban a un ordenador sin marca con monitor de tubo de rayos catódicos de quince pulgadas. No pudiendo concretarse si se trataba de monitor en color o de fósforo verde. A los requerimientos del denunciante para seguir con el teléfono móvil encendido ya que no se conoce un caso de que la interferencia de un celular haya dañado a un ordenador, afirmación que apoyó en su cualificación profesional y experiencia, se recibió como respuesta uno de los lemas que han hecho grande a esta institución: “yo que quiere que le diga, a mi me dicen que lo haga y yo lo hago”.

Trascurridas prácticamente tres horas y tocándole el turno (y un poco los cojones) al denunciante, este volvió a manifestar el hecho de que se trataba de una denuncia formal y bastante habitual y si disponían de denuncias tipo para poder agilizar el trámite ya que a las cuatro y media de la tarde el hecho de no haber comido se manifiesta ciertamente desagradable. Ante tal pregunta los dos números de la benemérita que le atendían (uno para pulsar una tecla cada segundo y el otro para dictarle y ayudarle en caso de que la tecla sea particularmente difícil de encontrar) rompieron en una risa poco contenida haciendo un gracioso chascarrillo que, a esa hora y en esas circunstancias, sonó particularmente divertido “si hombre!, ahora vamos a ser nosotros la NASA”. Confiesa el denunciante que aún ahora mismo pasadas muchas horas del sucedido se pregunta que coño entendieron los agentes de la autoridad.

Confirmando sus más íntimos temores comprobó el denunciante que, efectivamente, cada denuncia se hacía desde cero sin siquiera tener una mínima plantilla. A pesar del estado de crispación aún tuvo tiempo el susodicho de pasar un buen rato admirando la traducción que de los hechos hacía el agente encargado de dictar la diligencia. Confiesa que tuvo un acceso de risa cuando escuchó la palabra “diligencia” después de estar esperando casi tres horas para que fuesen atendida dos personas. Supuso el denunciante que la palabra diligencia no tenía su origen en “diligente” sino más bien en el carruaje que tan famoso hizo John Wayne.

Habiendo transcurrido aproximadamente cuarenta y cinco minutos desde que el denunciante manifestó lo ocurrido “me han intentado abrir el coche y me han roto el bombín. No me falta nada así que sólo quiero denunciar el daño” hasta que el abnegado miembro de la guardia civil relleno página y media de denuncia se pasó al curioso proceso de constatación de la veracidad de la denuncia.

Quiere manifestar el denunciante que cuando creía que ya no podría aumentar su perplejidad, la pareja de agentes lo consiguió cuando le pidieron amablemente (en el tono que, desea puntualizar el denunciante, transcurrió toda la diligencia) ir a comprobar personalmente que efectivamente el bombín de la puerta estaba roto. Después de unos minutos de paseo, ya que el cuartel se encuentra relativamente apartado de donde el vehículo se encontraba aparcado, el denunciante comprobó aliviado que dicho vehículo no había sido sustraído a pesar de llevar casi cuatro horas con el bombín roto aparcado en la calle y los agentes comprobaron a su vez (imagino que con alborozo aunque bien disimulado) que efectivamente el denunciante no había pasado cuatro horas en pie y sin comer con el único objeto de gastarles una broma denunciando la rotura falsa del bombín de la puerta.

Desea manifestar la tranquilidad que sintió el denunciante cuando los miembros de la benemérita al observar el bombín le comentaron que tuvo suerte ya que esa marca de coche es particularmente apetecible por los cacos de la zona y que, cuando los roban, normalmente no vuelven a aparecer. Sintió en denunciante que comprendía perfectamente porque no volvían a aparecer pero se reprimió en sus ansías por hacérselo saber a los agentes.

