La mierda y la cagada... tratado de escatología política
El hecho (o al menos la noticia)
Parece ser que unos investigadores (creo que de la Universidad Juan Carlos, pero no lo tengo claro) encontraron heces en una zona cercana a la carretera M501 y vaya usted a saber porqué las llevaron a analizar y resulta que son de Lince Ibérico. Una especie de la cual, para quien no lo conozca, hay unas pocas unidades que hasta ahora sólo han sido identificadas en la zona del coto de Doñana y en la serranía de Córdoba.
Las reacciones
- Los ecologistas piden que se paré el proyecto de desdoblamiento de la M-501 para preservar el Lince Ibérico cagón.
- No sé que político del gobierno madrileño (PP) dice que si existiera el lince el desdoblamiento de la carretera le iría bien. Imagino (y esto es obviamente de mi cosecha) porque así su mama (del lince) podría ahorrarse, para ir a ver a su niño el Lince, el atasco de los domingos por la mañana cuando to dios se va a los pantanos.
- La ministra de medio ambiente (PSOE) ha sugerido que se paralicen de inmediato los planes para hacer el desdoblamiento de la carretera. Imagino que lo de parar los planes debe ser por si el lince escucha algo de que hay planes y le sube el colesterol.
Mis preguntas inocentes
Quien y porqué se va al campo, ve una mierda y se la lleva para analizarla.
Porque no se hace la prueba del carbono 14 o se llama a los de “CSI Fuenla” para investigar la mierda llevaba mucho tiempo allí. Yo he visto (y esto no es broma aunque pueda parecerlo) como un tío de una empresa de desratización mordía una cagarruta para certificar que no era de rata sino de un gato. ¿Hicieron la prueba de la cata ciega?.
¿Porqué sólo quedarnos en no hacer el desdoblamiento?. Porque no cortar ipso-facto el tráfico en la carretera de los pantanos?. O mejor, porque no establecer una cuarentena preventiva y evitar la población en la comarca?. Tal vez sería oportuno prohibir visitar Ávila.
Si hasta ahora se sabía que el Lince lo más al norte que se encotraba era en Cordoba y ahora está en Madrid. ¿No sería oportuno eliminar la autopista de Andalucía y el tren de alta velocidad?.
Mi reflexión
De pronto me pregunto si cierta amiga mía que trabaja en el coto de Donñana no me podría proporcionar alguna mierdecilla suelta de Lince para tirarlo cerca de mi casa justo donde no se que administración pretende quitar un parquecillo para abrir una vía de servicio.
Consecuencia posible (Podría pasar no?)
Nueva subida del kilo de excremento de Lince.
El cúmulo de circunstancias entre las que se encuentran la escasez de Lince Ibérico y por consiguiente sus heces, la actividad especuladora de grupos constructores y la estupidez congénita de algunos políticos que han convertido a la mierda de Lince en un importante elemento de coacción, ha hecho que durante la jornada el precio del excremento de lince haya continuado su carrera alcista en los mercados de materias primas. Debido a los factores antes mencionados, la materia negra proveniente de Lince es casi tan escasa como la materia gris proveniente de nuestra clase política.
A alguien este post le sonará a chiste pero lo realmente penoso es que, salvo algún toque sarcástico, es real como la vida misma.
Parece ser que unos investigadores (creo que de la Universidad Juan Carlos, pero no lo tengo claro) encontraron heces en una zona cercana a la carretera M501 y vaya usted a saber porqué las llevaron a analizar y resulta que son de Lince Ibérico. Una especie de la cual, para quien no lo conozca, hay unas pocas unidades que hasta ahora sólo han sido identificadas en la zona del coto de Doñana y en la serranía de Córdoba.
Las reacciones
- Los ecologistas piden que se paré el proyecto de desdoblamiento de la M-501 para preservar el Lince Ibérico cagón.
- No sé que político del gobierno madrileño (PP) dice que si existiera el lince el desdoblamiento de la carretera le iría bien. Imagino (y esto es obviamente de mi cosecha) porque así su mama (del lince) podría ahorrarse, para ir a ver a su niño el Lince, el atasco de los domingos por la mañana cuando to dios se va a los pantanos.
- La ministra de medio ambiente (PSOE) ha sugerido que se paralicen de inmediato los planes para hacer el desdoblamiento de la carretera. Imagino que lo de parar los planes debe ser por si el lince escucha algo de que hay planes y le sube el colesterol.
Mis preguntas inocentes
Quien y porqué se va al campo, ve una mierda y se la lleva para analizarla.
Porque no se hace la prueba del carbono 14 o se llama a los de “CSI Fuenla” para investigar la mierda llevaba mucho tiempo allí. Yo he visto (y esto no es broma aunque pueda parecerlo) como un tío de una empresa de desratización mordía una cagarruta para certificar que no era de rata sino de un gato. ¿Hicieron la prueba de la cata ciega?.
¿Porqué sólo quedarnos en no hacer el desdoblamiento?. Porque no cortar ipso-facto el tráfico en la carretera de los pantanos?. O mejor, porque no establecer una cuarentena preventiva y evitar la población en la comarca?. Tal vez sería oportuno prohibir visitar Ávila.
Si hasta ahora se sabía que el Lince lo más al norte que se encotraba era en Cordoba y ahora está en Madrid. ¿No sería oportuno eliminar la autopista de Andalucía y el tren de alta velocidad?.
Mi reflexión
De pronto me pregunto si cierta amiga mía que trabaja en el coto de Donñana no me podría proporcionar alguna mierdecilla suelta de Lince para tirarlo cerca de mi casa justo donde no se que administración pretende quitar un parquecillo para abrir una vía de servicio.
Consecuencia posible (Podría pasar no?)
Nueva subida del kilo de excremento de Lince.
El cúmulo de circunstancias entre las que se encuentran la escasez de Lince Ibérico y por consiguiente sus heces, la actividad especuladora de grupos constructores y la estupidez congénita de algunos políticos que han convertido a la mierda de Lince en un importante elemento de coacción, ha hecho que durante la jornada el precio del excremento de lince haya continuado su carrera alcista en los mercados de materias primas. Debido a los factores antes mencionados, la materia negra proveniente de Lince es casi tan escasa como la materia gris proveniente de nuestra clase política.
A alguien este post le sonará a chiste pero lo realmente penoso es que, salvo algún toque sarcástico, es real como la vida misma.
Si tu problema no tiene solución... pa que molestas?
“Si tu problema tiene solución para qué preocuparte y si no lo tiene para qué preocuparte”. Si hubiera un ranking de frases en libros y cuadernos de adolescentes esta competiría por el primer premio junto con la de “si lloras por haber perdido el sol….”.
Este tipo de frases siempre me ha intrigado. Si, ya sé que a mi me intrigan cosas tontas pero es así. Lo que me llama la atención es que la lógica no sirva para nada. Es algo a lo que no estoy acostumbrado. Porqué, sinceramente, ¿alguien piensa “ah, no hay nada que hacer así que no me preocupo”?. Yo al menos no.
Cuando yo comencé a trabajar tuve un jefe o algo similar. Puesto que la empresa era pública el jefe seguía la máxima de “ya que no soy puntual para entrar al menos seré puntual para salir” y por supuesto la de “no news, good news”. Así pues, entre que el tío pasaba bastante de problemas y yo pasaba bastante de él no tuvimos muchos encontronazos. Un día me encontré con un problema que yo no podía solucionar ya que había que hablar con “altas instancias” y decidí hablar con él.
- Buenas, tenemos el siguiente problema…
- Y?
- Pues que para solucionarlo hay que hablar con este jefazo y yo soy un currito
- Y?
- Pues que a lo mejor tu (o usted) podría hacer algo
- Bueno, haz una cosa mejor.. si el problema tiene solución lo solucionas y sino la tiene no la soluciones.
Y dicho esto, pillo la chaqueta y se fue a desayunar. Como siempre, no importó demasiado el hecho de que acababa de llegar. En el tiempo que ha pasado desde entonces he evolucionado lentamente mi opinión sobre ese individuo. En aquel momento me pareció un gilipollas y poco a poco he ido apreciando su capacidad para escaquearse de marrones. Estoy prácticamente seguro que ese tío seguirá en el mismo puesto, cobrando un sueldo nada desdeñable, entrando a las diez a trabajar, yéndose a las diez y media a desayunar, volviendo a las doce y saliendo a su casa a las dos de la tarde. Sin tener idea de que hace la gente que está a su cargo y probablemente sin saber sus nombres. En definitiva, un portento.
El caso es que la vida está llena de frases lógicas, y estrictamente ciertas que no tienen aplicación. Para estas frases siempre me acuerdo de Mafalda y una de sus tiras donde, como respuesta a una parrafada de uno de sus amigos (creo que Felipe), que le hablaba sobre el hecho de que las hormigas no evolucionan y aún así sobreviven le contesta: “eso que dices es tan cierto que no sirve absolutamente para nada”.
Todo esto me lo recordé yo ayer cuando intentaba consolar al hijo de un familiar que tiene dieciséis años. Se ha enamorado de una niña de su colegio que, por cuestiones familiares se tiene que ir a otro país. Esta totalmente hundido y yo le dije que no se preocupara, que con el tiempo se borraría todo, que con su edad vendrán muchas más y se irán algunas y que, en definitiva, al cabo de unos meses probablemente ni se acordaría de ella.
Mi intención era buena pero cuando estaba en medio de la charla me acordé de cuando con su misma edad me enamoré de una niña en la fiesta de un pueblo y de cómo me dolió el separarme de ella cuando yo regresé a mi ciudad y ella a la suya que distaba casi mil kilómetros. También por aquel entonces alguien (mi hermana), con toda su buena intención, me soltó las mismas chorradas que por supuesto se cumplieron. También me acordé de la frase de “si tu problema tiene solución…” y del “si lloras por no poder ver el sol las lágrimas te impedirán ver las estrellas”. En definitiva me acordé de tanta frase evidente, lógica o cierta que no sirve para nada.
Corté mi rollo y le dije.
- Mira, todo lo que te estaba diciendo es cierto, pero no sirve para nada, cuando se va tu chica?.
- A principios de mes
- Pues toma y disfruta el tiempo que te queda con ella.
Le di bastante dinero y al menos sonrió. Al final me di cuenta de que la experiencia me ha hecho sabio y yo, como el capullo del primer jefe que tuve, aprendí a escaquearme de los problemas.
Este tipo de frases siempre me ha intrigado. Si, ya sé que a mi me intrigan cosas tontas pero es así. Lo que me llama la atención es que la lógica no sirva para nada. Es algo a lo que no estoy acostumbrado. Porqué, sinceramente, ¿alguien piensa “ah, no hay nada que hacer así que no me preocupo”?. Yo al menos no.
