logotipo

img_google
Venturas y desventuras de un tio raro
El sarcasmo, como toda forma de ironía, es una tristeza que no quiere llorar y se ríe.
Acerca de
Podría decir que soy normal y amigo de mis amigos pero, aparte de ser una solemne tontería, no tengo claro ninguna de las dos cosas.
Post-it
Enlaces
Acesos directos desordenados
Mujeres con demasiado pecho
Y aquí.. las que son demasiado cariñosas
Logo CCFVLS
Sindicación
 
Puntadas sin hilo
Una de mis “rarezas” consiste en lo que yo llamo eufemísticamente “separación de cariños”. Así es como yo trato de generalizar mi conducta para explicar algo que a mucha gente le sorprende bastante: Nunca les presento a mis novias (las pocas que he tenido) a mi familia. Sé que puede sonar raro pero es así. Es una manía que, por otra parte, tenemos todos en la familia. Yo creo que esto, como el hecho de que me guste más la pechuga (de pollo… también) es una cuestión de familia. En casa de mis tíos mis múltiples primos suelen presentar a la pareja a la segunda cita. Nosotros somos así de raros.

La reacción de mis diferentes parejas antes este hecho ha sido diversa aunque a todas sin excepción les parecía rara la cosa. El caso es que hay quien se acostumbró a admitirme con mis cosas buenas y mis cosas raras (que si, que malas también…) y hay quien poco menos que consideró un insulto el hecho de no presentarle en “sociedad”. Alguna llego incluso a pensar la estupidez de que me avergonzaba de ellas, o lo más estúpido todavía, que me avergonzaba de mi familia. Lo cierto es que tanto mis hermanas como mis padres saben perfectamente cuando tengo pareja y cuando no igual que yo lo sé de mis hermanas. Pero eso sí, a las celebraciones típicas siempre vamos solos (excepto en el tiempo que mi hermana estuvo casada).

Yo creo que inicialmente esto se debía a una especie de costumbre adquirida pero cada vez más le puede la vertiente práctica. El hecho de separar cariños tiene muchas ventajas. No me peleo jamás sobre mi familia con mis parejas y vivceversa. Y me siento mucho más libre en general. Tanto es así que como digo, he preferido mantenerlo en otros ámbitos. Mis amigos, mis socios, mis compañeros de trabajo, mis amigos/conocidos de copas, mis parejas, mi familia.. cada una en su sitio y sin conocerse los unos a los otros.

Por supuesto, pretendo que la cosa sea recíproca y procuro, en la medida de los posible, mantener el mínimo contacto o conocimiento con la familia de mi pareja. Esto a veces es un poco más difícil porque no todo el mundo entiende bien estas cosas y más de una vez me he visto obligado a acudir a alguna cita familiar y aprestarme a ser observado por madres, padres, tios, cuñados, y demás fauna de esta sagrada institución que es la familia.

A esto le sumamos que yo siempre he sido poco social y odio por definición todo evento social. Estoy particularmente orgulloso del bajo número de comuniones, bautizos y bodas a los que soy invitado (y de esos asisto a pocos).

Y bien, todo esto es simplemente para explicar que en el fondo, en todo lo que voy a contar ahora (si, si.. era un preámbulo hasta aquí) la postura de Ella era comprensible.

Un día, llevando ya un tiempo juntos, a Ella la invitaron a una comunión de un sobrino. Como digo, ya llevaba el suficiente tiempo como para contármelo simplemente a modo de información “el día tal tengo una comunión”. Daba por sentado (y bien que hacía) que no me apetecería ir. Debo decir aquí que el hecho de que lo entendiera no significaba para nada que le gustara mi actitud.

Pero ese día me paso algo realmente curioso aunque, a mi modo de ver, bonito. Cuando la vi arreglándose, de pronto comencé a pensar que la iba a echar mucho de menos ese día y quería estar con ella. El sentimiento fue creciendo hasta que de pronto le dije:

- Si me das media hora me voy contigo

Se quedo extrañada. Me pregunto obviamente y le contesté la verdad. Me importaba un bledo su sobrino y su comunión pero no quería estar todo el día sin ella.

- Que pasa?, te pone el vestidito?
- Bueno, eso también pero eso podríamos solucionarlo ahora mismo sin ir a la comunión. En realidad no es eso, es simplemente que quiero pasar el día contigo
- Pero sabes que estará toda la familia?
- Si, pero quien algo quiere…

Entonces me dijo algo a lo que le he dado muchas vueltas desde entonces.

- ¿Esto lo haces por algo?, ¿voy a tener que devolverte el favor?

Yo hice unas bromas al respecto sobre lo de cobrarme el favor en carne pero sinceramente me molestó. Pasamos el día y yo notaba como ella me miraba a veces como extrañada.

A la vuelta en el coche me volvió a preguntar.