De vuelta en el cuartel el denunciante quiere puntualizar que cuando le dieron una hoja con sus derechos entre los que se encontraba el derecho a personarse como acusación particular si pillan al culpable sintió unos irrefrenables deseos de explicar que si por una mera casualidad, o tal vez por que el ladrón tuviese un repentino deseo de confesar y la suficiente paciencia como para esperar unas horitas a que alguien le atendiera para su confesión, o sea como fuere la benemérita pillara al caco el que suscribe desearía personarse como acusación y reclamarle una compensación por las horas perdidas en el curso de la denuncia. El coste del bombín le es indiferente ya que el vehículo es de renting y tiene su seguro a todo riesgo correspondiente.

Por último, quiere el denunciante manifestar que mientras comía una hamburguesa a las seis de la tarde se reafirmó en su absoluta convicción de que si le vuelve a suceder algo similar prefiere pagar el bombín de su pecunio particular antes que volver a sufrir el proceso de “diligencia de conocimiento y exposición de la denuncia”.

No desea añadir más que lo dicho en lo que se afirma y ratifica

TitoBeno
 
Post de repente
Los Reyes Magos, esos grandes desconocidos que se fueron a ver a un recién nacido y les llevaron oro, incienso y mirra inaugurando de esta forma el sutil arte de regalar cosas inútiles, siempre han sido conmigo poco generosos. Volviendo al asunto de los regalitos, yo siempre me he imaginado la carita de la virgen María cuando abrió el papel y se encontró con un cofre de mirra (digo yo lo del cofre porque no tengo ni idea de cómo se despachaba la mirra por aquel entonces). Seguro que San José intentaría disculparlo pero no quiero ni pensar en las burradas que diría la virgen al rey negro. Aunque seguramente pondría una sonrisa forzada y diría.. vaya que bonito.. y despues soltaría la lengua a pasear con su cuñada (yo me imagino diciendo, "la verdad es que yo no soy racista pero...."). Al fin y al cabo la virgen sería virgen pero ante todo era madre y ya se sabe que madre sólo hay una porque todas son iguales.

En mi caso los reyes magos siempre me han parecido muy listos (léase como si estuviera escrito “unos listillos de mierda”). Es cierto que a mi me regalaban más o menos como a todos pero en mi caso hay que tener en cuenta que, al coincidir prácticamente con mi cumple, me consta de buena tinta que en realidad sólo la mitad de lo que me regalaban me lo traían ellos. La otra mitad eran regalos de cumpleaños de mis papas. Yo solía preguntar siempre que cosas eran regalos por mi cumpleaños y que me habían traído mis reyes, pero el contubernio entre mis padres y los monarcas de los cojones era tal que la mayoría de las veces ni mis padres se aclaraban.

No hace mucho, hablando con una tía que me llama a veces para saber que tal voy y si me he echado novia (tal es así que en cuanto veo su número en el teléfono descuelgo y contesto “diga?, bien, no”) en una de esas extrañas extensiones artificiosas de la conversación me preguntó “que le has pedido a los reyes?”. Lo cierto es que me pilló de sorpresa. Esta mujer debe desconocer que los reyes son los hijos. Aún así le dije que estaba abierto a que me trajeran lo que quisieran. Al fin y al cabo en mi vida (si hubiese hablado con un amigo hubiese dicho “en mi puta vida” porque es un asunto al que soy muy sensible) nunca me han traído lo que les pedí. Entonces ella sentenció:

- Pues lo importante es que te traigan salud y mucho trabajo.

Así pues, debió ser que después de colgar se fue al corte inglés a entregarle la carta al paje real y los muy cabritos de los magos, como siempre, entendieron lo que quisieron. Siguiendo el acuerdo que tienen desde hace años con mis padres decidieron dejarme la mitad de lo que pidieron por mí. El resultado es que, en todo lo que llevamos de año, estoy con resfriado, dolor de cabeza, moqueando y, eso sí, hasta las orejas (empezando desde abajo) de trabajo.