Cuando yo comencé a trabajar tuve un jefe o algo similar. Puesto que la empresa era pública el jefe seguía la máxima de “ya que no soy puntual para entrar al menos seré puntual para salir” y por supuesto la de “no news, good news”. Así pues, entre que el tío pasaba bastante de problemas y yo pasaba bastante de él no tuvimos muchos encontronazos. Un día me encontré con un problema que yo no podía solucionar ya que había que hablar con “altas instancias” y decidí hablar con él.
- Buenas, tenemos el siguiente problema…
- Y?
- Pues que para solucionarlo hay que hablar con este jefazo y yo soy un currito
- Y?
- Pues que a lo mejor tu (o usted) podría hacer algo
- Bueno, haz una cosa mejor.. si el problema tiene solución lo solucionas y sino la tiene no la soluciones.
Y dicho esto, pillo la chaqueta y se fue a desayunar. Como siempre, no importó demasiado el hecho de que acababa de llegar. En el tiempo que ha pasado desde entonces he evolucionado lentamente mi opinión sobre ese individuo. En aquel momento me pareció un gilipollas y poco a poco he ido apreciando su capacidad para escaquearse de marrones. Estoy prácticamente seguro que ese tío seguirá en el mismo puesto, cobrando un sueldo nada desdeñable, entrando a las diez a trabajar, yéndose a las diez y media a desayunar, volviendo a las doce y saliendo a su casa a las dos de la tarde. Sin tener idea de que hace la gente que está a su cargo y probablemente sin saber sus nombres. En definitiva, un portento.
El caso es que la vida está llena de frases lógicas, y estrictamente ciertas que no tienen aplicación. Para estas frases siempre me acuerdo de Mafalda y una de sus tiras donde, como respuesta a una parrafada de uno de sus amigos (creo que Felipe), que le hablaba sobre el hecho de que las hormigas no evolucionan y aún así sobreviven le contesta: “eso que dices es tan cierto que no sirve absolutamente para nada”.
Todo esto me lo recordé yo ayer cuando intentaba consolar al hijo de un familiar que tiene dieciséis años. Se ha enamorado de una niña de su colegio que, por cuestiones familiares se tiene que ir a otro país. Esta totalmente hundido y yo le dije que no se preocupara, que con el tiempo se borraría todo, que con su edad vendrán muchas más y se irán algunas y que, en definitiva, al cabo de unos meses probablemente ni se acordaría de ella.
Mi intención era buena pero cuando estaba en medio de la charla me acordé de cuando con su misma edad me enamoré de una niña en la fiesta de un pueblo y de cómo me dolió el separarme de ella cuando yo regresé a mi ciudad y ella a la suya que distaba casi mil kilómetros. También por aquel entonces alguien (mi hermana), con toda su buena intención, me soltó las mismas chorradas que por supuesto se cumplieron. También me acordé de la frase de “si tu problema tiene solución…” y del “si lloras por no poder ver el sol las lágrimas te impedirán ver las estrellas”. En definitiva me acordé de tanta frase evidente, lógica o cierta que no sirve para nada.
Corté mi rollo y le dije.
- Mira, todo lo que te estaba diciendo es cierto, pero no sirve para nada, cuando se va tu chica?.
- A principios de mes
- Pues toma y disfruta el tiempo que te queda con ella.
Le di bastante dinero y al menos sonrió. Al final me di cuenta de que la experiencia me ha hecho sabio y yo, como el capullo del primer jefe que tuve, aprendí a escaquearme de los problemas.
Una noche más
- ¿Te ha dado filosófica?.
- No, me ha dado “contemplativa”.
Esta pequeña conversación fue prácticamente la mayor que mantuve la noche que salí de copas después de prácticamente dos meses (creo que ha pasado menos tiempo pero últimamente hago tantas cosas que parece más tiempo).
Mi conocido/amigo me preguntaba si me había dado filosófica porque me encontraba en un taburete sentado, con mi güisqui en la mano, observando y sin articular palabra. La verdad es que, para variar, me encontraba cansado y fue, una vez más, una de esas salidas que me auto-impongo para no quedarme anquilosado en casa. Muchas veces en estas salidas voy de menos a más pero ese día iba de menos a menos (una muestra de estabilidad bien mirado). La verdad que no me había dado ni filosófica ni contemplativa porque no había bebido como para pillarla así que simplemente se trataba de cansancio.
Lo malo es que no se que tipo de cansancio. Si se tratará de cansancio físico sería hasta normal porque llevo una temporada bastante dura. Incluso si fuese cansancio sicológico por estrés sería normal y asumible. Lo malo es que creo que es cansancio de otro tipo. Iba a llamarlo cansancio vital pero quedaría un poco escandaloso y además no es cierto. Lo que si noto es cierto cansancio en lo que a las relaciones se refiere. Es similar a lo que en otro post llamé pereza. No hablo sólo de relaciones con mujeres aunque es donde más lo noto.
Ese día me dio por observar los juegos de cortejo, apareamiento o seducción (que cada cual elija el término más adecuado según su gusto) y volví a sentir vergüenza ajena. Siempre me ha pasado que cuando veo a un tío ligando a la “manera tradicional” y a una mujer “dejándose querer” me da eso tan raro y para mi tan habitual que es la vergüenza ajena. Aunque yo creo que más que vergüenza ajena se trata de sentido del ridículo ajeno. Aunque yo ya he dicho más de una vez que no soy nada ligón imagino que alguna vez, visto desde fuera, habré resultado tan patético como a mi me parecían aquellos hombres intentando impresionar a aquellas chicas. Si no fuera porque la edad media sería superior a los cuarenta, porque las conversaciones se hablaban en muchas ocasiones de “ex” y de hijos y por las calvas de muchos participantes en el cortejo cualquiera pensaría que estábamos en una fiesta de instituto. Las sonrisas un poco agilipolladas de ellos y las reticencias aparentes (aunque estuvieran deseando) de ellas componían un espectáculo que no por conocido me resulta menos patético.
De pronto me acordé de mi amigo Chimo. Ya he hablado de él en alguna ocasión. Probablemente la persona con la que menos tengo en común en lo aparente y a una de las que más quiero sin duda. Y me dio por recordar su forma de ligar por acoso y derribo y la cantidad de veces que mi sentido del ridículo se desbordaba cuando iba con él. Me acordé de un día en concreto. Quedamos en un bar de copas enfrente del trabajo de uno de los amigos que salía muy tarde. Llegué el primero y me senté a esperar. Al poco tiempo apareció Chimo y tal y como llegó se quedó mirando fijamente a dos chicas. Yo concocía de sobra esa mirada y le dije.. por favor Chimo, que nos vamos ya. Él, como siempre me dijo, un segundo sólo, ven conmigo. Chimo mantenía una extraña teoría según la cual eramos una “pareja perfecta” para ligar ya que el era un especialista en “entrarle” a las chicas y yo era un tío estupendo para darles conversación una vez que ellas habían cedido. Siempre me pareció que se trataba de una teoría que él defendía para no dejarme aislado de su actividad “depredadora”.
Cuando llegamos y tal y como nos veían llegar las dos chicas (que por cierto, estaban muy buenas) se dieron la vuelta dándonos –literalmente- la espalda. Por supuesto, para mi fue suficiente como para renunciar pero no conseguí convencer a Chimo. Me quedé en un segundo plano y vi actuar al “maestro”. Chimo tiene un acento de pueblo y una forma de vestir que no lo hacen muy sofisticado a los ojos de nadie. Incluso cuesta trabajo pensar que es un titulado universitario. Tampoco es una belleza ni tenía un tipazo impresionante con lo que no le vale con lo de la primera impresión. Así pues digamos que no liga “por la cara”. Se lo tenía que “currar” pero todos los que lo conocíamos sabíamos que se lo curraba muy bien.
La escena era si cabe más patética al ver a Chimo hablándole a dos niñas (yo por aquel entonces hubiera dicho niñatas) que estaban de espaldas a él y mirando a la pared. Antes de continuar y como ya me ha pasado alguna vez diré que en mi tierra “niñas” se utiliza para llamar a cualquier chica (en Jaen por ejemplo serían “nenas”). Así que nadie piense mal que las niñas en cuestión hacía mucho que eran mayores de edad. Se estableció una conversación que yo creo que duró quince minutos y que resumo de manera suscinta aquí:
- Hola…
- Adios..
- Que pasa, es que no os gusto?
- No
- En serio, no me lo puedo creer, entonces no tengo nada que hacer con vosostras?
- No.
Esta conversación de besugos tan habitual en los bares de copas se mantuvo y he de reconocer que me hizo gracia. El objetivo de Chimo era el de siempre. En su estudio del comportamiento humano Chimo tenía clarísimo que a las mujeres le gustan los hombres que las hacen reir y él tenía una habilidad innata en ello. Aún así en este caso parecía que las niñas eran un poquito más “esaborías” de lo habitual y apenas contenstaban con monosílabos. Le vi soltar la mayoría de los chistes habituales y nada, no había forma. Por fin pareció que, al cabo de bastante tiempo, toco un tema que hizo que contestaran frases completas e incluso consiguió que lo miraran. Yo estaba expectante. Y Chimo no me defraudó.
- Vaya, conoces a alguien mejor?
- Si
- Bueno, bueno… eso es casi imposible..
- Vaya, muy seguro estas de ti mismo
- Claro.. pero dime es que tenéis novio?
- Pues si
- Pero no será tan guapo como yo
- Mucho más
- Aja.. pero seguro que es mucho menos simpático
- Mucho más
- Ya.. pero no será tan fuerte
- Mucho más
- Ya pero yo soy cinturón marrón de karate
- Y mi novio cinturón negro
- Ya, pero yo le dí la vuelta al marcador.
Las dos al unísono soltaron una carcajada. Me dí la vuelta sonriendo. El resto era pura rutina para Chimo. Poco a poco fueron viniendo los amigos y tal y como llegaban miraban a Chimo con las dos chicas. La única duda era cual sería la “afortunada”. Luego supimos que fueron las dos (una primero, la otra después).
Volviendo a la realidad, vi el espectáculo y pensé que ahí no había nadie del nivel de Chimo que al menos me entretuviera. Decidí irme no si antes mirar al lado mío y ver una mujer sentada en un taburete con la copa en la mano y una mirada perdida similar a la mía. Mientras recogía mis cosas le dije:
- ¿Cansada o hastiada?
- Hay diferencia?
Sonreí, me sonrió… y me fui.
Cuando ya me iba un amigo/conocido se acercó y me pregunto si iba bien y si podía conducir. Debía tener un aspecto lamentable porque era la segunda vez que alguien pensaba que estaba borracho y no me había bebido ni una copa.