- Seguro que todo esto no lo haces por alguna razón?
- Si, ya te la dije. Quería estar contigo, no te parece una razón más que suficiente.
- Hombre, si no te conociera… pero es que conociéndote esto de ir a una comunión con mi madre, mis hermanos, mis cuñados y lo bestias de mis sobrinos…
- Así que no puedes entender que simplemente vaya a un sitio de estos por el hecho de estar cerca de ti?. Es cierto que normalmente no me gustan, pero hoy sentía que te iba a echar de menos. No entiendo que todavía le busques razones ocultas.
- No te enfades, simplemente en lo que te conozco sé que nunca das puntada sin hilo.

Este es sólo un ejemplo, que recuerdo por esas cosas de la memoria selectiva donde simplemente dije lo que quería decir y hasta alguien que se suponía era una persona que me conocía lo suficiente dudó de mí. Son innumerables las veces que me han dicho eso de la “puntada sin hilo”. Debo decir que al principio la cosa me halagaba. Incluso aunque no hubiese ese pretendido fondo, lo cierto es que me creía yo que me daba un cierto toque de clase. Desde hace mucho (coincidiendo con el incremento del pasotismo sobre el aparentar) no me gusta nada.

Intento buscar razones. Tal vez la más elegante sea la de “no me explico bien” pero es difícil de defender cuando me sucede en las afirmaciones más simples. No sé si es mi forma de expresarme un tanto rebuscada, mi manía de usar la ironía como recurso retórico o directamente tiene que ver con los interlocutores casi siempre femeninos en estos casos y su costumbre de manejar el “como diciendo” que les hace capaces de detectar un problema existencial detrás de la frase más inocua. Así un “cariño, no hay café” se puede convertir igualmente en un “para pasar un día contigo es necesario café” o un “con lo gorda que te estas poniendo y no sirves ni para comprar café”.

Me pasa algunas veces en este blog y por eso, y por alguna otra cosilla me ha dado por hacer un post reinvidicativo. A modo de deseo especial para el año que viene reinvidico mi derecho a que detrás de una afirmación no haya nada más que esa afirmación.

En definitiva, a dar puntadas sin hilo.
 
Como los gases nobles.
Al poco de comenzar con el blog recibí un correo de un chico. Básicamente el correo se dividía en dos. Un extenso párrafo de halagos y cumplidos y una consulta existencial. Imagino que los halagos tenían como fin que su duda fuese resuelta. Lo que me preguntaba este chaval era si yo había ligado mucho con el blog y si yo le recomendaba abrir uno. Yo que estaba tan contento con el mail halagador de un chico (por aquel entonces el único y aun hoy de los pocos) y resultaba que en realidad este tío estaba haciendo un estudio de mercado como el que va a montar una franquicia y se pasa por otra tienda a preguntar.

Yo debo decir que en eso de ligar con el blog a mi la cosa no me ha ido mal. Ni bien. Vaya que no me ha ido. Yo es que en general soy de poco ligar. Al menos en lo que yo entiendo por ligar que es la “entrada a puerta fría” (que dicen los comerciales). Según alguno de mis amigos, yo era más de “mantener” que de entrar. Osea, que parece que tengo poco reprise pero mantengo bien la media. Debo decir por otra parte que en ámbitos relacionados pero distintos esta cualidad ha sido varias veces muy bien valorada.

Cuando alguna vez me han preguntado si ligo mucho yo suelo contestar “yo ligo menos que los gases nobles”.

Y tal vez esta respuesta explique una de las razones por las que ligo poco. Aun recuerdo la boquita de piñón de aquella rubia con escote vertiginoso diciéndome:

- Eso de los gases nobles “quasloqueeee?

En este punto es mejor no contestar porque si uno se atreve a explicarse:

- Un gas noble es un elemento químico de valencia cero que tiende a permanecer estable y no reaccionar con otros elementos químicos.

La cosa se pone aún peor.

Pero bueno, volviendo al asunto central, la cuestión es que a partir de ese mail yo comencé a pensar si el ligar podría ser una causa para escribir un blog o, incluso sin planteárselo como causa, pudiese ser una consecuencia. No hace demasiado alguien me confirmó que si, que la mayoría de los que escriben un blog ligan gracias a él. Aún más, hay quien desata tales pasiones que reciben proposiciones explícitas a decenas por correo. Y eso me ha hecho pensar. En realidad, eso me ha hecho enrojecer de envidia y ha sido la envidia la que me ha hecho pensar.

Vamos a ver, es cierto que yo jamás me planteé ligar con un blog pero también es cierto que, como compruebo últimamente en otros ámbitos más mundanos y menos virtuales, la ausencia total de interés suele resultar tremendamente atractiva. Entonces, siguiendo ese patrón porque sucede que yo no ligo con el blog?. Le he dado vueltas a la cosa mientras le cambiaban las ruedas al coche (en algo hay que entrenerse cuando pasas hora y media en un sala de espera en un taller en medio de una carretera).

Antes de continuar habría que ver que significa ligar en un blog. Hay quien entiende ligar como recibir un piropo y hay quien lo entiende como echar un polvo. Yo me conformo con la intención y la expresión del deseo más o menos firme de lo segundo.

Si partimos del hecho de que en un blog hay ciertos factores que se deben obviar como son el físico, el tono de voz, la mirada más o menos intensa, etc… yo creo que el autor (o autora) del blog ligará en función de lo atractivo que parezca por lo que escribe. Es cierto que aquí hay algunas trampas sutiles. Un ejemplo ilustrativo de estas trampas es cuando en un post sobre cualquier cosa, la autora desliza una frase inocente: “no se que me pasa que nunca encuentro sujetadores de mi talla”.