Nota del autor: este post, de la categoría “post expresamente(*) dedicados”, está dedicado (expresamente) a quien me dijo que mis post son muy densos. Puede observar el querido crítico que he gastado cuatro párrafos bastante extensos y lo que llevo de este sólo para decir que estoy pelín enfermo y muy ocupado. Yo diría que no soy nada denso. De hecho me atrevería a dudar ¿se puede diluir aún más?.

Y con esto quiero dar por acabado este post. Largo, como el café americano, pero intenso como un expresso.


* Expresamente: de modo expreso (listo que eres un listo..)

PD: Lectura de apoyo

Soneto de repente

Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto,
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo y aun sospecho
que voy los trece versos acabando:
contad si son catorce y está hecho.

Lope de Vega
 
Cambios hormonales
Pues sí, dice el mito (y casi todo el mundo que se ha enterado de mi paso a la cuarentena) que a partir de esta edad se producirán ciertos cambios hormonales que me llevarán a:

- Comprarme un coche deportivo.
- Ligar con veinteañeras.
- Intentar demostrar que estoy hecho un chaval.
- Comenzar a pensar en la jubilación.

También notaré ciertos síntomas como las arrugas en todas las partes de mi cuerpo incluyendo justo la que estas pensando en este momento. De hecho, dice el chiste que los hombres de más de cuarenta no tenemos polla sino pene que es “como la polla pero más blandita”.

A mi todas esas cosas me parecen una sarta de tópicos y no les doy importancia pero:

- Estoy mirando coche para cambiar y hace poco estuve probando un deportivo.
- Hace dos días hice un viaje y, de pronto, me sorprendí mirando de arriba abajo (y deseando hacer algo más que mirar) a la cría que se puso delante de mí y que no pasaría de los veintipocos.
- En una obra hice la estupidez de decir “joder, como que no puedes con eso.. anda espera…” y me atreví a cargar con una caja que pesaría unos cincuenta kilos. Estuve jadeando media hora.
- No hace mucho alguien me dijo que pidiera un deseo y deseé jubilarme a los cincuenta.

Bueno, cuatro de cinco. No está mal para ser un tópico.
 
Piénsalo
Antes que nada quiero agradecer a todos los que me han felicitado por mi cambio de status de treintañero a “maduro interesante”. La causa de no contestar antes y debidamente se debe al hecho de que aún no he conseguido alcanzar el status de maduro, interesante y jubilado precoz. Así que de momento sigo con poco tiempo.

Uno, que ya ha alcanzado la madurez de la vida y que puede decir que definitivamente no es oficialmente joven ha ido evolucionando con el transcurrir de los tiempos. David Bowie, que ha cumplido sesenta años recientemente, decía en una entrevista que los años le han hecho tomarse las cosas de forma mucho menos grave y aprender a no darle importancia a casi nada. Yo creo que en eso he ganado veinte años aunque debo reconocer que a veces me sorprendo (positiva o negativamente según se mire) indignándome.

Una de las cosas de las que reniego cada vez más es de las consignas. Lo cierto es que nunca he sido muy de consignas pero hay que reconocer que yo también he llevado camisetas y escrito en carpetas de institutos frases contundentes y/o de moda. También he ido a múltiples manifestaciones y he gritado lemas y aplaudido pancartas. El problema que detecté hace mucho en las frases, consignas y lemas es que normalmente hacen que la gente no piense lo que hay detrás de ellas. Además, con esa manía que hay de agruparnos, etiquetarnos y sectorializarnos resulta que tienes que asumir un lote completo.

Un ejemplo que suelo ver con cierta frecuencia es el famoso “nuclear. No gracias”. Con su iconografía y su “logo oficial” se tiene totalmente asumido que si eres ecologista debes ser contrario a la energía nuclear. Tal vez por eso suena tan raro algo tan evidente (al menos para mí) como el hecho de que hoy por hoy hay pocas opciones prácticas menos contaminantes que la energía nuclear. Parece que algunos gurus e incluso el padre de la ecología francesa (Daniel Cohn) comienzan a atreverse a defender esta idea.

