Anoche, el príncipe, el hijo más tierno de Caín
me invito a tomarme la última a su salud
y tu, la dama, la manzana más prohibida del Edén
me tentaste, como lo hizo ella por primera vez.
Anoche, alguien me recordó su nombre, amor,
y por un momento todo fue quebranto
luces de neón, palabras de adiós, besos a traición
clavados en lo más hondo del corazón.
Anoche, el perro que duerme en la esquina de tu calle
me contó que el cielo se había cansado de esperar
que ya no tenía ganas de llorar, que es mejor brindar
a luz de tus ojos, al ladito del mar.
Anoche, cuando volvía a mi casa, solo, despacio, sin ti
imaginaba tu cuerpo, tenso, desnudo, sin mi
ya no creía en nada más, tú eras nosotros
y yo no era yo, sin mi parte de ti.
Anoche, mientras dormía, alguien me preguntó
donde había olvidado mi querer
y, sin saber muy bien porqué,
imagine tu sonrisa.
Pido el comodín del público.