Siendo buenos -e ingenuos- vamos a suponer que el factor determinante para resultar arrebatador es lo que escribes.

Bien, aquí comienzo a explicarme lo precario de mi éxito. Haciendo un rápido recuento de algunos de los temas de mis post descubro que he escrito sobre la eugenesia, el mercado laboral, la inmigración, el calentamiento global y la monarquía. Y claro, con esos temas la cosa esta cruda. Porque a uno le puede interesar el telediario, pero a no ser que sea príncipe, es difícil que se ponga cachondo con él.

Lo cierto es que haciendo autocrítica, y para lo que nos ocupa (ligar con el blog por si alguien se perdió) hay poco sexo (y el poco es implícito con lo que cansa imaginar). Definitivamente faltan arranques de lujuria desatada. Hay algo de ternura pero tal vez le falta mucha más untuosidad. Hay poca autoflagelación. Lo cierto es que no se porqué no suelo transmitir bien cuan frágil soy y desvalido me siento. Aquí siempre recuerdo una entrevista del loco de la colina a Victoria Vera en la que preguntó:

- Victoria, has hecho alguna vez el amor con un hombre por pena?
- Si
- Y yo… no te doy pena?

Resumiendo; que así no hay instinto que se excite. Ni a las amas, ni a las sumisas, ni a las románticas ni a las protectoras maternales.

Otra cosa importante en el blog es el estilo y el diseño. Y aquí, seamos sinceros, la cosa tampoco es como para tirar cohetes. Es cierto que la letra gordita y separada creo que hace legible los post pero el estilo es, definitivamente, poco atractivo. Pocas “k” que llevarse a la “boka”. Lo cual me hace perder cuota de mercado entre las adolescentes que, todo hay que decirlo, son las fans más incondicionales. El resto, en mi estilo de toda la vida: palabras poco usuales, exceso de subordinadas, subjuntivos y condicionales. A veces pienso que no hay nadie perfecto, pero yo en caso de serlo sería "pluscuamperfecto de subjuntivo".

Y para que hablar del diseño. Veo como prolifera el estilo instaurado por Elvira. Esas fotos sensuales y artísticas. También es cierto que en el caso de Elvira suelen acompañar a post igualmente sensuales mientras que cada vez veo más como alguien te cuenta como su jefe le putea y lo ilustra con una foto en blanco y negro de una mujer quitándose el liguero. Pero y yo que?. Dos fotos en todo el blog y una de ellas de un mollete de Alcalá. Que si, que también esta rico, pero que no es lo mismo que el pubis depilado de una señora (aunque los dos ganen bastante al humedecerlo).

Para terminar el tema del estilo y diseño, lo cierto es que además mi blog es tremendamente soso. Porque digo yo, si existe la posibilidad de elegir entre dos mil tipos de fuentes en decenas de tamaños distintos. ¿Por qué esa manía mía de usar una sola fuente con, a lo sumo, dos o tres efectos?. No quiero parecer envidioso pero veo alguno de los blogs con más éxito del momento y es difícil encontrar tres palabras juntas del mismo color.

Juntando todo, creo que la explicación es obvia. Así no voy a ninguna parte. Si es cierto que recibo a menudo comentarios elogiosos y muy de vez en cuando un mail igualmente halagador, pero mi buzón está huérfano de sujetadores virtuales, y no recibo proposiciones deshonestas. Porque las proposiciones honestas siempre son interesantes pero las deshonestas son las que molan.

Así pues me tendré que conformar con resultar “interesante” en vez de arrebatador o trasgresor en vez de sexy. Me tendré que conformar con que Lolilla me envíe un besito en vez de proponerme una sesión con fusta, corsé y botas de tacón alto o que Reich me utilice como reconstituyente para sus largas y anodinas tardes de trabajo. En un intento lamentable de autoconsuelo me conformaré pensando que tengo el privilegio de contar con el primer club de fans discretas y gruppies tímidas de la historia.

Y ya que este blog me ha servido de poco y este post deslavazado no hay por donde cogerlo, no quiero dejar la ocasión de, al menos, ser útil como servicio público. Así pues, si alguno o alguna lee este post y tiene pensado abrir un blog para ligar quiero que tenga bien claro dos cosas:

1. Todo el mundo liga con el blog.
2. Yo no.

Así, que vamos a ver si os aplicáis. Dejad de leer este blog que es mal ejemplo.
 
Excelencia
Durante años, cuatro amigos mantuvimos sin proponérnoslo una tradición tan simple como tomar café los sábados por la tarde en una terraza de una cafetería de barrio. Normalmente éramos más pero siempre se trataba de gente que incorporábamos alguno de los cuatro originales. Incluso más de una vez nos dijeron (no sólo en esas tardes de café) que se notaba la diferencia de complicidad entre nosotros cuatro con respecto a los demás.