Otra muestra de esta especie de asociación automática de ideas es la de ecologismo y pacifismo que, aplicando la técnica del silogismo y la propiedad transitiva, convierte a los detractores de la energía nuclear en pacifistas. Mirándolo bien lo cierto es que no tiene que ver una cosa con la otra pero la cosa va así. Supongo que si estas a favor del desarrollo de la energía nuclear debes ser un belicista convencido por cojones.

Siguiendo con este ejemplo siempre he observado que no hay manifestación o fiesta pacifista (y he estado en unas cuentas) en la que no aparezca la figura del “che” Guevara en algun sitio. Sobre el “che” se pueden decir muchas cosas pero desde luego su mensaje, su vida y sus proclamas no creo que puedan calificarse como pacifistas (ni siquiera pacíficas).

Como me niego a que me etiqueten y me clasifiquen y reivindico (he comenzado el año muy reivindicativo yo) mi derecho a tener opiniones que no encajen en una de las posturas oficiales. A estar en contra de la guerra de Irak, y a estar en contra de la guerra de Afganistán. A ser liberal en lo económico (contra los aranceles) y el lo humano (contra las restricciones a la inmigración). A defender a los empresarios y a creer firmemente en la justicia social. A no entender los nacionalismos y a no estar de acuerdo con los boicots. A no ser homófobo y a no aguantar a Boris Izaguirre, al concejal Cerolo y sus ceroladas. A no ser de izquierdas ni de derechas ni de centro. Y sobre todo en defender que cada cual tenga su opinión sobre cada cosa y respete la de los demás.

Desde hace un tiempo se ha descubierto una nueva forma de proselitismo y de lanzar consignas que son los SMS. Los famosos “pásalo”. Nuevos intentos de introducir proclamas que nos eviten pensar. Si tu eres de un lado esta es tu postura, si eres del otro es esta. Para colmo, normalmente te hacen asumir un lema con abreviaturas.

A los pocos días de la catástrofe del aeropuerto de Barajas recibí dos SMS. Así de memoria uno decía algo como:

“Eta mató a dos, Bush ha matado a seiscientos mil, Apoyemos a Zapatero y el dialogo. Pásalo”.

El otro decía:

Zapatero entró al poder por Atocha y se ira por Barajas. Pásalo”

Mi opinión persona e intransferible: dos consignas a cual más ridículas, carentes de sentido común y sobre todo ruines. Estuve a punto de utilizar la misma técnica proselitista y enviar un sms a toda mi lista de contactos diciendo simplemente “Colabora con el medio ambiente. Si recibes un sms estúpido no lo pases”.

Al final desistí. Sería caer en lo mismo que critico y, al fin y al cabo uno no tiene edad ya para preocuparse de tonterías.

Yo me atrevo a pedirle a los instigadores de estos mensajes que al final de la frase eliminen el imperativo y si no al menos que cambien el "pásalo" por un "Piénsalo".
 
Colores
Amarillo mamón

Buscando un software encuentro una página. Venden el software que cuesta más de mil quinientos dólares por quince. No me había dado cuenta pero se trata de una página china. Un sitio donde, sin esconderse lo más mínimo, se vende cualquier software de una lista de más de mil quinientas referencias a precios irrisorios. Dicho de otra forma, es un top manta perfectamente establecido en una página web. Seguramente es por que yo se lo que cuesta en tiempo y en dinero desarrollar software por lo que me hace maldita la gracia.

Sigo navegando por la página (de la que no pongo el enlace por razones obvias) y observo que en todas ellas, sin excepción, hay una leyenda que dice:

copyright 2006 All rigths reserverd

Imagino que no querrán que nadie les copie el diseño o la idea, que ya se sabe que hay gente por ahí que se aprovecha de los demás.