- No, me ha dado “contemplativa”.
Esta pequeña conversación fue prácticamente la mayor que mantuve la noche que salí de copas después de prácticamente dos meses (creo que ha pasado menos tiempo pero últimamente hago tantas cosas que parece más tiempo).
Mi conocido/amigo me preguntaba si me había dado filosófica porque me encontraba en un taburete sentado, con mi güisqui en la mano, observando y sin articular palabra. La verdad es que, para variar, me encontraba cansado y fue, una vez más, una de esas salidas que me auto-impongo para no quedarme anquilosado en casa. Muchas veces en estas salidas voy de menos a más pero ese día iba de menos a menos (una muestra de estabilidad bien mirado). La verdad que no me había dado ni filosófica ni contemplativa porque no había bebido como para pillarla así que simplemente se trataba de cansancio.
Lo malo es que no se que tipo de cansancio. Si se tratará de cansancio físico sería hasta normal porque llevo una temporada bastante dura. Incluso si fuese cansancio sicológico por estrés sería normal y asumible. Lo malo es que creo que es cansancio de otro tipo. Iba a llamarlo cansancio vital pero quedaría un poco escandaloso y además no es cierto. Lo que si noto es cierto cansancio en lo que a las relaciones se refiere. Es similar a lo que en otro post llamé pereza. No hablo sólo de relaciones con mujeres aunque es donde más lo noto.
Ese día me dio por observar los juegos de cortejo, apareamiento o seducción (que cada cual elija el término más adecuado según su gusto) y volví a sentir vergüenza ajena. Siempre me ha pasado que cuando veo a un tío ligando a la “manera tradicional” y a una mujer “dejándose querer” me da eso tan raro y para mi tan habitual que es la vergüenza ajena. Aunque yo creo que más que vergüenza ajena se trata de sentido del ridículo ajeno. Aunque yo ya he dicho más de una vez que no soy nada ligón imagino que alguna vez, visto desde fuera, habré resultado tan patético como a mi me parecían aquellos hombres intentando impresionar a aquellas chicas. Si no fuera porque la edad media sería superior a los cuarenta, porque las conversaciones se hablaban en muchas ocasiones de “ex” y de hijos y por las calvas de muchos participantes en el cortejo cualquiera pensaría que estábamos en una fiesta de instituto. Las sonrisas un poco agilipolladas de ellos y las reticencias aparentes (aunque estuvieran deseando) de ellas componían un espectáculo que no por conocido me resulta menos patético.
De pronto me acordé de mi amigo Chimo. Ya he hablado de él en alguna ocasión. Probablemente la persona con la que menos tengo en común en lo aparente y a una de las que más quiero sin duda. Y me dio por recordar su forma de ligar por acoso y derribo y la cantidad de veces que mi sentido del ridículo se desbordaba cuando iba con él. Me acordé de un día en concreto. Quedamos en un bar de copas enfrente del trabajo de uno de los amigos que salía muy tarde. Llegué el primero y me senté a esperar. Al poco tiempo apareció Chimo y tal y como llegó se quedó mirando fijamente a dos chicas. Yo concocía de sobra esa mirada y le dije.. por favor Chimo, que nos vamos ya. Él, como siempre me dijo, un segundo sólo, ven conmigo. Chimo mantenía una extraña teoría según la cual eramos una “pareja perfecta” para ligar ya que el era un especialista en “entrarle” a las chicas y yo era un tío estupendo para darles conversación una vez que ellas habían cedido. Siempre me pareció que se trataba de una teoría que él defendía para no dejarme aislado de su actividad “depredadora”.
Cuando llegamos y tal y como nos veían llegar las dos chicas (que por cierto, estaban muy buenas) se dieron la vuelta dándonos –literalmente- la espalda. Por supuesto, para mi fue suficiente como para renunciar pero no conseguí convencer a Chimo. Me quedé en un segundo plano y vi actuar al “maestro”. Chimo tiene un acento de pueblo y una forma de vestir que no lo hacen muy sofisticado a los ojos de nadie. Incluso cuesta trabajo pensar que es un titulado universitario. Tampoco es una belleza ni tenía un tipazo impresionante con lo que no le vale con lo de la primera impresión. Así pues digamos que no liga “por la cara”. Se lo tenía que “currar” pero todos los que lo conocíamos sabíamos que se lo curraba muy bien.
La escena era si cabe más patética al ver a Chimo hablándole a dos niñas (yo por aquel entonces hubiera dicho niñatas) que estaban de espaldas a él y mirando a la pared. Antes de continuar y como ya me ha pasado alguna vez diré que en mi tierra “niñas” se utiliza para llamar a cualquier chica (en Jaen por ejemplo serían “nenas”). Así que nadie piense mal que las niñas en cuestión hacía mucho que eran mayores de edad. Se estableció una conversación que yo creo que duró quince minutos y que resumo de manera suscinta aquí:
- Hola…
- Adios..
- Que pasa, es que no os gusto?
- No
- En serio, no me lo puedo creer, entonces no tengo nada que hacer con vosostras?
- No.
Esta conversación de besugos tan habitual en los bares de copas se mantuvo y he de reconocer que me hizo gracia. El objetivo de Chimo era el de siempre. En su estudio del comportamiento humano Chimo tenía clarísimo que a las mujeres le gustan los hombres que las hacen reir y él tenía una habilidad innata en ello. Aún así en este caso parecía que las niñas eran un poquito más “esaborías” de lo habitual y apenas contenstaban con monosílabos. Le vi soltar la mayoría de los chistes habituales y nada, no había forma. Por fin pareció que, al cabo de bastante tiempo, toco un tema que hizo que contestaran frases completas e incluso consiguió que lo miraran. Yo estaba expectante. Y Chimo no me defraudó.
- Vaya, conoces a alguien mejor?
- Si
- Bueno, bueno… eso es casi imposible..
- Vaya, muy seguro estas de ti mismo
- Claro.. pero dime es que tenéis novio?
- Pues si
- Pero no será tan guapo como yo
- Mucho más
- Aja.. pero seguro que es mucho menos simpático
- Mucho más
- Ya.. pero no será tan fuerte
- Mucho más
- Ya pero yo soy cinturón marrón de karate
- Y mi novio cinturón negro
- Ya, pero yo le dí la vuelta al marcador.
Las dos al unísono soltaron una carcajada. Me dí la vuelta sonriendo. El resto era pura rutina para Chimo. Poco a poco fueron viniendo los amigos y tal y como llegaban miraban a Chimo con las dos chicas. La única duda era cual sería la “afortunada”. Luego supimos que fueron las dos (una primero, la otra después).
Volviendo a la realidad, vi el espectáculo y pensé que ahí no había nadie del nivel de Chimo que al menos me entretuviera. Decidí irme no si antes mirar al lado mío y ver una mujer sentada en un taburete con la copa en la mano y una mirada perdida similar a la mía. Mientras recogía mis cosas le dije:
- ¿Cansada o hastiada?
- Hay diferencia?
Sonreí, me sonrió… y me fui.
Cuando ya me iba un amigo/conocido se acercó y me pregunto si iba bien y si podía conducir. Debía tener un aspecto lamentable porque era la segunda vez que alguien pensaba que estaba borracho y no me había bebido ni una copa.
Estadistísticamente hablando..
Siempre me ha gustado la estadística, y siempre me han disgustado los periodistas. Antes de continuar debería decir que tengo familia periodista (y más de uno), he trabajado casi cuatro años en un medio de comunicación y he salido de farra durante mucho tiempo en “ambientes periodísticos”. Por cierto, con esto de “ambientes” me dan ganas de reivindicar los matrimonios entre periodistas sino fuera porque tengo alguno en mi familia y no ha ido muy bien que digamos.
El caso es que toda generalización acarrea injusticia y esta no va a ser una excepción. En cuanto al tema de los periodistas hay dos cosas que no me gustan, una tiene que ver con el trato personal y esa manía de creerse el cuarto poder. La segunda tiene que ver con el hecho de que lamentablemente, mucha otra gente los cree. Cosas como “lo ha dicho la tele” son sentencias absolutas que, aunque parezca mentira, funcionan. Si un tío en un telediario dice cualquier barbaridad aquello queda como verdad inmutable. Es muy común que en cualquier discusión alguien saque el argumento vencedor y definitivo: “lo dijo la tele”. Punto redondo. Todos a callar. Yo soy escéptico por naturaleza pero en este caso además es que he estado dentro de la “caja tonta” y he tenido oportunidad de ver desde dentro las barbaridades que se hacen. Además, da la casualidad que, cada vez que oigo a un periodista hablando de algo de lo que más o menos entiendo, veo que dicen tonterías y extrapolando imagino que cuando hablan de otros temas pues también pasa lo mismo. No hace mucho estuve charlando con un químico que trabaja en el CSIC y me comentaba algo muy similar en cuanto a las noticias de medicamentos e investigaciones médicas.
Vuelvo a decirlo. Sé que soy injusto y que seguramente hay periodistas súper profesionales, solventes y precisos. Simplemente no he tenido el gusto de conocerlos.
Pues bien, como decía me gusta la estadística. No soy un experto y mis conocimientos se reducen a lo que estudie en la universidad pero aparte de la belleza intrínseca de términos como “esperanza matemática” o “varianza” siempre me ha parecido que la estadística es una herramienta muy útil en muchos aspectos de la vida.
Lo malo es cuando se une una estadística y un periodista. Entonces lo llevamos crudo. Observo últimamente como en cualquier telediario o programa de radio que se precie se tiene que ofrecer una estadística o un informe. Es cierto que muchos de estos informes vienen viciados desde el principio. En uno de mis post puse un caso real que yo ví donde un tío preguntaba a tres personas que estábamos allí si estábamos contentos con nuestros teléfonos móviles. Ante la respuesta afirmativa el dijo, “pues yo no así que voy a poner que el 75% de las personas están contentas con su móvil”. Esto puede parecer gracioso pero lo realmente gracioso es ver al director de un operador móvil presentando a la prensa el estudio y lo descojonante es saber el pastón que costó ese estudio. A esa misma persona que hizo ese estudio me recomendo que pusiera un dato en un informe del tipo… “el 58% es superior a…” y cuando le dije que si podía demostrar que ese dato fuese cierto me contestó.. “y tu puedes demostrar que no?”. De hecho la mayoría de estos estudios basados en entrevistas simplemente no se hacen (o los hacen el mismo entrevistador).