En estas tardes, aparte de contarnos novedades de la semana solíamos hablar de los temas más diversos. Sin embargo recuerdo que la mayoría de las veces solíamos enzarzarnos en discusiones de lo más enrevesadas con connotaciones ético-morales. A pesar de que nos conocíamos tanto que a veces parecíamos perfectamente sincronizados, en estas reuniones solían enfrentarse los diferentes matices de nuestra personalidad. El marcado carácter humanista y arraigado a la tierra de Chimo, el punto de vista liberal y “económico-comercial” de Andrés, la disquisiciones filosóficas del científico Ricardo y mi eterno sarcástico pragmatismo de tecnólogo.

En las veces que venía alguien más solía extrañarse mucho de este tipo de conversaciones. La cuestión es que la gente que nos veía desde fuera tenía una idea de nosotros un tanto exagerada. El hecho de que normalmente estuviéramos riendo unido a que no éramos precisamente abstemios y que teníamos la costumbre de salir casi todos los días de diario (a mi siempre me ha gustado más salir un día de diario que un fin de semana) hacía que la gente nos tomara por una especie de transgresores incorregibles.

Todo lo bueno que tenía eso en lo que a invitaciones a fiestas se refiere se volvía en contra cuando se trataba de considerarnos para cualquier tema serio. La cuestión es teníamos una inmerecida fama de informales. Pareciera como si el hecho de encontrarnos cualquier día a las tres de la madrugada bailando salsa con un vaso de whisky en la mano fuese incompatible con el hecho de desempeñar un trabajo serio por la mañana o disfrutar de una charla que fuese mas allá del último ligue o de las anécdotas de la última borrachera.

Incluso a veces, tuve que asistir a conversaciones donde se trataba a mis amigos con un cierto tono condescendiente desde una supuesta atalaya moral y/o intelectual.

Si bien es cierto que no éramos precisamente los tipos más recatados del mundo, el resto de impresiones eran gratuitas. Por solo poner un ejemplo, el hecho de que entre los cuatro sumemos ocho títulos universitarios puede dar una idea de que en realidad no éramos precisamente chicos “anti-sistema”.

La vida, como suele pasar, nos ha ido separando de forma que ya casi no nos vemos y tenemos que esperar a algún acontecimiento social para reunirnos (en su puro sentido etimológico de volver a unirnos). Aún así, más o menos nos mantenemos al tanto de nuestra vida. En el aspecto profesional se puede decir que casi todos hemos obtenido algo de lo que deseábamos. Andrés tiene un buen status económico y Ricardo una posición eminente en su carrera médica. Chimo vive una vida sencilla y confortable que es a lo que siempre aspiró.

Hoy he recibido una llamada a primera hora. Era Chimo que me contaba entusiasmado que a Ricardo le han dado un premio bastante importante en su carrera. Lo contaba tal y como me imagino a un padre contando cualquier logro de su hijo, con orgullo mal disimulado. Después de contarme con detalle todo hemos hablado un rato y me ha contado que iba a llamar a Andrés en cuanto colgara.

- Ya sabes como es, seguro que me preguntará cuanto le pagan por el premio.

Lógicamente me ha preguntado por mi y como me va todo y al final ha dicho lo que siempre, sin excepción, me dice cuando llama.

- Joer, no sabes lo orgulloso que estoy de vosostros.

Lamentablemente, como ya he dicho muchas veces, soy demasiado tímido y estúpidamente vergonzoso como para decirle lo orgulloso que yo estoy de que una persona de semejante calidad humana sea mi amiga. Mientras conducía e intentaba localizar a Ricardo entre el lío de números que tengo iba pensando en Chimo y en lo difícil que es encontrar alguien que de verdad se alegre por el éxito de los demás.

Por fin, he contactado con Ricardo. Sin dejarme decir nada, al descolgar lo primero que me ha dicho es

- Chimo ya te lo ha contado ¿verdad?. Te quieres creer que después de contárselo yo ha llamado a mi madre?.
- Joder.. no me digas que se lo contaste a él antes que a tu madre.
- Que va, pero el muy hp le dice.. ya sé que Ricardo te lo ha contado pero déjame que yo te lo cuento mejor. Y lo peor es que dice mi madre que es verdad, que él lo cuenta mejor. Será cabrón!
- Bueno tío, solo puedo decirte que a mi me ha llamado y se le salía el corazón por la boca, yo creo que si le dan el premio a él no está tan contento.
- Lo sé. Pero a Chimo no le van a dar este premio.
- Joder.. y eso?
- Porque según dice la placa es por “alcanzar la excelencia” y este tío no hace falta que la alcance, nació con ella dentro.

Lo cierto es que a veces los echo de menos. En días como hoy recuerdo porqué.
 
Sombrero y corsé.
Una vez me contaron y no se si es cierto, que hay una tribu en una isla del índico cuya vestimenta se limita a una especie de taparrabos hecho con una caña para los hombres (vestimenta cómoda por los cojones, y nunca mejor dicho) y una especie de velo o venda para las mujeres que le tapa la nariz. La cuestión es que cuando una mujer se quita el velo y se le ve la nariz los tíos se ponen como toros. Vaya, que la caña en cuestión (la que utilizan para el taparrabos) explota.