Marrón verdoso

Un grupo de ecologistas protestan airadamente por la venta de abetos para navidad (y de paso se cargan un belén). Se quejan de que los árboles se mueren y menos del diez por ciento se vuelven a plantar después de las fiestas.

Me cuenta alguien que, excepto poquísimas excepciones, los abetos de navidad se crían en viveros para las fiestas. Un millón ochocientos mil árboles se cultivan de forma similar a como se cultivan lechugas para después utilizarlas como comida (y muy pocas se vuelven a plantar luego).

La cuestión es que este tema hace que haya casi dos millones de árboles creciendo un año y tragándose C02 y, de paso, generando puestos de trabajo. Después, es cierto, cuando se utilizan, la mayoría termina muriéndose incluso si se vuelven a plantar pero si se acaba con esta industria, aparte de que muchas zonas de campo quedarían desiertas, ni siquiera se plantarían.

Poco después veo un reportaje sobre una fábrica ocupada por un colectivo ecologista y pacifista. Distingo el típico “nuclear no gracias” en una furgoneta. Se calientan en una fogata hecha con troncos de árboles.



Caqui camaleón

Un alto dirigente de IU habla después de la muerte de Pinochet. Desea que por fin se mueran todos los dictadores asesinos. Uno no puede por menos que estar de acuerdo con su argumento.

Poco después escucho a otro dirigente de IU unirse al deseo de Gabriel García Márquez de que Fidel dure otros veinte años por lo menos.


Rojo pálido

Hay una chiquilla perteneciente a las juventudes comunistas que en su blog, en un post de deseos para su próximo año destila las siguientes lindezas:


Quiero que Fraga se muera
Quiero un infarto para Esperanza Aguirre
Quiero que Gallardon se pudra con su Europride
Quiero que el Decano se parta la crisma con su suelo


Me imagino que la chica, que llama a esto poesía, y que se excusa diciendo que solo deseaba una muerte política (imagino que un infarto político también) es una idealista nata y seguro que está en contra de la explotación del proletariado. En su poema continúa:


Quiero acabar la carrera
Quiero que me admitan en el doctorado
Quiero un curro compatible con los estudios
Quiero que me paguen mucho


En lo que se refiere a ella misma, la chica tiene unos deseos realmente anti-sistema por lo que compruebo. Supongo que su sueño máximo será vivir de un sueldo público.



Negro bomba

Zapatero llama “accidentes mortales” a los atentados pasados de ETA. Y augura que todo va bien e ira mejor en el siguiente año. A esa hora había una furgoneta con cuatrocientos kilos de explosivos esperando en el aparcamiento del aeropuerto. Cuanta oportunidad de callarse pierde este muchacho.

Una vez que se produce la catástrofe comienza la sinrazón. Juraría que hubo alguno (al calvito de la AVT es un candidato) incluso que se alegró. Mientras aún no aparecen los dos ecuatorianos hay mentes infames que ya comienzan a echarle la culpa a todos menos a quien la tiene al grito de “esta claro que ha sido ETA pero….”. Otra magnifica oportunidad de demostrar que no son unos impresentables a la mierda.

En medio de todo esto, los familiares de los desaparecidos sólo tienen palabras de agradecimiento hacia los bomberos y la novia de uno de ellos se conforma con que le amplíen una foto que lleva en el móvil. Ya no me sorprende el estoicismo de la gente sencilla.

Mientras todo esto pasa De Juana Chaos, el etarra que lleva más de veinte asesinatos en su espalda (porque parece que en su conciencia no) amenaza con “endurecer” su “huelga de hambre” que hoy por hoy se basa en comer solo miel y pan de molde. Supongo que el siguiente paso del valiente Gudari será quitarle la corteza al pan. Ya estoy viendo a las madres de la plaza de mayo preparando manifestaciones para condenar esta nueva forma de tortura del estado español.



Alguien me pregunto en un mail por mi color de ojos porque quería conocerme. Digo yo que para conocerme, mejor que el color de mis ojos sería explicarle como veo yo los colores.