Hace unos días hablaba del estudio según el cual las mujeres cobraban un 40% que los hombres en el mismo puesto. Por pura curiosidad investigué un poco el tema y encontré donde estaba el error. El informe no dice eso. Lo que dice el informe es que entre dos personas de la misma edad y con la misma formación la media de ingresos es un 40% inferior en las mujeres que en los hombres. No me meto en el fondo que seguramente es tan o más escandaloso que lo que se dijo sino en el hecho de que simplemente por no leerse el informe de pronto se comunicó algo que, por supuesto, como lo dijo la tele pasa a ser verdad inmediatamente, aunque nadie lo entienda (sigo mi propia investigación y nadie me ha dicho jamás que en el mismo puesto de una empresa se pagué más a un hombre).
Así pues lo que dice el informe es que, por poner un ejemplo, si tenemos dos economistas con treinta años la media dice que si es una mujer ganará menos pero seguramente porque estarán haciendo distintas tareas. Insisto, en que este dato me parece casi más sangrante que el otro en cuanto al reflejo del machismo.
Hoy también he vuelto a escuchar una estupidez que se dice mucho. Resulta que la esperanza de vida en África es de cuarenta años. Esto se explica porque ese dato se ofrece una media de vida incluyendo por supuesto a los niños que mueren a las pocas horas (de hecho creo que hay un tiempo medido en horas para que se contabilicen). Lo cual quiere decir que teniendo en cuenta la gran mortandad infantil la esperanza de vida media baja muchísimo en estos países. Hoy sin embargo he vuelto a oír algo que ya he escuchado en más de una ocasión y es que en África es prácticamente imposible encontrar a alguien de más de cuarenta años porque se mueren a esa edad.
En definitiva, la estadística es una herramienta interesante y, como suele pasar, poco conocida en cuanto a sus posibilidades pero entre el uso torticero de los políticos y de los periodistas al final resultará que nadie creerá nada. Por cierto, en el tema de estadísticas y en general matemáticas recomendaría a todos que se miraran nuestro sistema electoral y el concepto de “democracia” sobre todo en lo que se refiere a el valor real de cada voto. Este es otro de los temas en los que eso de la igualdad que preconiza la constitución parece que no importa.
Puestos a manejar la estadística prefiero la cita de les luthiers que dice: “cinco de cada diez hombres que ven la televisión… son la mitad”.
El caso es que toda generalización acarrea injusticia y esta no va a ser una excepción. En cuanto al tema de los periodistas hay dos cosas que no me gustan, una tiene que ver con el trato personal y esa manía de creerse el cuarto poder. La segunda tiene que ver con el hecho de que lamentablemente, mucha otra gente los cree. Cosas como “lo ha dicho la tele” son sentencias absolutas que, aunque parezca mentira, funcionan. Si un tío en un telediario dice cualquier barbaridad aquello queda como verdad inmutable. Es muy común que en cualquier discusión alguien saque el argumento vencedor y definitivo: “lo dijo la tele”. Punto redondo. Todos a callar. Yo soy escéptico por naturaleza pero en este caso además es que he estado dentro de la “caja tonta” y he tenido oportunidad de ver desde dentro las barbaridades que se hacen. Además, da la casualidad que, cada vez que oigo a un periodista hablando de algo de lo que más o menos entiendo, veo que dicen tonterías y extrapolando imagino que cuando hablan de otros temas pues también pasa lo mismo. No hace mucho estuve charlando con un químico que trabaja en el CSIC y me comentaba algo muy similar en cuanto a las noticias de medicamentos e investigaciones médicas.
Vuelvo a decirlo. Sé que soy injusto y que seguramente hay periodistas súper profesionales, solventes y precisos. Simplemente no he tenido el gusto de conocerlos.
Pues bien, como decía me gusta la estadística. No soy un experto y mis conocimientos se reducen a lo que estudie en la universidad pero aparte de la belleza intrínseca de términos como “esperanza matemática” o “varianza” siempre me ha parecido que la estadística es una herramienta muy útil en muchos aspectos de la vida.
Lo malo es cuando se une una estadística y un periodista. Entonces lo llevamos crudo. Observo últimamente como en cualquier telediario o programa de radio que se precie se tiene que ofrecer una estadística o un informe. Es cierto que muchos de estos informes vienen viciados desde el principio. En uno de mis post puse un caso real que yo ví donde un tío preguntaba a tres personas que estábamos allí si estábamos contentos con nuestros teléfonos móviles. Ante la respuesta afirmativa el dijo, “pues yo no así que voy a poner que el 75% de las personas están contentas con su móvil”. Esto puede parecer gracioso pero lo realmente gracioso es ver al director de un operador móvil presentando a la prensa el estudio y lo descojonante es saber el pastón que costó ese estudio. A esa misma persona que hizo ese estudio me recomendo que pusiera un dato en un informe del tipo… “el 58% es superior a…” y cuando le dije que si podía demostrar que ese dato fuese cierto me contestó.. “y tu puedes demostrar que no?”. De hecho la mayoría de estos estudios basados en entrevistas simplemente no se hacen (o los hacen el mismo entrevistador).
Hace unos días hablaba del estudio según el cual las mujeres cobraban un 40% que los hombres en el mismo puesto. Por pura curiosidad investigué un poco el tema y encontré donde estaba el error. El informe no dice eso. Lo que dice el informe es que entre dos personas de la misma edad y con la misma formación la media de ingresos es un 40% inferior en las mujeres que en los hombres. No me meto en el fondo que seguramente es tan o más escandaloso que lo que se dijo sino en el hecho de que simplemente por no leerse el informe de pronto se comunicó algo que, por supuesto, como lo dijo la tele pasa a ser verdad inmediatamente, aunque nadie lo entienda (sigo mi propia investigación y nadie me ha dicho jamás que en el mismo puesto de una empresa se pagué más a un hombre).
Así pues lo que dice el informe es que, por poner un ejemplo, si tenemos dos economistas con treinta años la media dice que si es una mujer ganará menos pero seguramente porque estarán haciendo distintas tareas. Insisto, en que este dato me parece casi más sangrante que el otro en cuanto al reflejo del machismo.
Hoy también he vuelto a escuchar una estupidez que se dice mucho. Resulta que la esperanza de vida en África es de cuarenta años. Esto se explica porque ese dato se ofrece una media de vida incluyendo por supuesto a los niños que mueren a las pocas horas (de hecho creo que hay un tiempo medido en horas para que se contabilicen). Lo cual quiere decir que teniendo en cuenta la gran mortandad infantil la esperanza de vida media baja muchísimo en estos países. Hoy sin embargo he vuelto a oír algo que ya he escuchado en más de una ocasión y es que en África es prácticamente imposible encontrar a alguien de más de cuarenta años porque se mueren a esa edad.
En definitiva, la estadística es una herramienta interesante y, como suele pasar, poco conocida en cuanto a sus posibilidades pero entre el uso torticero de los políticos y de los periodistas al final resultará que nadie creerá nada. Por cierto, en el tema de estadísticas y en general matemáticas recomendaría a todos que se miraran nuestro sistema electoral y el concepto de “democracia” sobre todo en lo que se refiere a el valor real de cada voto. Este es otro de los temas en los que eso de la igualdad que preconiza la constitución parece que no importa.
Puestos a manejar la estadística prefiero la cita de les luthiers que dice: “cinco de cada diez hombres que ven la televisión… son la mitad”.
Divino tesoro...
Es curioso como de pronto se suceden determinadas circunstancias que inciden sobre un mismo tema. En los últimos días me han comentado, o he conocido casos de gente “mayor” que es apartada cual trasto viejo. Hablo de profesionales hechos y derechos con decenas de años de experiencia que, de pronto, se convierten en viejos. Hay tantos casos como personas pero yo siempre he pensado que la experiencia es demasiado valiosa como para despreciarla de esta forma. Esto lo pienso y lo digo desde siempre aunque ahora que ya comienzo a vislumbrar los cuarenta puede que alguien piense que lo digo porque me toca. Obviamente me conoce poco quien piense así.
Cuando era un chaval de diecisiete años llegué a un acuerdo conmigo mismo. No criticaría ni me reiría de los “viejos” de treinta o más años y, a cambio, cuando llegara a esa edad (que por entonces parecía inalcanzable) yo tampoco criticaría a los “niñatos” solo por el hecho de ser jóvenes. He de reconocer que la segunda parte del acuerdo hay veces que me cuesta más trabajo.
El caso es que llevo unos días pensando en esto debido a varias circunstancias. Hace no mucho mantuve una conversación con un “viejo” de cincuenta y tres años. Después de treinta años de servicio en uno de los principales bancos resulta que se le jubila anticipadamente. Lo curioso de esto de la jubilación es que encima le cuesta dinero a la empresa porque tendrá que pagarle su sueldo (el 100%) los próximos trece años.
La justificación a estas prejubilaciones me la dio hace tiempo un alto cargo de telefónica que, por supuesto, no llegaba a los cincuenta. Me dijo algo así como que el coste de esa persona si junta sueldo, beneficios sociales, antigüedad, etc.. es equivalente al coste de la prejubilación más el coste de un chaval recién titulado con varios idiomas y con la mente abierta. Dicho de otra forma, con lo que se ahorran el pluses que no se incluyen en la prejubilación se paga a un recién titulado. Lo realmente alucinante de este argumento es que incluso se valoraba más la capacidad de un chaval de veintitantos años que la del “viejo” de cincuenta. Me parece absolutamente increíble que se desprecie de esa forma el conocimiento y la experiencia acumulada en veinte o treinta años.
Yo conozco un caso que me toca muy de cerca. En mi empresa hemos contratado a dos personas recientemente. Una de ellas tiene sesenta años y treinta y cinco años de experiencia. No sabe inglés ni ha hecho un master. La otra persona tiene dos años de experiencia, habla tres idiomas y tiene un master. Esto va por personas pero sinceramente, comparar a uno con otro es ridículo. Dominio de idiomas aparte no sé como nadie puede pensar que es preferible a alguien sin experiencia por mucha mentalidad abierta que se tenga.
Hace tiempo leí un chiste de Perich que decía “Hijo mío, el problema es que tu padre nació en un tiempo en que tenías que tener cuarenta años para ser alguien y ahora que los tengo resulta que nos toca vivir en un tiempo en el que cuando llegas a los cuarenta no eres nadie”. A mi me da miedo ese tiempo y sobre todo me parece estupido.