No se si es cierto o no pero desde luego si lo fuera no me extrañaría. Es obvio que nos encanta lo prohibido pero, además, todos manejamos cierto tipo de fetiches. O a lo mejor no todos, pero yo desde luego si.

Creo firmemente en que no hay nada más antierótico (nuevo palabro) que la desnudez. Hace poco leí en un blog una experiencia calcada a una que tuve yo en una playa con unos amigos. Unas chicas estaban colocadas delante de nosotros. Hacían topless como muchas otras. A esto se incorporaron dos chicas que acababan de llegar en el autobús. Una llevaba una camiseta y unos vaqueros, la otra una falda corta. Y comenzaron a quitársela para quedarse exactamente como las otras, es decir, en toplees. Era lo mismo, pero no era igual. El hecho de que todos los tíos que estaban alrededor salieran disparados para el agua o de pronto nos tuviéramos que poner boca abajo dejaba bien claro que no era lo mismo.

Mi curiosidad y mi interés por cualquier tipo de conocimiento y el tener una mente bastante abierta me ha hecho conocer fetiches de todo tipo. No hace mucho leí en una revista sobre un tipo de fetiche con juguetes y con peluches (mucho cuidado, nada de pedofilia) que le lleva a los que lo practican a disfrazarse de peluche. Se ponen como motos. Incluso hacen fiestas en las que todos van con su modelito. Imagino que no ganarán para aire acondicionado.

Al igual que otras prácticas y modalidades de excitación, por el hecho de que a mi no me exciten no dejo de entenderlos. En general cualquier cosa que no incluya pedofilia, violencia no consentida o extrema para mi es absolutamente respetable. Incluso aunque a mi me produzcas nauseas más que indiferencia (por ejemplo con ciertas prácticas como el scat).

La mayoría de las veces tienes controlados tus gustos pero en realidad, al tratarse únicamente de una cuestión de instinto puede suceder que, incluso cuando ya no eres precisamente un niño y piensas que has vivido bastante, te sorprenda un impulso primario. Ocurre pocas veces, pero cuando sucede es difícil de controlar.

Ayer quedé para tomar algo con unos amigos. Hacia frío en Madrid por primera vez en lo que llevamos de otoño y el plan era salir a tomar copas por unos garitos en el centro así que me puse un abrigo largo de piel. Raramente me pongo ese abrigo pero casi siempre que lo llevo me gusta llevar un sombrero. Lo cierto es que es un coñazo la más de las veces pero me gusta.

La noche era bastante monótona hasta que de pronto, en el coche y buscando aparcamiento se me cruzo por delante un grupo de mujeres (no eran niñas ya) y, ante mi sorpresa primero y mi excitación después, una de ella llevaba un corsé. Uno no está muy puesto en moda pero imagino que no es muy normal llevar un corsé hoy en día, y mucho menos por encima de una blusa. El resultado era espectacular con una figura absolutamente forzada (obvio) de cintura estrecha y pecho y caderas rebosantes.

La excitación fue tal que aparqué donde pude y salí corriendo detrás. Sin reconocerme yo mismo, recorrí distintos garitos y de pronto me la encontré. Una vez ahí no supe que hacer y me limité a observarla detenidamente. Estaba excitado pero no soy mucho de ligar (es como si me viera desde fuera con la sonrisa forzada de gilipollas) así que simplemente me quedé mirándola mientras ella reía con unas amigas. La casualidad (no creo en el destino) hizo que en el poco tiempo en que no la miraba fijamente, mientras pagaba la copa que acababa de pedir, ella se acercara y me dijera hola. Curiosamente y a pesar de que no había parado de reír en todo el tipo que yo la vi la tenía allí delante muy seria. Me sorprendió lo que me dijo:

- ¿sabes?, es una estupidez, lo sé, pero es que me encantan los hombres con sombrero.

Inmediatamente, como dándose cuenta de que lo que había dicho podía parece tremendamente superficial trató de explicarse. Le interrumpí, no hacía falta explicarse. Le conté lo que me sucedía a mí con el corsé. Supongo que no le pillé por sorpresa.

Sobre el resto de la noche seguro que los detalles aburren. Ya en el coche me dijo:

- Te puedo pedir un capricho?. No te quites el sombrero en toda la noche.

Yo la miré y ella mientras sonreía, se adelantó a mis pensamientos.

- Tranquilo, yo no me quito el corsé.


Los dos cumplimos nuestra palabra.
 
Masturbarse esta bien pero follando se conoce gente
Hace poco hablé con mi amigo Putero. Como casi siempre que me refiero a él debo decir que ni es que seamos amigos íntimos ni tampoco es que su principal característica es que sea putero. De hecho es un señor empresario que conozco por cuestiones de trabajo y que, aparte de su confesa afición por las señoritas de alterne tiene otras muchas cualidades sin duda apreciables. Pero yo me quedo para el blog con lo de Putero porque así simplificamos y para eso el blog es mío.

Después de terminados los temas de trabajo y ya tranquilos en la cafetería de un hotel con una copa en la mano y la música de piano (bastante coñazo a veces por cierto) de fondo hablamos de lo divino y de lo humano. Conforme la copa iba acabándose y nos traían otra entrábamos mucho más en lo humano.

