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Diarios de un náufrago en altamar
Breves historias de una vida cada día más larga...
Acerca de
Mañana nunca será ayer.
Sindicación
 
LA PLAZA DE LAS PALMERAS

En la plaza de las palmeras los niños juegan al balón
las niñas desvisten a Barbi y mi madre me da un petisuis,
mientras el tuerto cuenta las estrellas a plena luz del día
con la esperanza de que un día encuentre solamente esa
que tiene nombre de mujer, y que mancha de pecado
las sábanas sagradas en las que duerme el cielo.

Por allí viene whyskito Mateo, a tragos cortos
con la vida olvidada en uno de los bolsillos
justo al ladito de una foto de Camarón.
¡ No grites! que no tengo ganas de escucharte
le susurra a la sombra que se pierde a su vera

El auto de Carmen se aburre en doble fila,
entre ajos y crisantemos, con olor a despedida
se pudren las horas detrás de la ventanilla de su taxi
mientras siete cardenales de pasión se reparten,
a partes desiguales, el corazón.

A esa hora tranquila en la que la tarde se incendia
los bomberos bajan la calle, en busca de una caña
y el perro de la tía Angustias persigue su propia cola,
como aquel que persigue el tiempo, y no se da cuenta,
de que no hay forma de atraparlo.

Repican las campanas de la iglesia de Santa María,
auspiciadas por el ron-ron de las gaviotas
que reniegan del olor a mar y se ocultan, sin remiendo,
en los nidos calientes y tristes que se tejen en los portales.

La plaza de está quedando vacía, más sola que la luna,
rodeada por estrellas, que beben whisky con cerveza;
la bohemia se hace cargo de los sueños de insomnio
y a mi, que se me está acabando el petisuis,
me ha dado por pensar en ti...en mi... en nosotros.

No