Me desperté dolorido, en una casa desconocida, de paredes histriónicamente chillonas. Mis neuronas estallaban una a una sin compasión, la noche anterior debía de haber resultado terrible. Un hilo de cerveza discurría sigilosamente en dirección a ningún sitio, lo seguí con la mirada hasta dar con un par de latas de Heinneken amontonadas a mi alrededor. Me pesaban los párpados y las piernas. Traté de mover los brazos todavía remolones y me encontré con un cuerpo de mujer apoyado en mi regazo; era un cuerpo moreno, teñido por el sol, recubierto por un manto lacio y negro que, suavemente, trataba de respirar.
La música sonaba bajita, imitando el sonido armónico de los pájaros en primavera. Me encontraba desconcertado, felizmente dolorido. El salón se revolvía en una maraña de mierda, trozos de pizzas resesos y chinas de polen esparcidas por la mesa. Acaricié el cuerpo que dormía a mi lado, recorría su cara con mis manos, su nariz afilada y sus labios lacerados. Me quedé un rato parado, oyendo como respiraba aquel cuerpo. Resultaba delicioso escuchar aquel vaivén de su cuerpo.
Era tarde, las 15:30. El reloj digital de la cocina parpadeaba constantemente. Mis deportivas se mezclaban con el montón de ropa esparcida por la casa. No podía quedarme más tiempo allí, agarrado a ella, libremente encadenado a su piel, así que la miré por última vez, atrapé una manta y la dejé caer sobre su cuerpo. Cerré la puerta y en silencio bajé las escaleras.
Hacía sol, como todas las madrugadas a su lado.
:( bueno, voy este viernes para ahi y ya os vere a todos el sabado, tengo muchisimas ganas...os echo de menos mas de lo que creeis, aqui todo es demasiado distinto...oye...escribes muy bien eh? :) me gusta mucho, de verdad :)
Nos vemos en unos dias :)
Un besazo!!!!!!!!!!!
Es urgente, debo hablar contigo sobre el texto!!