Cuando hemos hablado de su “afición” siempre hemos roto tópicos. Ni él va de proselitista por la vida ni yo de juzgador. De hecho, como ya dije alguna vez, el hecho de que yo no haya ido de putas seguramente se debe mucho más a mi timidez crónica (que poca gente conoce) que cualquier otra consideración moral. En este caso sin embargo hubo novedades. En primer lugar el se permitió recomendarme un par de chicas que “eran perfectas para mi”. De hecho esas dos chicas se habían convertido según me dijo en dos de sus preferidas. Todo un honor que me las quisiese “presentar”.

Mientras el rompía una de las reglas me aproveché para “meterme donde no me importa”. Es cierto que no me importa pero tenía curiosidad. Putero, como ya he contado en otros posts, me explicó hace mucho sin que nadie se lo pidiera las razones cargadas de lógica de su decisión de ir con putas (de alto nivel, eso si). Básicamente se basaban en la lógica y en la eficiencia en el gasto de recursos.

Sin embargo en este caso lo noté algo distinto. Para comenzar mientras hablábamos del tema sentenció con una de sus frases de genio. “Follar cansa”. De hecho, según él cada vez le cansa más así que desde hace tiempo solo paga para que se la chupen (creo que el utilizo la palabra fellatio pero como nadie me creerá yo utilizaré mamada que es como una fellatio pero con más morbo). Una ventaja más de su teoría sobre la conveniencia de una relación profesional. No tiene que dar explicaciones a nadie, el paga por lo que paga. ”Además, te ahorras unas pelas porque la mamada es más barata”. Quien conozca a Putero minimamente sabe que el factor económico no es precisamente fundamental.

Pero al hilo de esto hubo algo que me sorprendió. Hablándome de esas dos chicas preciosas, una argentina, la otra española me contó que son realmente dulces. Y ante mi asombro me comentó como con esas chicas había quedado algunas veces para cenar, tomar una copa, etc..

Como se suele decir técnicamente hablando “se me cayeron los palos del sombrajo”. Si no fuera porque hablábamos de lo que hablábamos y por el pequeño detalle de que me hablaba de dos chicas a la vez (más otras tres en segunda línea) yo pensaría que estaba escuchando a un recién enamorado hablando de su chica. Baste como muestra que, aparte de decirme que eran preciosas, no me dio ni un simple detalle de su anatomía.

Al notar mi sorpresa sonrió como si se lo esperara y me volvió a dar una “lección”. Nada de amor, aunque reconoció que si algún día se enamora no se preocupará. Se trata simplemente de otra forma de disfrutar la compañía. Me “tranquilizó” diciéndome que seguía estando totalmente de acuerdo con la frase de Woody Allen que en otra ocasión le comenté: ”El sexo sin amor es una experiencia vacía, pero como experiencia vacía es de las mejores”.

Al final me dejo bien clara su filosofía al respecto. Vino a decirme algo como lo siguiente: “Lo cierto es que siempre me ha gustado disfrutar de la compañía de una mujer. Las chicas que frecuento suelen tener cada una sus características. Unas son dulces, otras son fieras, otras viciosas, etc.. pero raramente encuentro alguna con la que me apetezca salir a cenar. Con estas dos chicas ha sido una excepción. Pero nada de amor, no soy gilipollas. Sé que ellas se lo pasan bien conmigo y yo con ellas, sé que después de la cena iremos a un hotel o a su apartamento, y sé que me van a hacer lo que tanto me gusta y ellas saben que cuando me vaya dejaré billetes en la mesilla. Una vez incluso fui a llevarle una medicina a la argentina porque estaba enferma y no tiene a nadie aquí pero fue como simple amigo. Nosotros sabemos la relación que tenemos. Hay otra diferencia esencial en estos tipos de relaciones. Es obvio que aquí no caben temas de celos. Ella esta disponible y yo tengo una agenda llena.

Le comenté que me había sorprendido porque hasta ahora siempre que me hablaba de sus chicas, siempre me hablaba de sexo. Y para terminar me sorprendió con otra sentencia. “No hombre, el sexo es cojonudo pero cuando vas con una chica de este tipo no es solo eso. Si fuese lo único me quedaría en casa y me haría una paja (Nota del narrador: creo que hacerse una paja es casi lo mismo que masturbarse). Al fin y al cabo me saldría más barato y mejor que yo no me la hace nadie".

Inmediatamente recordé una frase escrita en un baño de carretera hace años y nos reímos con ella. Creo que la utilizaré como título del post.
 
"Yo quiero ser jefe"
Hace poco entrevisté a un chaval recién salido de la carrera de Física.

Un inciso. Algún día haré un post sobre las entrevistas de trabajo que hago. Se podría escribir un libro con ellas. Aparte de anécdotas puntuales, es curioso como han cambiado las tornas en los últimos años.