Hace ya algunos años participé en un proyecto para una industria. Me enviaron a hablar con el director de fabricación. Un señor que estaría rondando los sesenta años. Este señor había diseñado y montado tres fábricas de esta empresa y estaba diseñando la última. Una fábrica que ya está en producción y que, cuando se abrió, era la más puntera en su sector. Al principio este señor me trataba regular pero poco a poco fuimos congeniando. Un día me explicó el porqué de sus reticencias. La empresa contrato a un “consultor” para hacer un trabajo. El consultor en cuestión era un chico recién salido de su master y, por supuesto, con su inglés perfecto. Me contó muchas anécdotas sobre este consultor y como no tenía idea de nada y pretendía hacer las cosas según manuales americanos. Al final la empresa decidió prescindir de él cuando, en una reunión, les dijo que no tenían idea de fabricación. Habría que decir aquí que esta empresa paso en cuarenta años de ser un taller familiar a una empresa con mil empleados líder en su sector en Europa. La cuestión es que me dijo que después le caí bien porque había notado que sabía de lo mío pero que era lo suficientemente humilde como para escucharlo cuando hablaban de su ámbito que era el de fabricación. Cuando le dije que como no iba a escuchar al director de fabricación con cuarenta años de experiencia el me dijo: “No sé chico, ahora los chavales de veinte se creen que saben más que uno de sesenta sólo por el hecho de que son más jóvenes”.
Es cierto que antes el “consultor” era una categoría. Alguien que habia acumulado conocimientos y experiencia sobre un tema suficientes como para enseñar a los demás como hacer las cosas. Hoy en día el consultor es algo así como el auxiliar administrativo. Se pilla a un chaval, se le pone una corbata (normalmente con un pato donald) y se convierte en “Monsieur le consultant”. Consultor de lo que sea, da igual.
Para completar el escenario resulta que he oído hace poco que ya se están planteando prolongar la vida laboral hasta más allá de los sesenta y cinco años para evitar la quiebra del sistema de pensiones.
Y me miro en el espejo. Hoy soy una persona con formación, con veinte años de experiencia y creo que valorada en mi trabajo. Aún así cada día aprendo algo nuevo (y espero no parar nunca). Pero la realidad es que el tiempo pasa y dentro de cinco o diez años, cuando haya acumulado mil o dos mil días más de experiencia, entonces, seré un inútil. Joder que crudo lo llevo.
Cuando era un chaval de diecisiete años llegué a un acuerdo conmigo mismo. No criticaría ni me reiría de los “viejos” de treinta o más años y, a cambio, cuando llegara a esa edad (que por entonces parecía inalcanzable) yo tampoco criticaría a los “niñatos” solo por el hecho de ser jóvenes. He de reconocer que la segunda parte del acuerdo hay veces que me cuesta más trabajo.
El caso es que llevo unos días pensando en esto debido a varias circunstancias. Hace no mucho mantuve una conversación con un “viejo” de cincuenta y tres años. Después de treinta años de servicio en uno de los principales bancos resulta que se le jubila anticipadamente. Lo curioso de esto de la jubilación es que encima le cuesta dinero a la empresa porque tendrá que pagarle su sueldo (el 100%) los próximos trece años.
La justificación a estas prejubilaciones me la dio hace tiempo un alto cargo de telefónica que, por supuesto, no llegaba a los cincuenta. Me dijo algo así como que el coste de esa persona si junta sueldo, beneficios sociales, antigüedad, etc.. es equivalente al coste de la prejubilación más el coste de un chaval recién titulado con varios idiomas y con la mente abierta. Dicho de otra forma, con lo que se ahorran el pluses que no se incluyen en la prejubilación se paga a un recién titulado. Lo realmente alucinante de este argumento es que incluso se valoraba más la capacidad de un chaval de veintitantos años que la del “viejo” de cincuenta. Me parece absolutamente increíble que se desprecie de esa forma el conocimiento y la experiencia acumulada en veinte o treinta años.
Yo conozco un caso que me toca muy de cerca. En mi empresa hemos contratado a dos personas recientemente. Una de ellas tiene sesenta años y treinta y cinco años de experiencia. No sabe inglés ni ha hecho un master. La otra persona tiene dos años de experiencia, habla tres idiomas y tiene un master. Esto va por personas pero sinceramente, comparar a uno con otro es ridículo. Dominio de idiomas aparte no sé como nadie puede pensar que es preferible a alguien sin experiencia por mucha mentalidad abierta que se tenga.
Hace tiempo leí un chiste de Perich que decía “Hijo mío, el problema es que tu padre nació en un tiempo en que tenías que tener cuarenta años para ser alguien y ahora que los tengo resulta que nos toca vivir en un tiempo en el que cuando llegas a los cuarenta no eres nadie”. A mi me da miedo ese tiempo y sobre todo me parece estupido.
Hace ya algunos años participé en un proyecto para una industria. Me enviaron a hablar con el director de fabricación. Un señor que estaría rondando los sesenta años. Este señor había diseñado y montado tres fábricas de esta empresa y estaba diseñando la última. Una fábrica que ya está en producción y que, cuando se abrió, era la más puntera en su sector. Al principio este señor me trataba regular pero poco a poco fuimos congeniando. Un día me explicó el porqué de sus reticencias. La empresa contrato a un “consultor” para hacer un trabajo. El consultor en cuestión era un chico recién salido de su master y, por supuesto, con su inglés perfecto. Me contó muchas anécdotas sobre este consultor y como no tenía idea de nada y pretendía hacer las cosas según manuales americanos. Al final la empresa decidió prescindir de él cuando, en una reunión, les dijo que no tenían idea de fabricación. Habría que decir aquí que esta empresa paso en cuarenta años de ser un taller familiar a una empresa con mil empleados líder en su sector en Europa. La cuestión es que me dijo que después le caí bien porque había notado que sabía de lo mío pero que era lo suficientemente humilde como para escucharlo cuando hablaban de su ámbito que era el de fabricación. Cuando le dije que como no iba a escuchar al director de fabricación con cuarenta años de experiencia el me dijo: “No sé chico, ahora los chavales de veinte se creen que saben más que uno de sesenta sólo por el hecho de que son más jóvenes”.
Es cierto que antes el “consultor” era una categoría. Alguien que habia acumulado conocimientos y experiencia sobre un tema suficientes como para enseñar a los demás como hacer las cosas. Hoy en día el consultor es algo así como el auxiliar administrativo. Se pilla a un chaval, se le pone una corbata (normalmente con un pato donald) y se convierte en “Monsieur le consultant”. Consultor de lo que sea, da igual.
Para completar el escenario resulta que he oído hace poco que ya se están planteando prolongar la vida laboral hasta más allá de los sesenta y cinco años para evitar la quiebra del sistema de pensiones.
Y me miro en el espejo. Hoy soy una persona con formación, con veinte años de experiencia y creo que valorada en mi trabajo. Aún así cada día aprendo algo nuevo (y espero no parar nunca). Pero la realidad es que el tiempo pasa y dentro de cinco o diez años, cuando haya acumulado mil o dos mil días más de experiencia, entonces, seré un inútil. Joder que crudo lo llevo.
Mi 23-F
Esta racha intensa de trabajo ha hecho que no pueda actualizar mi blog. A veces han ocurrido cosas de las que me hubiese gustado escribir pero no pudo ser. Una de ellas fue, como no, el tema del golpe frustrado del 23-F. Me acordé entonces de cómo pasé yo ese día pero pasó el tiempo y se perdió la oportunidad. Hoy sin embargo lo he vuelto a recordar. Tomando café se charlan de cosas y de pronto, y sin saber porqué, ha surgido el tema del golpe. Me ha hecho gracia el hecho de que, muchos de los que estábamos aún no había nacido o eran niños de pocos años.
Así pues, haciendo honor a mi autonombramiento de tipo raro voy a aprovechar que estamos a 21 de Marzo para hablar del 23 de febrero de 1981.
Una de las cosas que me molesta bastante cada vez que se habla de este tema en los medios de comunicación es que todo el mundo se apunta al carro. Lo mismo que más de la mitad de los franceses estaba en la resistencia cuando la ocupación alemana (lo cual es, obviamente mentira) o la mayoría de los alemanes estaban en contra de Hitler, aquí de pronto todos salieron a combatir el golpe. Pero la realidad a mi me pareció muy diferente. De todas formas, seguiré escuchando una y otra vez lo importante que fue el Rey, lo importante que fueron los medios de comunicación (como no…) y, por supuesto, los políticos. No creo que nadie o casi nadie habla de la gente de a pie, de la gente que de forma espontánea se manifestó incluso cuando, ni los políticos, ni el Rey ni los medios se atrevían a salir. En fin, ya se sabe que la historia se escribe como se escribe y seguramente, por poner un ejemplo, dentro de unos años en alguna escuela vasca saldrá el término Gudari en relación con este suceso.
Yo, como creo que todos los que teníamos más de diez años aquel día del 81 (yo tenía 14), recuerdo perfectamente como me enteré del golpe. Volvía del instituto de donde salía a las seis y media. Recuerdo que teníamos de visita a mi abuela y en cuanto entré en casa me encontré a mi madre, mi hermana y mi abuela oyendo la radio. No pasarían dos horas desde que se produjo el golpe cuando llamaron a mi puerta. Eran unos amigos para buscarme. Nos íbamos a Tablada. Tablada era, y es, una base aérea del ejército y a lo que íbamos allí no lo teníamos claro nadie. Pero cuando llegamos no estábamos solos. Desde que llegamos y a lo largo de las siguientes dos o tres horas yo creo que nos juntamos allí, miles de personas. Muchos chavales como nosotros que nos apuntábamos a un bombardeo pero otras muchas gente mayor. En nuestro caso, como ya he dicho, se trataba incluso de una imprudencia típica de la edad pero allí había gente de mucho tipo, que habían vivido la guerra y que no. Y todos nos dedicamos a gritar proclamas a favor de la constitución y animar a los chavales que estaban haciendo guardia (y que tenían la cara blanca de acojone) a que desertaran.
Por lo que yo supe en otros cuarteles de Sevilla pasó lo mismo y me imagino que en casi todos los cuarteles de España. Es obvio que en esos momentos nadie sabía que pasaría ni los apoyos que había del golpe. Aún recuerdo cuando se propago el rumor de que los tanques salían a la calle. Después se concretó que era en Valencia. Teníamos nervios pero estábamos todos excitados. Nos estaba costando a todos bastante el proceso de transición y lo creíamos ya superado cuando aparece un picoleto y nos quiere hacer volver a otros tiempos.
Me costa que al lado de la sede de Fuerza Nueva hubo una manifestación similar pero, obviamente, apoyando el golpe.
Y mientras todo esto pasaba en la tarde noche de ese día en la radio se hablaba en tono neutro sin de ninguna forma posicionarse, en la tele nadie sabía que pasaba, el rey (gran heroe curiosamente desde entonces) no salía (no fue hasta la una de la mañana y después se buscaron algunas excusas un tanto grises para justificar el retraso) y por supuesto los periódicos salían con titulares neutros. Solo el País salió con su “El País con la constitución” pero eso sí, a las dos de la mañana y Diario 16 con su “El golpe fracasó” un poco más tarde.
