Apaga la luz. Túmbate en la cama, despacio, que hoy quiero hablarte con el corazón. No alces la voz, que esto es solamente entre tú y yo; y así, en bajito nos entendemos mejor. Voy a contarte una historia, un cuento de hadas, de esos que me contaba mi abuelo...: “Érase una vez una hermosa princesa de lagrimosos ojos, profundos, como lo más azul del océano; de marcadas facciones y cabellos avellana, que se paseaba por la ciudad sin levantar sospecha, oculta entre la multitud, escondida....pero un lluvioso día de primavera todo cambió, su cuerpo de ángel se deslizó delante del joven caballero y, en ese mismo instante, el cielo dejó de envejecer...” shuuuu, bajito amor, no te vayas a despertar... “y desde esa noche la persiguió en sueños, robándole sonrisas para iluminar la oscuridad; contemplándola en silencio; amándola hasta quedarse sin aliento; queriéndola como nunca más se vio a nadie querer, desde lo más profundo del alma...”
Mi abuelo nunca terminó de contarme esta historia, pero un día lluvioso de primavera me advirtió que las princesas de cuento, a veces, se hacen realidad. Y entonces comprendí que todo era verdad, que los niños son los seres más felices y yo, a tu lado, soy el más feliz de los niños. Grazas. Ya no pido nada más. Solamente TÚ y yo, así, en bajito...
Hace días que no tengo nada que escribir; en realidad hace días que no sé como hacerlo. Paso horas muertas contemplando el polvo que va cayendo sobre esta ventana; accidentado, creyendo que si me concentro podré tele transportarme...y aparecer allí o aquí, en medio de una nube negra, con el puño en alto, quedando con el toque, sin retrasarme un minuto, gritando: “Paris est notrê, aussi “; saltando glorioso sobre un golf rojo en llamas...y es que yo siempre supe que sería guerrillero: como mi abuelo, como Foucellas, como mi nuevo amigo el barrendero. Me gusta su estética: joven, abrupta, con ese toque irresistible de irreverencia. Y allá vamos, todos contra ese ministro intransigente: TODOS SOMOS LA FRANCIA. Me siento fuerte, unido en soledad, con ganas de pelea. Y a mi lado imagino un elegante francés, chauvinista, un poco calvo y regordete... “queda lejos aquel Mayo, queda lejos Saint-Denis, que lejos queda Jean-Paul Sartre, muy lejos aquel París”. No queda otra amigo, que despertarse con el susurro de una gaviota, y seguir mirando por esta ventana en la que ahora no deja de llover. Cuando despeje veremos lo queda de limpio en la plaza. Mientras cerraré la ventana, que entra frío.
Resumiendo, entre Ventas y Ríos Rosas
vidas cruzadas, persecuciones alocadas
amaneciendo que no es poco;
duchas de agua fría para la calentura
coletas y faldas
alejándose de mi cama...
lucha desigual, abismo de lucidez
hemos olvidado la amistad,
rendidos a la realidad;
aves de paso,
nunca pierden el rumbo:
destino libertad.
Cuenta lo que queda de mí,
perdido en el camino
billetes enrollados, cartones de vino
pasajes de tu historia,
amores a destiempo, lugares desiertos
lluvias de verano...