El caso es que en un momento dado le hice una pregunta bastante rutinaria al chaval en cuestión, que, como ya he dicho, era un recién licenciado sin experiencia alguna. Le pregunté que era lo que le gustaría hacer. Soy de los que piensan que, en general, la gente es mejor en las cosas que le gustan. La respuesta del susodicho supone una clara excepción a la regla. Me contestó sin dudar: "Yo quiero ser jefe". Aunque seguimos unos minutos por cortesía digamos que, para mí, ahí acabó la entrevista.

La cuestión es que no hay nada peor que un tío con vocación de jefe porque sí. Me explico; cuando alguien por promoción, por meritos, o por su función específica en la empresa tiene cualquier tipo de responsabilidad que implica ser “jefe” de otros, la cosa puede ser buena o mala (depende básicamente de cada individuo). Se trata en estos casos de alguien que, dentro de sus funciones, incluye la responsabilidad y el mando sobre otros.

Cuando por el contrario el tipo en cuestión quiere ser jefe por el simple hecho de ser jefe y mandar sobre los demás, la cosa suele acabar en desastre. Porque además, la experiencia me dice que estos personajes (personajillos en la mayoría de los casos) disfrutan con el mando pero nunca aceptan el reverso de la moneda que es la responsabilidad. Alguna vez, cuando he explicado con mucho detalle a alguien que iba a tener la posibilidad de mandar a alguien y acto seguido he hecho hincapié en el hecho de que si el “mandado” comete un error sería su responsabilidad no lo han entendido o simplemente me han pedido renunciar a dicho mando.

No me extraña. Yo odio ser jefe. Excepto en el primer trabajo que tuve, en todos los demás he sido responsable de equipo, jefe de proyecto o algo parecido. Y siempre he odiado la parte de mi trabajo que tiene que ver con el hecho de ser jefe. Tanto es así que cuando alguna vez alguien me presenta como su jefe inmediatamente reacciono y suelo definirme como responsable. Jamás he utilizado el “porque yo lo digo y punto”. De hecho, seguramente uno de mis defectos (como en otros aspectos de mi vida) es gastar demasiado tiempo en explicar mis decisiones. Mi idea es intentar demostrar (seguro que muchas veces de forma infructuosa) que mis decisiones no son arbitrarias.

Tuve un ejemplo curioso e ilustrativo de todo lo que cuento. Hace unos años yo era jefe de un proyecto con unas cuarenta personas a mi cargo. El proyecto lo heredé en unas condiciones lamentables. Puesto que era muy difícil hacer milagros teniendo en cuenta lo que había decidí que uno de los puntos manifiestamente mejorables era el control de coste. En un año se pasó de las cuarentas personas largas asignadas al proyecto a unas quince sin cambios apreciables de productividad. De hecho con mayor productividad.

En este proyecto, junto a chavales de veintipocos años había un tipo mayor que yo (apenas tenía treinta por aquella época). Por cuestiones puramente funcionales, decidí hacer un par de subgrupos y poner a un responsable de cada grupo. Por lógica (creía yo) elegí para uno de esos puestos a este tipo con mayor edad y experiencia. No supe ver en ese momento una señal clara que me había dado en una conversación anterior. Un día me comentó que no entendía porque había reducido el equipo tanto. Me vino a decir que de esta forma yo sería menos jefe y por lo tanto menos importante en la empresa. Algo así como “Cuanta más gente tengas a tu cargo, más eres”.

El caso es que él quedó como encargado de un pequeño grupo. No se trataba de ningún puesto oficial y, de hecho, no implicaba subida de categoría ni sueldo. Se trataba simplemente de tener a un par de personas con mayor experiencia al cargo. El primer detalle fue un mail donde, en la firma, se autonombraba “director de área” y comunicaba al cliente el magno acontecimiento. Al cabo de unos días recibí una visita en el despacho de uno de estos grupos (unas seis personas) al completo. Me pedían que quitara a esta persona o se iban del proyecto. Me enteré entonces de que, aparte de erigirse como jefe absoluto había prohibido que me enviaran cualquier tipo de correo sin pasar por él y que, incluso, había llegado a suspender el tiempo establecido para el desayuno como castigo por algo mal hecho.

Al cabo de un tiempo conseguí zafarme de ese proyecto que nunca me gustó. Me metí en un área mucho más técnica y creativa. Fue el primer paso hacia mi “liberación” de las tareas gerenciales que siempre odié. Los responsables de la empresa decidieron entonces promocionar a este tipo a jefe de proyecto. Al poco alguien me comentó que en tres meses el proyecto pasó de las quince personas a más de cuarenta. Según él eran indispensables para mejorar el servicio al cliente. Al cabo de un año el cliente suspendió el proyecto por baja productividad.

Obviamente, el puesto alcanzado por este tipo no se revirtió de forma que, hoy por hoy, es un gerente de una multinacional de servicios dedicada a la consultoría. El principio de Peter en acción.

Hoy he leído un post de mordandis sobre su jefe y me ha recordado a este tipo.