Sobre los políticos se supieron muchas cosas. Los nacionalistas catalanes huyeron a Francia, y algo similar pasó con los vascos (algún “Gudari” incluso se fue en barco y tuvo que ser rescatado.. por la guardia civil!). La mayoría simplemente no existieron durante esas horas. Había mucho miedo y es normal. La gente también lo tenía y yo vi colas en las tiendas comprando alimentos pero hubo un alto porcentaje de gente normal de la calle que se posicionó inmediatamente.
Sin embargo, no sé porqué pero en los libros de historia creo que jamás se dirá que los primeros que se revelaron contra el golpe no fueron ni los reyes, ni los políticos, ni sindicatos, ni ayuntamientos, ni ningún organismo. Fueron la gente de a pie.
Hoy, comentando esto con gente que no vivió (o al menos no vivió conscientemente) esa época y alguno que si la vivió he constatado la diferencia que se tiene en la percepción del hecho.
En fin, hoy me apetecía este anacronismo de abuelo cebolleta.
Así pues, haciendo honor a mi autonombramiento de tipo raro voy a aprovechar que estamos a 21 de Marzo para hablar del 23 de febrero de 1981.
Una de las cosas que me molesta bastante cada vez que se habla de este tema en los medios de comunicación es que todo el mundo se apunta al carro. Lo mismo que más de la mitad de los franceses estaba en la resistencia cuando la ocupación alemana (lo cual es, obviamente mentira) o la mayoría de los alemanes estaban en contra de Hitler, aquí de pronto todos salieron a combatir el golpe. Pero la realidad a mi me pareció muy diferente. De todas formas, seguiré escuchando una y otra vez lo importante que fue el Rey, lo importante que fueron los medios de comunicación (como no…) y, por supuesto, los políticos. No creo que nadie o casi nadie habla de la gente de a pie, de la gente que de forma espontánea se manifestó incluso cuando, ni los políticos, ni el Rey ni los medios se atrevían a salir. En fin, ya se sabe que la historia se escribe como se escribe y seguramente, por poner un ejemplo, dentro de unos años en alguna escuela vasca saldrá el término Gudari en relación con este suceso.
Yo, como creo que todos los que teníamos más de diez años aquel día del 81 (yo tenía 14), recuerdo perfectamente como me enteré del golpe. Volvía del instituto de donde salía a las seis y media. Recuerdo que teníamos de visita a mi abuela y en cuanto entré en casa me encontré a mi madre, mi hermana y mi abuela oyendo la radio. No pasarían dos horas desde que se produjo el golpe cuando llamaron a mi puerta. Eran unos amigos para buscarme. Nos íbamos a Tablada. Tablada era, y es, una base aérea del ejército y a lo que íbamos allí no lo teníamos claro nadie. Pero cuando llegamos no estábamos solos. Desde que llegamos y a lo largo de las siguientes dos o tres horas yo creo que nos juntamos allí, miles de personas. Muchos chavales como nosotros que nos apuntábamos a un bombardeo pero otras muchas gente mayor. En nuestro caso, como ya he dicho, se trataba incluso de una imprudencia típica de la edad pero allí había gente de mucho tipo, que habían vivido la guerra y que no. Y todos nos dedicamos a gritar proclamas a favor de la constitución y animar a los chavales que estaban haciendo guardia (y que tenían la cara blanca de acojone) a que desertaran.
Por lo que yo supe en otros cuarteles de Sevilla pasó lo mismo y me imagino que en casi todos los cuarteles de España. Es obvio que en esos momentos nadie sabía que pasaría ni los apoyos que había del golpe. Aún recuerdo cuando se propago el rumor de que los tanques salían a la calle. Después se concretó que era en Valencia. Teníamos nervios pero estábamos todos excitados. Nos estaba costando a todos bastante el proceso de transición y lo creíamos ya superado cuando aparece un picoleto y nos quiere hacer volver a otros tiempos.
Me costa que al lado de la sede de Fuerza Nueva hubo una manifestación similar pero, obviamente, apoyando el golpe.
Y mientras todo esto pasaba en la tarde noche de ese día en la radio se hablaba en tono neutro sin de ninguna forma posicionarse, en la tele nadie sabía que pasaba, el rey (gran heroe curiosamente desde entonces) no salía (no fue hasta la una de la mañana y después se buscaron algunas excusas un tanto grises para justificar el retraso) y por supuesto los periódicos salían con titulares neutros. Solo el País salió con su “El País con la constitución” pero eso sí, a las dos de la mañana y Diario 16 con su “El golpe fracasó” un poco más tarde.
Sobre los políticos se supieron muchas cosas. Los nacionalistas catalanes huyeron a Francia, y algo similar pasó con los vascos (algún “Gudari” incluso se fue en barco y tuvo que ser rescatado.. por la guardia civil!). La mayoría simplemente no existieron durante esas horas. Había mucho miedo y es normal. La gente también lo tenía y yo vi colas en las tiendas comprando alimentos pero hubo un alto porcentaje de gente normal de la calle que se posicionó inmediatamente.
Sin embargo, no sé porqué pero en los libros de historia creo que jamás se dirá que los primeros que se revelaron contra el golpe no fueron ni los reyes, ni los políticos, ni sindicatos, ni ayuntamientos, ni ningún organismo. Fueron la gente de a pie.
Hoy, comentando esto con gente que no vivió (o al menos no vivió conscientemente) esa época y alguno que si la vivió he constatado la diferencia que se tiene en la percepción del hecho.
En fin, hoy me apetecía este anacronismo de abuelo cebolleta.
Somos lo que somos
Uno es de barrio. Hay gente de pueblo, de ciudad y otros que somos de pueblos en la ciudad. Esos son (somos) los de barrio. Todos, por mucha educación y mucho maquillaje que nos pongamos tenemos una impronta de nuestra infancia y adolescencia. En mi caso, como supongo que en el de casi todos, mi educación está marcada por el sitio donde crecí y por mi familia.
El influjo de mi familia y sobre todo de mi madre hace que yo fuese considerado en mi entorno alguien raro. Cuando era un crío (lamentablemente en esto he ido a peor) era el único chaval del mi entorno que jamás decía un taco o que jamás escupía. De hecho a mi me criaron en una serie de normas de educación que ya eran raras entonces y no digamos ahora tales como jamás salir a la calle sin estar “arreglado”, el respeto a los mayores, a las normas de tráfico, no tirar un papel a la calle, etc... En definitiva, uno es un producto típico del libro de urbanidad y buenas costumbres.
De mi barrio y de la gente de mi tierra he tomado algunas formas de expresarme y cierta desdramatización crónica de la realidad. También expresiones hechas que tiene su origen en determinados momentos y que se convierten en parte de una cultura común de gente de mi entorno, de mi barrio o de mi ciudad. Estas expresiones me salen a veces y noto como la gente con la que trato no la entiende como es normal ya que mi entorno actual no tiene nada que ver con el que me crié.
Una de estas expresiones nace de una anécodota que sucedió cuando éramos unos niños en el barrio. Precisamente por estas fechas, en mi ciudad se comienzan a preparar determinadas ferias, romerías, etc.. en las que los caballos toman el protagonismo que, obviamente, han perdido durante el resto del año. Cerca de donde yo vivía había una cuadra donde se “aparcaban” los caballos durante el resto del año y es por estas fechas que los dueños de estos caballos suelen sacarlos para pasearlos y que se acostumbren (caballo y jinete) a ir montados.
Nosotros estábamos sentados en un banco donde solíamos irnos a charlar y por delante nuestra, por una calle de adoquines pasaban los caballos paseando. En una de estas pasó un chaval, no mucho mayor que nosotros, que parecía gitano. Iba encima de un caballo blanco y llevaba una postura impecable con una mano en la cintura. El problema es que habia llovido hacía poco y los adoquines resbalaban muchísimo. Justo cuando pasaba delante de nosotros el caballo resbaló y perdió pie (más bien perdió manos) el caballo intentaba por todos los medios encontrar algún sitio donde sujetarse pero lógicamente eran todo adoquines y volvía a resbalarse. A todo esto, el chaval de pronto pasó de su postura erguida y señorial a otra mucho más “acongojada” agarrándose como podía a las crines del caballo mientras este se retorcía como lo que era, un animal.
Esta situación duró bastante, puede que más de quince segundos hasta que, a base de patalear y retorcerse, el caballo consiguió no caerse y asentarse en sus cuatro patas. Una vez que el caballo se paró, el jinete, que había perdido el sobrero cordobés y aún con la cara blanca del susto se repuso lo suficiente como para decir…
“caballoooooooooooo con la gimnasiaaaaaaaaaaaaaaaaaa”
Dicho esto, todos los que estábamos allá explotamos en carcajadas. Alguna vez he pensado, ya un poco en serio, que será lo que hace de esta tierra que produzca gente como aquel chaval que, inmediatamente después de haber vivido una situación bastante peligrosa (una caída como esa de un caballo puede aplastarte) saca el sentido del humor como para inventarse eso de la gimnasia. Es más, si lo piensas bien, tiene arte hasta en el hecho de que, efectivamente el caballo parecía que estaba haciendo gimnasia mientras intentaba no caer.
A nosotros nos quedo uno de esos trocitos de “cultura común” que consistía en que cuando alguien resbalaba o tropezaba casi de forma automática, tal y como se dice “jesus” cuando alguien tose, y sin pensarlo mucho se lanzaba la expresión “caballoooooooo con la gimnasiaaaaaaaaaa”. Es curioso pero esa expresión se la he oído a mucha gente que ni conozco y que, desde luego, no estaban allí cuando sucedió la anécdota.
Y todo esto, tranquilamente, me hubiese gustado contarselo y explicarselo a una mujer bastante atractiva hace dos días cuando, en un centro comercial, la susodicha me miraba entre agradecida y horrorizada mientras yo la sujetaba entre mis brazos.
Agradecida por que gracias a mis reflejos evité que se matara al caer por una escalera mecánica cuando perdió pie y bajo varios escalones resbalando sobre sus tacones. Y horrorizada cuando me escuchó decir, mientras la agarraba, con el más profundo de los acentos sureños….
“CABALLOOOOOOO CON LA GIMNASIAAAAAAAAAAAAAAAAA”
El influjo de mi familia y sobre todo de mi madre hace que yo fuese considerado en mi entorno alguien raro. Cuando era un crío (lamentablemente en esto he ido a peor) era el único chaval del mi entorno que jamás decía un taco o que jamás escupía. De hecho a mi me criaron en una serie de normas de educación que ya eran raras entonces y no digamos ahora tales como jamás salir a la calle sin estar “arreglado”, el respeto a los mayores, a las normas de tráfico, no tirar un papel a la calle, etc... En definitiva, uno es un producto típico del libro de urbanidad y buenas costumbres.