Dicho lo dicho sobre este tipo de jefes, lo cierto es que la experiencia me dice que, siendo cada persona un mundo y cada situación particular, este tipo de jefes (jefecillos suelo llamarlos yo) creo sinceramente que no son mayoría y cuanto mayor nivel menos hay. Si tuviera que poner en una balanza las cabronadas de los jefes con las de los empleados, estás últimas pesarían mucho más. Sé que no es precisamente una afirmación popular (aquí voy a hacer una excepción :-) ) pero es mi experiencia. Cada cual tendrá la suya. Por eso me jode mucho cuando se generaliza y sobre todo cuando se identifica a los empresarios como jefes. En primer lugar porque normalmente en un altísimo porcentaje de casos no se tratan de jefes o, a lo sumo, de jefes de uno o dos trabajadores y en segundo lugar porque lo habitual es que un empresario no se meta a empresario por el hecho de ser jefe.

Así pues, insisto en que con toda la injusticia que supone cualquier generalización, yo huyo de la gente cuyo objetivo es “ser jefe” y desconfío por norma de los que dicen en genérico que “todos los jefes son unos cabrones”. Sobre todo porque normalmente son esos los que, cuando llegan a jefecillo, joden al personal.
 
Cosas que desconozco. Ejemplo: yo.
Hace unas semanas escribí un post sobre las parejas perfectas. Mi única intención fue señalar mi impresión sobre una de las múltiples diferencias entre hombres y mujeres. Y por generalizar algo menos en el lado de los hombres, entre las mujeres y yo. En concreto la admiración que me produce el hecho de que las mujeres tengan las cosas tan claras sobre temas en los que yo ni siquiera soy capaz de definirme mínimamente.

Es cierto que utilice cierto tono sarcástico pero en el fondo era pura admiración. Mi auténtica pasión ha sido desde siempre admirar a las mujeres. A pesar de todo esto por algunos comentarios y algunos “post secuelas” escritos por algunas “blogueras” se venía a protestar por lo que yo afirmaba. Lo gracioso del tema es que en todos esos post se terminaba por definir a su hombre ideal de forma bastante precisa.

Es cierto que, en determinados temas, yo soy un exponente de la ignorancia más supina. Entre estos temas, que afortunadamente no son demasiados, esta mi propia manera de ser. En algún post me han acusado de describirme o definirme a través de terceros. En realidad es que, puesto que no tengo ni idea de mi forma de ser, suelo prestar atención a lo que opinan de mí. No es que me obsesione pero si le presto atención.

Ayer me preguntaron simplemente que es lo que debería hacer una mujer para enamorarme. No tengo ni la más remota idea. Ante mi respuesta, y buscando dispersar la atención propuse que “nadie sabe eso exactamente”. Por supuesto, una vez más, y aunque parezca paradójico, me sorprendí confirmando mi teoría sobre la capacidad de las mujeres para concretar. En el grupo todas las mujeres sin excepción explicaron con todo lujo de detalles que debería hacer un hombre para enamorarlas.

Como en el caso de la pareja perfecta yo sigo pensando que esta seguridad aparente es más aparente que segura. Como ejemplo, una mujer comentó que, sin duda, un hombre le debería hacer reír para enamorarla. Es muy loable y seguramente una de las mejores formas de enamorar a una mujer pero seamos serios. No creo que esa mujer se enamore de un hombre simplemente porque le haga reír. O a lo mejor si, nunca se sabe. Al hilo de esto he de reconocer que mi amigo Chimo del que ya he hablado en un par de ocasiones conseguía ligar normalmente haciendo reír a las mujeres. Y los resultados no eran precisamente malos.

En cualquier caso, lo que me preocupa un poco es que en este caso casi todo el mundo (hombres incluidos) dio su “receta mágica” y yo, que no dudo cuando se trata de cualquier otro tipo de conocimiento, descubro una ignorancia sobre mi mismo que casi asusta. Analizando el problema puede que sea más de capacidad de concreción que de ignorancia. De la misma forma que soy incapaz de hacer una descripción física, me cuesta mucho extraer este tipo de cualidades.

Hice un pequeño ejercicio mental intentando buscar las razones por las que me enamoré de las mujeres de las que me he enamorado y sigo sin encontrar razones. O al menos sigo sin encontrar razones concretas. Recordé de hecho una pequeña discusión cuando Ella me preguntó un día porque me había enamorado y no supe contestarle.

- Así que ni siquiera sabes porque me quieres?

De pronto me entristecí. Pasado el tiempo sigo sin saber porque me enamoré. Sé que me encantaba su forma de ser, sus expresiones, su forma de tratarme (no necesariamente buena, pero siempre muy suya) pero no puedo llegar a precisar el porqué ella se convirtió en Ella. Yo que le busco razones a todo, que siempre pido (a veces exijo) a mis interlocutores que me aporten argumentos y me razonen dichos argumentos, compruebo que hay cosas importantes sobre las que no puedo aportar motivos. Yo que presumo de conocer como funciona cualquier cosa que me rodea resulta que no se como “funciono” yo. Seguramente es por eso que cuando veo que alguien pretende saber como soy por una charla o por la lectura de un par de post me sorprende.

Cuando ya casi estaba por sumirme en la depresión y abandonar mi postura de chico sano sin alcohol y darme a la bebida, encontré una comparación que me subió la autoestima. Tampoco entiendo a las mujeres y me encantan.