De mi barrio y de la gente de mi tierra he tomado algunas formas de expresarme y cierta desdramatización crónica de la realidad. También expresiones hechas que tiene su origen en determinados momentos y que se convierten en parte de una cultura común de gente de mi entorno, de mi barrio o de mi ciudad. Estas expresiones me salen a veces y noto como la gente con la que trato no la entiende como es normal ya que mi entorno actual no tiene nada que ver con el que me crié.
Una de estas expresiones nace de una anécodota que sucedió cuando éramos unos niños en el barrio. Precisamente por estas fechas, en mi ciudad se comienzan a preparar determinadas ferias, romerías, etc.. en las que los caballos toman el protagonismo que, obviamente, han perdido durante el resto del año. Cerca de donde yo vivía había una cuadra donde se “aparcaban” los caballos durante el resto del año y es por estas fechas que los dueños de estos caballos suelen sacarlos para pasearlos y que se acostumbren (caballo y jinete) a ir montados.
Nosotros estábamos sentados en un banco donde solíamos irnos a charlar y por delante nuestra, por una calle de adoquines pasaban los caballos paseando. En una de estas pasó un chaval, no mucho mayor que nosotros, que parecía gitano. Iba encima de un caballo blanco y llevaba una postura impecable con una mano en la cintura. El problema es que habia llovido hacía poco y los adoquines resbalaban muchísimo. Justo cuando pasaba delante de nosotros el caballo resbaló y perdió pie (más bien perdió manos) el caballo intentaba por todos los medios encontrar algún sitio donde sujetarse pero lógicamente eran todo adoquines y volvía a resbalarse. A todo esto, el chaval de pronto pasó de su postura erguida y señorial a otra mucho más “acongojada” agarrándose como podía a las crines del caballo mientras este se retorcía como lo que era, un animal.
Esta situación duró bastante, puede que más de quince segundos hasta que, a base de patalear y retorcerse, el caballo consiguió no caerse y asentarse en sus cuatro patas. Una vez que el caballo se paró, el jinete, que había perdido el sobrero cordobés y aún con la cara blanca del susto se repuso lo suficiente como para decir…
“caballoooooooooooo con la gimnasiaaaaaaaaaaaaaaaaaa”
Dicho esto, todos los que estábamos allá explotamos en carcajadas. Alguna vez he pensado, ya un poco en serio, que será lo que hace de esta tierra que produzca gente como aquel chaval que, inmediatamente después de haber vivido una situación bastante peligrosa (una caída como esa de un caballo puede aplastarte) saca el sentido del humor como para inventarse eso de la gimnasia. Es más, si lo piensas bien, tiene arte hasta en el hecho de que, efectivamente el caballo parecía que estaba haciendo gimnasia mientras intentaba no caer.
A nosotros nos quedo uno de esos trocitos de “cultura común” que consistía en que cuando alguien resbalaba o tropezaba casi de forma automática, tal y como se dice “jesus” cuando alguien tose, y sin pensarlo mucho se lanzaba la expresión “caballoooooooo con la gimnasiaaaaaaaaaa”. Es curioso pero esa expresión se la he oído a mucha gente que ni conozco y que, desde luego, no estaban allí cuando sucedió la anécdota.
Y todo esto, tranquilamente, me hubiese gustado contarselo y explicarselo a una mujer bastante atractiva hace dos días cuando, en un centro comercial, la susodicha me miraba entre agradecida y horrorizada mientras yo la sujetaba entre mis brazos.
Agradecida por que gracias a mis reflejos evité que se matara al caer por una escalera mecánica cuando perdió pie y bajo varios escalones resbalando sobre sus tacones. Y horrorizada cuando me escuchó decir, mientras la agarraba, con el más profundo de los acentos sureños….
“CABALLOOOOOOO CON LA GIMNASIAAAAAAAAAAAAAAAAA”
Políticamente incorrecto
“Prepost”
Antes que nada, y aunque siempre digo que el blog lo escribo para mi y no para los demás, debo contestar y agradecer los mails que he recibido preocupándose por mi repentina falta en el blog. La causa no es otra que un pico de trabajo que ha incluido algún viaje de por medio. Todo ello junto hace que ni siquiera haya podido mirar el correo. De hecho, el pico de trabajo no ha terminado, así que será difícil que tenga tiempo para actualizar tan a menudo como desearía. Insisto en daros las gracias a los que de alguna forma o de otra os habéis preocupado por mí.
En los últimos días, y hoy mismo, he escuchado dos tipos de polémicas donde mi opinión no es “políticamente correcta”. La verdad es que esto de lo políticamente correcto, como casi todo donde aparece el término político me jode bastante. Alguien me dijo alguna vez que la palabra política es tan inmunda que si la aplicas a la palabra más bonita del mundo como es “mama” (mama política) nos queda suegra.
La cuestión es que, en la mayoría de las ocasiones, las opiniones “políticamente correctas” esconden otras opiniones que no nos atrevemos a exponer por miedo a las consecuencias.
La primera polémica es la que se ha montado sobre el tema del racismo en los campos de fútbol. De pronto todos tenemos que apuntarnos contra el racismo. Incluso oigo cosas como que se debería cerrar ese campo de fútbol o enviar a la cárcel a quien sea tal y como, por lo visto, se hace en Inglaterra.
Aunque no debería hacerlo, tendré que decir que si alguien llega a pensar que yo soy racista o apruebo el racismo simplemente es que es idiota. Así de claro y de contundente.
Pero es que tanto los políticos, los mismos jugadores, la mayoría de los periodistas, etc.. llevados por el miedo a ser considerados racistas se han apuntado al carro de la estupidez. Todo aquel que ha ido alguna vez a un campo de fútbol sabe que es un recinto donde, no se sabe muy bien porqué, vale todo. No se me ocurre ningún otro sitio donde una persona le diga a otra a dos metros algo como “cabrón, me cago en tu puta madre” y no pase nada. O cosas como “dale una patada en la cabeza que así no cojea” o ante una herida sangrante alguien diga “cabrón de mierda, que solo es un poquito de sangre maricón”. Todas estas cosas, si alguien de los que lee no ha ido nunca a un campo de fútbol son “perlas de realidad”. Yo mismo jugué en un equipo cadete y con 14 años vi con mis propios ojos como un tío que podría tener cincuenta años le enseñaba una navaja a nuestro portero y le decía que le iba a rajar como parara un balón.
Para ilustrar hasta que punto llega esta sinrazón en el fútbol contaré una anécdota que le escuché a un entrenador de un equipo. Este entrenaba a un equipo importante y todos los días de partido en su campo veía a un energúmeno que se pasaba desde media hora antes del partido insultando sin parar a todo el mundo y a veces simplemente lanzando insultos al aire. Era tan exagerado y estaba tan cerca del banquillo que se le quedo marcada la cara de este tío. Siempre estaba gritando con un bocata en la mano y las comisuras de la boca llena de grasa. Un espectáculo esperpéntico. Pues bien, un día este entrenador fue con su mujer y su niño al pediatra. Entraron los dos a la consulta. Se trataba de un pediatra bastante prestigioso, muy caro y que trataba a la “gente bien”. Cuando entré se quedo lívido. El pediatra era, sin duda, el energúmeno del bocata. No dijo nada pero cuando se iban el pediatra le preguntó si podían hablar a solas y le dijo los siguiente: “sé que me ha reconocido y si, soy yo el del campo. Pero quiero explicárselo. Verá usted, yo soy médico y trabajo en varios sitios, tengo alto el colesterol, no puedo fumar, ni tomar sal, tengo que aguantar a mis pacientes, a mis jefes, a mis hijos y a mi mujer. Pero una vez cada quince días, solo por unas horas, me desmadro. Me voy al campo una hora antes y me compro un bocata de chorizo o de morcilla enfrente, me tomo una cerveza y me fumo un puro y después me voy al fútbol y me harto de gritar y de insultar a todo el mundo. No digo que este bien pero asi me desfogo de quince días de responsabilidad”.
Insisto, quien haya ido a un campo sabe que esto es común. Yo iba al fútbol cuando era un crío y vi barbaridades. No volví a ir hasta hace unos años que una chica me pidió que la llevara. Fui a un partido en Madrid y la chica no salía de su asombro escuchando lo que escuchaba. Y nosotros estábamos en la zona “vip” del campo. Quien decía esas barbaridades no eran ultras sino, probablemente, respetables padres de familia. Yo no tengo hijos, pero si alguna vez tuviera jamás lo llevaría a un campo de fútbol.
Así pues, a lo que vamos. Que no me cuenten gilipolleces. El hecho de que a este futbolista (etoo, o eto’o que creo que es como se escribe) le digan negro o “mono” no es un tema de racismo, encaja en la alucinante isla de zafiedad que envuelve este mundo del fútbol. La muestra de esto es que en el mismo equipo del campo donde se lo decían juega algún negro. Si eres calvo te dirán calva, si llevas el pelo largo maricón, si tartamudeas tartaja y si eres arbitro simplemente te dirán “cabrón” con solo que aparezcas en el campo. Estos insultos, no solo se dan en la grada sino que los mismo futbolistas se llevan el partido diciendo barbaridades. Yo conozco otra caso que creo que es el más detestable que puede darse. Un delantero que se llevó el partido entero insultando a la madre del portero. El “detalle” es que la madre de este portero había fallecido esa semana y el tío le llego a decir que seguro que se habría muerto por alguna enfermedad venerea.
Esto lo sabe todo el mundo insisto pero claro, si alguien dice en voz alta que lo que le paso a Etoo no es por ser negro sino por el gran pecado de ser del equipo contrario, supongo que caerá en el riesgo de ser considerado un racista.
El tema del racismo de esta semana pasó en Zaragoza y yo conozco bastante esa ciudad. Y no se puede decir que sean precisamente una sociedad racista aunque claro que hay racismo. En todos sitios los hay. Pero este no es un caso de racismo, este es un caso de insultos. Yo propongo que se haga una cosa. A toda persona que insulte dentro de un campo de fútbol que se le expulse, o multe. Pero claro, esto sería tanto como decir que habría que echar al 95% de la gente que va aun campo de fútbol.
En definitiva, supongo que con este ataque de diplomacia se harán varias estupideces de cara a la galería pero también imagino que no se hará nada para evitar el racismo y la xenofobia de verdad. Esa que suele aplicarse al inmigrante que viene con una mano delante y otra detrás y no al privilegiado que juega al fútbol y gana cientos de millones.
El segundo tema es más reciente y es el de el machismo y la discriminación laboral de las mujeres. Se está cocinando una ley que puede llegar a ser una losa para muchísimas empresas. Se trata de aplicar la famosa discriminación positiva a las mujeres en las empresas. Creo que nadie se opondrá a esta ley para evitar las tentaciones de ser llamado machista. Yo puedo contar muchas historias sobre esto pero ya es suficientemente largo el post y seguramente lo haré en otro momento. Lo que si puedo decir es algo que un día escribí en un comentario en el blog de Lukre. Hay un dato que se dice y que todo el mundo afirma sin rubor: “las mujeres cobran el 40% menos que los hombres por el mismo trabajo”.
Bien, yo he trabajado en el sector público (en una empresa pública), una hermana mía ha trabajado en la administración. He trabajado en alguna multinacional y en pequeñas y medianas empresas. Conozco casos de distintos sectores: sanitarios, medios de comunicación, industria, etc.. He visto actitudes machistas derivadas del hecho de las reticencias para incorporar una mujer en vez de un hombre por que los empresarios o los encargados de personal opinan que el compromiso por el trabajo es distinto. Otro caso que se suele dar es el hecho de considerar más a un hombre para un ascenso que a una mujer.
Pero en mi experiencia yo jamás he visto que, para el mismo puesto, una mujer cobre menos que un hombre. No dudo que pase en algún sitio pero, desde luego, creo que no es algo generalizado. Imagino que decir esto no es políticamente correcto pero aún estoy porque alguien me diga un puesto de trabajo en el que una mujer cobre menos que un hombre.
En fin, que a base de ser políticamente correctos me da la impresión de que hacemos muchas tonterías. Yo nunca he sido políticamente correcto la verdad. Lo malo de esto es que a veces se me malinterpreta (seguro que aún hay alguien que me considera racista o machista después de leer esto) y lo bueno es que normalmente la gente sabe que mis opiniones son sinceras y no tienen que ver con la “coyuntura”. Ni me imagino cuanto de los que se hincharan la boca pidiendo castigo ejemplar para el racismo en el fútbol les molestará tener a un negro cerca.
Antes que nada, y aunque siempre digo que el blog lo escribo para mi y no para los demás, debo contestar y agradecer los mails que he recibido preocupándose por mi repentina falta en el blog. La causa no es otra que un pico de trabajo que ha incluido algún viaje de por medio. Todo ello junto hace que ni siquiera haya podido mirar el correo. De hecho, el pico de trabajo no ha terminado, así que será difícil que tenga tiempo para actualizar tan a menudo como desearía. Insisto en daros las gracias a los que de alguna forma o de otra os habéis preocupado por mí.
En los últimos días, y hoy mismo, he escuchado dos tipos de polémicas donde mi opinión no es “políticamente correcta”. La verdad es que esto de lo políticamente correcto, como casi todo donde aparece el término político me jode bastante. Alguien me dijo alguna vez que la palabra política es tan inmunda que si la aplicas a la palabra más bonita del mundo como es “mama” (mama política) nos queda suegra.
La cuestión es que, en la mayoría de las ocasiones, las opiniones “políticamente correctas” esconden otras opiniones que no nos atrevemos a exponer por miedo a las consecuencias.
La primera polémica es la que se ha montado sobre el tema del racismo en los campos de fútbol. De pronto todos tenemos que apuntarnos contra el racismo. Incluso oigo cosas como que se debería cerrar ese campo de fútbol o enviar a la cárcel a quien sea tal y como, por lo visto, se hace en Inglaterra.
Aunque no debería hacerlo, tendré que decir que si alguien llega a pensar que yo soy racista o apruebo el racismo simplemente es que es idiota. Así de claro y de contundente.
Pero es que tanto los políticos, los mismos jugadores, la mayoría de los periodistas, etc.. llevados por el miedo a ser considerados racistas se han apuntado al carro de la estupidez. Todo aquel que ha ido alguna vez a un campo de fútbol sabe que es un recinto donde, no se sabe muy bien porqué, vale todo. No se me ocurre ningún otro sitio donde una persona le diga a otra a dos metros algo como “cabrón, me cago en tu puta madre” y no pase nada. O cosas como “dale una patada en la cabeza que así no cojea” o ante una herida sangrante alguien diga “cabrón de mierda, que solo es un poquito de sangre maricón”. Todas estas cosas, si alguien de los que lee no ha ido nunca a un campo de fútbol son “perlas de realidad”. Yo mismo jugué en un equipo cadete y con 14 años vi con mis propios ojos como un tío que podría tener cincuenta años le enseñaba una navaja a nuestro portero y le decía que le iba a rajar como parara un balón.
Para ilustrar hasta que punto llega esta sinrazón en el fútbol contaré una anécdota que le escuché a un entrenador de un equipo. Este entrenaba a un equipo importante y todos los días de partido en su campo veía a un energúmeno que se pasaba desde media hora antes del partido insultando sin parar a todo el mundo y a veces simplemente lanzando insultos al aire. Era tan exagerado y estaba tan cerca del banquillo que se le quedo marcada la cara de este tío. Siempre estaba gritando con un bocata en la mano y las comisuras de la boca llena de grasa. Un espectáculo esperpéntico. Pues bien, un día este entrenador fue con su mujer y su niño al pediatra. Entraron los dos a la consulta. Se trataba de un pediatra bastante prestigioso, muy caro y que trataba a la “gente bien”. Cuando entré se quedo lívido. El pediatra era, sin duda, el energúmeno del bocata. No dijo nada pero cuando se iban el pediatra le preguntó si podían hablar a solas y le dijo los siguiente: “sé que me ha reconocido y si, soy yo el del campo. Pero quiero explicárselo. Verá usted, yo soy médico y trabajo en varios sitios, tengo alto el colesterol, no puedo fumar, ni tomar sal, tengo que aguantar a mis pacientes, a mis jefes, a mis hijos y a mi mujer. Pero una vez cada quince días, solo por unas horas, me desmadro. Me voy al campo una hora antes y me compro un bocata de chorizo o de morcilla enfrente, me tomo una cerveza y me fumo un puro y después me voy al fútbol y me harto de gritar y de insultar a todo el mundo. No digo que este bien pero asi me desfogo de quince días de responsabilidad”.
Insisto, quien haya ido a un campo sabe que esto es común. Yo iba al fútbol cuando era un crío y vi barbaridades. No volví a ir hasta hace unos años que una chica me pidió que la llevara. Fui a un partido en Madrid y la chica no salía de su asombro escuchando lo que escuchaba. Y nosotros estábamos en la zona “vip” del campo. Quien decía esas barbaridades no eran ultras sino, probablemente, respetables padres de familia. Yo no tengo hijos, pero si alguna vez tuviera jamás lo llevaría a un campo de fútbol.
Así pues, a lo que vamos. Que no me cuenten gilipolleces. El hecho de que a este futbolista (etoo, o eto’o que creo que es como se escribe) le digan negro o “mono” no es un tema de racismo, encaja en la alucinante isla de zafiedad que envuelve este mundo del fútbol. La muestra de esto es que en el mismo equipo del campo donde se lo decían juega algún negro. Si eres calvo te dirán calva, si llevas el pelo largo maricón, si tartamudeas tartaja y si eres arbitro simplemente te dirán “cabrón” con solo que aparezcas en el campo. Estos insultos, no solo se dan en la grada sino que los mismo futbolistas se llevan el partido diciendo barbaridades. Yo conozco otra caso que creo que es el más detestable que puede darse. Un delantero que se llevó el partido entero insultando a la madre del portero. El “detalle” es que la madre de este portero había fallecido esa semana y el tío le llego a decir que seguro que se habría muerto por alguna enfermedad venerea.
Esto lo sabe todo el mundo insisto pero claro, si alguien dice en voz alta que lo que le paso a Etoo no es por ser negro sino por el gran pecado de ser del equipo contrario, supongo que caerá en el riesgo de ser considerado un racista.
El tema del racismo de esta semana pasó en Zaragoza y yo conozco bastante esa ciudad. Y no se puede decir que sean precisamente una sociedad racista aunque claro que hay racismo. En todos sitios los hay. Pero este no es un caso de racismo, este es un caso de insultos. Yo propongo que se haga una cosa. A toda persona que insulte dentro de un campo de fútbol que se le expulse, o multe. Pero claro, esto sería tanto como decir que habría que echar al 95% de la gente que va aun campo de fútbol.
En definitiva, supongo que con este ataque de diplomacia se harán varias estupideces de cara a la galería pero también imagino que no se hará nada para evitar el racismo y la xenofobia de verdad. Esa que suele aplicarse al inmigrante que viene con una mano delante y otra detrás y no al privilegiado que juega al fútbol y gana cientos de millones.
El segundo tema es más reciente y es el de el machismo y la discriminación laboral de las mujeres. Se está cocinando una ley que puede llegar a ser una losa para muchísimas empresas. Se trata de aplicar la famosa discriminación positiva a las mujeres en las empresas. Creo que nadie se opondrá a esta ley para evitar las tentaciones de ser llamado machista. Yo puedo contar muchas historias sobre esto pero ya es suficientemente largo el post y seguramente lo haré en otro momento. Lo que si puedo decir es algo que un día escribí en un comentario en el blog de Lukre. Hay un dato que se dice y que todo el mundo afirma sin rubor: “las mujeres cobran el 40% menos que los hombres por el mismo trabajo”.
Bien, yo he trabajado en el sector público (en una empresa pública), una hermana mía ha trabajado en la administración. He trabajado en alguna multinacional y en pequeñas y medianas empresas. Conozco casos de distintos sectores: sanitarios, medios de comunicación, industria, etc.. He visto actitudes machistas derivadas del hecho de las reticencias para incorporar una mujer en vez de un hombre por que los empresarios o los encargados de personal opinan que el compromiso por el trabajo es distinto. Otro caso que se suele dar es el hecho de considerar más a un hombre para un ascenso que a una mujer.
Pero en mi experiencia yo jamás he visto que, para el mismo puesto, una mujer cobre menos que un hombre. No dudo que pase en algún sitio pero, desde luego, creo que no es algo generalizado. Imagino que decir esto no es políticamente correcto pero aún estoy porque alguien me diga un puesto de trabajo en el que una mujer cobre menos que un hombre.
En fin, que a base de ser políticamente correctos me da la impresión de que hacemos muchas tonterías. Yo nunca he sido políticamente correcto la verdad. Lo malo de esto es que a veces se me malinterpreta (seguro que aún hay alguien que me considera racista o machista después de leer esto) y lo bueno es que normalmente la gente sabe que mis opiniones son sinceras y no tienen que ver con la “coyuntura”. Ni me imagino cuanto de los que se hincharan la boca pidiendo castigo ejemplar para el racismo en el fútbol les molestará tener a un negro cerca.





